Chapter 12 - La heredera en manos del enemigo

Maya tomó el libro azul antes que nadie.
—Voy al cobertizo.
Eleanor le bloqueó el camino.
—Victor quiere que actúes sin pensar.
—Tiene a mi madre.
—También tuvo a Sofia durante veintisiete años. Sabe exactamente qué decir para obligarte a correr hacia él.
—¿Qué propone? ¿Otra reunión? ¿Otra mentira?
Thomas abrió un mapa de la propiedad.
—El cobertizo tiene tres entradas. La principal, una compuerta desde el lago y un túnel de drenaje.
—El túnel quedó sellado después del incendio —dijo Eleanor.
Sofia había mencionado una salida trasera en su relato. Thomas explicó que la reconstrucción conservó parte de la estructura antigua porque Victor necesitaba ocultar archivos bajo el agua.
Gabriel llamó a la policía, pero una tormenta había derribado árboles en la carretera. Las unidades tardarían al menos treinta minutos.
—Tenemos veinte —dijo Bianca, mirando el reloj de la transmisión.
Maya sostuvo el libro.
—Yo llevaré esto. Ustedes entran por las otras rutas.
—No —respondió Samuel—. Eres la heredera legal. Victor quiere tu firma o tu muerte.
—Y por eso espera que todos intenten encerrarme aquí.
Maya miró a Eleanor.
—Usted entró en un edificio en llamas para salvar a Bianca. No me pida que sea menos valiente con Sofia.
Eleanor reconoció la decisión. Le entregó el grabador.
—Entonces no vas sola.
El grupo se dividió. Maya y Bianca caminarían por el sendero principal con una copia del libro. Gabriel y Samuel usarían la compuerta del lago. Thomas, Eleanor y Celeste intentarían abrir el túnel de drenaje desde una antigua estación de bombas.
—Celeste no debería ir —dijo Bianca.
Su madre se levantó de la silla.
—He pasado media vida encerrada porque otros decidían qué podía soportar. Hoy no.
Bianca quiso discutir, pero se detuvo.
Maya y ella avanzaron bajo la lluvia. Las luces del cobertizo formaban una línea dorada sobre el agua negra.
—Cuando entramos —dijo Bianca—, no le des el libro hasta ver a Sofia libre.
—Es una copia.
—Victor conoce cada marca de la cubierta.
—La copia la hizo Thomas con el original delante.
Bianca soltó una risa seca.
—Mi familia está llena de falsificadores muy talentosos.
Maya la miró.
—¿Por qué la ayudó Eleanor después de todo?
—Porque es mejor persona que yo.
—Eso no responde.
—Tal vez porque sabe que ser cruel con alguien culpable no convierte la crueldad en justicia.
Llegaron a la puerta.
Victor apareció con un impermeable oscuro. A su lado estaba el doctor Pierce, que había escapado durante un traslado con ayuda de un guardia corrupto.
—Dos hijas obedientes —dijo Victor.
Bianca levantó las manos.
—Déjala ir.
—Primero el libro.
Maya mostró la cubierta.
—Quiero verla.
Victor abrió la puerta. Sofia estaba atada a una silla, pero consciente.
—Maya, no se lo des —gritó.
Pierce la golpeó en el hombro.
—No la toque —dijo Maya.
Victor extendió la mano.
—El libro.
Maya se acercó. Antes de entregarlo, preguntó:
—¿Por qué me dejaste vivir?
Victor sonrió.
—No sabía que Rosa había conseguido sacarte. Cuando lo descubrí, ya eras una adolescente sin apellido importante. Eras más útil como posible llave que como cadáver.
—¿Y mi padre?
—Un enfermero sentimental. Intentó denunciar a Pierce. No duró mucho.
Sofia cerró los ojos.
Maya sintió una furia helada.
—¿Cómo se llamaba?
—David Torres. Rosa te dio su apellido.
Maya comprendió que el hombre cuyo nombre había llevado toda su vida no era un extraño. David había intentado salvar a Sofia y era su padre biológico.
—Lo mataste.
—Pierce tomó esa decisión.
El médico se puso tenso.
—Usted ordenó silenciarlo.
Victor se volvió hacia él.
—No discutas detalles frente a las víctimas.
Bianca activó discretamente el broche. La transmisión llegó al teléfono de Gabriel bajo el muelle.
Samuel señaló el altavoz.
—Están hablando. Tenemos que esperar la señal.
Gabriel escuchó a Victor admitir la muerte de David.
—Ya tenemos suficiente.
—No para entrar sin que maten a Sofia.
Dentro del cobertizo, Victor abrió el libro falso. Pasó varias páginas y se detuvo.
—Esto es una copia.
Maya no negó.
Pierce levantó el arma.
—¿Dónde está el original?
—En un lugar al que nunca llegarás.
Victor agarró a Bianca.
—Entonces empezaremos con ella.
Bianca lo miró sin miedo.
—Toda tu vida pensaste que yo era una extensión de ti.
—Lo eras.
—Por eso nunca imaginaste que aprendería tus métodos.
Golpeó dos veces el tacón contra el suelo.
Era la señal.
Gabriel y Samuel emergieron desde la compuerta. Al mismo tiempo, Thomas abrió el túnel de drenaje y entró con Eleanor y Celeste.
Pierce disparó. La bala golpeó una viga. Samuel respondió contra el suelo cerca de sus pies.
Maya corrió hacia Sofia.
Victor lanzó una lámpara de aceite contra las paredes. Las llamas se extendieron por una cortina.
—¡Otra vez no! —gritó Eleanor.
Thomas atacó a Victor. Los dos hombres cayeron sobre una mesa. Celeste alcanzó el mecanismo de las ataduras y liberó a Sofia.
Pierce intentó escapar por el muelle, pero Bianca bloqueó la puerta.
—David Torres —dijo—. Helen Morris. Sofia. Celeste. Eleanor. Quiero que recuerdes todos los nombres cuando te miren en el tribunal.
Pierce apuntó hacia ella.
Gabriel se interpuso.
El disparo sonó.
Gabriel cayó.
Bianca gritó y se arrodilló junto a él. La bala había entrado por el hombro, pero la sangre cubría rápidamente su camisa.
Samuel derribó a Pierce. Maya usó el libro falso para apagar una llama que avanzaba hacia Sofia.
Victor logró liberarse de Thomas y corrió hacia una lancha. Eleanor lo siguió hasta el muelle.
—¡Se acabó!
Victor arrancó el motor.
—No para mí.
Sofia apareció detrás de Eleanor.
—El combustible está cerrado.
Victor miró el indicador. La lancha apenas avanzó unos metros antes de detenerse.
La policía llegó desde el lago. Los agentes rodearon la embarcación.
Victor sacó un encendedor y mostró que el suelo de la lancha estaba cubierto de gasolina.
—Si se acercan, todos veremos cómo termina la historia.
Eleanor dio un paso hacia el borde.
—Tu historia terminó cuando las personas que encerraste comenzaron a hablar.
—Todavía tengo nombres capaces de destruir a Thomas.
—Entonces entrégalos.
—¿Y perder mi última ventaja?
—No es una ventaja si mueres con ella.
Por primera vez, Victor pareció cansado.
Detrás, Bianca lloraba mientras presionaba la herida de Gabriel.
—No cierres los ojos.
—No pensaba hacerlo —murmuró él—. Aún me debes una luna de miel sin documentos falsos.
Ella soltó una risa entre lágrimas.
Victor miró a Bianca. Durante un segundo, algo parecido al arrepentimiento cruzó su rostro.
—Yo te convertí en alguien fuerte.
Bianca levantó la mirada.
—No. Sobreviví a ti.
Victor dejó caer el encendedor al agua.
Los agentes subieron a la lancha y lo esposaron.
Pierce fue detenido junto al cobertizo. Los bomberos apagaron el fuego antes de que alcanzara la estructura principal.
Gabriel fue trasladado al hospital. La bala no había tocado órganos vitales, pero necesitaba cirugía.
Sofia abrazó a Maya mientras esperaban la ambulancia.
—Dijiste mamá.
Maya se separó lentamente.
—Fue el miedo.
—No tienes que explicarlo.
—No sé qué somos todavía.
—Podemos empezar siendo dos mujeres que salieron del mismo incendio.
Maya asintió.
Thomas entregó el libro original a la policía. Dentro había suficiente evidencia para abrir investigaciones en cinco estados.
Pero al final de la última página encontraron una firma reciente.
Gabriel Westwood.
Eleanor observó la fecha. Correspondía a tres meses antes de su accidente.
El documento autorizaba una transferencia de veinte millones a una de las empresas de Victor.
Bianca palideció.
—Gabriel nunca me habló de esto.
Thomas cerró el libro.
—Porque quizá mi hijo no fue solo una víctima.
En la ambulancia, inconsciente por la medicación, Gabriel no podía defenderse.
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Y mientras todos celebraban la captura de Victor, una pregunta comenzó a destruir la frágil unidad de la familia:
¿Había estado Gabriel financiando al enemigo desde el principio?