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LAS HUELLAS DORADAS / Chapter 14 / 15

Capítulo 14 - Las huellas doradas

La reunión extraordinaria se celebró en la sede de Hawthorne Global, en Manhattan.

Cientos de periodistas esperaban fuera. La transmisión se enviaba simultáneamente a servidores de universidades, periódicos y tribunales de tres países.

Camila rechazó utilizar los sistemas de la compañía.

No permitiría que Marcus borrara otra grabación.

Entró en la sala con un traje oscuro y la mano herida sin cubrir.

Vanessa caminaba a su lado. Llevaba zapatos negros de tacón bajo.

Los dorados se encontraban dentro de una caja transparente transportada por un agente federal.

Margaret llegó bajo supervisión.

Rafael y Elena participaron mediante transmisión protegida desde habitaciones separadas.

Ethan permanecía con Mateo en una base militar.

La silla de Marcus estaba vacía.

Camila ocupó el centro de la mesa.

—Mi nombre es Camila Rafaela Santos. Durante las próximas once horas soy la titular temporal de la mayoría de las acciones relacionadas con Hawthorne Global.

Los miembros del consejo la observaban con miedo, odio o interés.

—No he venido para convertirme en presidenta.

Un hombre levantó la mano.

—Entonces ¿por qué ha convocado esta reunión?

Camila hizo una señal.

El vídeo del pasillo comenzó.

Todos vieron a Vanessa empujarla, pisar su mano y exigir la firma.

También escucharon la voz de Ethan mediante el auricular:

—Haz que firme. No dañes al bebé.

Los periodistas comenzaron a enviar preguntas.

Vanessa habló:

—Fui yo quien atacó a Camila. Ethan no ordenó la violencia, pero sí participó en un plan para asustarla y obtener su renuncia. Marcus Vale retiró la grabación original y me aseguró que la familia Santos había robado nuestras acciones.

La siguiente pantalla mostró los contratos de Sentinel.

Camila explicó la existencia de las empresas falsas, las operaciones gubernamentales y la manipulación del fideicomiso.

Después presentó los documentos de Rafael.

Su propio padre apareció involucrado en transferencias y tratamientos no autorizados.

Elena declaró sobre su participación inicial en Sentinel.

Margaret reconoció haber ocultado el origen de Marcus y haber ordenado el uso no consentido de material genético.

Nadie fue protegido.

—¿Por qué expone a su propia familia? —preguntó una periodista.

Camila respondió:

—Porque una verdad que elimina los nombres de las personas que amamos se convierte en publicidad, no en justicia.

Las puertas se cerraron.

Las pantallas parpadearon.

Marcus apareció en la entrada acompañado por seis hombres vestidos como agentes federales.

—Hermoso discurso —dijo—. Pero la transmisión acaba de terminar.

Camila miró una pequeña luz verde sobre la mesa.

—No.

Marcus frunció el ceño.

—Nuestro equipo bloqueó las redes.

—La señal principal, sí. Pero cada teléfono de esta sala está enviando fragmentos mediante redes diferentes.

Los periodistas levantaron sus dispositivos.

Cientos de transmisiones continuaban activas.

Marcus apuntó hacia Camila.

—Ordena la transferencia a Sentinel.

Vanessa se levantó.

—No tienes autoridad Reed.

—Nunca la necesité.

—Nos utilizaste.

—Te di una vida dentro de una familia poderosa.

—Me diste un enemigo cada vez que necesitabas que obedeciera.

Marcus miró la caja transparente.

Dentro estaban los zapatos dorados.

—Siempre fuiste débil.

Vanessa abrió la caja.

Tomó uno de los zapatos.

—No.

Lo levantó frente a las cámaras.

—Fui cruel porque confundí la crueldad con fuerza.

Después lo dejó sobre la mesa.

—La debilidad fue necesitar pisar a otra mujer para sentir que todavía tenía un lugar.

Marcus disparó hacia la cámara principal.

El proyectil destruyó el aparato, pero las transmisiones de los teléfonos continuaron.

Sloan y los agentes verdaderos aparecieron desde un corredor lateral.

Comenzó un intercambio de disparos.

Los miembros del consejo se escondieron bajo la mesa.

Camila protegió la unidad donde se encontraban las autorizaciones.

Marcus avanzó hacia ella.

Vanessa intentó detenerlo. Él la golpeó con el arma.

Margaret se interpuso.

—Basta.

Marcus la miró.

—Tú empezaste todo.

—Sí.

—Me entregaste a los Reed y aparecías una vez al año para comprobar si continuaba obedeciendo.

—Intentaba mantenerte vivo.

—Me convertiste en un arma y después fingiste sorprenderte cuando disparé.

Marcus levantó la pistola hacia ella.

Vanessa se abalanzó contra él.

Los dos cayeron sobre la mesa.

El arma se deslizó hasta los pies de Camila.

Ella la recogió.

Marcus sujetó a Vanessa por el cuello y utilizó su cuerpo como escudo.

—Dame la unidad.

—Suéltala.

—No dispararás.

Camila mantuvo el arma firme.

—No necesito hacerlo.

Pulsó un botón en la consola.

Las paredes de cristal de la sala cambiaron.

En ellas apareció la grabación en directo desde todas las cámaras del edificio.

Marcus pudo verse apuntando hacia su propia hermana.

Su rostro apareció simultáneamente en miles de teléfonos.

—Acabas de admitir tu relación con Sentinel, tu control sobre Vanessa y tu intento de tomar el fideicomiso —dijo Camila.

—Puedo destruir las grabaciones.

—No puedes destruir a todas las personas que ya las han visto.

Marcus apretó el cuello de Vanessa.

—Transfiere las acciones.

—No.

—La mataré.

Camila miró a Vanessa.

La mujer apenas podía respirar.

—No firmes —susurró.

Marcus presionó con más fuerza.

Camila bajó lentamente el arma.

Él sonrió.

—Sabía que elegirías salvarla.

—Sí.

Colocó la pistola sobre la mesa.

—Pero nunca dije que te entregaría el control.

Vanessa levantó el zapato dorado que todavía sostenía.

Clavó el tacón en el pie de Marcus.

Él gritó y la soltó.

Sloan se abalanzó sobre él.

Los agentes lo inmovilizaron contra el mismo mármol donde había caído el zapato.

Marcus intentó alcanzar un pequeño dispositivo en su cinturón.

Margaret lo tomó primero.

—¿Qué activa? —preguntó Sloan.

Marcus sonrió.

—La ubicación de Mateo.

Camila sintió que la sangre se congelaba.

Una pantalla mostró la base militar.

Las alarmas estaban activas.

Hombres de Sentinel habían entrado por un túnel de mantenimiento.

Ethan corría con Mateo en brazos.

—¡Sloan! —gritó Camila.

La fiscal pidió apoyo.

En la transmisión, Ethan llegó a una puerta bloqueada. Detrás de él aparecieron dos hombres armados.

Ethan protegió al bebé y se volvió.

Un disparo resonó.

La imagen desapareció.

Camila corrió hacia la salida.

Pero el teléfono de Sloan recibió una segunda señal.

La cámara regresó.

Ethan continuaba de pie.

Uno de los atacantes estaba en el suelo.

Rafael sostenía una pistola detrás de él.

El segundo hombre levantó las manos.

Rafael había escapado de su habitación vigilada para llegar hasta Mateo.

Ethan miró hacia él.

—¿Cómo supiste que vendrían?

—Yo diseñé el túnel.

—¿Por qué no nos lo dijiste?

Rafael bajó el arma.

—Porque todavía estaba intentando conservar una salida.

Ethan tomó el teléfono del atacante.

—Camila, estamos bien.

Ella cerró los ojos.

Marcus había perdido.

Pero todavía quedaban menos de tres horas para decidir el destino del fideicomiso.

Camila regresó a la mesa.

Miró los zapatos dorados, la sangre de Vanessa y los documentos de todas las familias.

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Después colocó su mano sobre el lector.

Era el momento de terminar lo que todos habían intentado controlar desde antes de que ella naciera.

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