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Chapter 8 - La cuenta de los muertos

El humo comenzó a filtrarse por las rejillas del ala subterránea.

Samuel arrancó una cubierta de ventilación mientras Emily intentaba abrir las puertas con una horquilla. Eleanor sostuvo a Sofia, que apenas podía mantenerse en pie debido a años de sedantes.

—¿Hay otra salida? —preguntó Maya.

Sofia señaló el suelo.

—Rosa usaba un túnel para llevar medicamentos. Debajo de la lavandería.

—¿Dónde está la lavandería?

—Dos pasillos al este.

Las luces de emergencia se encendieron con un resplandor rojo. Una puerta se abrió al fondo, no para liberarlos, sino para conducir el humo hacia su sección.

—Pierce quiere obligarnos a movernos —dijo Samuel—. Está guiándonos a una trampa.

Eleanor miró a su hija.

—¿Puedes caminar?

—Puedo intentarlo.

Maya se colocó al otro lado.

—Apóyese en mí.

Sofia la observó, todavía sin responder a la pregunta sobre su nacimiento.

Avanzaron por el pasillo. Detrás de cada puerta había expedientes destruidos, camas vacías y fotografías de pacientes con nombres falsos. Emily tomó una carpeta con la etiqueta “C. Vance”.

—Esta es Celeste —dijo.

La fotografía mostraba a la madre de Bianca veinte años mayor, pero viva.

—¿Está aquí? —preguntó Eleanor.

Emily revisó las últimas páginas.

—La trasladaron hace seis meses.

—La noche del accidente —dijo Samuel.

En la sala de control, Pierce observaba sus movimientos. No vio a Gabriel entrar por el conducto de mantenimiento detrás de los monitores.

Bianca permaneció fuera, junto a Julian. Ella había insistido en ser la distracción.

Entró por la puerta principal de la sala.

—Doctor Pierce.

Él giró con el arma en la mano.

—Señora Westwood.

—No use ese apellido conmigo.

—Su padre dijo que vendría.

—Mi padre dice muchas cosas.

Bianca levantó las manos.

—Quiero hacer un trato.

—Ya lo hizo cuando se casó con Gabriel.

—El trato cambió. Mi padre prometió darme la compañía. Ahora quiere eliminarme junto con ellos.

Pierce sonrió.

—Victor nunca comparte.

—Usted debería saberlo. ¿Cuánto le pagó por destruir la carrera de la doctora Helen Morris?

El rostro de Pierce cambió.

—No sé de qué habla.

—Encontré la cuenta. Tres millones transferidos a una empresa de Belice después de que ella denunciara sedaciones ilegales.

Pierce dio un paso hacia ella.

Gabriel salió del conducto y lo golpeó. El arma cayó. Ambos lucharon contra la consola. Bianca tomó el arma y apuntó a Pierce.

—Abra todas las puertas.

—Si lo hago, Victor matará a mi familia.

—Victor siempre amenaza a la familia de otros —dijo Gabriel—. ¿Alguna vez ha visto pruebas de que la suya siga viva?

Pierce dudó.

Bianca disparó contra una pantalla, a centímetros de su cabeza.

—Abra las puertas.

Pierce introdujo un código. En el sótano, los seguros se liberaron.

Samuel condujo al grupo hacia la lavandería. Encontraron una trampilla debajo de una máquina oxidada. El túnel desembocaba en un estacionamiento trasero.

Cuando salieron, Gabriel corrió hacia su madre.

Eleanor lo apartó.

—Después.

Una sola palabra, pero él comprendió todo el daño que había causado la votación.

Bianca vio a Sofia y quedó inmóvil.

—Usted estaba en el video.

Sofia la reconoció lentamente.

—Celeste tenía una hija.

—Soy Bianca.

Sofia extendió una mano, pero Bianca no se acercó.

—¿Mi madre está viva?

—Lo estaba la última vez que la vi.

—¿Cuándo?

—Hace seis meses. Victor la llevó de Saint Agnes después de que Thomas encontró nuestro expediente.

Gabriel frunció el ceño.

—Papá murió hace cinco años.

—No Thomas. Otro hombre usó su nombre.

Samuel comprendió antes que los demás.

—Victor falsificó visitas para hacerte creer que Thomas seguía buscándote.

Sofia asintió.

—A veces venía un hombre con su voz grabada. Decían que mi padre no quería verme porque yo había causado el incendio.

Eleanor abrazó a su hija.

—Nada de eso fue tu culpa.

Maya no pudo contenerse.

—¿Y yo?

Sofia cerró los ojos.

—Te llamé Marisol.

—Mi nombre es Maya.

—Rosa dijo que cambiaría tu nombre para protegerte.

—¿Me entregaste?

—Te sacaron de mis brazos después del parto. Yo estaba sedada. Rosa prometió encontrarte, pero desapareció.

Maya dio un paso atrás. Las lágrimas le corrían por el rostro.

—Entonces sabía que existía.

—Todos los días.

—¿Por qué no escapó?

Sofia miró las cerraduras, el humo y las cámaras.

—Lo intenté. Cada intento terminaba con más medicamentos y menos recuerdos.

Maya quería abrazarla y gritarle al mismo tiempo. Al final no hizo ninguna de las dos cosas.

La policía llegó veinte minutos después. Pierce fue arrestado. Julian entregó documentos sobre las clínicas y confesó su participación en la falsificación del poder, pero exigió protección para Emily.

Victor observó el operativo desde una casa rodeada de agentes que, legalmente, no podían entrar sin una nueva orden. Había desactivado su monitor electrónico y alegaba un fallo técnico.

A medianoche, los investigadores reunieron los archivos recuperados. Las cuentas de Saint Agnes mostraban pagos por pacientes que oficialmente habían muerto.

Samuel dibujó una tabla en una pizarra.

—Victor creó una contabilidad de muertos. Cada persona desaparecida se convertía en una factura médica, una empresa fantasma o una cuenta usada para mover dinero.

—Sofia, Celeste y Emily —dijo Maya.

—Y al menos once más.

Eleanor señaló una línea.

—Todos los pagos pasan por Vale Children’s Hope.

Bianca palideció. Era la fundación de la que había sido imagen pública durante años.

—Las donaciones para niños financiaban secuestros.

—Y sobornos —añadió Samuel.

Gabriel recibió el resultado ampliado del análisis de ADN. Confirmaba que Samuel era el padre biológico de Bianca. También mostraba un parentesco directo entre Eleanor, Sofia y Maya.

Maya era nieta de Eleanor.

Sofia era la heredera principal del fideicomiso de Thomas.

Victor ya no podía controlar la compañía mientras ella estuviera viva y reconocida legalmente.

—Eso nos da una ventaja —dijo Gabriel.

Julian negó.

—No todavía. Sofia fue declarada muerta hace veintisiete años. Para el sistema, Nora Hale es una paciente sin identidad. Victor puede impugnar el ADN y retrasar el proceso durante años.

Bianca miró los registros.

—Mi madre puede validar la historia.

—Si la encontramos —respondió Samuel.

Emily recordó algo.

—Escuché a Pierce hablar de una casa de cristal. Dijo que “C. Vance” sería trasladada allí cuando Eleanor despertara.

Eleanor conocía el lugar.

—El pabellón de cristal de Blackwater Island. Thomas lo construyó para retiros del consejo. Victor lo compró después de ser expulsado.

Gabriel tomó un mapa.

—Está a dos horas por barco.

—Y seguramente está vigilado —dijo Samuel.

Bianca recibió un mensaje de su padre.

Una fotografía mostraba a Celeste sentada detrás de una pared de vidrio. Parecía débil, pero consciente.

El texto decía:

“Trae a Sofia y a la chica antes del amanecer. O tu madre se sumará a la cuenta de los muertos.”

Bianca mostró la pantalla.

Maya apretó la mandíbula.

—Quiere a las dos herederas.

Sofia tomó la mano de su hija por primera vez.

—No permitiré que te lleve.

Maya miró aquellos dedos marcados por cicatrices y años de encierro.

—Ya nos llevó demasiado.

Bianca llamó al número.

Victor respondió de inmediato.

—Sabía que elegirías a tu verdadera familia.

—No tengo una verdadera familia —dijo ella—. Tú te aseguraste de eso.

—Lleva a las mujeres.

—Quiero hablar con mi madre.

La cámara cambió. Celeste levantó el rostro.

—Bianca —susurró.

La voz era real.

Bianca contuvo el llanto.

—Mamá, voy a sacarte de ahí.

Victor volvió a aparecer.

—Antes del amanecer.

La llamada terminó.

Gabriel se acercó a Bianca.

—No vas sola.

—Él espera que me acompañes.

—Entonces usaremos eso.

Eleanor miró a Gabriel.

—No tomarás otra decisión en mi nombre.

—Mamá...

—Me hiciste parecer incapaz frente al consejo.

—Era la única forma de obtener la dirección.

—No. Era la forma más rápida.

—Sofia y Emily están vivas por esa decisión.

—Y pudimos perderlas por no compartir el plan.

El silencio fue duro, pero necesario.

Gabriel bajó la cabeza.

—Tienes razón.

Eleanor no lo perdonó todavía, aunque la honestidad abrió una pequeña puerta.

Samuel extendió el mapa de Blackwater Island.

—Victor espera un intercambio.

Bianca miró el vestido verde que aún llevaba desde el día anterior, manchado de polvo y sangre seca.

—Entonces le daremos un espectáculo.

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Maya levantó el grabador del bolsillo.

—Y esta vez, todo el país escuchará.

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