Capítulo 11 - La llave viviente

Marcus Vale entró en el almacén de Black Harbor acompañado por ocho hombres armados.
No llevaba vendajes ni mostraba ninguna señal del disparo ocurrido bajo la cabaña de Vermont. Caminaba con la misma seguridad de un hombre que había previsto cada movimiento de sus enemigos.
Camila miró hacia la puerta principal.
Los agentes de Rebecca Sloan debían estar ocultos a varios cientos de metros. Sin embargo, nadie entró.
—¿Qué les hiciste? —preguntó.
—Nada todavía —respondió Marcus—. Están recibiendo una transmisión falsa desde el otro extremo de la base.
Elena Santos permanecía junto al ordenador. Su mano se encontraba cerca del teclado, pero dos tiradores situados en las vigas apuntaban hacia ella.
—El hombre detenido en Vermont —dijo Camila—. ¿Quién era?
—Un empleado.
—Tenía tu rostro.
—Sentinel lleva décadas modificando identidades. Un rostro es solamente otra credencial.
—¿Vanessa sabía que no eras tú?
Marcus sonrió.
—Mi hermana nunca supo distinguir entre la verdad y aquello que necesitaba creer.
Camila pensó en Vanessa herida sobre la camilla. Había colocado su mano ensangrentada sobre el lector para impedir que Marcus obtuviera el fideicomiso.
Por primera vez había elegido algo distinto de la obediencia.
—¿Por qué organizar todo aquello? —preguntó Camila—. Podías entrar directamente en la cabaña.
—Necesitaba que los tres representantes activaran el sistema. Hawthorne, Reed y Santos. La distribución parcial permitió identificar las cuentas que Rafael había mantenido ocultas.
Elena apretó los labios.
—Utilizaste a Vanessa para abrir el núcleo.
—Utilicé a todos.
Marcus se acercó al ordenador.
—Margaret creía que podía crear un heredero nuevo. Rafael pensaba que podía esconder acciones entre trabajadores y víctimas. Ethan quería utilizar una renuncia temporal para proteger a su esposa. Tú querías destruir el control de las familias.
Miró a Camila.
—Cada uno hizo exactamente lo que necesitábamos.
—¿Y ahora qué necesitas?
Marcus señaló la cuarta opción de la pantalla:
TRANSFERENCIA TOTAL A CAMILA SANTOS.
—Durante veinticuatro horas serás propietaria de las acciones Hawthorne, de los fondos Reed y de las empresas vinculadas a Sentinel.
—Después eliminaré las compañías falsas.
—No.
Marcus sacó una tableta.
En la pantalla apareció Ethan.
Estaba dentro de la casa segura donde había llevado a Mateo. Sostenía al bebé contra su pecho mientras varias luces de emergencia parpadeaban detrás de él.
Margaret se encontraba junto a la puerta con una escopeta antigua. Vanessa, todavía débil por la operación, estaba sentada en una silla de ruedas.
—Los encontramos hace diecisiete minutos —dijo Marcus.
Camila sintió que su cuerpo se volvía frío.
—No los toques.
—Mis hombres esperan una orden.
Ethan miró directamente hacia una cámara de la habitación.
—Camila, no firmes.
Marcus aumentó el volumen.
—Puedo escuchar cada palabra.
Ethan protegió la cabeza de Mateo con una mano.
—El sistema necesita que ella acepte sin coacción. Si amenazas al bebé, rechazará la transferencia.
Marcus sonrió.
—Por eso no amenazo con matar a Mateo.
En la pantalla, uno de los hombres de Sentinel colocó una caja médica sobre la mesa.
Dentro había tubos, agujas y un pequeño dispositivo de extracción.
—El niño es una llave biológica —continuó Marcus—. No necesitamos matarlo. Solo necesitamos suficiente sangre para reproducir su perfil.
Camila dio un paso hacia él.
Dos armas se levantaron.
—No tocarás a mi hijo.
—Entonces acepta la transferencia.
—El sistema detectará la amenaza.
—No si decides que convertirte en propietaria es la mejor manera de protegerlo.
Camila miró a Elena.
Su madre negó lentamente.
—Una vez que aceptes, Sentinel controlará cada movimiento que hagas.
—Ya lo controla.
—Todavía no puede tocar el núcleo.
Marcus colocó una mano sobre la consola.
—Elena, introduce tu autorización.
—No.
Uno de los tiradores apuntó hacia Camila.
—Tu hija morirá primero.
Elena soltó una risa amarga.
—Pasaste demasiado tiempo trabajando con hombres como Rafael. Continúas creyendo que las madres obedecen mejor cuando ven un arma.
—Generalmente funciona.
—Solo hasta que dejamos de tener miedo de perder lo que ya intentáis arrebatarnos.
Elena pulsó una combinación rápida.
Las luces del almacén se apagaron.
Marcus disparó hacia la consola.
Camila cayó al suelo mientras el sonido de los disparos llenaba la oscuridad.
Elena la agarró por el brazo.
—¡El túnel del muelle!
Corrieron detrás de las antiguas máquinas. Un proyectil golpeó una columna junto a ellas.
Camila escuchó a Marcus gritar:
—¡No disparéis al abdomen! ¡La necesitamos viva!
Elena abrió una compuerta en el suelo.
—Baja.
—¿Y Ethan?
—No podremos ayudarlo si te capturan.
Camila descendió por una escalera metálica. Elena entró detrás y cerró la compuerta.
El túnel olía a agua salada y combustible. Se extendía bajo el muelle hasta una salida situada cerca de la costa.
—¿Cómo sabías que existía? —preguntó Camila.
—Trabajé en esta estación antes de que nacieras.
—¿Para Sentinel?
Elena guardó silencio.
—Respóndeme.
—Sí.
Camila se detuvo.
—Rafael dijo que tú querías destruir el sistema.
—Después de ayudar a construirlo.
—¿Cuántos delitos cometiste antes de decidir que eras una heroína?
Elena aceptó el golpe.
—Demasiados.
—Todos me contáis la verdad únicamente cuando una pistola os impide seguir mintiendo.
—Tienes derecho a odiarnos.
—No tengo tiempo para odiaros. Mi hijo está rodeado por hombres armados.
Llegaron a una salida bloqueada por una reja. Elena introdujo un código manual.
La reja se abrió hacia la playa.
Rebecca Sloan esperaba detrás de una estructura de hormigón con cuatro agentes.
—¿Cómo escapasteis? —preguntó.
—Marcus está dentro —respondió Camila—. El equipo que arrestasteis en Vermont utilizó a un doble.
Sloan habló por radio.
Solo recibió interferencias.
—Sentinel controla nuestras frecuencias.
Camila tomó el teléfono de la fiscal.
—Necesito comunicarme con Ethan.
—La casa segura está bloqueada.
—Marcus mostró una transmisión. Eso significa que hay una conexión activa.
Elena tomó el dispositivo y escribió una serie de números.
—Estas son antiguas frecuencias de emergencia de Sentinel.
La imagen apareció durante un segundo.
Ethan continuaba dentro de la habitación. Uno de los hombres armados discutía con Margaret.
Vanessa observaba en silencio.
Entonces miró directamente hacia la cámara.
Levantó la mano y formó tres números con los dedos:
Dos.
Siete.
Cuatro.
Camila recordó el sistema de seguridad de la mansión Hawthorne.
El código 274 activaba el cierre contra incendios.
—Vanessa intenta decirnos cómo bloquear la casa.
Camila envió tres pulsaciones mediante la conexión.
En la pantalla, Vanessa recibió la señal.
Movió la silla de ruedas hasta un panel lateral.
Uno de los hombres de Sentinel intentó detenerla, pero Margaret levantó la escopeta.
Vanessa introdujo el código.
Todas las puertas de acero descendieron.
Los hombres armados quedaron atrapados en diferentes habitaciones.
Ethan corrió hacia una salida de servicio con Mateo.
Margaret empujó la silla de Vanessa.
La imagen desapareció.
—Están moviéndose —dijo Sloan.
Camila respiró por primera vez.
Marcus salió del almacén acompañado por sus hombres.
Los agentes federales abrieron fuego.
Elena empujó a Camila detrás de una barrera.
Marcus se protegió entre dos vehículos.
—¡Camila! —gritó—. No puedes escapar de la transferencia. Las acciones ya están concentrándose alrededor de tu identidad.
El teléfono de Elena emitió una alerta.
La pantalla mostraba:
TRANSFERENCIA TOTAL INICIADA AUTOMÁTICAMENTE.
Camila miró a su madre.
—No acepté.
—El sistema interpretó el ataque contra Mateo como una amenaza directa a la línea heredera.
—¿Qué significa?
—Rafael añadió un protocolo de emergencia. Si la familia está en peligro, toda la autoridad pasa temporalmente a ti.
La barra de progreso avanzó.
Treinta por ciento.
Cuarenta y cinco.
Setenta.
Marcus sonrió desde el otro lado del muelle.
—Ya eres la propietaria.
La transferencia alcanzó el cien por ciento.
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Durante las siguientes veinticuatro horas, Camila Santos controlaría uno de los imperios privados más poderosos del mundo.
Y cada gobierno, familia criminal y agencia secreta relacionada con él intentaría encontrarla antes de que pudiera decidir qué hacer.