Chapter 16 - La noche en que los herederos dejaron de huir

La primera bala atravesó una de las ventanas laterales del salón.
El cristal cayó sobre la mesa del consejo.
Sebastián empujó a Valentina y a Alma detrás de una columna mientras Irene Salgado ordenaba a los agentes que formaran un perímetro. Adriana se lanzó hacia Elías, pero el adolescente retrocedió.
—¡No me toques!
Otro disparo golpeó la pared.
Uno de los hombres que había entrado con Elías sacó un arma y apuntó hacia Irene. Antes de que pudiera disparar, Lucía tomó una pesada carpeta de madera y golpeó su muñeca.
El arma cayó.
Irene lo derribó contra el suelo.
—¡Todos al corredor interior! —gritó.
Las puertas principales continuaban bloqueadas. Mauricio había tomado el control del sistema de seguridad y los hombres armados subían desde el estacionamiento.
Valentina sostuvo a Alma contra su pecho.
La bebé comenzó a llorar.
—Necesitamos sacarla de aquí —dijo Sebastián.
—Existe una salida médica detrás del archivo —respondió Lucía—. Helena la diseñó para evacuar a personas durante un ataque.
—¿Por qué conoces cada salida secreta de esta familia? —preguntó Elías.
Lucía lo miró.
—Porque durante cuarenta años limpié las habitaciones donde los Alcázar escondían lo que no querían ver.
Daniela encontró el panel detrás de una pintura.
Necesitaba un código.
Augusto era el único que podía conocerlo, pero continuaba inconsciente en el hospital.
La pantalla principal se encendió.
Mauricio apareció desde una ubicación desconocida.
—Elías —dijo—. Tus representantes intentarán llevarte hacia la puerta norte.
El muchacho miró a los dos hombres que habían entrado con él. Uno estaba esposado. El otro había desaparecido durante el apagón.
—¿Por qué has enviado hombres armados? —preguntó.
—Para protegerte.
—Han disparado contra la sala.
—Porque Irene Salgado convirtió la reunión en una operación policial.
—Dijiste que nadie sería herido.
Mauricio sonrió.
—Eso depende de que hagas exactamente lo que te enseñé.
Elías apretó los puños.
—No me enseñaste nada. Me recogiste hace unas horas y me dijiste que todos querían robarme.
—Te mostré la verdad sobre tu herencia.
—Me mostraste media grabación.
La expresión de Mauricio cambió.
—Valentina ha manipulado los archivos.
—Daniela me mostró la pista de audio completa.
—Ella trabaja para la familia.
Daniela levantó la voz:
—La familia encerró a mi hermana y manipuló su embarazo. No trabajo para ellos.
Elías miró nuevamente la pantalla.
—¿Mataste a Gabriel?
Mauricio guardó silencio.
—Respóndeme.
—Tu padre estaba dispuesto a destruir aquello que algún día sería tuyo.
—No he preguntado eso.
—Gabriel no comprendía la responsabilidad de un imperio.
Elías comenzó a respirar con dificultad.
—Lo mataste.
Mauricio no lo negó.
Valentina observó cómo el adolescente procesaba la revelación. Horas antes había entrado convencido de que Mauricio era la única persona dispuesta a defenderlo.
Ahora descubría que el hombre que hablaba de su derecho a heredar había asesinado al padre que nunca llegó a conocer.
—Ven conmigo —dijo Adriana—. No tienes que decidir nada ahora.
Elías la miró con rabia.
—Tú tampoco me contaste la verdad.
—No.
—Me enviaste lejos.
—Sí.
—Entonces no eres mejor.
Adriana recibió las palabras sin defenderse.
—No te pediré que confíes en mí. Solo quiero ayudarte a salir vivo.
La pantalla se apagó.
Se escuchó una explosión en el piso inferior.
El humo comenzó a entrar por el sistema de ventilación.
Irene habló por radio.
—Los atacantes han alcanzado el vestíbulo. Tenemos menos de cinco minutos.
Lucía observó el teclado de la salida médica.
—Helena utilizaba fechas familiares como códigos.
Sebastián probó la fecha de nacimiento de Gabriel.
Acceso denegado.
La de Adriana.
Denegado.
La fecha del nacimiento de la primera hija de Lucía.
Denegado.
Valentina miró la placa inferior del panel.
Había una frase grabada:
NINGÚN HEREDERO DEBE SOBREVIVIR SOLO.
—No es una fecha —dijo—. Es una suma.
—¿De qué? —preguntó Daniela.
—Helena no quería elegir a un único descendiente. Quería reconocerlos a todos.
Introdujeron los años de nacimiento de Lucía, Adriana, Gabriel, Sebastián y Elías.
El panel continuó rojo.
—Falta Alma —dijo Valentina.
Daniela añadió el año actual.
La puerta se abrió.
Detrás había un corredor estrecho que conducía hacia un ascensor médico independiente.
—Primero Alma y los civiles —ordenó Irene.
Lucía tomó a la bebé.
Valentina dudó antes de entregarla.
—No la perderé —prometió Lucía.
—No prometas algo que nadie puede controlar.
Lucía asintió.
—No permitiré voluntariamente que nadie se la lleve.
Era una promesa diferente.
Elías permanecía junto a la mesa.
—Ve —le dijo Adriana.
—¿Y tú?
—Después.
—Siempre dices “después”.
El adolescente miró hacia el corredor.
Después negó.
—No voy a salir mientras Mauricio pueda decir que huiste con mi herencia.
Valentina se acercó.
—Las acciones pueden esperar.
—Para ti es fácil decirlo. Ya tienes una familia.
—Tú también tienes personas relacionadas contigo. Eso no significa que debas llamarlas familia hoy.
—Entonces ¿qué tengo?
—Una vida que todavía puedes decidir.
Otro disparo golpeó la puerta principal.
Irene empujó a Elías hacia el corredor.
—Decidirás mejor si sigues respirando.
Cuando todos entraron, Sebastián permaneció atrás junto a Valentina.
—Ve con Alma.
—No sin ti.
—Tengo que ayudar a Irene a cerrar la entrada.
—Otra vez intentas decidir quién se queda.
Sebastián la miró.
—Entonces decidimos juntos.
Utilizaron una mesa de metal para bloquear el corredor. Irene y dos agentes dispararon hacia los hombres que entraban en el salón.
El último agente cruzó.
Sebastián activó el cierre.
La puerta descendió.
Una bala atravesó el metal y rozó su costado.
Valentina lo sostuvo.
—Estás sangrando.
—Es superficial.
—No vuelvas a utilizar esa palabra antes de que te examine un médico.
El ascensor descendió hacia un túnel de servicio que terminaba tres calles más lejos.
Cuando salieron, encontraron ambulancias y vehículos policiales.
Alma estaba en brazos de Lucía.
Valentina corrió hacia ella.
La bebé continuaba llorando, pero estaba viva.
Irene recibió una llamada.
—Los atacantes se están retirando.
—¿Mauricio? —preguntó Sebastián.
—No estaba dentro del edificio.
Elías miró hacia la torre.
—Entonces todo fue una distracción.
Daniela comprobó el sistema del fideicomiso.
Durante el ataque, alguien había intentado acceder a los servidores desde el hospital donde Augusto permanecía inconsciente.
—Mauricio no quería matarnos aquí —dijo—. Quería que todos abandonáramos la protección de Augusto.
Valentina sintió un escalofrío.
El teléfono de Sebastián comenzó a sonar.
Era el hospital.
Una enfermera gritaba al otro lado.
—Alguien ha entrado en cuidados intensivos. Se ha llevado al señor Alcázar.
En la cama vacía de Augusto habían dejado un documento.
ACTA DE DEFUNCIÓN PREPARADA.
Mauricio pretendía matar al patriarca y activar la última cláusula del fideicomiso.
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Si Augusto moría mientras los derechos de Elías permanecían en disputa, el consejo provisional recuperaría el control.
Y Mauricio todavía figuraba como asesor de continuidad del consejo.