Capítulo 1 - La cámara del pasillo

El tacón dorado descendió lentamente sobre la mano de Camila Santos.
El dolor atravesó sus dedos antes de que pudiera retirarlos. La punta metálica del zapato atrapó su piel contra el mármol blanco y una pequeña línea de sangre apareció bajo sus uñas.
—Por favor… —susurró Camila—. Estoy embarazada.
Vanessa Reed inclinó el cuerpo hacia delante.
Llevaba un vestido de terciopelo color vino, pendientes de diamantes y unos zapatos dorados que brillaban bajo las lámparas del pasillo. Su rostro era hermoso, pero su sonrisa no contenía compasión.
—Precisamente por eso deberías aprender a obedecer.
Camila estaba tendida de lado, protegiendo con un brazo su vientre de ocho meses. Había caído cuando Vanessa la empujó contra una mesa. El golpe no había sido fuerte, pero sintió una contracción dolorosa en la parte baja del abdomen.
—Retira el pie.
—¿O qué harás?
Vanessa aumentó la presión.
Camila cerró los ojos para no gritar.
La mansión Hawthorne se encontraba casi vacía. La mayoría del personal había recibido el día libre por orden de Vanessa, quien todavía conservaba autoridad dentro de la casa por haber sido amiga de la familia desde la infancia.
También había sido la prometida de Ethan Hawthorne antes de que él conociera a Camila.
Vanessa nunca aceptó que un hombre destinado a heredar una fortuna de doce mil millones de dólares hubiera elegido casarse con una mujer latina nacida en Nuevo México.
—Ethan volverá esta noche —dijo Camila—. Se lo contaré todo.
Vanessa soltó una carcajada.
—Ethan sabe que estoy aquí.
—No sabe lo que estás haciendo.
—Sabía que venía a hablar contigo.
Camila sintió una contracción más fuerte.
—Esto no es hablar.
—Tenías una oportunidad sencilla. Firmar la renuncia.
Sobre el suelo, junto a la pared, había una carpeta gris.
Los documentos establecían que Camila renunciaba a cualquier reclamación sobre el fideicomiso familiar Hawthorne en nombre de su hijo aún no nacido.
Vanessa había llegado una hora antes acompañada por dos abogados. Después de que Camila se negara a firmar, los abogados se marcharon.
Vanessa se quedó.
—Mi bebé no ha nacido —dijo Camila—. No puedes obligarme a renunciar a sus derechos.
—Tu hijo no tiene derechos.
—Es hijo de Ethan.
—Eso todavía debe demostrarse.
Camila abrió los ojos.
—¿Qué estás insinuando?
Vanessa retiró el tacón de su mano y caminó alrededor de ella.
—La familia ya ha preparado una prueba genética.
—Nunca lo permitiré.
—No necesitarán tu permiso.
Camila intentó levantarse, pero otra contracción la obligó a permanecer en el suelo.
Vanessa tomó la carpeta.
—Firma ahora y recibirás suficiente dinero para regresar a Albuquerque. Podrás criar al niño lejos de esta familia.
—¿Y Ethan?
—Ethan regresará a la vida que tenía antes de conocerte.
—Contigo.
Vanessa sonrió.
No confirmó la acusación.
Tampoco la negó.
Camila conocía los rumores. Fotografías de Vanessa saliendo del hotel de Ethan en Londres. Llamadas nocturnas. Reuniones que se prolongaban hasta la madrugada.
Cada vez que preguntaba, Ethan respondía que todo estaba relacionado con la empresa.
Camila quiso creerle.
Amaba al hombre que la había conocido tres años antes durante una auditoría financiera en Chicago. Ethan no la trató como una empleada ni como una mujer impresionada por su apellido. Escuchaba sus opiniones y la hacía reír cuando ella pasaba demasiadas horas trabajando.
Después del matrimonio, sin embargo, comenzó a viajar constantemente.
Vanessa ocupó el espacio que él dejaba vacío.
—Puedes quedarte con él —dijo Camila—. Pero no tocarás a mi hijo.
La expresión de Vanessa cambió.
—Todavía crees que todo esto es una historia de amor.
Se inclinó y agarró a Camila por el cabello.
—No te casaste con Ethan porque te amaba. Te eligió porque necesitaba lo que llevabas en la sangre.
Camila intentó apartarla.
—Estás loca.
—Pregunta por qué investigó a tu familia antes de conocerte.
Las puertas principales se abrieron de golpe.
El sonido resonó por todo el vestíbulo.
Vanessa soltó el cabello de Camila y se volvió.
Ethan Hawthorne estaba en la entrada.
Vestía un traje negro sin corbata. Su cabello oscuro estaba mojado por la lluvia y su rostro mostraba una mezcla de sorpresa y furia.
Miró primero a Camila.
Después vio la sangre en su mano.
Finalmente observó los zapatos dorados de Vanessa.
—Aléjate de mi esposa.
Vanessa retrocedió.
—Ethan, no es lo que parece.
Él cruzó el pasillo.
—La encuentro embarazada, tirada en el suelo y sangrando. ¿Qué parte estoy interpretando mal?
Camila intentó levantarse.
Ethan se arrodilló junto a ella y rodeó su cuerpo con los brazos.
—¿Te golpeó en el vientre?
—Me empujó.
—Fue un accidente —dijo Vanessa—. Perdió el equilibrio.
Ethan miró hacia arriba.
—¿También cayó su mano debajo de tu tacón por accidente?
Vanessa palideció.
—Ella intentó atacarme.
Ethan levantó un dedo y señaló una pequeña cámara instalada en el techo.
Una luz roja parpadeaba sobre ellos.
—Todo está grabado.
Vanessa miró la cámara.
Durante un segundo, el miedo sustituyó a su arrogancia.
—Esa cámara no funciona.
—La instalé hace tres días.
Camila se volvió hacia su marido.
—¿Por qué?
Ethan no respondió.
Se puso de pie y tomó el teléfono.
—Voy a llamar a la policía.
Vanessa agarró su brazo.
—No puedes hacer esto.
—Acabas de atacar a una mujer embarazada.
—Si la policía ve la grabación, también encontrará los documentos.
Ethan quedó inmóvil.
Camila observó a ambos.
—¿Qué documentos?
Vanessa sonrió, comprendiendo que había encontrado una forma de herirlo.
—Pregúntale por el fideicomiso Hawthorne.
Ethan apartó la mano de Vanessa.
—Cállate.
—Pregúntale por qué instaló esa cámara exactamente hoy.
Camila sintió otra contracción.
Esta vez fue tan intensa que gritó.
Ethan volvió junto a ella.
—Camila.
Un líquido caliente comenzó a extenderse bajo su vestido.
—El bebé —susurró—. Creo que algo está mal.
Ethan la tomó en brazos.
Vanessa se interpuso.
—Si sales de esta casa con ella, el consejo sabrá que elegiste a esa mujer sobre nuestra familia.
Ethan la miró con una frialdad absoluta.
—Camila es mi familia.
—No después de que se conozca la verdad.
—¿Qué verdad? —preguntó Camila.
Ninguno respondió.
Ethan la llevó hacia la puerta.
Antes de salir, Camila miró nuevamente la cámara.
La luz roja continuaba parpadeando.
Aquella pequeña lente había registrado la humillación, la sangre y las amenazas de Vanessa.
Pero también había capturado la expresión de Ethan cuando ella mencionó los documentos.
May you like
No era sorpresa.
Era miedo.