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Las lágrimas de la tormenta / Chapter 13 / 15

Capítulo 13 - El juicio bajo la tormenta

El juicio comenzó once meses después de la muerte de Sofía.

Durante ese tiempo, los investigadores reunieron más de cuatrocientas mil páginas de documentos, recuperaron cuentas en seis países y vincularon a la familia Montenegro con ensayos ilegales, tráfico de medicamentos, corrupción policial, falsificación y varios asesinatos.

El proceso fue dividido en diferentes causas, pero la muerte de Sofía permaneció en el centro de la primera.

Esteban Montenegro entró en la sala utilizando nuevamente un bastón. Ya no fingía necesitar una silla de ruedas. Su defensa argumentaba que su edad y sus enfermedades cardíacas debían considerarse durante el proceso.

Teresa se sentó en un banco separado.

Lucía permanecía junto a su abogada, visiblemente más delgada. Había aceptado confesar su participación a cambio de que el tribunal considerara su colaboración, pero la fiscalía no prometió una pena ligera.

Gabriel llegó desde el hospital penitenciario. Caminaba con dificultad, apoyado por un guardia.

Camila se encontraba en la primera fila junto a Irene, Laura y Alma.

La lluvia golpeaba los cristales del palacio de justicia.

Era la primera tormenta fuerte desde la noche de la caída.

Cuando el fiscal describió los últimos minutos de Sofía, Camila cerró los ojos. Escuchó la llamada interrumpida, la persecución por el corredor, las palabras de Gabriel y el momento en que Lucía levantó a la niña.

El tribunal vio la grabación de seguridad.

No se mostró el cuerpo después de la caída.

Camila había solicitado que la dignidad de Sofía fuera protegida.

Alma fue la primera testigo importante.

—¿Qué escuchó decir a Gabriel? —preguntó el fiscal.

—“Hazlo antes de que hable”.

—¿Qué ocurrió después?

Alma respiró con dificultad.

—Lucía levantó a la niña y la arrojó por encima de la barandilla.

La defensa de Lucía intentó presentar la caída como el resultado de una lucha.

—¿No es posible que la acusada perdiera el equilibrio?

—No.

—La escena ocurrió durante una tormenta.

—Yo estaba a menos de tres metros.

—Usted sentía afecto por Sofía. Su dolor puede haber influido en su memoria.

Alma miró a los jueces.

—Recuerdo exactamente cómo gritó llamando a su madre. Hay sonidos que una persona no olvida aunque desee hacerlo.

El inspector Mateo Salazar declaró después de aceptar un acuerdo. Reconoció haber recibido dinero para ocultar pruebas, cambiar informes y perseguir a Alma.

—¿Quién le pagó? —preguntó el fiscal.

—Teresa Montenegro.

—¿Esteban lo sabía?

—Todas las decisiones importantes debían ser autorizadas por él.

El doctor Montalvo confirmó que falsificó informes sobre la salud mental de Camila. También admitió que la sustancia preparada el día de la ceremonia habría provocado confusión, pérdida de memoria y una posible sobredosis si Camila recibía varias inyecciones.

Teresa negó haber querido matarla.

—Solo necesitaba que descansara —declaró.

El fiscal proyectó la grabación:

—En ese caso, tendremos que conseguir que todos crean que intentó suicidarse después del funeral.

Teresa mantuvo la cabeza alta.

—Estaba bajo una presión extrema.

Cuando Camila fue llamada a declarar, la sala quedó completamente silenciosa.

Relató su regreso bajo la tormenta, la figura de Lucía en el balcón y la caída de Sofía. Describió cómo intentó reanimarla en el jardín y cómo Gabriel repitió que no podía hacer nada.

—¿Qué encontró en la mano de su hija? —preguntó el fiscal.

Camila mostró el botón dorado dentro de una bolsa de pruebas.

—Pertenecía al vestido de Lucía.

La defensa de Esteban se levantó.

—Señora Ortega, usted no vio a mi cliente en el balcón.

—No.

—Tampoco escuchó que ordenara matar a la niña.

—No directamente.

—Entonces sus acusaciones contra él dependen de personas que intentan reducir sus propias condenas.

El fiscal quiso intervenir, pero Camila respondió:

—También dependen de sus grabaciones, sus cuentas, el collar que retiró del cuerpo de Sofía y los archivos que intentó destruir en MedCare.

—Mi cliente encontró el collar en el jardín.

—Los paramédicos declararon que Sofía lo llevaba cuando comenzaron la reanimación.

El abogado cambió de tema.

—¿Es cierto que su padre participó en ensayos ilegales?

—Sí.

—Por tanto, usted tiene interés en responsabilizar a los Montenegro para limpiar el nombre de Javier Ortega.

—No estoy limpiando su nombre.

El abogado pareció desconcertado.

—He reconocido públicamente los delitos de mi padre. La verdad sobre Javier no vuelve inocente a Esteban.

La declaración de Gabriel fue una de las más esperadas.

El fiscal le preguntó por qué bloqueó la escalera.

—Esteban me ordenó impedir que Sofía saliera con la tarjeta.

—¿Sabía que su hermana podía hacerle daño?

—Sabía que Lucía estaba alterada.

—¿Por qué no intervino?

Gabriel miró a Camila.

—Porque fui un cobarde.

—¿Ordenó lanzar a Sofía?

—Dije una frase que Lucía interpretó de esa manera.

Lucía se levantó.

—¡No la interpreté!

El juez exigió silencio.

Lucía comenzó a llorar.

—Me miraste y asentiste. Sabías exactamente lo que ibas a permitir.

Gabriel no respondió.

Cuando Esteban tomó la palabra, negó todo.

—Mi familia ha creado una historia para protegerse. Camila utiliza la muerte de la niña para quedarse con nuestro patrimonio.

Camila sintió ganas de levantarse, pero Irene tomó su mano.

El fiscal reprodujo el vídeo del helipuerto.

—Sofía escuchó conversaciones que no debía escuchar —decía Esteban.

Después presentó la grabación donde hablaba de la muerte de Javier y los documentos del Proyecto Horizonte.

La seguridad de Esteban empezó a desaparecer.

Finalmente, el fiscal mostró una conversación recuperada del teléfono de Teresa, grabada dos días antes de la caída.

—Si la niña entrega la tarjeta a Camila, perdemos MedCare —decía Teresa.

Esteban respondía:

—Entonces asegúrate de que no pueda entregársela.

La defensa argumentó que la frase no implicaba asesinato.

Pero Lucía volvió a declarar.

—Mi padre me explicó después que Sofía debía convertirse en una tragedia útil.

Esteban la miró con odio.

—Mentirosa.

Lucía sostuvo la mirada de su padre por primera vez.

—Me convertiste en una asesina. Pero yo acepté convertirme. Los dos somos responsables.

El juicio quedó visto para sentencia después de siete semanas.

La noche anterior al veredicto, Camila visitó la tumba de Sofía.

Dejó un pequeño barco azul sobre la piedra.

—Mañana decidirán sus condenas —susurró—. Pero ninguna sentencia será igual a tu vida.

La lluvia comenzó lentamente.

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Camila no abrió el paraguas.

Por primera vez, dejó que el agua cayera sobre su rostro sin sentir que regresaba al jardín de la mansión.

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