peak
QUEMARÉ VUESTRO IMPERIO / Chapter 10 / 15

Capítulo 10 - La isla del hombre sin tumba

No había tiempo para comprender todas las implicaciones.

Mateo seguía a bordo del Evangeline.

El puerto de Greyhaven se encontraba a dos horas de Blackwood. Carter fue trasladado a un hospital bajo protección policial. Beatrice recibió atención de emergencia en una ambulancia, pero se negó a permanecer allí.

—Puedo llevaros al barco —dijo mientras una paramédica vendaba su hombro—. Victor tiene hombres en cada entrada del puerto.

Julian protestó.

—Podría desangrarse.

—He sobrevivido treinta años casada con Victor. Sobreviviré dos horas más.

Viajaron en la locomotora hasta una carretera secundaria, donde Lucía había dejado otro vehículo.

Durante el trayecto, Adrian permaneció en silencio.

Elena estaba sentada frente a él.

—¿Sabías algo sobre Samuel?

—No.

—Beatrice ya te había mentido diciendo que Rafael podía ser tu padre.

—Quizá intentaba acercarse a la verdad sin contarme todo.

Beatrice abrió los ojos.

—Samuel era el hermano pequeño de Rafael. Trabajaba como mecánico en la fábrica.

—¿Tú también tuviste una relación con él? —preguntó Elena.

—No.

—Entonces ¿cómo puede ser el padre de Adrian?

Beatrice tardó en responder.

—Mi hermana, Margaret, estaba enamorada de Samuel.

Adrian levantó la mirada.

—¿Margaret Ashcroft?

—Sí.

Elena recordaba vagamente aquel nombre. La hermana menor de Beatrice había muerto durante el parto, según la historia oficial de la familia.

—Margaret quedó embarazada —continuó Beatrice—. Nuestro padre se negó a permitir que se casara con un trabajador mexicano. Victor ofreció solucionar el escándalo. Dijo que adoptaría al bebé y lo criaría como suyo si yo me casaba con él.

Adrian parecía incapaz de hablar.

—¿Mi madre fue Margaret?

Beatrice asintió.

—Yo te crié desde el primer día. Para mí siempre fuiste mi hijo.

—Pero me mentiste toda la vida.

—Porque Victor habría matado a Samuel si descubría que seguía vivo.

Elena se inclinó hacia ella.

—¿Samuel sobrevivió al incendio?

—Rafael consiguió sacarlo antes de que el techo cayera. Ambos escaparon.

—Entonces ¿por qué Rafael desapareció?

—Porque Victor amenazó con matar a Isabel, a Elena y a Adrian. Rafael aceptó entregar parte de las pruebas y permanecer oculto.

—¿En North Harbor?

—Sí.

Lucía observó a Beatrice.

—Antes dijiste que no era un prisionero.

—No lo es desde hace muchos años. Rafael convirtió North Harbor en su base. Utilizó las cuentas que había copiado para robar dinero de las empresas fantasma de Victor.

Julian frunció el ceño.

—¿Rafael ha estado financiando una operación secreta?

—Ha construido una red. Periodistas, abogados, exempleados y víctimas.

Lucía palideció.

Elena se dio cuenta.

—Tú conocías esa red.

Lucía miró por la ventana.

—Mi madre me llevó a North Harbor cuando yo tenía diecisiete años.

—¿Has visto a mi padre?

—Sí.

Elena sintió que toda la rabia acumulada se dirigía hacia ella.

—Me dijiste que no sabías si estaba vivo.

—Rafael me prohibió contártelo.

—No tenías derecho.

—Quería protegerte.

—Todos dicen lo mismo mientras deciden mi vida a mis espaldas.

Lucía bajó la cabeza.

—Tienes razón.

Elena no respondió.

Ahora entendía el mensaje enviado desde el altillo: No confíes en Lucía Vega.

Probablemente provenía de Rafael.

No porque Lucía trabajara para Victor, sino porque había ocultado la verdad.

Llegaron a Greyhaven a las once y veinte.

El puerto estaba cubierto por niebla.

El Evangeline era un yate de casi sesenta metros anclado en la parte privada del muelle. Sus luces estaban encendidas y los motores en funcionamiento.

Beatrice les mostró un acceso utilizado por el personal.

—Victor mantendrá a Mateo en el camarote principal. Está debajo del puente de mando.

Carter no podía acompañarlos, así que Adrian tomó su arma. Lucía llevaba una cámara pequeña conectada a un transmisor. Julian permanecería cerca de la salida con la policía marítima, aunque no podían intervenir sin confirmar que el bebé estaba a bordo.

Elena, Adrian y Beatrice avanzaron por un corredor entre almacenes.

Dos guardias vigilaban la entrada.

Beatrice salió primero.

—La señora Valmont —dijo uno, sorprendido—. El señor Victor ordenó que no permitiéramos…

Adrian apareció detrás y golpeó al guardia. Elena utilizó una barra metálica para derribar el arma del segundo.

Entraron en el yate.

El interior estaba decorado con madera oscura y cuero blanco. La embarcación comenzó a moverse antes de que alcanzaran las escaleras.

—Estamos zarpando —dijo Adrian.

—Entonces debemos encontrar a Mateo antes de salir de aguas estadounidenses —respondió Elena.

Subieron hacia el camarote principal.

La puerta estaba cerrada.

Elena introdujo la llave que Beatrice le había entregado.

Funcionó.

Dentro encontraron una cuna.

Elena corrió hacia ella.

Mateo estaba dormido bajo una manta azul.

Lo levantó y lo apretó contra su pecho.

Por primera vez desde la gala sintió el peso real de su hijo, el calor de su piel y su respiración.

—Mamá está aquí —susurró—. Ya no voy a dejar que nadie te aleje de mí.

Adrian se acercó con lágrimas en los ojos.

Tocó la mejilla del bebé.

Mateo abrió los ojos.

Durante unos segundos pareció reconocer la voz de sus padres.

Entonces la puerta se cerró detrás de ellos.

Victor apareció con una pistola.

—Una escena conmovedora.

Beatrice se colocó delante de Elena.

—Déjalos ir.

—Tú organizaste todo esto —dijo Victor—. Saint Claire, la falsa entrega, el acceso al barco.

—Porque sabía que vendrías por el niño.

Victor sonrió.

—Exactamente.

Elena comprendió que habían sido guiados hasta allí.

—Mateo era el cebo.

—No solo para ti —respondió Victor—. También para Rafael.

Encendió una pantalla situada en la pared.

Apareció una transmisión del mar.

Una embarcación negra se acercaba al Evangeline.

En la cubierta había un hombre mayor.

Aunque llevaba una capucha y su rostro estaba marcado por cicatrices, Elena lo reconoció.

Rafael Márquez.

Su padre estaba vivo.

Elena se acercó a la pantalla.

Rafael levantó la mirada hacia una cámara exterior, como si supiera que su hija podía verlo.

Victor parecía satisfecho.

—Después de veinticinco años, por fin ha salido de su isla.

—¿Qué quieres de él? —preguntó Elena.

—El libro.

—No lo tiene aquí.

—Sí lo tiene. Rafael nunca se separa de él.

La embarcación negra se situó junto al yate.

Varios hombres de Victor apuntaron desde la cubierta superior.

Rafael subió solo.

Llevaba una caja de metal bajo el brazo.

Cuando entró en el salón principal, Elena dejó de respirar.

Era más alto de lo que recordaba. Las quemaduras cubrían un lado de su rostro y parte de su cuello. Su cabello era completamente gris.

Pero sus ojos eran los mismos que aparecían en las fotografías de su infancia.

—Papá —susurró Elena.

Rafael la miró.

Durante un instante toda su dureza desapareció.

—Mi niña.

Elena quiso correr hacia él, pero Victor levantó la pistola hacia Mateo.

—La caja —ordenó.

Rafael la dejó sobre una mesa.

Victor la abrió.

Dentro había un libro grueso protegido por cuero ennegrecido. Sus páginas estaban llenas de firmas, números de cuenta y anotaciones.

El libro que nunca ardió.

Victor pasó las páginas con manos temblorosas.

—Por esto destruiste nuestras vidas.

—No —respondió Rafael—. Tú destruiste nuestras vidas para ocultar lo que hiciste.

Victor sacó un encendedor.

—Ahora terminaré lo que comencé en Phoenix.

Rafael sonrió.

—Ese no es el libro original.

Victor se quedó inmóvil.

Lucía, oculta cerca de la sala de máquinas, transmitía todo en directo.

Rafael señaló la cámara situada sobre la puerta.

—El original fue dividido en veintitrés partes. Una por cada trabajador que murió en el incendio. Durante años, sus familias han protegido las páginas.

Victor perdió el control.

—¡Mientes!

—Hace una hora, todas las páginas fueron entregadas simultáneamente a fiscales de Estados Unidos, Canadá, Francia y Suiza.

El teléfono de Victor comenzó a sonar.

Después sonó otro.

Y otro.

Desde el puente de mando llegó un mensaje urgente por los altavoces:

—Señor Valmont, la policía marítima exige que detengamos la embarcación.

Victor miró a Rafael con odio.

—Entonces no tengo nada que perder.

Apuntó hacia Elena.

Adrian se abalanzó sobre él.

El disparo resonó dentro del camarote.

Beatrice gritó.

Adrian y Victor cayeron contra la mesa. La pistola se deslizó por el suelo.

Elena protegió a Mateo con su cuerpo.

Rafael recogió el arma.

Durante unos segundos apuntó directamente al hombre que había destruido su familia.

—Hazlo —dijo Victor—. Demuestra que no eres mejor que yo.

Rafael bajó lentamente la pistola.

—No he esperado veinticinco años para darte una muerte rápida.

Las sirenas se acercaban.

Victor comenzó a reír.

Elena sintió que algo no estaba bien.

Su padre no parecía sorprendido de verla con Mateo. Tampoco había preguntado por Isabel ni por la vida que Elena había llevado sin él.

Beatrice observaba a Rafael con miedo, no con alivio.

Elena miró a Lucía, que acababa de entrar en la habitación.

—¿Qué más me estáis ocultando?

Nadie respondió.

—Lucía.

La periodista cerró los ojos.

—Elena, la red de North Harbor no se creó únicamente para destruir a Victor.

—¿Para qué más?

Rafael colocó la caja de metal sobre la mesa.

—Para protegerte de la verdad.

Elena apretó a Mateo contra su pecho.

—Ya no quiero protección. Quiero saberlo todo.

Su padre la observó durante un largo momento.

—El incendio de Phoenix no comenzó porque Victor quisiera matarme.

—La grabación dice que eras el objetivo.

—Porque yo había descubierto su operación. Pero Victor no era quien la dirigía.

Elena miró al patriarca de los Valmont.

Por primera vez, Victor parecía asustado.

—¿Quién la dirigía? —preguntó Elena.

Rafael giró el rostro hacia Beatrice.

—La mujer que ordenó fabricar los componentes defectuosos, creó las primeras empresas fantasma y convenció a Victor de incendiar el almacén fue Beatrice Ashcroft.

Elena sintió que el mundo se detenía.

Beatrice no lo negó.

Se quitó lentamente el vendaje del hombro. La supuesta herida apenas había rozado su piel.

—Lo siento, Rafael —dijo—. Pero no podía permitir que se lo contaras.

May you like

Sacó una segunda pistola escondida bajo su abrigo.

Y apuntó directamente a la cabeza de Mateo.

Related Stories

Other posts