Capítulo 5 - La niña del invierno

Ethan se colocó delante de Camila.
—Baja el arma.
Margaret sostuvo la pistola con firmeza.
—Apártate.
—Tendrás que dispararme primero.
—No eres tan importante como crees.
Vanessa intentó liberarse de las cuerdas.
—Nos utilizó a todos.
Margaret la miró.
—Tú te ofreciste voluntariamente.
—Dijiste que Camila había robado las acciones de mi familia.
—Y decidiste pisar la mano de una mujer embarazada.
—Querías que perdiera el bebé.
Ethan giró hacia su abuela.
—¿Es cierto?
Margaret no respondió.
Camila sintió que el niño se movía.
—¿Por qué me trajiste aquí?
—Porque esta casa contiene el núcleo original del fideicomiso.
—Ethan dijo que nadie podía abrirlo.
—Nadie excepto tú.
—Entonces ¿por qué apuntas a mi hijo?
—Porque la última vez que estuviste aquí, Rafael colocó el acceso dentro de tu cuerpo.
Camila recordó la frase:
La casa sabrá quién eres.
—¿Qué me hizo mi padre?
—Te implantó un identificador biológico bajo la piel.
Ethan miró a Camila.
—Los escáneres médicos nunca encontraron nada.
—Porque no era un objeto metálico —dijo Margaret—. Era una modificación celular.
—Eso es imposible.
—Rafael estaba treinta años adelantado a su época.
Margaret explicó que el fideicomiso no reconocía únicamente ADN. También buscaba una secuencia celular creada mediante un tratamiento experimental.
Camila había recibido aquella secuencia cuando era niña.
—El accidente que borró tus recuerdos no fue un accidente —continuó Margaret—. Tu madre intentó destruir el laboratorio. Rafael te sacó antes de la explosión.
—¿Mi madre sabía todo?
—Sabía que Rafael quería convertirte en guardiana del fideicomiso.
—Yo tenía cuatro años.
—Planeaba entregarte la autoridad cuando fueras adulta.
Camila señaló su vientre.
—¿Qué tiene que ver mi hijo?
—El embarazo activa la secuencia completa. Tu cuerpo está produciendo las proteínas necesarias para abrir el núcleo.
Ethan parecía horrorizado.
—Te acercaste a Camila para utilizarla desde antes de que yo la conociera.
—La observamos durante años.
—¿Quiénes?
Margaret sonrió.
—La Fundación Hawthorne nunca perteneció únicamente a nuestra familia.
Un sonido mecánico comenzó bajo el suelo.
La cabaña había reconocido la presencia de Camila.
Parte de la pared se abrió y reveló una escalera descendente.
Margaret señaló el acceso.
—Camina.
—No.
—Si te niegas, dispararé a Vanessa.
Camila miró a la mujer atada.
Vanessa había intentado obligarla a renunciar. La había empujado y herido.
Aun así, Camila no permitiría que la mataran.
—No te importa Vanessa —dijo—. Solo quieres demostrar que puedes obligarme.
—Quiero proteger lo que construimos.
—Todos llaman protección al momento en que dejan de pedir permiso.
Margaret levantó el arma hacia Ethan.
—Entonces elegirás entre tu esposo y tu enemiga.
Camila avanzó hacia la escalera.
—Yo bajaré. Pero ellos saldrán.
—Después.
Descendieron los cuatro. Ethan sostenía a Vanessa, cuyas manos continuaban atadas.
Bajo la cabaña había un laboratorio cubierto de polvo. Ordenadores antiguos permanecían junto a máquinas médicas y archivos físicos.
En el centro se encontraba una puerta circular.
Cuando Camila se acercó, una luz escaneó su cuerpo.
IDENTIDAD RECONOCIDA: CAMILA RAFAELA SANTOS.
La puerta se abrió.
Dentro no había dinero.
Había cientos de grabaciones.
Camila tomó la primera.
Mostraba a su padre sentado frente a una cámara.
—Mi querida Camila —decía Rafael—. Si estás viendo esto, significa que Margaret te ha traído hasta aquí.
La mujer perdió el color del rostro.
—Eso no estaba en el sistema.
Rafael continuó:
—No confíes en ella. Tampoco confíes en la familia Reed ni en ningún Hawthorne que afirme necesitar tu sangre para proteger la compañía.
Ethan bajó la mirada.
—El fideicomiso nunca fue diseñado para entregar poder a tu hijo —explicaba Rafael—. Esa fue la historia que Margaret añadió después de mi desaparición.
Camila miró a la matriarca.
—Mentiste sobre todo.
—Tu padre no comprendía lo que estaba construyendo.
La grabación continuó:
—El veintiséis por ciento pertenece legalmente a Camila desde que cumplió veinticinco años. Su embarazo solo activa la notificación final porque necesitaba asegurarme de que ella hubiera formado una vida fuera de la influencia Hawthorne.
Camila tenía veintinueve.
Había sido propietaria de las acciones durante cuatro años sin saberlo.
—¿Por qué nadie me informó? —preguntó.
Rafael respondió desde la grabación, como si hubiera anticipado la pregunta:
—Porque Margaret controla los abogados responsables de localizarte.
Vanessa comenzó a reír.
—Por eso querías que firmara. No era el bebé. Era ella.
Margaret levantó el arma.
—Apaga la grabación.
Camila no obedeció.
—Las acciones de Camila incluyen una condición —continuó Rafael—. Si alguien intenta obligarla a transferirlas, todas las pruebas de fraude de Hawthorne Global serán publicadas automáticamente.
Ethan comprendió.
—La cámara del pasillo.
—No fue instalada por ti —dijo Camila—. Formaba parte del sistema de mi padre.
La luz roja no había registrado únicamente el ataque.
Había detectado un intento de coacción.
Los monitores del laboratorio se encendieron.
PROTOCOLO DE EXPOSICIÓN ACTIVADO.
Miles de archivos comenzaron a enviarse.
Margaret disparó contra la consola.
El proyectil dañó una pantalla, pero el proceso continuó.
Ethan se lanzó sobre ella.
La pistola cayó.
Vanessa utilizó sus piernas para derribar a Margaret mientras Camila recogía el arma.
Por primera vez, las tres personas manipuladas por la matriarca estaban del mismo lado.
Camila apuntó hacia Margaret.
—Se acabó.
La anciana se levantó lentamente.
—Si esos archivos se publican, Hawthorne Global caerá. Miles de empleados perderán sus trabajos.
—Esa amenaza ya no funciona.
—También destruirás la herencia de tu hijo.
—Mi hijo no necesita heredar una compañía construida sobre personas utilizadas.
Margaret sonrió.
—Hablas como Rafael.
Una pantalla mostró la imagen de un hombre mayor entrando en el laboratorio mediante otro acceso.
Tenía cabello gris, barba y una cicatriz junto al ojo.
Camila dejó de respirar.
—Papá.
Rafael Santos estaba vivo.
Llevaba casi treinta años oculto, observando el funcionamiento del fideicomiso desde una ubicación desconocida.
Camila corrió hacia él.
Pero Rafael levantó una mano.
—No te acerques todavía.
—¿Por qué?
—Porque Margaret no vino aquí únicamente para obtener tus acciones.
Miró hacia Ethan.
—Vino para demostrar que el hijo que llevas no pertenece a la línea Hawthorne.
Camila sintió que el suelo desaparecía.
Ethan palideció.
—Eso es mentira.
Rafael colocó un informe genético sobre la mesa.
—El fideicomiso analizó automáticamente las muestras del hospital.
Camila abrió el documento.
El resultado indicaba que Ethan no era el padre biológico del bebé.
—Es imposible —susurró.
—No estuve con nadie más.
Rafael miró a Margaret.
—Ella lo sabe.
La matriarca sonrió.
—La clínica de fertilidad Hawthorne realizó el procedimiento antes de vuestra boda.
Camila recordó una intervención menor después de sufrir una pérdida temprana. Los médicos dijeron que necesitaban retirar tejido y reparar una lesión.
—No estaba embarazada entonces.
—Conservamos tus óvulos —dijo Margaret—. Y cuando decidiste tener un hijo con Ethan, sustituimos el material.
Ethan agarró su brazo.
—¿Material de quién?
Margaret observó a Rafael.
—Del último hombre que todavía tenía derecho sobre el fideicomiso.
Camila miró a su padre.
Rafael negó lentamente.
—No mío.
—Entonces ¿de quién?
Vanessa fue la primera en comprender.
Miró a Margaret con horror.
—Tu esposo.
Arthur Hawthorne, el abuelo de Ethan, había muerto doce años antes.
Margaret había utilizado material genético conservado de su marido para crear al bebé.
Legalmente, el niño de Camila no sería hijo biológico de Ethan.
Sería su tío.
Margaret había manipulado el embarazo para producir un nuevo heredero situado por encima de todos los nietos vivos.
Las alarmas comenzaron a sonar.
Ethan observó a Camila.
En su rostro había dolor, pero no rechazo.
—Sigue siendo nuestro hijo.
Margaret soltó una risa.
—No según el fideicomiso.
Rafael tomó la grabación principal.
—El fideicomiso no importa.
—Controla doce mil millones —dijo Margaret.
—No por mucho tiempo.
Rafael miró a su hija.
—Camila debe elegir ahora qué hacer con las acciones.
La pantalla mostró tres opciones:
CONSERVAR EL CONTROL.
TRANSFERIR AL HEREDERO.
DISOLVER EL FIDEICOMISO.
Camila sostuvo el arma en una mano y protegió su vientre con la otra.
Durante meses todos habían hablado del niño como un heredero, una llave o una amenaza.
Nadie había preguntado qué clase de vida quería darle su madre.
Camila acercó la mano a la tercera opción.
Antes de tocarla, el laboratorio tembló.
Una explosión cerró la salida principal.
Rafael miró las cámaras.
Hombres armados rodeaban la cabaña.
En sus uniformes aparecía el símbolo de la familia Reed.
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Marcus Vale, hermano de Vanessa, habló mediante los altavoces:
—Nadie disolverá nada. El fideicomiso pertenece a quien salga vivo de esa habitación.