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LAS HUELLAS DORADAS / Chapter 7 / 15

Capítulo 7 - El precio de una hermana

Marcus entró lentamente en el laboratorio.

Era alto, de cabello oscuro y facciones parecidas a las de Vanessa, aunque sus ojos carecían de cualquier calidez. Vestía un abrigo negro y guantes de cuero.

Cuatro hombres armados se desplegaron detrás de él.

Ethan protegía a Camila con su cuerpo. Margaret estaba junto a la consola. La entrada del túnel permanecía abierta, pero Vanessa y Rafael habían desaparecido en la oscuridad.

Marcus miró la compuerta.

—¿Dónde está mi hermana?

Nadie respondió.

—Vanessa —llamó—. No tienes que esconderte.

Su voz era suave.

Demasiado suave.

—Margaret te mintió. Ethan te utilizó. Camila se quedará con las acciones que nuestro padre construyó.

Desde el túnel no llegó ninguna respuesta.

Marcus apuntó hacia Camila.

—Pero todavía podemos corregirlo.

—Tu padre no construyó el fideicomiso —dijo Rafael desde algún lugar detrás de la pared—. Lo utilizó para lavar dinero.

Marcus sonrió.

—Rafael Santos. El hombre que desapareció para no responder por sus propios delitos.

Rafael salió del túnel con las manos levantadas.

Vanessa estaba detrás de él.

Sostenía una barra metálica.

—Déjala marcharse —dijo Rafael—. Tu problema es conmigo.

—Mi problema lleva décadas tomando diferentes rostros.

Marcus observó a su hermana.

—Ven aquí.

Vanessa no se movió.

—Te envié a conseguir una firma —continuó—. No a iniciar una guerra familiar.

—Me dijiste que Camila quería robarnos.

—Y es cierto.

—No puede robar algo que nunca fue nuestro.

Marcus perdió la sonrisa.

—¿Ahora confías en ellos?

Vanessa miró a Camila.

—No.

Después miró a Ethan.

—Tampoco en él.

Finalmente observó a Margaret.

—Y mucho menos en ella.

—Entonces ven conmigo.

—Tampoco confío en ti.

El rostro de Marcus se endureció.

—Todo lo que hice fue para recuperar el lugar de nuestra familia.

—Me enviaste a una casa vigilada sabiendo que podía terminar en prisión.

—Sabías el riesgo.

—No sabía que habías ordenado quitar la grabación.

—Necesitaba protegerte.

Vanessa soltó una risa amarga.

—La palabra favorita de todos.

Camila cerró los ojos durante otra contracción.

Ethan miró hacia el túnel.

—Necesitamos llevarla al depósito médico.

Marcus hizo una señal.

Uno de sus hombres bloqueó la compuerta.

—Nadie se mueve hasta que el fideicomiso sea transferido.

—No puede firmar mientras está de parto —dijo Ethan.

—Entonces firmará antes.

Marcus colocó un dispositivo sobre la consola. Apareció un documento de transferencia.

Las acciones pasarían a una sociedad controlada por la familia Reed.

—Coloca la mano en el lector —ordenó.

Camila respiró con dificultad.

—No.

Marcus apuntó hacia Ethan.

—Entonces tu esposo morirá primero.

—Eso no hará que firme.

—Después Rafael.

—Tampoco.

—Margaret.

Camila miró a la anciana.

—Continúo sin firmar.

Margaret levantó una ceja.

—Aprecio tu coherencia.

Marcus giró el arma hacia Vanessa.

Camila quedó inmóvil.

—¿Y tu enemiga?

Vanessa observó a su hermano.

—Hazlo.

—No hables como si fueras valiente.

—Durante años hice todo lo que me pediste. Seduje inversores, espié reuniones y amenacé a personas que nunca me habían hecho nada.

Vanessa miró su propio reflejo en el metal de la consola.

—Ataqué a una mujer embarazada porque tú me convenciste de que su hijo destruiría nuestra familia.

—Camila se quedará con nuestro patrimonio.

—No me importa.

—Mientes.

—Me importaba cuando creía que ese patrimonio demostraba que nosotros valíamos tanto como los Hawthorne.

Se acercó un paso.

—Ahora solo demuestra que somos iguales que ellos.

Marcus apuntó directamente a su pecho.

—Última oportunidad.

Vanessa dejó caer la barra metálica.

Después caminó hacia él.

Durante un instante, Camila creyó que había decidido unirse a su hermano.

Vanessa se detuvo frente a Marcus.

—Lo siento.

Él sonrió.

—Sabía que entenderías.

—No te lo digo a ti.

Vanessa giró y golpeó el dispositivo conectado a la consola.

La pantalla se apagó.

Marcus le dio una bofetada tan fuerte que cayó al suelo.

Ethan se abalanzó sobre el guardia más cercano.

Rafael tomó la barra de Vanessa y golpeó el arma de otro hombre. Margaret activó las luces de emergencia. El laboratorio quedó en penumbra.

Camila intentó llegar al túnel.

Marcus la agarró por el cabello.

—Tú no vas a ninguna parte.

Ella giró y clavó los dedos heridos contra sus ojos.

Marcus gritó y la soltó.

Vanessa golpeó la parte posterior de sus piernas. Marcus cayó de rodillas.

Ethan tomó su arma.

—Se acabó.

Los guardias restantes apuntaron hacia él.

Un disparo resonó.

Vanessa se llevó una mano al abdomen.

La sangre comenzó a extenderse sobre su vestido.

—Vanessa —susurró Marcus.

Por primera vez, mostró miedo verdadero.

La mujer cayó.

Marcus olvidó la consola y corrió hacia ella.

—¿Quién disparó?

Uno de sus propios hombres sostenía el arma humeante.

—Se movió delante del objetivo.

Marcus le disparó sin dudar.

El guardia murió antes de tocar el suelo.

—Eres un monstruo —dijo Ethan.

Marcus presionó la herida de Vanessa.

—Es mi hermana.

—Hace un minuto estabas dispuesto a matarla.

—Quería asustarla.

Vanessa abrió los ojos.

—Siempre dices eso después de hacer daño.

Rafael se arrodilló.

—La bala atravesó el costado. Necesita cirugía.

—El depósito médico tiene equipo —dijo Margaret.

Camila sintió un dolor intenso y un líquido caliente descendió por sus piernas.

Todos se volvieron.

—Se rompió la bolsa —dijo.

Ethan palideció.

Ahora había dos mujeres heridas.

Una por una bala.

La otra a punto de dar a luz prematuramente.

Marcus levantó el arma nuevamente.

—Camila abre el núcleo. Después ayudaremos a las dos.

—No —respondió Vanessa.

Marcus la miró.

—Cállate.

—Si firma, nos matarás cuando tengas el control.

—Nunca te haría daño.

Vanessa presionó su herida.

—Ya lo hiciste.

Camila tomó una decisión.

—Abriré el depósito médico.

Margaret negó.

—Está conectado al núcleo. Una vez dentro, Marcus podrá acceder al fideicomiso.

—Vanessa morirá aquí.

—También puedes morir tú.

—Entonces necesitamos la misma puerta.

Camila colocó la mano sobre el lector.

SOLICITUD DE ACCESO MÉDICO.

La máquina pidió una segunda autorización.

REPRESENTANTE HAWTHORNE.

Margaret colocó su mano.

Después apareció una tercera:

REPRESENTANTE REED.

Marcus se levantó.

—Yo firmaré.

El lector rechazó su sangre.

AUTORIDAD REED REVOCADA.

Todos miraron a Vanessa.

A pesar de la herida, ella comenzó a reír.

—Papá nunca confió en ti.

Marcus perdió el color del rostro.

Vanessa colocó la mano ensangrentada sobre el lector.

La puerta médica se abrió.

Marcus observó a su hermana con odio.

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El sistema no lo reconocía como heredero Reed.

Y acababa de descubrir que la mujer a la que siempre trató como una herramienta era la única persona de su familia que el fideicomiso consideraba digna de elegir.

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