Chapter 9 - El archivo bajo el altar

El Palacio de Valdés permanecía cerrado desde la boda interrumpida.
Las flores marchitas todavía decoraban parte del salón. El velo de Elena había sido retirado del corredor, pero algunos pétalos blancos continuaban sobre el suelo.
Regresar le produjo una sensación extraña.
Dos días antes había entrado allí pensando que comenzaría una vida junto a Álvaro. Ahora sabía que el hombre que la esperaba en el altar conocía la prisión de su madre, la identidad de Alba y los documentos destinados a robarle las acciones.
La capilla se encontraba detrás del salón principal.
Un equipo de la fiscalía registró el altar, las paredes y la antigua sacristía. No encontraron ninguna entrada visible a la cripta.
Elena recordó las palabras de Álvaro:
El lugar donde debía comenzar nuestro matrimonio.
Durante la ceremonia, ella habría colocado su mano sobre un libro antiguo antes de firmar el contrato matrimonial.
El libro continuaba sobre una mesa lateral.
No era una Biblia, sino un registro de bodas de la familia Valdés. En la cubierta aparecía un relieve con forma de árbol.
El collar de Beatriz tenía un zafiro ovalado. Al colocarlo sobre el centro del árbol, se escuchó un mecanismo.
Una sección del altar se desplazó.
Debajo aparecieron unas escaleras.
—Álvaro sabía que tenías que utilizar el collar —dijo Irene.
—Por eso quiso recuperarlo.
Descendieron acompañados por Daniel y varios agentes.
La cripta no contenía ataúdes.
Era un archivo climatizado.
Cientos de cajas blancas ocupaban estanterías metálicas. Cada una llevaba el nombre de una mujer, una empresa y una fecha.
El Archivo Blanco era mucho mayor de lo que habían imaginado.
Daniel abrió una caja relacionada con Clara Ferrer.
Dentro había fotografías, el certificado de defunción falsificado y una grabación en vídeo.
Clara aparecía sentada frente a una cámara.
—Mi esposo, Julián Ferrer, ha firmado diagnósticos falsos para el Centro San Gabriel —decía—. Ricardo Valdés y Victoria Serrano seleccionan a mujeres con patrimonios importantes. Si algo me ocurre, ellos serán responsables.
El vídeo había sido grabado dos días antes del accidente.
Beatriz tuvo que sentarse.
—Clara me entregó una copia. Pensé que estaba segura.
La siguiente grabación mostraba el aparcamiento de la clínica. Ricardo discutía con Álvaro junto a un automóvil.
—Utilizaremos a Clara —decía Ricardo—. Ferrer confirmará la dentadura.
—¿Y si se niega?
—Le recordaremos quién firmó los tratamientos.
Álvaro preguntaba qué ocurriría con Beatriz.
—Carmen decidirá.
La voz era clara.
Ricardo había mentido cuando afirmó no haber elegido el cuerpo. Pero también confirmaba que la orden final procedía de Carmen.
Irene encontró una caja marcada con el nombre del Grupo Valdés.
El contrato original demostraba que el treinta por ciento de la empresa pertenecía a la Fundación Eterna. Ricardo había ocultado aquella participación mediante sociedades intermedias.
Otra cláusula establecía que, si Beatriz recuperaba legalmente su identidad, Carmen podría exigir el pago inmediato de una deuda inexistente y quedarse con varios hoteles.
—Todo estaba preparado para el día en que mamá regresara —dijo Elena.
Una caja más pequeña contenía fotografías de Carmen a través de los años.
Había vivido en Francia, Suiza, Argentina y Portugal utilizando diferentes apellidos. En casi todas las imágenes aparecía Victoria cerca de ella.
La última fotografía había sido tomada una semana antes.
Carmen se encontraba dentro del mismo salón donde Elena iba a casarse.
Había asistido a los preparativos sin ser reconocida.
—Nos observaba —murmuró Elena.
Daniel encontró un ordenador aislado. Al encenderlo, apareció una grabación automática.
Carmen Valdés miraba directamente a la cámara.
Tenía el cabello plateado y los mismos ojos que Beatriz.
—Si está viendo esto, querida hermana, significa que Ricardo ha vuelto a perder el control.
Beatriz permaneció inmóvil.
—Siempre fuiste demasiado sentimental —continuó Carmen—. Padre quería entregarte el grupo porque creía que yo estaba muerta. Yo permití que lo creyera. Desde las sombras construí algo mucho más grande.
Carmen hablaba de San Gabriel como si fuera una herramienta necesaria. Según ella, muchas de las mujeres ingresadas eran herederas irresponsables que habrían destruido empresas y empleos.
—Les quitaste sus vidas —dijo Elena a la pantalla.
La grabación continuó:
—El poder nunca permanece vacío. Cuando una persona se niega a utilizarlo, otra lo hace en su lugar.
Carmen invitaba a Beatriz y Elena a asistir a la gala de la Fundación Eterna.
—Lleven el Registro de las Ausentes. Yo llevaré los documentos que demuestran quién es la verdadera heredera del Grupo Valdés.
La grabación terminó.
Un disparo resonó desde la entrada de la cripta.
Los agentes apagaron las luces.
Daniel empujó a Elena y Beatriz detrás de una estantería.
Dos hombres habían entrado por las escaleras. Uno llevaba el uniforme de la policía encargada de proteger el palacio.
Se produjo un breve intercambio de disparos. Uno de los atacantes cayó herido. El otro escapó hacia el salón.
Daniel lo persiguió.
Elena escuchó un golpe y después silencio.
Minutos más tarde, Daniel regresó con una herida en el hombro.
—Se escapó por el jardín.
En el bolsillo del atacante herido encontraron una fotografía de Ricardo.
Detrás había una dirección escrita.
Una estación ferroviaria abandonada a las afueras de Madrid.
Ricardo quería reunirse con Beatriz.
La policía preparó el lugar antes de permitir que ella acudiera. Elena insistió en acompañarla.
Encontraron a Ricardo dentro de un antiguo vagón.
Tenía la camisa manchada de sangre y una herida en el costado.
—Carmen ha empezado a eliminar a todos —dijo.
—Tú construiste esta red con ella —respondió Beatriz.
—Pensé que podía controlarla.
—Todos los hombres mediocres creen que pueden controlar a la mujer que les entrega poder.
Ricardo miró a Elena.
—Carmen asistirá a la gala. Planea votar la disolución del Grupo Valdés y transferir las propiedades a la Fundación Eterna.
—No tiene suficientes acciones.
—Tiene los certificados originales.
—¿Por qué nos lo cuentas?
—Quiero protección.
Elena recordó a Álvaro pidiendo lo mismo.
—Entrega primero todo lo que sabes.
Ricardo sacó una memoria del bolsillo.
Antes de que pudiera dársela, el cristal del vagón se rompió.
Un disparo impactó contra su pecho.
Beatriz gritó.
Los agentes respondieron hacia un edificio cercano, pero el tirador ya había desaparecido.
Ricardo cayó al suelo.
Elena presionó la herida mientras llegaban los médicos.
—¿Quién es la heredera? —preguntó.
Ricardo respiraba con dificultad.
—Carmen nunca tuvo hijos.
—Entonces ¿quién?
Él miró hacia Beatriz.
—La heredera no sabe quién es.
Perdió el conocimiento antes de terminar.
Los médicos consiguieron estabilizarlo, pero no sabían cuándo podría declarar.
Dentro de la memoria había un único archivo protegido.
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El nombre era:
Tercera hija.