Chapter 7 - El hijo que eligió a su esposa

La noticia sobre Maya no tuvo tiempo de asentarse.
A las nueve de la mañana siguiente, la sala de juntas de Westwood Hotels estaba llena de abogados, directores y pantallas con accionistas conectados desde tres continentes. Afuera, decenas de periodistas esperaban una guerra familiar.
Gabriel ocupó su lugar en la cabecera. A su derecha estaba Bianca. A la izquierda, la silla de Eleanor permanecía vacía.
Victor apareció por videoconferencia desde una sala de audiencias. Había conseguido libertad provisional bajo fianza, con vigilancia electrónica y prohibición de acercarse a la mansión. Su sonrisa indicaba que consideraba las restricciones una molestia temporal.
—Comencemos —dijo la presidenta del consejo—. Debemos resolver quién dirigirá la empresa durante la disputa de capacidad de la señora Westwood.
Uno de los directores habló de estabilidad, reputación y deuda. Otro mostró gráficos sobre la caída de las acciones desde la redada policial.
Finalmente, Victor tomó la palabra.
—Mi hija posee la autoridad médica y patrimonial otorgada por Eleanor. Gabriel ha demostrado que sus emociones interfieren con sus obligaciones. Propongo un gobierno temporal dirigido por mí hasta que un tribunal resuelva la situación.
Gabriel miró a Bianca.
El plan acordado durante la madrugada era sencillo y brutal: fingirían aceptar el control de Victor. A cambio, Julian había prometido enviar la ubicación exacta de Emily y Nora. Si Gabriel se resistía, las trasladarían o las matarían.
Eleanor no conocía todo el plan. Gabriel había intentado llamarla, pero Samuel le quitó el teléfono, convencido de que la línea estaba vigilada.
La presidenta se volvió hacia Gabriel.
—¿Desea responder?
Él se puso de pie.
—Sí. Mi madre no está en condiciones de ejercer su autoridad en este momento.
Un murmullo recorrió la sala.
Bianca lo observó con el rostro inmóvil.
—Reconozco la validez temporal del poder otorgado a mi esposa —continuó Gabriel—. También acepto que mi conducta durante las últimas veinticuatro horas pudo poner en riesgo a la empresa.
En la casa de verano, Eleanor veía la transmisión por televisión.
—No —susurró.
Maya se acercó.
—Tal vez está fingiendo.
—Habría encontrado una forma de decírmelo.
Samuel no respondió. Sabía que Gabriel intentaba ganar tiempo, pero había prometido guardar silencio para evitar que Victor detectara la coordinación.
En la pantalla, Gabriel pronunció la frase que los periodistas repetirían durante todo el día.
—Confío en mi esposa.
Eleanor apagó el televisor.
—Ha elegido.
Maya negó.
—Señora, él la defendió ayer.
—Y hoy ha validado documentos falsos.
—Puede haber una razón.
Eleanor tomó la llave de bronce y el testamento.
—Siempre hay una razón para traicionar a alguien. Eso no convierte la traición en otra cosa.
En la sala de juntas, el consejo votó. Victor fue nombrado presidente ejecutivo interino. Bianca mantuvo la autoridad legal sobre la residencia y los asuntos médicos de Eleanor. Gabriel continuaría como director de operaciones, subordinado a Victor.
Cuando la reunión terminó, Bianca siguió a Gabriel hasta una oficina privada.
—Lo hiciste demasiado convincente.
—Era la idea.
—Tu madre lo habrá visto.
—La llamaré cuando tengamos a Sofia y Emily.
—Puede que no te perdone.
—Prefiero que me odie viva.
Bianca cerró la puerta.
—Mi padre enviará a alguien con la ubicación.
—¿Y si no cumple?
—Entonces le quitaré algo que le importe.
—A Victor solo le importa el control.
—Exactamente.
Una asistente entregó a Bianca un sobre sin remitente. Dentro había una tarjeta de acceso y una dirección: Saint Agnes, entrada de suministros, 11:30 p. m.
También había una fotografía de Emily y Nora sentadas juntas. En el reverso, Julian había escrito: “Pierce hará el traslado a medianoche.”
Bianca escondió la tarjeta.
—Tenemos doce horas.
Gabriel tomó su abrigo.
—Voy a buscar a mi madre.
—No. Victor espera que la contactes.
—No puedo dejar que crea que la abandoné.
—La explicación tendrá que esperar.
Gabriel golpeó la mesa.
—Toda mi vida ella me enseñó a no usar a la familia como moneda. Acabo de hacer exactamente eso.
Bianca bajó la mirada.
—Ahora sabes cómo se siente crecer con mi padre.
En el refugio, Maya abrió el expediente que mencionaba su nacimiento. Había sido criada por Rosa Torres, una enfermera que murió cuando Maya tenía dieciséis años. Rosa siempre dijo que la había adoptado de manera privada después de que su madre biológica desapareciera.
Samuel revisó las firmas.
—Rosa trabajó en Saint Agnes.
—Nunca me lo dijo.
—Probablemente intentaba protegerte.
—Todos dicen eso cuando ocultan mi vida.
Eleanor reconoció el dolor. Era el mismo que había visto en Gabriel.
—Tienes derecho a estar enfadada.
—¿Sofia sabe que existo?
—No lo sabemos.
—¿Y si me entregó voluntariamente?
—Entonces tendrás derecho a preguntárselo.
Maya cerró el archivo.
—Voy al hospital.
—Es peligroso.
—Es mi madre.
Eleanor sostuvo su mirada. No podía pedirle que esperara después de haber ignorado su propio peligro por Sofia.
—Entonces iremos juntas.
Samuel intervino.
—Victor quiere exactamente eso.
—Victor cree que estoy herida y escondida —dijo Eleanor—. No espera que entre en el lugar que él controla.
—Eso no es estrategia. Es orgullo.
—No. Es maternidad.
A las once, llegaron cerca de Saint Agnes en una camioneta de reparto. El hospital había cerrado oficialmente diez años antes, pero una sección seguía recibiendo electricidad. Cámaras nuevas vigilaban el perímetro.
Samuel desactivó una cerca lateral. Maya y Eleanor entraron vestidas con uniformes médicos.
En un pasillo subterráneo encontraron habitaciones cerradas con puertas acolchadas. Algunas estaban vacías. Otras contenían camas, correas y frascos de sedantes.
Maya escuchó una voz débil cantando detrás de una puerta.
Era una melodía infantil.
Eleanor se quedó inmóvil. Sofia cantaba esa canción cuando Gabriel tenía miedo a las tormentas.
—Es ella.
Usaron la tarjeta para abrir.
Dentro había una mujer delgada, de cabello oscuro con mechones blancos. Tenía una cicatriz que bajaba desde la sien hasta el cuello. Sentada junto a ella estaba Emily Cross.
—¿Quiénes son? —preguntó Emily.
Eleanor no pudo hablar durante varios segundos.
La mujer levantó la mirada.
—Mamá —dijo Sofia.
Eleanor cayó de rodillas frente a ella.
—Te busqué.
Sofia tocó su rostro como si comprobara que era real.
—Victor dijo que habías muerto.
—Él dijo lo mismo de ti.
Maya permaneció en la puerta, temblando.
Sofia la vio y su expresión cambió.
—Rosa —susurró.
—No. Soy Maya.
Sofia se puso de pie con dificultad.
—Tienes sus ojos.
Maya apretó los puños.
—¿Sabía que yo estaba viva?
Antes de que Sofia respondiera, se apagaron las luces.
Las puertas del pasillo se cerraron automáticamente.
La voz del doctor Pierce llegó por los altavoces.
—Gracias por reunir a tres generaciones en un mismo lugar. El señor Vale estará encantado.
Samuel intentó abrir la salida.
—Nos han encerrado.
Eleanor buscó su teléfono. Sin señal.
En otro punto del hospital, Gabriel y Bianca entraron por la zona de suministros. Encontraron a Julian junto al ascensor, sangrando por la frente.
—Llegaron tarde —dijo—. Victor sabía que cooperaba.
Gabriel lo sostuvo.
—¿Dónde están?
—Ala subterránea. Pierce activó el protocolo de incendio.
Una alarma comenzó a sonar.
Bianca olió humo.
—No hay fuego.
Julian negó.
—Todavía no.
May you like
En la sala de control, Pierce encendió una cámara. Victor apareció en la pantalla desde su casa.
—Gabriel eligió a su esposa —dijo Victor—. Ahora veremos si Eleanor elige a cuál de sus hijas salvar.