Capítulo 7 - La niña de cristalEl corredor de mantenimiento era tan estrecho que Camila tenía que avanzar inclinada.

Evelyn caminaba detrás, apoyándose en las tuberías. La temperatura aumentaba a medida que descendían hacia el centro del complejo.
—¿Cuánto tiempo necesita la extracción? —preguntó Camila.
—Depende de lo que intenten obtener.
—Habla con claridad.
—Si quieren sangre y médula, veinte minutos. Si quieren extraer tejido del sistema nervioso…
Evelyn no terminó la frase.
—¿Sofía sobreviviría?
—Probablemente no.
Camila aceleró.
El pasadizo terminó frente a una rejilla. Al otro lado había un invernadero subterráneo lleno de plantas blancas.
No eran flores normales.
Sus tallos parecían transparentes y las hojas tenían venas rojizas. Varias estaban conectadas a bolsas de nutrientes.
—¿Qué son? —preguntó Camila.
—Intentos de reproducir Delta-R en tejido vegetal.
—Parecen órganos.
—Porque algunas contienen células humanas.
Camila sintió repulsión.
Rompió la rejilla y ayudó a Evelyn a entrar.
El invernadero estaba vacío, pero había cámaras en cada esquina. Camila cortó los cables antes de cruzar.
Encontraron un ascensor de carga bloqueado por código.
Evelyn examinó el panel.
—Arthur utilizaba fechas importantes como claves.
—¿Qué fecha?
—La fundación de Whitmore Biologics, el nacimiento de Nathaniel o el día en que comenzó Proyecto Edén.
Camila recordó la póliza de Sofía.
Su cumpleaños estaba a tres semanas.
—Prueba la fecha de nacimiento de Arthur.
Evelyn introdujo ocho números.
El panel se iluminó.
—¿Cómo lo sabías?
—Los hombres como Arthur siempre creen que todo comienza con ellos.
El ascensor descendió al nivel cuatro.
Cuando las puertas se abrieron, dos técnicos los esperaban.
Camila golpeó al primero con la culata de la pistola. El segundo intentó activar una alarma, pero Evelyn le clavó una jeringa tomada del carro médico.
El hombre cayó inconsciente.
—¿Qué le diste?
—Un relajante muscular.
—¿Sobrevivirá?
—Si tiene suerte.
Avanzaron hacia la sala circular.
A través de un ventanal, Camila vio a Sofía sobre la camilla.
Nathaniel estaba junto a ella. Helena Ward preparaba una aguja larga conectada a una máquina.
Camila intentó abrir la puerta.
No cedió.
—Cristal balístico —dijo Evelyn—. Necesitamos acceder al sistema interno.
Nathaniel las vio.
Sonrió.
Activó el intercomunicador.
—Has llegado antes de lo esperado.
—Detén el procedimiento.
—No puedo.
—Puedes hacer lo que quieras. Siempre lo has hecho.
Nathaniel se acercó al cristal.
—¿Sabes por qué perdí interés en ti después del nacimiento de Sofía?
—Porque nunca me amaste.
—Te amé durante un tiempo. Pero después comprendí que solamente eras el recipiente.
Camila apuntó la pistola hacia él, aunque sabía que el cristal detendría la bala.
—Dilo otra vez cuando no haya una pared entre nosotros.
Nathaniel ignoró la amenaza.
—Mi padre desperdició décadas buscando una combinación estable. Tú proporcionaste la mitad. Evelyn, la segunda. El material de Arthur completó la estructura.
—Sofía es una niña, no una patente.
—Es ambas cosas.
Sofía giró la cabeza.
—Papá, tengo miedo.
Nathaniel la miró.
Durante un instante pareció experimentar algo parecido a la culpa.
Después alisó su cabello.
—No dolerá durante mucho tiempo.
Camila golpeó el cristal.
—¡No la toques!
Helena Ward introdujo un medicamento en la vía.
Sofía cerró los ojos lentamente.
Evelyn abrió un panel lateral.
—Necesito cinco minutos para cortar la energía de la máquina.
—Tenemos menos.
Camila estudió la sala.
Había cuatro conductos de ventilación, dos cámaras y una salida de emergencia detrás de Helena. El techo estaba sostenido por vigas metálicas. Una tubería roja recorría la pared.
Sistema contra incendios.
Camila disparó contra la tubería.
El cristal detuvo el proyectil, pero la bala dañó una conexión cercana al panel exterior. Una lluvia de espuma química cayó dentro de la sala.
Helena retrocedió.
Nathaniel cubrió el rostro.
Sofía continuaba atada.
—La puerta —dijo Evelyn—. El sistema de emergencia debería desbloquearla.
La luz cambió a verde.
Camila entró.
Helena intentó clavarle una aguja. Camila atrapó su brazo, la golpeó contra la camilla y lanzó el instrumento al suelo.
Nathaniel sacó una pistola.
—No te acerques.
Camila se colocó entre él y Sofía.
—Dispara.
—No me obligues.
—Ya intentaste matarme en la mansión.
—No era personal.
Camila soltó una risa seca.
—Envenenaste a mi madre, utilizaste mi cuerpo, secuestraste a mi hija y pagaste a un juez para llamarme loca. ¿Qué parte no era personal?
Nathaniel apuntó hacia Evelyn.
—Ella comenzó todo.
—Yo intenté curar enfermedades —respondió Evelyn—. Tú convertiste nuestro trabajo en una fábrica de niños.
—Vuestro trabajo no habría sobrevivido sin los Whitmore.
—Arthur quería destruirlo cuando comprendió lo que habías hecho.
La expresión de Nathaniel se endureció.
—Mi padre era un cobarde.
—Por eso lo asesinaste.
—Lo liberé de una compañía que nunca tuvo valor para dirigir.
Camila avanzó un paso.
Nathaniel apretó el arma.
—No te muevas.
—¿Vas a matarme delante de Sofía?
—Ella no recordará nada después del procedimiento.
—Porque planeas que no despierte.
Nathaniel miró a Helena.
La doctora se levantó lentamente.
—La sedación está fallando. Debemos comenzar ahora.
Sofía abrió los ojos.
—Conejo —susurró.
Camila entendió.
Sí.
La niña estaba consciente.
—¿Dónde está el pájaro? —preguntó Camila.
Sofía movió los ojos hacia la mesa de instrumentos.
Había un interruptor amarillo junto a la máquina.
Peligro.
Camila comprendió que la niña había visto a Helena activarlo.
—Evelyn, el interruptor amarillo.
Evelyn corrió hacia el panel.
Helena intentó detenerla.
Camila le golpeó la pierna y la derribó.
Nathaniel disparó.
La bala alcanzó a Evelyn en el hombro.
Camila se lanzó sobre él.
Ambos cayeron contra el suelo cubierto de espuma. Nathaniel era más pesado, pero Camila utilizó su impulso para girar sobre él. Le golpeó la muñeca hasta que soltó el arma.
Nathaniel le dio un puñetazo en el rostro.
Camila vio un destello blanco.
Él intentó alcanzar la pistola.
Sofía movió una pierna y empujó una bandeja de instrumentos. La bandeja chocó contra la mano de Nathaniel.
Camila tomó el arma.
—Se acabó.
Nathaniel se quedó quieto.
Evelyn presionó el interruptor amarillo.
La máquina se detuvo.
Camila liberó las correas de Sofía y la levantó.
La niña estaba débil, pero respiraba.
—Mamá.
—Estoy aquí.
Sofía rodeó su cuello.
Nathaniel observó la escena desde el suelo.
—No podéis salir.
Las luces se apagaron.
Una alarma diferente comenzó a sonar.
—He activado el cierre biológico —dijo—. Todos los niveles serán sellados.
Camila apuntó hacia él.
—Cancélalo.
—Solo puede hacerlo el director principal.
—Tú eres el director.
Nathaniel sonrió.
—No.
Las pantallas de la sala se encendieron.
Apareció el rostro de un hombre anciano conectado a varias máquinas. Estaba sentado en una habitación oscura.
Sus ojos eran grises. Su cabello blanco caía sobre la frente.
Camila reconoció el rostro por las fotografías de la familia.
Arthur Whitmore.
El hombre que todos creían muerto desde hacía ocho años estaba vivo.
Movió los labios con esfuerzo.
—Camila Reyes —dijo mediante los altavoces—. Llevo mucho tiempo esperando que encontraras este lugar.
Geneviève apareció en otra cámara, acompañada por varios niños liberados.
Al ver al hombre de la pantalla, perdió el color del rostro.
—Arthur.
Nathaniel se puso de pie.
—No lo escuches.
Arthur respiró mediante un tubo conectado a su garganta.
—Nathaniel no construyó Edén. Solo es el guardián.
—¿Quién dirige este lugar? —preguntó Camila.
Arthur levantó lentamente una mano.
En la pantalla apareció un símbolo: un círculo dividido por tres líneas.
Evelyn lo reconoció.
—La Sociedad Helix.
Nathaniel recuperó su sonrisa.
—Ahora comprendes por qué ninguna fiscalía podrá protegerte.
Las puertas del laboratorio comenzaron a cerrarse.
Camila sostuvo a Sofía contra su pecho.
—Primero saldremos de aquí.
Arthur miró a la niña.
—No será suficiente. Sofía no es el único sujeto Delta-R.
Las pantallas cambiaron.
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Aparecieron decenas de habitaciones en instalaciones de distintos países.
En cada una había un niño.