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Chapter 8 - La clínica de las madres silenciosas

Lucía explicó que Helena dio a luz a una niña un año antes del nacimiento de Gabriel.

Augusto quería un hijo varón que pudiera heredar la presidencia según las antiguas reglas de la familia. Cuando la niña nació con una pequeña alteración cardíaca, los médicos afirmaron que no sobreviviría.

—Pero sobrevivió —dijo Valentina.

—Sí.

—¿Qué ocurrió con ella?

Lucía miró a Augusto.

—Él permitió que la clínica la declarara muerta.

El patriarca se levantó.

—No conocía la verdad.

—La conociste después.

—Helena estaba demasiado débil.

—No hablo de Helena. Hablo de la niña.

Augusto no respondió.

Lucía había sido enfermera en Santa Aurelia. Descubrió que la bebé fue trasladada a otra familia bajo un programa experimental de adopción.

—¿Dónde está ahora? —preguntó Sebastián.

—No lo sé. Mauricio eliminó su identidad.

El nombre que Helena quería darle, Alma, se convirtió en la contraseña del archivo secreto de Gabriel.

La policía no podía entrar en el pabellón subterráneo C sin una orden más amplia. Los abogados de Santa Aurelia afirmaban que las instalaciones contenían datos médicos protegidos.

Sebastián no quiso esperar.

—Entraremos esta noche.

Valentina se levantó.

—Voy contigo.

—Tienes contracciones.

—Mi hermana estuvo encerrada allí y mi hijo fue creado en ese laboratorio.

—Precisamente por eso debes permanecer segura.

Valentina sostuvo su mirada.

—No vuelvas a decidir qué puedo hacer basándote en el miedo.

Sebastián comprendió el error.

—Tienes razón.

Prepararon la entrada con ayuda de Lucía y de una fiscal llamada Irene Salgado, quien investigaba previamente irregularidades relacionadas con la fundación.

La transmisión pública les proporcionó suficiente presión para que un juez autorizara una revisión limitada. Sin embargo, alguien avisó a la clínica.

Cuando llegaron, varias oficinas estaban vacías.

Los servidores principales habían sido retirados.

Lucía condujo al equipo hasta el ascensor oculto detrás de una sala de esterilización.

Introdujeron la contraseña:

ALMA.

Las puertas se abrieron.

El pabellón subterráneo contenía siete habitaciones médicas y un laboratorio embrionario. En las paredes aparecían números en lugar de nombres.

Valentina encontró su expediente.

SUJETO MATERNO 07.

EMBRIÓN G-A17.

OBJETIVO: RESTAURACIÓN DEL FIDEICOMISO GABRIEL ALCÁZAR.

No había ninguna referencia a sus deseos, su matrimonio ni su consentimiento.

Solo un objetivo financiero.

Sebastián encontró los otros seis expedientes.

Una mujer había dado a luz al hijo biológico de un banquero muerto.

Otra recibió un embrión relacionado con una familia política.

Dos bebés desaparecieron después del nacimiento.

—¿Dónde están estas mujeres? —preguntó Irene.

Una enfermera detenida respondió:

—Algunas fueron trasladadas.

—¿Adónde?

—Residencias de recuperación.

Daniela reconoció el lenguaje.

—Las declararon inestables.

El mismo método utilizado contra ella.

Las madres eran sedadas y diagnosticadas con episodios psicóticos. Las familias o empresas vinculadas al proyecto obtenían la custodia de los niños.

Valentina sintió una contracción intensa.

Se apoyó contra la mesa.

—Tenemos que sacarte —dijo Sebastián.

—Primero copiamos todo.

Lucía conectó un dispositivo a los servidores secundarios. La barra de descarga comenzó a avanzar.

De repente, las luces se apagaron.

La voz de Mauricio salió por los altavoces.

—Siempre admiré la capacidad de los Alcázar para encontrar una forma dramática de destruirse entre ellos.

Sebastián tomó un extintor.

—¿Dónde estás?

—Lejos.

—Entonces ¿por qué no huyes?

—Porque todavía necesito al sujeto siete.

Valentina protegió su vientre.

—Mi hijo no es un sujeto.

—Legalmente tampoco es suyo.

—Creció dentro de mí.

—El contrato de la clínica establece que el material embrionario pertenece al fideicomiso hasta el nacimiento.

Irene levantó la voz.

—Ningún contrato puede convertir a una persona en propiedad.

—Eso dependerá del juez.

Gas comenzó a salir por las rejillas.

Lucía reconoció el olor.

—Sedante.

Todos cubrieron sus rostros.

Sebastián rompió una ventana interior y activó el sistema contra incendios. El agua descendió del techo, reduciendo la concentración.

La descarga alcanzó el setenta por ciento.

—Tenemos que marcharnos —dijo Irene.

Valentina miró la pantalla.

—Un minuto más.

—Puedes desmayarte.

—Sin esos expedientes, las madres continuarán desaparecidas.

Sebastián tomó una decisión.

Levantó a Valentina en brazos y la llevó hacia la salida.

Ella intentó protestar.

—Puedes odiarme después —dijo—. Pero no dejaré que nuestro hijo respire este gas.

Lucía retiró el dispositivo cuando la descarga alcanzó el ochenta y nueve por ciento.

Corrieron hacia el ascensor.

Las puertas no respondían.

Daniela encontró una salida de mantenimiento. Avanzaron por un túnel estrecho mientras los guardias de Mauricio entraban en el laboratorio.

Al final encontraron una escalera que conducía al estacionamiento.

Un automóvil negro esperaba.

Augusto estaba al volante.

—Subid.

Sebastián dudó.

—¿Cómo sabías que estábamos aquí?

—Lucía me llamó.

El vehículo salió mientras los hombres de Mauricio aparecían detrás.

Valentina respiraba con dificultad.

—Falta parte de la descarga.

Lucía examinó la memoria.

—Tenemos los expedientes, pero no la lista de ubicaciones.

—¿Qué sí tenemos? —preguntó Irene.

Daniela encontró una carpeta copiada parcialmente.

HEREDERA 01 – ESTADO ACTIVO.

Dentro había una fotografía reciente de una mujer de cuarenta años.

Valentina la reconoció.

Era la doctora que había supervisado su tratamiento de fertilidad.

Doctora Adriana Soler.

La primera hija de Augusto no había desaparecido.

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Había crecido dentro del mismo proyecto.

Y ahora dirigía los procedimientos destinados a crear el hijo de Gabriel.

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