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QUEMARÉ VUESTRO IMPERIO / Chapter 13 / 15

Capítulo 13 - La hija de nadie

Las puertas principales estaban selladas.

Los agentes intentaron abrirlas mediante el panel de emergencia, pero Beatrice había tomado el control completo del sistema.

Rafael corrió hacia una pared cubierta de monitores.

—Existe un túnel de evacuación bajo la sala de servidores.

—¿También está bloqueado? —preguntó Julian.

—Se abre mediante una llave física.

—¿Dónde está?

Rafael miró hacia el piso superior.

—En mi despacho.

La cuenta regresiva marcaba veintisiete minutos.

Elena, Adrian y Rafael subieron las escaleras mientras Lucía y los agentes buscaban otra salida.

El despacho estaba detrás de una puerta reforzada. Rafael utilizó su huella y un código de doce números.

Dentro había una caja fuerte.

Cuando la abrió, Elena vio varias unidades de almacenamiento, pasaportes falsos, dinero en efectivo y una pequeña caja azul.

Rafael tomó una llave metálica.

Elena abrió la caja azul antes de que pudiera impedirlo.

Dentro había cartas escritas por Isabel.

Reconoció de inmediato la caligrafía de su madre.

—¿Por qué tienes esto?

—Isabel me las enviaba mediante intermediarios.

—Dijiste que no podías comunicarte con nosotras.

—No podía responder.

Elena tomó la primera carta.

Rafael: Elena pregunta cada noche cuándo volverás. Le digo que estás en el cielo porque es menos doloroso que explicarle que has elegido una guerra que quizá nunca termine.

Otra carta decía:

No quiero que nuestra hija crezca para convertirse en un arma. Prométeme que nunca la utilizarás contra los Valmont.

Elena levantó la mirada.

—Se lo prometiste.

Rafael no respondió.

La última carta había sido escrita pocos días antes de la muerte de Isabel.

He tomado una decisión. Si continúas siguiendo a Elena, si organizas su vida o la acercas a esa familia, el fideicomiso dejará de obedecer tus instrucciones. Ella decidirá qué hacer con todo.

Elena leyó el párrafo dos veces.

—Mi madre sabía lo que planeabas.

—Isabel estaba enferma. Tenía miedo.

—Tenía razón.

Rafael intentó tomar las cartas, pero Elena retrocedió.

—¿El fideicomiso está bajo mi control?

—Todavía no.

—Beatrice dijo que se activaría cuando se demostrara la responsabilidad de los Valmont.

—Hay otras condiciones.

—¿Cuáles?

Una explosión se escuchó fuera del edificio.

Los helicópteros estaban aterrizando.

La cuenta regresiva marcaba veintitrés minutos.

—No tenemos tiempo —dijo Rafael.

—Llevas veinticinco años teniendo tiempo. Habla.

Rafael respiró profundamente.

—Isabel vinculó el fideicomiso a la deuda del Grupo Valmont. Compró bonos, préstamos y participaciones mediante las familias de las víctimas. Si una autoridad confirma fraude criminal relacionado con Phoenix, varias cláusulas de incumplimiento se activarán.

—¿Qué significa?

Adrian comprendió la estructura financiera.

—Que el fideicomiso podría convertirse en el principal acreedor del grupo.

Rafael asintió.

—Y exigir acciones a cambio de la deuda.

Elena lo miró.

—¿Cuántas acciones?

—Suficientes para controlar la empresa.

Elena sintió que el significado de aquellas palabras se extendía lentamente.

Su madre, una mujer que había limpiado habitaciones de hotel y criado sola a su hija, había construido durante décadas una trampa legal alrededor del imperio Valmont.

—¿Por qué Beatrice necesita a Mateo?

—Porque intentó demostrar que tú eras incapaz antes de que el fideicomiso se activara. Si controlaba a tu hijo, controlaría al siguiente beneficiario.

—¿Y tú qué querías hacer?

—Utilizar las acciones para tomar Grupo Valmont.

—No son tuyas.

—Sin mi red nunca habríamos llegado hasta aquí.

—Sin mi madre tampoco.

Rafael se acercó.

—Elena, yo puedo dirigir la compañía. Puedo utilizarla para compensar a las familias, financiar investigaciones y acabar con gente como Victor.

—¿Acabar con ellos o convertirte en ellos?

La puerta del piso inferior explotó.

Se escucharon disparos.

Beatrice había entrado en la mansión.

Rafael tomó la llave y corrió hacia las escaleras.

—Discutiremos después.

Elena guardó las cartas de Isabel dentro de su chaqueta.

En el corredor inferior, Lucía se protegía detrás de una columna. Dos agentes habían sido heridos. Los hombres de Beatrice avanzaban con armas automáticas.

Adrian tomó una pistola de uno de los agentes.

Rafael condujo al grupo hacia la sala de servidores.

La puerta del túnel se encontraba detrás de una estructura metálica. Introdujo la llave.

No giró.

—¿Qué ocurre? —preguntó Julian.

—Han cambiado el mecanismo.

La voz de Beatrice sonó desde el otro lado de la sala.

—Yo lo cambié hace seis años.

Apareció acompañada por cuatro hombres.

—Rafael nunca entendió algo básico —continuó—. No importa quién construye una fortaleza. Lo único importante es quién conserva una copia de la llave.

Beatrice apuntó hacia Elena.

—Entrégame las cartas de Isabel.

—¿Por qué?

—Contienen los códigos finales del fideicomiso.

Elena recordó ciertas palabras subrayadas en las cartas. Al leerlas por primera vez pensó que eran simples marcas de tinta.

Ahora comprendía que podían formar una secuencia.

—No las tienes —dijo Beatrice—. Tu madre nunca confió en Rafael lo suficiente para entregárselas.

Rafael miró a Elena.

—Dame las cartas.

—No.

—Elena, sin los códigos perderemos todo.

—Eso es lo único que os importa a los dos.

Beatrice avanzó.

—Yo puedo darte la vida que siempre debiste tener. Mantendrás la mansión, el apellido y una parte de la compañía. Adrian permanecerá fuera de prisión. Mateo será reconocido como heredero.

—¿A cambio de qué?

—Firma la transferencia del fideicomiso.

Rafael levantó su arma hacia Beatrice.

—Antes moriría.

—Nadie te ha preguntado.

Elena observó a ambos.

Su padre y su suegra.

Dos personas que afirmaban haber actuado para protegerla. Dos personas dispuestas a sacrificar su vida por el control de una empresa.

La cuenta regresiva marcaba quince minutos.

Elena sacó las cartas.

Beatrice sonrió.

Rafael extendió la mano.

—Dámelas.

Elena caminó hacia el centro de la sala.

—Mi madre tenía razón —dijo—. Los dos intentasteis convertirme en un arma.

Rasgó la primera carta por la mitad.

—¡No! —gritaron Beatrice y Rafael al mismo tiempo.

Elena rasgó otra.

Beatrice ordenó a sus hombres que avanzaran.

Adrian disparó contra una tubería situada sobre ellos. Una nube de vapor llenó la sala.

Lucía arrojó un extintor contra uno de los guardias. Julian ayudó a los agentes heridos a llegar al corredor lateral.

En medio del caos, Elena corrió hacia el sistema de refrigeración.

Las cartas rasgadas no eran las originales.

Había guardado los verdaderos documentos dentro de la chaqueta de Adrian minutos antes. Las hojas que destruyó eran copias encontradas en el escritorio.

Adrian comprendió su plan.

Introdujo las cartas auténticas en el escáner del servidor.

Las palabras subrayadas formaron una serie de números.

Un nuevo menú apareció en la pantalla.

AUTORIDAD DEL BENEFICIARIO: ELENA ISABEL MÁRQUEZ.

—Necesito una confirmación de voz —dijo Adrian.

Elena llegó hasta el micrófono.

—Soy Elena Isabel Márquez. Revoco todos los accesos externos al fideicomiso Ashcroft-Phoenix.

El sistema procesó la orden.

Las puertas laterales se abrieron.

La cuenta regresiva se detuvo durante un segundo.

Después volvió a comenzar.

00:09:59

—No ha cancelado el incendio —dijo Lucía.

—Porque el sistema térmico está separado —respondió Rafael.

—Entonces salgamos.

El túnel de evacuación acababa de abrirse.

Rafael, sin embargo, corrió hacia las unidades de almacenamiento.

—Necesito salvar los archivos.

—No hay tiempo —dijo Elena.

—Aquí están veinticinco años de pruebas.

—Las personas primero.

—Sin estos documentos, Beatrice podría escapar.

Elena lo miró.

—Entonces quédate con tu imperio.

Entró en el túnel con Adrian y Lucía.

Rafael permaneció dentro de la sala, intentando desconectar los servidores.

Beatrice apareció entre el vapor.

En lugar de seguir a Elena, caminó hacia él.

Los dos enemigos se encontraron rodeados por las máquinas que habían utilizado para controlarse durante décadas.

La puerta del túnel comenzó a cerrarse.

—¡Papá! —gritó Elena.

Rafael levantó la mirada.

Por primera vez parecía no saber qué elegir.

Los archivos o su hija.

Cuando finalmente corrió hacia el túnel, Beatrice disparó.

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Rafael cayó.

La puerta se cerró entre ellos.

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