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Las lágrimas de la tormenta / Chapter 12 / 15

Capítulo 12 - El mensaje que Gabriel escondió

Gabriel se encontraba en una habitación vigilada del hospital penitenciario.

La bala había atravesado su abdomen y dañado parte del hígado. Estaba más delgado, tenía el rostro pálido y dos agentes permanecían frente a la puerta.

Camila entró acompañada por Irene.

—Quiero hablar con ella a solas —dijo Gabriel.

—No ocurrirá —respondió Irene.

Camila tomó asiento junto a la ventana.

—¿Dónde está el mensaje de Sofía?

Gabriel miró a la abogada.

—Necesito saber que esto no será utilizado en mi contra.

Camila se levantó.

—Entonces no tienes nada.

—Espera.

Gabriel cerró los ojos.

—Está dentro de una cuenta privada que abrí para almacenar las grabaciones de la casa. Sofía consiguió entrar y dejó un vídeo.

—¿Por qué no estaba en los discos del sanatorio?

—Porque lo separé.

—¿Para protegerlo?

Él tardó demasiado en responder.

—Para protegerme.

Camila sintió asco.

—Incluso el último mensaje de nuestra hija se convirtió en una herramienta de negociación.

—Tenía miedo.

—Sofía también tenía miedo. Aun así, intentó contarme la verdad.

Gabriel respiró con dificultad.

—La contraseña es “LunaAzul1907”.

Irene anotó la información y la envió a Diego.

—¿Por qué ese nombre? —preguntó Camila.

—Era el barco de juguete que Sofía quería llevar al lago.

Camila recordó el pequeño barco azul que su hija guardaba junto a la bañera.

—¿Cuándo viste el vídeo?

—Después de la caída.

—¿Antes de entregar la tableta a Teresa?

—Sí.

La respuesta dejó a Camila inmóvil.

—Entonces sabías exactamente lo que Sofía había descubierto.

Gabriel asintió.

En el vídeo, explicó, Sofía hablaba directamente a la cámara. Contaba que su padre le había pedido guardar secretos, que la abuela Teresa registraba su habitación y que el abuelo Esteban decía que Camila pronto dejaría de dirigir MedCare.

—¿Qué hiciste después de verlo?

—Lo copié.

—¿Y permitiste que destruyeran el dispositivo original?

—Pensaba utilizar la copia para obligar a mi padre a dejarnos marchar.

—Nunca intentabas salvarnos. Intentabas mejorar tu posición dentro de la familia.

Gabriel comenzó a llorar.

—Al principio me acerqué a ti porque Esteban me lo ordenó. Pero después te amé.

Camila no respondió.

—Cuando nació Sofía, pensé que podría cortar todos los vínculos. Mi padre dijo que, si lo hacía, revelaría los ensayos de Javier y te haría responsable del dinero.

—¿Por qué no confiaste en mí?

—Porque sabía que elegirías la verdad antes que nuestra familia.

—Y tú elegiste una mentira que terminó matando a nuestra hija.

Gabriel volvió el rostro hacia la ventana.

—Sí.

La sinceridad ya no producía alivio. Llegaba demasiado tarde.

El teléfono de Irene vibró.

Diego había conseguido entrar en la cuenta.

Camila abrió el vídeo en una tableta.

Sofía aparecía sentada dentro de su armario, iluminada por una pequeña lámpara. Llevaba el mismo jersey rosa de la noche de la caída.

—Hola, mamá —comenzaba—. Si ves esto, es porque papá no me dejó llamarte.

Camila cubrió su boca.

Sofía hablaba deprisa, mirando constantemente hacia la puerta.

—El abuelo dice que tu empresa será de nuestra familia. Pero tú también eres nuestra familia, así que no entiendo por qué quiere quitártela.

La niña mostraba varios dibujos y explicaba quién aparecía en cada uno.

Después levantaba el collar.

—Guardé una tarjeta aquí porque la tía Lucía busca debajo de mi cama.

Sofía se acercó a la cámara.

—Papá me dijo que los secretos protegen a las personas. Pero creo que este secreto está haciendo daño.

Camila dejó escapar un sollozo.

—Mamá, cuando vuelvas, quiero vivir contigo en otra casa. Una que no tenga un balcón tan alto.

La niña permanecía en silencio durante unos segundos.

—Si papá dice que estoy mintiendo, tú debes creerme.

El vídeo terminaba con Sofía levantando la mano hacia la cámara.

—Te quiero hasta la luna azul.

La pantalla quedó negra.

Camila no sabía cuánto tiempo permaneció inmóvil.

Gabriel lloraba en la cama.

—Quería mostrarte el vídeo —dijo—. Pero cada día que pasaba resultaba más difícil admitir que lo había ocultado.

Camila se levantó y se acercó.

—Nuestra hija te pidió que la creyeras.

—Lo sé.

—Te dijo que tenía miedo.

—Lo sé.

—Y tú continuaste obedeciendo a las personas de las que necesitaba protección.

Gabriel extendió una mano, pero Camila retrocedió.

—No vuelvas a utilizar el amor como explicación. Amar a alguien sin proteger su derecho a existir no es amor.

—¿Nunca podrás perdonarme?

—Sofía murió esperando que hicieras lo correcto. Yo no voy a pasar el resto de mi vida esperando lo mismo.

Camila salió de la habitación.

En el corredor, tuvo que apoyarse contra la pared. Irene la sostuvo mientras lloraba.

El vídeo fue entregado a la fiscalía, pero Camila prohibió su difusión pública completa. Solo se utilizarían los fragmentos necesarios durante el juicio.

—No quiero que los últimos minutos privados de mi hija se conviertan en entretenimiento —dijo.

Mientras tanto, la investigación descubrió que Gabriel había ocultado otras pruebas. Entre ellas aparecía un contrato firmado con Esteban cinco años antes del nacimiento de Sofía. El documento prometía a Gabriel el control de MedCare cuando Camila fuera declarada incapaz o falleciera.

La conspiración no comenzó con la tarjeta.

Había comenzado antes de que Sofía naciera.

Teresa decidió entonces colaborar parcialmente. No por arrepentimiento, sino porque Esteban pretendía presentar a su esposa como única responsable de las decisiones familiares.

Durante el interrogatorio, Teresa confesó que Lucía llevaba años sometida a la voluntad de su padre. También admitió haber ordenado el falso informe psicológico y haber preparado el supuesto suicidio de Camila.

Sin embargo, seguía afirmando que la caída había sido un accidente.

Lucía permanecía en silencio.

Hasta que recibió una copia de la declaración de su madre.

Al descubrir que Teresa intentaba separarse del asesinato, solicitó hablar con el fiscal.

—Mi madre sabía que Sofía iba a morir —confesó.

Lucía explicó que Teresa le había ordenado llevar a la niña al balcón porque las cámaras exteriores no cubrían correctamente aquel ángulo. Debía asustarla para descubrir dónde había escondido la tarjeta.

—¿Tenía instrucciones de empujarla? —preguntó el fiscal.

—No al principio.

—¿Qué cambió?

—Gabriel recibió una llamada de Esteban. Después me dijo que Sofía no podía llegar al jardín con vida.

Camila escuchó la declaración desde una sala contigua.

Lucía continuó:

—Yo la sujeté. Ella me mordió y gritó al ver a su madre. Gabriel dijo: “Hazlo antes de que hable”.

—¿Comprendió lo que significaba?

Lucía comenzó a llorar.

—Sí.

—¿Por qué obedeció?

—Porque toda mi vida me enseñaron que desobedecer a mi familia era peor que cualquier otra cosa.

El fiscal guardó silencio.

Lucía añadió:

—Pero fui yo quien levantó a Sofía. Nadie controló mis brazos.

Aquella fue la primera vez que alguien de los Montenegro asumió completamente su responsabilidad.

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No reparaba nada.

Pero sería importante durante el juicio.

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