Capítulo 8 - El niño que no pertenecía a nadie

El depósito médico contenía una sala quirúrgica, medicamentos y equipos destinados a emergencias.
Rafael colocó a Vanessa sobre una camilla. Margaret buscó instrumentos esterilizados mientras Ethan ayudaba a Camila a llegar a la segunda cama.
Marcus entró detrás de ellos con dos hombres armados.
—Salva primero a mi hermana —ordenó a Rafael.
—Camila está de parto.
—Vanessa está perdiendo sangre.
Rafael examinó ambas situaciones.
—La bala no alcanzó órganos principales, pero debo detener la hemorragia. Camila necesita a alguien que controle el parto.
—Yo puedo hacerlo —dijo Margaret.
Todos la miraron.
—Estudié medicina antes de casarme con Arthur.
Vanessa soltó una risa débil.
—¿Existe alguna parte de tu vida que no esté escondida?
Margaret se lavó las manos.
—Demasiadas.
Ethan permaneció junto a Camila.
—Mírame. Respira conmigo.
—No me digas que respire.
—Está bien.
—Y no digas “está bien” cuando claramente no lo está.
Ethan asintió.
—Entendido.
A pesar del miedo, Camila casi sonrió.
Marcus vigilaba la consola médica. En una pantalla aparecían los resultados genéticos enviados desde el hospital.
PADRE BIOLÓGICO: NO IDENTIFICADO.
—Quiero que repitas la prueba —dijo Ethan.
Margaret preparó los instrumentos.
—No tenemos tiempo.
—Tú afirmaste que utilizaron material de Arthur.
—Porque eso ordené.
Rafael levantó la cabeza.
—Pero no fue lo que ocurrió.
Margaret se quedó inmóvil.
—¿Qué hiciste?
—Sabía que intentarías manipular el embarazo de Camila cuando descubrieras que las acciones ya le pertenecían.
—No tenías acceso a la clínica.
—Una de las embriólogas trabajaba para mí.
Ethan se acercó.
—¿De quién era el material?
Rafael miró a Camila.
—Tuyo.
Ethan no comprendió.
—¿Mío?
—Cuando naciste, Arthur almacenó sangre del cordón umbilical y muestras celulares. Margaret ordenó que se utilizara el material conservado de su esposo, pero yo reemplacé el código de almacenamiento.
Margaret negó con la cabeza.
—Eso es imposible.
—Creías que estabas utilizando células de Arthur. En realidad pertenecían a Ethan.
Camila observó a su padre.
—¿Entonces Ethan es el padre biológico?
—Sí.
Ethan apoyó una mano sobre la cama.
La revelación lo dejó sin palabras.
—¿Y el informe del hospital?
—Marcus sustituyó la muestra —dijo Rafael—. Necesitaba hacer creer al consejo que el niño no pertenecía a la línea Hawthorne.
Marcus levantó el arma.
—No puedes demostrarlo.
—El núcleo conserva los códigos originales de la clínica.
Rafael activó el análisis interno.
La pantalla procesó las muestras.
COINCIDENCIA PATERNAL: ETHAN ARTHUR HAWTHORNE, 99,99 %.
Camila cerró los ojos.
Durante horas había temido que su cuerpo hubiera sido utilizado para crear un niño ajeno a ambos.
El bebé era de Ethan.
Pero aquello no borraba la manipulación.
Su embarazo continuaba siendo el resultado de médicos, empresarios y familiares decidiendo qué información debía conocer.
—Sigue siendo nuestro hijo —susurró Ethan.
Camila lo miró.
—Siempre lo fue. Incluso cuando pensabas que la prueba decía otra cosa.
Ethan entendió.
La biología no era lo que había convertido al niño en suyo.
Era la elección de permanecer.
Una nueva contracción interrumpió la conversación.
Margaret se colocó frente a Camila.
—El bebé está descendiendo. No podremos trasladarte.
Rafael trabajaba sobre Vanessa mientras ella perdía y recuperaba la conciencia.
Marcus caminaba entre ambas camas.
—Cuando nazca, el fideicomiso activará la transferencia.
—No —dijo Camila entre respiraciones—. Las acciones ya son mías.
—El núcleo todavía reconoce al heredero.
—No significa que reciba nada.
—El consejo puede modificarlo.
—Solo si yo lo permito.
Marcus apuntó hacia el bebé aún no nacido.
—Entonces lo permitirás.
Ethan se lanzó contra él.
Uno de los guardias lo golpeó en la espalda. Ethan cayó, pero consiguió arrastrar a Marcus lejos de Camila.
La pistola se disparó contra el techo.
Rafael arrojó una bandeja metálica. Margaret tomó el arma caída.
—¡Todos quietos!
La anciana apuntaba hacia Marcus.
—No dudaré.
—Siempre dudas cuando tu dinero está en riesgo —respondió él.
—El dinero dejó de ser el problema cuando atacaste a un niño antes de que pudiera respirar.
Marcus levantó lentamente las manos.
Camila gritó.
Margaret dejó de mirar al hombre.
—Ahora, Camila. Empuja.
Ethan regresó junto a ella.
Le tomó la mano.
—Estoy aquí.
—No vuelvas a soltarme.
—No lo haré.
—No es una promesa romántica. Es una advertencia.
—La acepto.
El llanto de un bebé llenó la sala varios minutos después.
Margaret sostuvo al niño.
Era pequeño, de cabello oscuro y piel rojiza. Movía los brazos con fuerza mientras protestaba contra el frío.
Camila comenzó a llorar.
Ethan también.
Margaret colocó al bebé sobre el pecho de su madre.
—Es un niño sano.
Camila tocó su rostro.
—Mateo.
Ethan la miró.
—Pensé que querías llamarlo Rafael.
—Mi padre ya tiene suficientes secretos asociados a su nombre.
Rafael sonrió desde la otra camilla.
—No puedo discutirlo.
Vanessa abrió los ojos.
—¿Está vivo?
Camila giró ligeramente para que pudiera verlo.
—Sí.
Vanessa comenzó a llorar.
No por el fideicomiso.
No por las acciones.
Por primera vez parecía comprender que había pisado la mano de una madre mientras aquella vida se encontraba dentro de ella.
—Lo siento —susurró.
Camila no respondió.
El perdón no podía darse durante una emergencia para aliviar la culpa de la persona responsable.
Marcus observó al niño.
En una pantalla apareció una nueva notificación:
NACIMIENTO CONFIRMADO.
PROTOCOLO DEL PRIMER HEREDERO ACTIVADO.
Marcus sonrió.
—Ahora las acciones cambiarán.
Pero el sistema mostró otra frase:
TRANSFERENCIA AL HEREDERO CANCELADA POR RAFAEL SANTOS.
Camila levantó la mirada hacia su padre.
—¿Qué hiciste?
Rafael guardó silencio.
—Papá.
—Modifiqué la última cláusula antes de desaparecer.
—¿A quién pasan las acciones?
La pantalla cambió.
LA AUTORIDAD SERÁ ENTREGADA A LA PRIMERA PERSONA QUE RECHACE PÚBLICAMENTE EL CONTROL DEL FIDEICOMISO.
Todos quedaron inmóviles.
Marcus fue el primero en comprender.
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Para obtener las acciones, alguien debía rechazarlas.
Y debía hacerlo delante de testigos.