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LA SANGRE SOBRE EL MÁRMOL / Chapter 8 / 15

Capítulo 8 - La madre que firmó

La imagen de los niños desapareció cuando el sistema perdió energía.

La sala quedó iluminada únicamente por las luces de emergencia.

Camila mantuvo el arma apuntada hacia Nathaniel.

—¿Cuántas instalaciones existen?

—No lo sé.

—Mientes.

—Helix divide la información. Cada director controla solamente una parte.

Evelyn presionaba una compresa contra la herida de su hombro.

—Arthur creó Helix.

Desde la pantalla oscura llegó la voz débil del anciano.

—No.

La imagen regresó de forma intermitente.

—Helix existía antes de Whitmore Biologics.

Geneviève apareció junto a la puerta exterior. Había logrado liberar a ocho niños y dos enfermeras.

Cuando entró, continuaba mirando a Arthur.

—Vi tu cuerpo.

—Viste un cuerpo preparado por Nathaniel.

Geneviève se acercó a la pantalla.

—¿Por qué no regresaste?

—Porque mi hijo necesitaba que todos creyeran que yo había muerto.

Nathaniel soltó una risa.

—No conviertas tu cobardía en sacrificio.

Camila entregó a Sofía a Geneviève durante un instante.

—Llévala con los demás niños.

Sofía se aferró a ella.

—No quiero irme.

—Solo hasta que encontremos la salida.

—Prometiste que no volverías a dejarme.

Camila se arrodilló.

—Entonces no te dejaré.

Tomó nuevamente a su hija en brazos.

—Arthur, abre las puertas.

—No puedo hacerlo desde esta sala. Nathaniel eliminó mi acceso hace seis meses.

—¿Dónde estás?

—Nivel seis.

Evelyn miró el plano.

—No existe ningún nivel seis.

—No en los registros.

Nathaniel aprovechó la distracción y corrió hacia una puerta lateral.

Camila disparó contra el panel, bloqueándolo antes de que pudiera salir.

—No vas a ninguna parte.

—Si permanecemos aquí, todos morirán. El cierre biológico libera gas esterilizante después de treinta minutos.

—Entonces nos llevarás hasta Arthur.

—Helix no permitirá que salga vivo.

—Esa es una razón más para movernos.

Geneviève tomó a Nathaniel por el rostro.

—Me dijiste que tu padre había muerto.

—Era más útil muerto para el público.

—¿Lo mantuviste encerrado durante ocho años?

—Él firmó voluntariamente los primeros acuerdos.

Arthur habló desde la pantalla.

—También intenté cancelarlos.

Nathaniel se volvió hacia su padre.

—Después de ganar miles de millones.

El anciano no negó la acusación.

Camila observó a ambos.

Otra familia donde cada persona había cometido delitos y después utilizaba los crímenes de los demás para parecer inocente.

—¿Qué relación tenía mi madre con Helix? —preguntó.

Arthur cerró los ojos.

—Lucía trabajó para nosotros.

Camila sintió que la respuesta abría otra herida.

—No.

—Era bioquímica. Evelyn la reclutó cuando ambas estudiaban en California.

Evelyn bajó la mirada.

—Es cierto.

—Me dijiste que era vuestra investigación.

—Lo era al principio.

Arthur continuó:

—Helix financió el laboratorio. Querían desarrollar terapias regenerativas para soldados, dirigentes políticos y clientes privados.

—Mi madre nunca habría experimentado con niños.

—No al principio —dijo Evelyn—. Pero cuando el trabajo comenzó a fallar, Helix exigió embriones humanos.

Camila miró a la mujer.

—¿Mi madre aceptó?

Evelyn no respondió.

—Dímelo.

—Lucía firmó el primer protocolo.

Camila sintió que algo dentro de ella se quebraba.

Durante años había imaginado a su madre como una víctima completa de los Whitmore. Una mujer valiente asesinada por intentar revelar la verdad.

Ahora descubría que también había abierto la primera puerta.

—¿Por qué?

—Porque tú estabas enferma —respondió Evelyn.

Camila se quedó inmóvil.

—Yo era una niña sana.

—Naciste con una enfermedad degenerativa rara. Los médicos dijeron que no vivirías más de dos años.

—Eso no aparece en ningún historial.

—Lucía destruyó los documentos después de tratarte.

Evelyn se acercó.

—Tú fuiste el primer ser humano que recibió Delta-R.

Camila miró sus propias manos.

—¿Qué me hicieron?

—Utilizamos células tuyas, material reparador mío y una proteína desarrollada por Arthur. El tratamiento funcionó. Tu cuerpo reconstruyó el tejido dañado.

—¿Por eso tengo el marcador?

—Sí.

—Entonces no lo heredé de mi madre.

—No de forma natural.

Camila recordó las veces que se había recuperado rápidamente de heridas. La cicatriz del hombro que los médicos describieron como extrañamente limpia. Las enfermedades que nunca duraban más de un día.

Todo había estado delante de ella.

—Lucía firmó porque quería salvarte —dijo Arthur—. Después comprendió que Helix utilizaría tus células para fabricar otros sujetos.

—Por eso huyó.

—Y por eso Nathaniel la encontró.

Camila miró a su exmarido.

—¿Tú la mataste?

Nathaniel no apartó los ojos.

—Recibí la orden.

—¿De Helix?

—Sí.

—Pero elegiste obedecer.

—Tenía veintitrés años.

—Eras suficientemente adulto para envenenar a una mujer.

—Si me negaba, habrían matado a todos nosotros.

Geneviève le dio una bofetada.

—No te atrevas a incluirnos en tu cobardía.

Nathaniel la miró con odio.

—Tú firmaste más protocolos que nadie.

—Creí que tratábamos pacientes voluntarios.

—Siempre encontrabas una manera elegante de no preguntar.

La alarma anunció:

—Veinte minutos hasta la esterilización completa.

Camila tomó una decisión.

—Geneviève, conduce a los niños hacia el depósito sur. Si las puertas continúan cerradas, rompe los cristales del invernadero.

—Son resistentes a explosiones.

—Entonces utiliza los cilindros de oxígeno del nivel médico.

Geneviève asintió.

—¿Y tú?

—Voy al nivel seis con Nathaniel y Evelyn.

—Sofía no puede acompañarte.

Camila miró a su hija.

La niña estaba pálida, pero consciente.

—No la dejaré otra vez con nadie de esta familia.

Nathaniel señaló un elevador oculto detrás de la sala.

—Necesita mi huella y la voz de Arthur.

Camila lo empujó hacia el panel.

—Utilízalas.

Arthur autorizó el descenso.

El elevador se abrió.

Camila entró con Sofía, Evelyn y Nathaniel. Antes de que las puertas se cerraran, Geneviève miró a su hijo.

—Si intentas tocar a esa niña, Camila no tendrá que matarte.

Nathaniel no respondió.

El ascensor descendió mucho más de lo esperado.

El nivel seis se encontraba dentro de la montaña.

Al abrirse las puertas encontraron un corredor lleno de habitaciones médicas. En algunas había cuerpos conectados a sistemas de soporte vital.

No todos eran ancianos.

Camila vio a una mujer de unos treinta años, un adolescente y dos hombres con cicatrices quirúrgicas.

—¿Quiénes son? —preguntó.

—Personas que Helix no puede permitir que mueran —respondió Nathaniel—. Algunos conservan códigos, patentes o información.

Llegaron a la habitación de Arthur.

El anciano estaba dentro de una cápsula semicircular. Su cuerpo parecía frágil, pero sus ojos continuaban alerta.

Camila abrió la puerta.

Arthur la observó como si estuviera viendo un experimento que había esperado durante décadas.

—El primer milagro de Delta-R —dijo.

—No soy tu milagro.

—Sin mi investigación habrías muerto.

—Sin tu investigación mi madre quizá seguiría viva.

Arthur aceptó la acusación.

Sofía se escondió detrás de Camila.

El anciano la miró.

—Y tú eres la segunda generación.

—No la mires así —dijo Camila.

Arthur señaló un panel junto a su cama.

—Puedo detener el gas. Pero necesito que me desconecten de la red principal.

—¿Qué ocurrirá contigo?

—Mi corazón depende del sistema.

Nathaniel avanzó.

—No lo hagas.

Camila se volvió.

—¿Te preocupa que muera?

—Si Arthur muere, el fideicomiso médico se activa.

—Eso beneficia a Sofía.

—No. Beneficia a quien posea la clave de tutela.

Arthur miró a Nathaniel.

—La clave pertenece a Lucía.

—Lucía está muerta —dijo Camila.

—No me refiero a tu madre.

Arthur señaló un archivo en la pantalla.

PROTECTORA DESIGNADA: LUCÍA VALE PRICE.

Camila reconoció el segundo apellido.

Price.

La periodista Leah Price.

Evelyn se acercó a la pantalla.

—Lucía Vale era mi hija.

—¿Leah es tu hija? —preguntó Camila.

Evelyn asintió.

—La escondí utilizando el apellido de su padre. Ella creció sin saber quién era yo hasta hace tres semanas.

Camila comprendió por qué Leah recibía mensajes desde Edén.

No era una periodista que hubiera encontrado la historia por casualidad.

Era parte de ella.

Arthur tomó una respiración dolorosa.

—Lucía Reyes dejó la tutela de Delta-R a la hija de Evelyn. Si yo muero, Leah controlará las patentes y la red de instalaciones.

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Nathaniel sonrió.

—Y Leah ya está trabajando para Helix.

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