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Chapter 6 - La mentira en la sangre

El video terminó, pero nadie se movió.

La biblioteca parecía haberse quedado sin oxígeno. Bianca seguía frente a la pantalla, con una mano apoyada sobre el respaldo de una silla. Gabriel permanecía a varios pasos de ella, incapaz de decidir si debía acercarse o alejarse.

—Dime que esto no es verdad —susurró Bianca.

Eleanor negó lentamente.

—Nunca supe que Celeste estuviera embarazada de Thomas.

—No te pregunté si lo sabías. Te pedí que me dijeras que es mentira.

—No puedo hacerlo.

Bianca miró a Gabriel. Durante los últimos ocho meses habían compartido una casa, una cama, planes para tener hijos y la idea de envejecer juntos. De pronto, cada recuerdo parecía contaminado.

—No me toques —dijo cuando él levantó una mano.

—No iba a hacerlo.

La respuesta dolió más de lo que ambos esperaban.

Samuel detuvo el archivo en el rostro de Celeste.

—Hay algo que no encaja.

—Todo encaja —respondió Bianca con amargura—. Mi padre me envió a casarme con un Westwood porque sabía que yo también lo era.

—Victor no conocía este video —dijo Eleanor—. Si lo hubiera conocido, lo habría destruido.

—Tal vez quería que lo encontráramos.

—Entonces no habría intentado asfixiarlos para recuperarlo.

Maya se acercó a la pantalla.

—La señora Celeste nunca dijo que el bebé fuera Bianca.

Bianca se volvió hacia ella.

—Tenía la misma edad gestacional que aparece en mis registros de nacimiento.

—Registros preparados por su padre —recordó Maya—. Los mismos hombres falsificaron el poder médico de Eleanor.

Gabriel se aferró a esa posibilidad.

—Necesitamos una prueba de ADN.

—No necesito más pruebas de esta familia —dijo Bianca.

—Yo sí.

Samuel llamó a una médica de confianza que había trabajado para la fiscalía. La doctora llegó antes del amanecer y tomó muestras de Gabriel, Bianca y Eleanor. Explicó que un análisis preliminar podía indicar parentesco en pocas horas, aunque el informe legal tardaría días.

Mientras esperaban, la policía interrogó a todos por separado.

Victor había sido detenido, pero sus abogados insistían en que la reunión del comedor era una negociación familiar. El arma estaba registrada. Los hombres armados eran empleados de una empresa de seguridad. Victor afirmó que había retenido a Bianca para protegerla durante la irrupción policial.

—Tiene grabaciones de sus amenazas —dijo Eleanor al detective.

—La defensa alegará manipulación —respondió él—. Necesitamos los archivos originales y una cadena de custodia clara.

—También intentó secuestrarme durante el traslado.

—Los enfermeros dicen que usted los atacó y escapó durante una emboscada organizada por Samuel Reed.

Samuel soltó una risa sin humor.

—Por supuesto que lo dicen.

La hija de Julian seguía desaparecida. Sin Emily, el abogado se negaba a firmar una declaración formal.

Al amanecer, Victor fue trasladado a un centro de detención a la espera de una audiencia. Antes de subir al vehículo policial, pidió hablar con Bianca.

Ella se negó.

Victor sonrió a las cámaras.

—Mi hija está confundida. Los Westwood llevan años manipulándola.

La frase apareció en los noticieros antes de que el automóvil doblara la esquina.

A las ocho, el consejo de Westwood Hotels convocó una sesión de emergencia. Si Gabriel no asistía, Victor sería nombrado director interino mediante voto remoto de sus aliados.

—Ve —dijo Eleanor.

Gabriel miró hacia Bianca, que permanecía junto a la ventana.

—No puedo dejarla así.

—La compañía tiene treinta mil empleados, como ella te recordó. No permitas que Victor use nuestro dolor para destruirlos.

—¿Y tú?

—He sobrevivido a algo peor que una reunión de consejo.

Gabriel se acercó a su madre.

—Cuando todo esto termine, hablaremos de por qué tuviste que fingir frente a mí.

—Sí.

—Y no aceptaré “era para protegerte” como respuesta completa.

Eleanor asintió.

Antes de salir, Gabriel se volvió hacia Bianca.

—No sé quiénes somos el uno para el otro ahora. Pero no te dejaré sola con esto.

Bianca no respondió hasta que la puerta se cerró.

—Ya estaba sola antes de conocerlo.

Eleanor se sentó frente a ella.

—Eso no justifica lo que hiciste.

—¿Ha venido a recordarme el cubo?

—He venido a decirte que la vergüenza no reemplaza la responsabilidad.

Bianca soltó una risa amarga.

—¿Quiere que le pida perdón mientras esperamos saber si me casé con mi hermano?

—Quiero que comprendas que Maya, las cocineras y cada persona que humillaste eran inocentes. No puedes culpar a Victor por cada palabra que salió de tu boca.

Bianca la miró por primera vez.

—Usted me odiaba desde antes.

—Desconfiaba de la velocidad con la que entraste en la vida de Gabriel. No te odiaba.

—Me investigó.

—Investigo a cualquiera que se acerque a mi familia con documentos preparados por Victor Vale.

—Nunca encontró nada.

—Encontré deudas ocultas, tres cambios de apellido en empresas y una fundación que pagaba tus vestidos con donaciones para niños.

Bianca palideció.

—Mi padre administraba esa fundación.

—Tu nombre estaba en las facturas.

—Yo no sabía de dónde salía el dinero.

—Entonces tendrás que demostrarlo.

La doctora regresó al mediodía con un sobre. Bianca se puso de pie tan rápido que derribó la silla.

—Dígalo.

La médica miró a los tres.

—El análisis preliminar descarta que Gabriel y Bianca compartan padre biológico.

Gabriel, que acababa de regresar de la reunión, se apoyó contra la puerta.

—¿Está segura?

—La probabilidad de medio parentesco es prácticamente nula.

Bianca cerró los ojos.

—Entonces Celeste mintió.

—O Thomas no era el padre biológico de Gabriel —dijo Samuel.

Todos miraron a Eleanor.

Ella negó.

—Gabriel es hijo de Thomas. Hicimos pruebas durante una enfermedad genética cuando era niño.

La doctora añadió:

—También comparé a Bianca con Eleanor. No hay parentesco biológico directo.

Gabriel cruzó la habitación y abrazó a Bianca. Ella resistió un segundo antes de hundir el rostro en su pecho.

—No significa que todo esté bien —susurró.

—Lo sé.

—Mentí, firmé documentos y traté a tu madre como si no fuera humana.

—Lo sé.

—Puedes dejar de decir que lo sabes.

Gabriel se apartó.

—El consejo votó mantenerme como director durante cuarenta y ocho horas. Después habrá otra votación. Victor controla suficiente apoyo para sacarme.

Samuel tomó el informe.

—Necesitamos saber por qué Celeste nombró a Thomas.

Maya recordó el colgante de cisne.

—¿Y si no estaba hablando del bebé? ¿Y si “el padre” era una clave?

Eleanor abrió el sobre hallado en la caja fuerte y examinó el sello. Tenía grabado un cisne.

—Thomas usaba ese símbolo para los fondos protegidos de Sofia.

Dentro de la memoria había una carpeta cifrada llamada PADRE.

Gabriel introdujo la palabra THOMAS. Acceso denegado.

Eleanor probó SOFIA. Nada.

Bianca se acercó.

—Pruebe Samuel.

El investigador se quedó inmóvil.

—¿Por qué yo?

—Porque mi madre lo conocía. Encontré cartas con sus iniciales cuando era niña. Mi padre las quemó.

Eleanor escribió SAMUEL.

La carpeta se abrió.

Dentro había fotografías de Celeste y Samuel juntos, tomadas antes del incendio. En una, él tenía la mano sobre el vientre de ella.

Bianca miró al hombre que había ayudado a rescatarlos.

—Usted es mi padre.

Samuel no negó.

—Celeste me hizo jurar que nunca lo diría mientras Victor siguiera vivo.

Bianca lo abofeteó.

—¡Lleva horas mirándome y no dijo nada!

—No sabía si Victor había cambiado las muestras, tu identidad o incluso tu fecha de nacimiento. Necesitaba estar seguro.

—Siempre necesitaban estar seguros. Mientras tanto, yo crecí con un monstruo.

Samuel bajó la mirada.

—Intenté encontrarte.

—No lo intentó lo suficiente.

El teléfono de Eleanor sonó. Era un número desconocido.

Al responder, escuchó la voz de Julian.

—Tengo diez segundos. Emily sigue viva.

—¿Dónde?

—Victor ordenó trasladarla al mismo lugar que Nora Hale.

—Dime el lugar.

—Hospital Saint Agnes, ala cerrada. Pero no vayan por la entrada. Pierce los espera.

Se oyó un golpe al otro lado.

Julian habló más rápido.

—Gabriel debe votar a favor de Victor mañana. Si no, matarán a las dos.

La llamada se cortó.

Samuel tomó sus llaves.

—Voy por Celeste.

Bianca se interpuso.

—Voy con usted.

—No.

—Perdió el derecho a decidir por mí hace veintiséis años.

Eleanor observó la carpeta abierta. Había un último archivo: una lista de nombres. Sofia, Celeste, Emily y, al final, una identidad que ninguno reconoció.

Maya Torres.

Junto a su nombre aparecía una fecha de nacimiento y una sola frase:

“Hija de la paciente Nora Hale. No permitir contacto.”

Maya leyó dos veces.

—¿Qué significa esto?

Eleanor miró a la joven que la había ayudado durante el accidente, que había protegido su grabador y arriesgado la vida por ella.

—Significa que Sofia tuvo una hija.

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La voz se le quebró.

—Y creo que esa hija eres tú.

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