Chapter 18 - El precio de salvar a una enemiga

La mansión estaba a oscuras cuando Eleanor, Maya y Bianca cruzaron la entrada principal.
Eleanor llevaba el libro azul. Maya tenía el grabador. Bianca vestía de nuevo el traje verde de la primera mañana, esta vez con una cámara oculta en el broche.
—Bonito detalle —dijo Victor desde el piso superior—. La misma ropa.
Apareció junto a la barandilla. Sin máscaras ni sustitutos, parecía más pequeño de lo que sus crímenes habían hecho creer.
—¿Dónde está Margaret? —preguntó Eleanor.
—En el ala oeste.
—Primero la vemos.
Victor señaló una pantalla. Margaret estaba encerrada en la antigua habitación de Sofia. Había cables conectados a la puerta y humo entrando por debajo.
—El libro —ordenó.
Eleanor lo levantó.
—Libérala.
—Déjalo sobre la mesa.
Maya susurró:
—La copia tiene un rastreador.
Eleanor caminó hasta el centro del vestíbulo y dejó el volumen. Victor bajó lentamente.
Cuando extendió la mano, Gabriel habló desde los altavoces del sistema.
—No lo abras.
Victor miró alrededor.
—El hijo pródigo salió de la cárcel.
Gabriel y Samuel estaban en la sala de seguridad externa, conectados a los controles que Daniel había descrito. La policía esperaba una señal para entrar, pero los sensores mostraban explosivos en varias puertas.
Victor tomó el libro.
—Sabía que era una copia.
Lo lanzó al fuego de la chimenea.
—El verdadero está fuera de la propiedad —dijo Maya.
—Entonces ustedes no tienen valor.
Activó un mando. En la pantalla, el humo aumentó alrededor de Margaret.
Eleanor corrió hacia la escalera.
Victor la sujetó.
Bianca golpeó su brazo y ambos cayeron contra la mesa. Maya subió hacia el ala oeste.
—¡Las puertas tienen carga! —gritó Gabriel por los altavoces—. No las abras.
—Entonces dime otra entrada.
—El pasadizo del armario de Sofia.
Maya encontró el panel oculto detrás de una pintura. Se arrastró por un corredor estrecho hasta la habitación.
Margaret estaba casi inconsciente.
—¿Por qué viniste? —preguntó al verla.
—Porque un tribunal necesita escucharla.
—Pensé que dirías algo noble.
—No me conoce.
Maya cortó las ataduras y la llevó hacia el pasadizo.
Abajo, Victor empujó a Bianca contra la chimenea.
—Te ofrecí todo.
—Nunca tuviste nada que no hubieras robado.
—Te di fuerza.
—Me diste miedo con ropa cara.
Eleanor tomó el bastón y golpeó el mando de su mano. Victor la derribó. El impacto le causó un dolor agudo en la pierna.
Bianca se lanzó sobre él.
Victor agarró una vela y prendió una cortina. El fuego subió rápidamente.
—La casa siempre termina ardiendo —dijo.
Gabriel intentó desbloquear las puertas desde el sistema.
—Victor cambió los códigos.
Daniel, custodiado junto a él, miró la secuencia.
—Usa la fecha de muerte de Thomas.
Gabriel la introdujo. Acceso denegado.
—La fecha real, no la del funeral —añadió Daniel.
La segunda clave funcionó. Las puertas laterales se abrieron y la policía entró.
Victor escapó hacia el ala oeste con Bianca como escudo. Eleanor los siguió, cojeando.
Maya apareció desde el pasadizo con Margaret.
—Sáquenla —dijo a los agentes.
Margaret agarró la manga de Eleanor.
—Victor tiene un detonador en el reloj. Si sale del alcance de la casa, activa las cargas.
—¿Cómo lo sabes?
—Yo diseñé el seguro.
—Entonces desactívalo.
—Necesito el panel del invernadero.
El invernadero estaba al otro lado del ala, rodeado por humo.
Eleanor tomó una decisión.
—Maya, lleva a Margaret al panel. Yo voy por Bianca.
—No puede sola.
—No estoy sola. Gabriel escucha.
Corrió por el pasillo. Encontró a Victor en la habitación donde Sofia había dormido de niña. Bianca estaba junto a la ventana rota.
—Un paso más y la lanzo —dijo Victor.
Eleanor se detuvo.
—No quieres matarla.
—¿Todavía crees que hay un padre dentro de mí?
—No. Creo que hay un hombre que necesita que alguien vea su poder. Si la matas rápido, no tendrás público.
Victor sonrió.
—Siempre entendiste el espectáculo.
Bianca miró a Eleanor.
—No negocie.
—Cállate —ordenó Victor.
Eleanor avanzó medio paso.
—Me arrojó agua, falsificó documentos y ayudó a tu plan. Podría dejarla contigo.
Bianca comprendió que Eleanor intentaba acercarse.
—Pero no lo hará —dijo Victor.
—No.
—¿Por qué?
—Porque salvar a una persona no significa declarar inocente su pasado.
Eleanor lanzó el bastón contra la lámpara. La habitación quedó a oscuras. Bianca golpeó el pecho de Victor y se apartó. Eleanor la sujetó.
Victor recuperó el equilibrio y corrió hacia el pasillo.
En el invernadero, Maya y Margaret alcanzaron el panel. El sistema requería la huella de Margaret y la clave de Victor.
—No conozco la clave —dijo Margaret.
—Usted conocía cada cuenta.
—No esta.
Maya recordó la frase de Sofia en Blackwater: la fecha del primer robo.
Introdujo 11121996.
El detonador se desactivó.
—Lo logramos —dijo Margaret.
Una viga en llamas cayó y bloqueó la salida. El vidrio del techo comenzó a romperse.
Maya empujó a Margaret debajo de una mesa metálica. Buscó otra puerta, pero el humo hacía imposible ver.
Eleanor y Bianca llegaron al invernadero.
—¡Maya!
—Aquí.
Bianca vio el sistema de riego sobre ellas. Subió a una mesa y rompió la válvula principal con un extintor. El agua cayó como lluvia, reduciendo las llamas.
El vestido verde quedó empapado.
Eleanor la miró.
—Parece que ahora te toca limpiar.
Bianca soltó una risa ahogada.
Juntas sacaron a Maya y Margaret por una puerta lateral.
Victor alcanzó la azotea. Gabriel subió detrás de él, pese al dolor del hombro.
—Se acabó —dijo Gabriel.
—Tu familia perdió la empresa, la reputación y la casa. ¿Eso llamas ganar?
—Sí. Porque seguimos vivos.
Victor levantó el reloj detonador.
—Todavía puedo terminarlo.
Presionó el botón.
Nada ocurrió.
Maya apareció en la escalera.
—La heredera sin nombre cambió el código.
Victor corrió hacia el borde, donde una cuerda descendía hasta un vehículo. Daniel salió desde otra puerta y le bloqueó el paso.
Los dos hermanos que habían vivido a la sombra de Thomas se miraron.
—Siempre fuiste un perro —dijo Victor.
—Y tú siempre necesitaste que alguien te abriera las puertas.
Daniel se apartó justo cuando los agentes llegaron. No buscó una muerte heroica ni una absolución. Simplemente permitió que la justicia hiciera lo que él había evitado durante años.
Victor fue esposado.
Esta vez, Samuel tomó una muestra de sangre frente a tres cámaras, dos médicos y un juez conectado por video.
—Sin sustitutos —dijo.
Mientras lo llevaban, Victor miró a Bianca.
—Volverás a ser como yo.
Ella observó el agua sucia que caía de su vestido.
—No. Porque yo sé pedir ayuda.
La mansión ardió durante otra hora, pero la estructura principal sobrevivió. El ala oeste quedó destruida. Nadie murió.
Al amanecer, Eleanor se sentó en los escalones con una manta sobre los hombros. Bianca se acercó.
—Me salvó otra vez.
—Y tú salvaste a Maya.
—¿Eso significa que estamos a mano?
—La vida no lleva una cuenta tan sencilla.
Bianca asintió.
—Lo sé.
Sofia salió de una ambulancia y se sentó junto a Eleanor.
—Regresaste.
—Te dije que lo haría.
—No. Dijiste que lo intentarías.
Eleanor tomó su mano.
—Entonces tendré que seguir regresando todos los días.
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Sofia no pronunció la palabra perdón.
Pero no retiró la mano.