Chapter 14 - El precio de una madre

Mauricio observó la reacción de Valentina.
—Elías tiene catorce años. Adriana lo ha mantenido escondido desde su nacimiento.
—¿Sebastián lo sabe?
—No.
—¿Augusto?
—Sospechaba que existía otro niño, pero nunca encontró el expediente.
Valentina miró la pantalla.
El adolescente tenía los ojos de Gabriel y el mismo cabello oscuro de Adriana. Aparecía dentro de una residencia escolar, vestido con uniforme azul.
—¿Dónde está?
—En un lugar seguro.
—Para ti, “seguro” significa encerrado.
—Elías no está encerrado. Cree que Adriana es su hermana mayor y que sus padres murieron.
—Otra vida construida sobre una mentira.
Mauricio señaló el lector.
—Firma la transferencia y podrás conocerlo.
—¿Por qué necesitas mis acciones si Elías tiene prioridad?
—Porque su existencia todavía no ha sido reconocida legalmente. Para activar sus derechos necesito controlar el archivo central y presentar su identidad mediante la autoridad actual.
—Yo.
—Exactamente.
Mauricio no quería entregar el fideicomiso a Elías.
Quería convertirse en su tutor legal.
El niño tenía catorce años. Durante cuatro años, Mauricio podría administrar la mayoría del imperio en su nombre.
—Convertiste a Alma en una emergencia para obtener acceso temporal —dijo Valentina—. Después utilizarás a Elías para conservarlo.
—Es una estructura elegante.
—Es esclavitud escrita por abogados.
—Es continuidad.
Valentina miró las cámaras.
—¿También estás transmitiendo esta conversación?
Mauricio sonrió.
—He aprendido de ti. La diferencia es que mi señal no sale del edificio.
—Entonces solo la utilizas para vigilar.
—La verdad es útil únicamente cuando sabes quién puede verla.
El documento de transferencia esperaba su firma.
Valentina colocó la mano cerca del lector.
—Quiero escuchar a Elías.
—Después.
—Necesitas que acepte sin una amenaza visible. El sistema detectará coacción si Alma o Elías aparecen en peligro.
Mauricio endureció la expresión.
Valentina había leído las cláusulas durante las horas anteriores al parto. Helena diseñó el protocolo para impedir que una firma obtenida bajo violencia directa fuera válida.
—Una conversación no es una amenaza —dijo Mauricio.
—Entonces llámalo.
Él accedió.
La pantalla mostró al adolescente dentro de una habitación sencilla.
—Señor León —dijo Elías—, ¿ya puedo hablar con Adriana?
—Pronto.
El muchacho vio a Valentina.
—¿Quién es ella?
—Una pariente.
—No soy tu pariente biológica —respondió Valentina—. Me llamo Valentina.
Mauricio levantó el arma.
Ella continuó:
—Adriana es tu madre.
Elías quedó inmóvil.
—No.
—Tu padre biológico se llamaba Gabriel Alcázar.
Mauricio terminó la conexión.
—Estás complicando innecesariamente su vida.
—Le estás robando su identidad.
—A los catorce años, una verdad así puede destruirlo.
—No te preocupa destruirlo. Te preocupa que pueda decidir sin ti.
Mauricio apuntó hacia el lector.
—Firma.
Valentina acercó la mano.
El sistema escaneó sus huellas.
AUTORIDAD MATERNA CONFIRMADA.
Después solicitó la retina.
Valentina miró hacia el sensor.
En ese momento, una alarma secundaria comenzó a sonar.
Mauricio observó las cámaras.
Sebastián había regresado al laboratorio.
Lucía permanecía fuera con Alma, mientras Irene y Celeste guiaban a los agentes por un túnel identificado en los planos de Helena.
—Te dije que iría detrás de ti —dijo Sebastián mediante el altavoz.
Mauricio activó el cierre de seguridad.
Una puerta de acero separó el ascensor del nivel inferior.
—No llegará a tiempo.
Valentina continuó mirando el sensor.
RETINA CONFIRMADA.
Solo faltaba la declaración verbal.
Mauricio colocó el documento frente a ella.
—Di: “Autorizo la transferencia temporal de todos mis derechos a Mauricio León”.
Valentina respiró profundamente.
—Autorizo…
Sebastián golpeaba la puerta desde el otro lado.
Mauricio sonrió.
—Continúa.
—Autorizo la publicación completa de esta conversación.
El rostro del abogado cambió.
Una luz verde apareció dentro de la pulsera médica de Valentina.
Antes de bajar, Daniela había reactivado el dispositivo utilizado para controlar sus signos después del parto. No podía transmitir vídeo, pero enviaba sonido mediante una frecuencia de emergencia.
La conversación estaba llegando al consejo, a la fiscalía y a la transmisión pública.
—Apágalo —ordenó Mauricio.
—Tendrías que cortarme la muñeca.
Él agarró su brazo.
—No creas que no lo haré.
—El sistema ya ha registrado la amenaza.
La pantalla mostró:
COACCIÓN DETECTADA.
TRANSFERENCIA BLOQUEADA.
Mauricio golpeó la consola.
—¡No!
Los archivos comenzaron a cifrarse.
El abogado tomó los tubos de sangre de Alma e intentó escapar por una puerta lateral.
Valentina se lanzó sobre él.
Ambos cayeron.
Mauricio la golpeó en el rostro. Ella sintió que los puntos del parto tiraban dolorosamente, pero no lo soltó.
La pistola se deslizó por el suelo.
La puerta de acero explotó hacia dentro.
Augusto apareció detrás de los agentes.
No debería estar allí. Había abandonado el hospital y seguido al equipo mediante los antiguos planos.
Mauricio tomó la pistola.
Apuntó hacia Valentina.
Augusto se interpuso.
La bala lo alcanzó en el pecho.
—¡Padre! —gritó Sebastián.
Mauricio corrió hacia la salida lateral.
Celeste intentó detenerlo.
Él disparó nuevamente y la hirió en la pierna.
Irene respondió, pero Mauricio cerró una compuerta y desapareció en el túnel.
Sebastián se arrodilló junto a Augusto.
La sangre se extendía rápidamente.
—No cierres los ojos.
Augusto respiró con dificultad.
Miró a Valentina.
—Elías…
—Lo encontraremos.
—No dejes que el apellido lo convierta en otra llave.
—No lo permitiré.
Augusto buscó la mano de Sebastián.
—Tu madre tenía razón.
—¿Sobre qué?
—Una familia no se conserva obligando a los hijos a continuarla.
El techo comenzó a temblar.
Mauricio había activado explosivos dentro del túnel.
Irene ordenó evacuar.
Sebastián y Valentina levantaron a Augusto entre ambos.
Llegaron al ascensor cuando la primera explosión destruyó la consola.
Las puertas superiores se abrieron.
Lucía esperaba con Alma.
Valentina tomó a su hija.
La bebé estaba viva.
Detrás de ellos, el laboratorio de Helena se derrumbó.
Una segunda explosión lanzó fuego por las ventanas de Casa Helena.
Mauricio no apareció.
Los equipos buscaron durante horas.
Encontraron sangre, parte de su abrigo y un teléfono destruido.
No encontraron su cuerpo.
Augusto fue trasladado en estado crítico.
Celeste sobrevivió.
Alma regresó al hospital junto a Valentina.
Por primera vez desde el nacimiento, madre e hija pudieron permanecer juntas sin cámaras de Mauricio.
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Sin embargo, en algún lugar desconocido, un adolescente llamado Elías acababa de descubrir mediante una llamada interrumpida que toda su vida era una mentira.
Y la única persona que conocía su ubicación podía continuar viva.