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Chapter 10 - La heredera sin nombre

La noticia de que Thomas podía seguir vivo dividió a la familia antes de que el amanecer iluminara Blackwater Island.

Celeste fue trasladada a un hospital bajo protección. Sofia y Maya permanecieron juntas en una sala privada, aunque todavía se trataban como dos desconocidas unidas por una prueba de ADN y un dolor demasiado grande.

Eleanor se negó a descansar.

—Quiero el expediente de la muerte de Thomas —dijo a Samuel.

—La policía lo reabrirá.

—No quiero esperar a que un detective joven me explique mi matrimonio.

Gabriel se sentó frente a ella.

—Mamá, acabas de entrar en un edificio en llamas.

—Y tu padre lleva cinco años escondido.

—No sabemos eso.

Sofia apareció en la puerta.

—Yo sí.

Eleanor la miró.

—Entonces habla.

Sofia se sentó con dificultad.

—Después del incendio del cobertizo, Thomas me encontró herida cerca del lago. Victor se había llevado a Celeste. Papá quería llevarme a un hospital, pero el doctor Pierce apareció con policías y dijo que yo había provocado el fuego.

—Pierce aún no trabajaba para nosotros —dijo Gabriel.

—Ya trabajaba para Victor. Papá comprendió que no podía confiar en nadie. Me escondió durante dos días en una cabaña. Luego Samuel llegó.

Todos miraron al investigador.

Samuel asintió.

—Thomas me pidió organizar una salida. Pero Victor secuestró a Celeste y amenazó a Bianca, que era un bebé. Sofia también estaba embarazada. Tuvimos que separar a todos.

Maya apretó las manos.

—¿Y su gran plan fue abandonar a mi madre en una clínica durante veintisiete años?

—No —dijo Samuel—. Rosa debía sacarla después del parto. Victor descubrió el plan. Yo recibí un video donde amenazaban con matar a las dos bebés si me acercaba.

—Así que desapareció.

—Me fui para investigar desde fuera.

—Veintisiete años —repitió Maya—. Todos tienen una explicación que dura veintisiete años.

Eleanor no apartó la mirada de Sofia.

—¿Qué ocurrió con Thomas cinco años atrás?

—Me encontró en Saint Agnes. Había seguido los pagos del fideicomiso. Prometió sacarnos a Celeste y a mí. Pero Victor ya sabía que estaba allí.

Sofia respiró hondo.

—Thomas tenía un hermano gemelo, Daniel. Nadie hablaba de él porque robó dinero a pacientes de una residencia y fue a prisión. Cuando salió, Victor lo contrató. Eran casi idénticos, salvo por una cicatriz.

—¿Daniel murió en el coche? —preguntó Gabriel.

—Sí. Victor organizó el choque para matar a Thomas, pero Daniel conducía ese día. Thomas aprovechó el error y dejó que todos creyeran que había muerto.

Eleanor se puso de pie.

—¿Me dejó enterrarlo?

—Dijo que era la única forma de protegerte.

—No pronuncies esa palabra.

Sofia guardó silencio.

Eleanor caminó hasta la ventana.

—Me vio llorar frente a un ataúd. Vio a Gabriel asumir una empresa destrozado. Y decidió que su plan era más importante que nosotros.

—También intentaba reunir pruebas.

—Entonces se parece demasiado a mí.

La admisión fue amarga. Eleanor había ocultado su recuperación a Gabriel por la misma razón.

Samuel sacó un pequeño paquete que Sofia le había entregado tras el rescate. Dentro había una llave de estación y un recibo de almacenamiento en Albany.

—Thomas dejó esto con ella hace cinco años.

La unidad de almacenamiento contenía cajas de documentos, ropa, fotografías y un ordenador portátil. No había señales de que alguien hubiera entrado recientemente.

En el escritorio encontraron una carta dirigida a Eleanor.

Ella la abrió sola, pero terminó leyéndola en voz alta.

“Si recibes esto, fallé en volver. No te pido perdón porque sé que no tengo derecho. Daniel murió en mi lugar y Victor cree que yo también. Usaré esa ventaja para encontrar a Sofia y Celeste. No puedo decirte dónde estoy. Cualquier contacto pondría a Gabriel en peligro. El testamento protege la compañía, pero la verdadera heredera necesitará recuperar su nombre. Confía en la niña que Rosa salvó.”

Maya miró la firma.

—Se refería a mí.

Debajo había un acta original de nacimiento.

Nombre: Marisol Sofia Westwood.

Madre: Sofia Eleanor Westwood.

Padre: no declarado.

Fecha: veintiséis años atrás.

También había una declaración firmada por Rosa Torres donde explicaba que cambió el nombre de la bebé a Maya para ocultarla.

Maya sostuvo el documento.

—He pasado toda mi vida sin saber quién era.

Sofia se acercó.

—Tu nombre puede seguir siendo Maya.

—No necesito permiso.

—No intentaba darte permiso. Quería decir que no tienes que convertirte en la persona que nosotros perdimos.

Maya la miró. Por primera vez, vio a una madre que no exigía ser llamada madre.

—¿Quién es mi padre?

Sofia tardó demasiado.

—No lo sé con certeza.

Samuel frunció el ceño.

—Sofia.

—Victor me mantenía sedada. Hubo un enfermero que intentó ayudarme. Después desapareció.

Maya cerró los ojos.

—Otra persona desaparecida.

En el ordenador de Thomas encontraron una carpeta con fotografías tomadas en distintos años. Una mostraba a un hombre de barba gris entrando en una iglesia de Vermont tres meses antes.

Eleanor reconoció la postura, las manos y la forma de inclinar la cabeza.

—Es Thomas.

Samuel amplió la imagen. La matrícula del automóvil pertenecía a una organización llamada New Dawn Shelter.

Gabriel buscó la dirección. Era un refugio para testigos y víctimas de violencia financiera.

—Está a cuatro horas —dijo.

Eleanor guardó la carta.

—Voy sola.

—No —respondieron Gabriel y Sofia al mismo tiempo.

Ella los miró.

—Él eligió desaparecer de todos nosotros. Será él quien explique primero frente a mí.

Bianca entró en la unidad acompañada por una agente. Había dado una declaración completa contra Victor y entregado acceso a cuentas de la fundación.

—Celeste despertó —dijo—. Quiere ver a Samuel.

Samuel salió de inmediato.

Bianca permaneció a distancia de Eleanor.

—Gracias por volver por mí.

—No confundas rescate con absolución.

—No lo hago.

—Tendrás que responder por fraude, abuso del personal y cooperación con Victor.

—Lo sé.

—Y pedir perdón no borrará lo que hiciste.

—También lo sé.

Eleanor vio que Bianca ya no usaba el tono defensivo de antes.

—Pero salvaste a Celeste y ayudaste a detener el incendio —añadió—. La verdad completa incluye ambas cosas.

Bianca asintió, con lágrimas contenidas.

Gabriel recibió una llamada de la oficina.

—El consejo adelantó la votación. Victor, desde detención, transfirió sus poderes a un representante desconocido.

—¿Quién? —preguntó Eleanor.

Gabriel activó el altavoz.

La presidenta del consejo respondió:

—Thomas Westwood.

Nadie habló.

—El señor Westwood presentó documentos biométricos y reclamó su puesto como fundador —continuó la mujer—. Ha convocado una reunión en la mansión esta noche.

Eleanor apretó la carta entre los dedos.

Su esposo estaba vivo.

Había dejado que el mundo lo enterrara, había observado la guerra desde las sombras y ahora regresaba justo cuando Sofia recuperaba su identidad.

Maya miró el acta de nacimiento.

—¿Y si Thomas no vuelve para salvarnos?

Eleanor contempló la fotografía del hombre frente a la iglesia.

—Entonces vuelve para terminar lo que empezó.

A las ocho de la noche, las puertas de la mansión se abrieron.

Thomas Westwood cruzó el vestíbulo vestido con un abrigo negro. Más delgado, con el cabello completamente blanco, pero inconfundible.

Eleanor lo esperaba junto a la escalera donde Bianca había arrojado el agua sucia.

Thomas se detuvo al verla.

—Ellie.

Ella caminó hasta él y lo abofeteó con toda la fuerza que su brazo recuperado le permitió.

—Eso fue por el funeral.

Thomas aceptó el golpe.

—Lo merecía.

Eleanor volvió a levantar la mano.

—Y esto será por cada año que nuestras hijas estuvieron encerradas mientras tú jugabas a estar muerto.

Antes de que pudiera golpearlo, Thomas dijo:

—Victor no es el último enemigo.

Eleanor bajó la mano.

Thomas miró a Gabriel, Sofia, Maya y Bianca.

—La persona que ordenó el accidente de Eleanor está dentro de esta familia.

Desde el piso superior se escuchó el ruido de una puerta cerrándose.

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Todos levantaron la mirada.

Julian Cross permanecía en el balcón, sosteniendo el libro azul verdadero entre las manos.

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