Capítulo 12 - Veinticuatro horas

La casa segura fue evacuada veinte minutos después.
Ethan llegó a una clínica militar con Mateo protegido bajo su abrigo. Margaret empujaba la silla de ruedas de Vanessa, que había vuelto a sangrar por la herida.
Cuando Camila entró, Ethan corrió hacia ella.
Le entregó al bebé sin decir una palabra.
Camila apretó a Mateo contra su pecho.
Sintió su respiración, su calor y los pequeños movimientos de sus manos.
—¿Le hicieron algo?
—No —respondió Ethan—. No llegaron a tocarlo.
Camila besó la frente del niño.
Después miró a Vanessa.
—Tú activaste las puertas.
—No lo hice por ti.
—Lo sé.
—Marcus nunca habría permitido que ninguno saliera vivo después de obtener la sangre.
—También lo sé.
Vanessa observó la mano de Camila. Las heridas causadas por los tacones dorados continuaban visibles.
—No espero que me perdones.
—Entonces no lo pidas.
La respuesta fue dura, pero Vanessa asintió.
—Declararé sobre todo. Los documentos, Marcus, la cámara y el auricular.
—También declararás sobre lo que me hiciste.
—Sí.
—Sin decir que estabas confundida, manipulada o intentando proteger a tu familia.
Vanessa cerró los ojos.
—Sí.
Margaret permanecía junto a la ventana.
—Sentinel no se detendrá porque hayamos escapado.
—Tampoco tú —respondió Camila—. Intentaste crear a mi hijo utilizando material genético sin mi consentimiento.
—Creí que era necesario para impedir que los Reed controlaran el fideicomiso.
—Siempre existe una razón elegante cuando una persona rica decide utilizar el cuerpo de otra.
Margaret no discutió.
Rebecca Sloan entró con varios documentos.
—La transferencia se ha confirmado. Durante veinticuatro horas tienes autoridad sobre todas las compañías vinculadas al núcleo.
—¿Cuánto tiempo queda?
—Veintidós horas y treinta y siete minutos.
—¿Qué ocurre después?
Elena respondió:
—Si no ejecutas una orden definitiva, la propiedad se distribuirá según el último protocolo registrado.
—Incluidas las compañías falsas de Sentinel.
—Sí.
Sloan colocó un mapa sobre la mesa.
Cientos de empresas aparecían marcadas en Estados Unidos, Europa, Asia y América Latina.
Hospitales, redes de telecomunicaciones, fabricantes de componentes militares, bancos y empresas de transporte.
—No podemos investigar todas en menos de un día —dijo Ethan.
Camila observó los movimientos financieros.
—No necesitamos investigar cada empresa.
Tomó un marcador.
—Sentinel necesita conservar el control sin aparecer directamente. Sus compañías compartirán ciertos comportamientos.
—¿Cuáles? —preguntó Sloan.
—Consejeros repetidos, préstamos sin garantía, direcciones administrativas similares y transferencias realizadas exactamente antes de las votaciones importantes.
Ethan se sentó junto a ella.
—Puedo revisar las adquisiciones de Hawthorne.
Camila lo miró.
—No tendrás acceso total.
—Entiendo.
—Trabajarás desde una copia supervisada.
—Entiendo.
La ausencia de resistencia le produjo una sensación extraña. Durante su matrimonio, Ethan solía aceptar las decisiones de Camila en asuntos pequeños mientras ocultaba aquellas que realmente importaban.
Ahora no tenía derecho a pedir confianza.
Solo podía demostrar que era capaz de trabajar sin exigirla.
El equipo comenzó a revisar millones de registros.
Camila identificó el primer patrón después de cuarenta minutos. Siete empresas utilizaban despachos legales diferentes, pero sus documentos contenían el mismo error tipográfico.
Sloan rastreó al abogado responsable.
Era un antiguo asesor de inteligencia.
Ethan encontró otra red formada por compañías médicas que compraban medicamentos a precios artificialmente elevados. Parte del dinero regresaba mediante una fundación registrada en Delaware.
Vanessa recordó nombres escuchados durante reuniones de Marcus.
Margaret entregó contratos guardados durante treinta años.
Elena identificó los primeros códigos de Sentinel.
Cada persona poseía una parte de la verdad.
Por primera vez, Camila obligó a que todas fueran colocadas sobre la misma mesa.
A las cuatro de la mañana habían identificado ciento doce empresas controladas por Sentinel.
Todavía faltaban muchas.
Rafael Santos llegó acompañado por agentes federales.
No llevaba esposas.
Camila levantó la mirada.
—¿Por qué está libre?
Sloan mostró una orden.
—Un juez federal autorizó su cooperación temporal.
—¿Qué juez?
—Margaret Sloan.
—¿Tiene relación contigo?
Rebecca negó.
—Ninguna.
Camila observó a su padre.
—Sentinel permitió que vinieras.
Rafael no respondió.
—¿Trabajas todavía para ellos?
—Intenté protegerte.
—No vuelvas a utilizar esa palabra.
—Las empresas ocultas dentro de la distribución eran una garantía.
—¿Para quién?
—Si Sentinel creía que conservaría parte del control, no iría directamente por ti ni por Elena.
—Atacaron a mi hijo horas después de nacer.
—Porque la distribución cambió.
—Tú diseñaste el protocolo que me convirtió en propietaria.
—Sí.
—Sin preguntarme.
—No había tiempo.
—Tuviste treinta años.
Rafael bajó la mirada.
Camila colocó frente a él la lista de empresas.
—Identifica las que pertenecen a Sentinel.
—No conozco todas.
—Entonces empieza por las que sí conoces.
Rafael tomó el documento.
Durante dos horas marcó nombres, fundaciones y cuentas. La lista aumentó hasta ciento ochenta y nueve entidades.
Sloan recibió una llamada.
—Marcus ha abandonado Black Harbor. Creemos que se dirige hacia Nueva York.
—La sede de Hawthorne Global —dijo Ethan.
Margaret comprendió.
—El consejo puede aprobar una transferencia extraordinaria si reúne suficientes votos físicos.
—Pero yo controlo las acciones —respondió Camila.
—Durante unas horas. Marcus intentará invalidar tu autoridad alegando incapacidad médica después del parto.
Vanessa soltó una risa amarga.
—El mismo método que querían utilizar contra ella desde el principio.
—¿Quién puede declarar la incapacidad? —preguntó Camila.
Margaret enumeró tres personas:
El presidente del consejo médico.
El representante Hawthorne.
El representante Reed.
—El presidente médico trabaja para Sentinel —dijo Ethan.
—Yo represento a Hawthorne —añadió Margaret.
Todos miraron a Vanessa.
Ella representaba a los Reed.
—Marcus necesita que yo aparezca en la reunión —dijo.
—Te obligará a firmar —respondió Camila.
—Entonces iremos antes que él.
Ethan se levantó.
—La reunión será una trampa.
—Sí —dijo Camila—. Pero esta vez la cámara funcionará.
Miró la antigua grabación del pasillo. El tacón dorado descendiendo sobre su mano. Vanessa amenazándola. La voz de Ethan ordenando obtener la firma.
Aquella escena había iniciado todo.
Ahora se convertiría en la primera prueba presentada ante el consejo y el mundo.
Camila tomó a Mateo y se acercó a la ventana.
Quedaban diecisiete horas.
—Convoca una reunión extraordinaria de accionistas —ordenó—. Transmisión pública, sin servidores de Hawthorne y sin seguridad privada.
Margaret levantó una ceja.
—¿Planeas dirigir la compañía?
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Camila miró a su hijo.
—Planeo asegurarme de que nadie vuelva a dirigirla de la misma manera.