Chapter 14 - El cadáver equivocado

Eleanor leyó el informe de ADN tres veces.
El hombre que había regresado a la mansión, pronunciado su apodo y escrito cartas con la caligrafía de su esposo no era Thomas.
Era Daniel.
La policía lo detuvo en una sala privada antes de que pudiera abandonar el hospital. Gabriel exigió estar presente durante el interrogatorio, pero los médicos se negaron debido a su herida. Eleanor entró sola.
Daniel estaba esposado a la mesa.
Sin el abrigo elegante y la seguridad calculada, parecía más viejo que Thomas. Sin embargo, el parecido seguía siendo una forma de violencia.
—¿Cuándo murió mi esposo? —preguntó Eleanor.
Daniel bajó la mirada.
—La noche del accidente.
—¿Quién conducía?
—Thomas.
—Entonces el cuerpo era suyo.
—Sí.
—¿Y por qué todos creímos que eras tú?
—Victor modificó los registros después. Necesitaba que yo siguiera trabajando para él sin que la policía buscara a Daniel Westwood.
Eleanor apretó los puños.
—¿Por qué regresaste fingiendo ser Thomas?
—Porque Victor estaba a punto de controlar la compañía. Solo Thomas podía bloquear el voto.
—Podías decir la verdad.
—Nadie habría confiado en mí.
—Tenías razón.
Daniel respiró con dificultad.
—Thomas me pidió algo antes de morir.
—No uses su última voluntad para justificarte.
—Me pidió encontrar a Sofia.
—Y tardaste cinco años.
—Victor me vigilaba. Cuando me acerqué a Saint Agnes, trasladaron a las pacientes.
Eleanor colocó la carta que había encontrado en el almacén sobre la mesa.
—¿La escribiste tú?
—Sí.
—¿Las fotografías también eran tuyas?
—Algunas. Otras las tomó Samuel.
—Aprendiste su firma, sus recuerdos y sus frases.
—Éramos gemelos. Compartimos una infancia.
—No compartiste nuestro matrimonio.
Daniel cerró los ojos.
—No pretendía ocupar su lugar para siempre.
—Solo durante una reunión, una herencia y una guerra familiar.
El detective intervino.
—Señor Westwood, necesitamos saber qué ocurrió en el accidente.
Daniel explicó que Thomas había organizado una cita con él para intercambiar pruebas. Victor descubrió el encuentro. Pierce siguió el automóvil y lo obligó a salir de la carretera. Daniel llegó después y encontró a Thomas gravemente herido.
—Todavía respiraba —dijo.
Eleanor sintió que el suelo desaparecía.
—¿Llamaste a una ambulancia?
—Victor apareció antes. Me dio una opción: trabajar para él o dejar que Gabriel fuera el siguiente.
—¿Y Thomas?
Daniel comenzó a llorar.
—Victor lo sacó del coche y Pierce le inyectó algo. Cuando la policía llegó, ya estaba muerto.
—Lo viste morir.
—Sí.
Eleanor se levantó y salió antes de que el dolor se convirtiera en algo que no pudiera controlar.
En el pasillo, Sofia la abrazó. Durante unos minutos fueron madre e hija sin estrategias.
Gabriel recibió la noticia en silencio.
—Entonces papá nunca supo que Sofia había sido rescatada.
—Murió buscándola —dijo Eleanor.
—Y nosotros acabamos de perderlo una segunda vez.
Maya ayudó a revisar las pertenencias de Daniel. Encontraron un disco con una grabación parcial del accidente. Victor ordenaba a Pierce “asegurarse de que Thomas no volviera a hablar”.
Era la prueba que faltaba para acusar formalmente a Victor, aunque el hombre detenido bajo su identidad hubiera muerto.
El análisis del cadáver de la celda produjo otro giro. No era Victor. Era un sustituto, un paciente de cirugía reconstructiva pagado mediante Green Crown.
—¿Cuántos hombres pueden parecerse a él? —preguntó Gabriel.
Samuel respondió:
—Los suficientes para mantenernos mirando cadáveres equivocados mientras él se mueve.
La policía emitió una alerta nacional.
Celeste recordó una propiedad que Victor nunca incluía en documentos: una funeraria abandonada cerca de la frontera canadiense. Decía que los muertos eran las únicas personas que sabían guardar secretos.
En el sótano de la funeraria encontraron archivos, prótesis faciales, pasaportes y urnas con nombres falsos. También hallaron restos humanos ocultos detrás de un muro.
Una prueba rápida identificó a Helen Morris, la doctora que había denunciado a Pierce. Otro cuerpo pertenecía a Rosa Torres.
Maya se sentó en el suelo al escuchar el nombre.
Rosa no la había abandonado. Había muerto intentando protegerla.
Entre los objetos apareció una cinta grabada por Rosa.
“Si Maya escucha esto, quiero que sepa que David fue su padre. Él amó a Sofia incluso cuando ella apenas podía recordar su nombre. Victor ordenó matarlo porque descubrió que los sedantes estaban borrando memorias de forma intencional. Yo saqué a Maya del hospital la noche en que David murió. No pude salvar a Sofia sin poner a la bebé en peligro. Lo siento.”
Maya reprodujo el mensaje dos veces.
Sofia se sentó a su lado.
—No recuerdo su rostro completo —dijo—. Solo sus manos. Siempre estaban calientes.
—Rosa me contó que mi padre murió en un accidente de trabajo.
—Tal vez quería darte una infancia sin monstruos.
Maya apoyó la cabeza en el hombro de Sofia. No era perdón completo, pero sí el primer gesto de hija que ambas podían reconocer.
En una habitación secreta de la funeraria, Samuel encontró un servidor activo. Green Crown había programado la publicación de miles de documentos al día siguiente durante la gala anual de Westwood Hotels.
Algunos eran reales. Otros estaban alterados. Mezclaban fraude auténtico de Victor con transferencias de Gabriel, falsificaciones de Julian y operaciones secretas de Thomas.
—Si se publican sin contexto —dijo Samuel—, nadie sabrá qué creer.
Bianca apareció con un equipo forense.
—Ese es el objetivo. No necesita demostrar una mentira si puede hacer que la verdad parezca imposible.
Encontraron una dirección de transmisión vinculada al gran salón de la mansión.
Victor planeaba usar la gala, ya anunciada y transmitida internacionalmente, para liberar los archivos.
—Cancelamos el evento —dijo Gabriel.
Eleanor negó.
—Entonces cambiará de lugar.
—¿Quieres que celebremos una fiesta mientras él intenta destruirnos?
—Quiero que crea que seguimos su guion.
Daniel, custodiado por dos agentes, pidió hablar.
—Victor instaló un centro de control bajo el escenario hace años. Lo usaba para manipular subastas benéficas.
—¿Cómo entramos? —preguntó Maya.
—Solo se abre con reconocimiento facial de Victor o con un código de Celeste.
Celeste negó.
—Nunca conocí ningún código.
Daniel la miró.
—Sí lo conoces. La canción que cantabas a Bianca. Las primeras letras de cada verso forman una secuencia.
Celeste recordó y escribió ocho caracteres.
El servidor aceptó la clave.
En la pantalla apareció un video en directo. Victor estaba dentro del centro de control de la mansión.
Había regresado a la casa antes que ellos.
—Los espero mañana por la noche —dijo mirando a la cámara—. Traigan a todos los herederos. Será una gala inolvidable.
Detrás de él había un panel conectado al sistema eléctrico, a las puertas de seguridad y a las tuberías de gas.
Eleanor cerró el portátil.
—Entonces mañana no iremos como víctimas.
Gabriel la miró.
—¿Qué propones?
—Dar la fiesta.
Bianca comprendió.
—Y transmitir nuestra versión antes de que él publique la suya.
Maya sostuvo la cinta de Rosa.
—No solo nuestra versión. Todas las voces que él enterró.
La gala anual, pensada para celebrar la riqueza de la familia, se convertiría en un tribunal en directo.
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Pero Victor controlaba la casa.
Y si perdía el control de la historia, podía convertir la mansión entera en otro cadáver equivocado.