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Chapter 9 - El incendio que no fue accidente

La tormenta llegó antes que ellos.

El barco cortaba las olas negras mientras Blackwater Island aparecía entre la lluvia como una sombra de roca y vidrio. En el centro se alzaba el pabellón transparente, iluminado desde dentro.

Bianca estaba en la cubierta con Gabriel. Eleanor, Sofia, Maya y Samuel permanecían ocultos en una embarcación de la policía costera a varios kilómetros, esperando la señal.

El plan era arriesgado. Bianca fingiría llevar a las dos herederas en una cabina cerrada. En realidad, las “prisioneras” eran dos agentes. Gabriel entregaría una copia falsa del testamento. Cuando Victor mostrara a Celeste, Bianca activaría una transmisión en directo desde el broche de su vestido.

—Todavía puedes quedarte en el barco —dijo Gabriel.

—Mi madre lleva veintisiete años esperando.

—Victor puede matarte.

—También puede matarme si sigo obedeciendo.

Gabriel la miró.

—No sé cómo volveremos de todo esto.

—Primero volvamos vivos.

El muelle estaba vigilado por hombres armados. Revisaron el barco, pero no encontraron el transmisor oculto. Bianca había aprendido de su padre que la mejor manera de esconder algo era colocarlo donde todos miraban.

Victor los esperaba dentro del pabellón. Celeste estaba sentada detrás de una división de vidrio, conectada a una vía intravenosa.

Bianca corrió hacia ella, pero Victor levantó un mando.

—Un paso más y la medicación cambia.

—Déjala ir.

—Primero las mujeres.

Gabriel señaló la cabina del barco.

—Están sedadas.

—Que mis hombres las traigan.

Dos guardias salieron. Victor extendió la mano.

—El testamento.

Gabriel entregó el sobre falso.

Victor lo abrió y leyó.

—Esto no incluye la llave.

—Eleanor la perdió durante la redada.

—Eleanor no pierde nada.

Bianca se acercó lentamente a la pared de vidrio.

—Mamá, ¿puedes oírme?

Celeste levantó una mano.

—Lo siento.

—No tienes que disculparte.

—Sí. Te dejé con él.

Victor rió.

—La memoria vuelve de forma selectiva.

Celeste miró a su hija.

—Intenté sacarte. Victor descubrió a Samuel y me siguió al cobertizo. Thomas estaba grabando una confesión. Sofia llegó con los estados de cuenta.

—¿Quién provocó el incendio? —preguntó Bianca.

Victor apretó el mando.

Celeste se estremeció cuando la bomba intravenosa emitió un pitido.

—No la toques —dijo Bianca.

—Entonces deja de hacer preguntas inútiles.

El broche transmitía cada palabra a Samuel y a los agentes.

Gabriel observó una línea de combustible conectada al sistema de calefacción. El edificio entero estaba preparado para arder.

—Nunca planeaste dejarnos salir —dijo.

—Planeo salir con mi hija.

Bianca lo miró.

—No soy tu hija.

—Te di mi apellido.

—Me robaste el de mi verdadero padre.

Victor perdió la sonrisa.

—Samuel Reed era un empleado. Celeste confundió gratitud con amor.

—Y tú confundiste posesión con familia.

Los guardias regresaron arrastrando a las dos agentes disfrazadas. Uno retiró la capucha de la primera.

—No es Sofia.

Victor activó una alarma.

—¡Traición!

Los agentes sacaron armas. Gabriel derribó una mesa y cubrió a Bianca. Hubo gritos y cristales rotos. La policía costera avanzó hacia la isla.

Victor tiró del mando. Las puertas del pabellón se cerraron y el combustible comenzó a circular por tuberías visibles.

—Si no puedo tener Westwood —gritó—, no quedará nada que heredar.

Celeste arrancó la vía de su brazo y golpeó el panel interior con una silla. El vidrio resistió.

Bianca corrió hacia ella.

—¡Aléjate!

Gabriel intentó desactivar el sistema. La pantalla exigía una clave.

—¿Cuál es? —gritó.

Celeste respondió desde el otro lado:

—CISNE.

Gabriel introdujo la palabra. Acceso denegado.

—No es esa.

—Prueba MARISOL —dijo Bianca, recordando el nombre que Sofia había dado a Maya.

Acceso denegado.

Victor retrocedía hacia una salida privada.

—La clave es lo único que Thomas nunca pudo quitarme.

La voz de Sofia llegó por el sistema de altavoces. Samuel había conectado la radio de la policía al pabellón.

—La clave es la fecha en que robaste por primera vez.

Victor se quedó inmóvil.

Sofia continuó:

—Doce de noviembre de 1996. Te vi escribirla en el libro de cuentas.

Gabriel introdujo 11121996.

El flujo de combustible se detuvo.

Victor disparó contra la consola. Las luces se apagaron. Una chispa cayó sobre el combustible ya derramado y las llamas comenzaron a extenderse por el suelo.

Gabriel golpeó la pared de vidrio con un extintor. Bianca hizo lo mismo desde su lado. Al tercer golpe apareció una grieta.

Victor alcanzó la salida privada.

Samuel apareció frente a él.

—Veintisiete años tarde —dijo—, pero finalmente llegué.

Victor levantó el arma.

—Siempre fuiste débil.

Samuel no disparó.

—No. La debilidad fue creer que amar a Celeste significaba obedecer su miedo.

Victor apretó el gatillo, pero Bianca le golpeó el brazo con una barra metálica. El disparo destrozó una lámpara.

Samuel lo derribó.

La policía irrumpió por el muelle. Los agentes esposaron a los guardias mientras las llamas trepaban por las cortinas.

Gabriel logró romper el vidrio. Bianca entró y abrazó a su madre.

—Tenemos que salir.

Celeste no podía caminar. Gabriel la cargó.

Al llegar a la salida, parte del techo cayó y separó a Bianca del resto. Victor, que había logrado soltarse de un agente durante el humo, apareció detrás de ella.

—Vienes conmigo.

La sujetó del cuello y la arrastró hacia un corredor lateral.

—¡Gabriel! —gritó Bianca.

Eleanor, que acababa de desembarcar con Sofia y Maya pese a la orden de esperar, oyó el grito.

—Saca a Celeste —dijo a Gabriel—. Yo voy por Bianca.

—No puedes entrar.

—Ya perdí una hija en un incendio porque otros decidieron por mí. No perderé a otra mujer de esta familia.

Entró entre el humo.

Victor arrastraba a Bianca hacia una lancha oculta. Eleanor bloqueó el corredor.

—Suéltala.

—¿Todavía quieres salvarla después de lo que te hizo?

—No la salvo porque sea inocente. La salvo porque tú no tienes derecho a decidir quién merece vivir.

Bianca clavó los dientes en la mano de Victor. Eleanor golpeó su rodilla con el bastón. Él cayó, pero empujó a Bianca contra una barandilla.

Sofia apareció detrás de Eleanor.

Victor la vio y quedó paralizado.

—Tú moriste.

—Eso te habría convenido.

Sofia levantó el collar de cisne.

—Recuerdo todo. Tú derramaste el combustible. Celeste intentó detenerte. Thomas nos sacó por la ventana trasera antes de que regresaras.

—Thomas nunca volvió al cobertizo.

—Sí volvió. Y te vio llevarte a Celeste.

Victor miró a Eleanor.

—Tu esposo supo durante años que Sofia vivía.

—Lo sé.

—Y nunca te lo dijo.

La frase golpeó con una verdad dolorosa, pero no cambió el momento.

La policía llegó al corredor y esposó a Victor.

Mientras lo sacaban, él gritó:

—Thomas provocó el segundo incendio. ¡Pregúntale a Sofia por qué!

Sofia se quedó inmóvil.

Eleanor la miró.

—¿Qué segundo incendio?

Sofia bajó la vista hacia el suelo en llamas.

—El que mató a papá no fue un accidente de automóvil.

—Todos vimos el coche.

—Vimos un cuerpo dentro.

—El informe confirmó su ADN.

Sofia comenzó a llorar.

—Porque el cuerpo era de su hermano gemelo.

Gabriel se acercó, aturdido.

—Papá no tenía un hermano.

Samuel cerró los ojos.

—Sí lo tenía. Daniel Westwood. La familia borró su existencia después de que fue condenado por fraude.

Eleanor sintió que el mundo volvía a moverse bajo sus pies.

—¿Dónde está Thomas?

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Sofia miró hacia el mar oscuro.

—Si Victor decía la verdad sobre una sola cosa, era esta: Thomas Westwood sigue vivo.

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