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LA SANGRE SOBRE EL MÁRMOL / Chapter 11 / 15

Chapter 11 - La segunda hija

La carretera descendía desde las montañas mientras el cielo comenzaba a aclararse.

Sofía dormía con la cabeza apoyada sobre las piernas de Camila. Evelyn permanecía a su lado, pálida por la pérdida de sangre. Priya vigilaba las muestras refrigeradas, mientras Naomi utilizaba dos teléfonos para hablar con fiscales, agentes federales y autoridades internacionales.

Leah conducía sin apartar los ojos de la carretera.

Nadie confiaba en ella.

Camila sostenía la carpeta con el historial de Lucía Eden Voss. Había leído cada página hasta memorizarla.

La niña tenía siete años y diez meses. Había nacido cuarenta y tres minutos antes que Sofía, aunque los documentos no mencionaban a ninguna mujer que hubiera dado a luz.

Su desarrollo aparecía registrado desde la fase embrionaria. Cada vacuna, enfermedad, análisis y cambio de peso había sido convertido en datos.

No había fotografías de cumpleaños, juguetes o compañeros de escuela.

Solo números.

—¿Cómo nació? —preguntó Camila.

Evelyn abrió los ojos.

—El embrión dividido fue conservado mientras te implantaban a Sofía. Después trasladaron la segunda parte a un útero artificial experimental.

Priya levantó la mirada.

—La tecnología para completar una gestación humana fuera del cuerpo no existía hace ocho años.

—No oficialmente —respondió Leah.

Camila miró a la periodista.

—¿Cuándo descubriste que Lucía existía?

—Hace tres semanas.

—Evelyn dijo que fue cuando descubriste que era tu madre.

—Las dos cosas ocurrieron al mismo tiempo.

Leah respiró profundamente.

—Recibí una caja con documentos, una muestra de ADN y una fotografía de Evelyn. Dentro había una invitación para reunirme con un representante de Helix.

—¿Aceptaste?

—Sí.

—Y desde entonces trabajas para ellos.

—Les hice creer que aceptaría convertirme en tutora del fideicomiso.

—También solicitaste que me quitaran a Sofía.

—Necesitaba una orden federal para sacarla del alcance de la policía local, los Whitmore y Helix.

—Podrías habérmelo explicado.

—Nathaniel tenía acceso a tus comunicaciones.

Camila soltó una risa sin humor.

—Todos tenéis una razón para mentirme.

—Y tú tienes derecho a odiarnos —respondió Leah—. Pero Lucía será sometida al procedimiento dentro de cinco días. Discutir sobre mi honestidad no la salvará.

El vehículo llegó a una pista aérea militar.

Naomi había conseguido que un fiscal autorizara el traslado de Sofía como testigo y víctima de una red internacional de experimentación. Las autoridades suizas permitieron la entrada de un pequeño equipo, pero no habían autorizado una operación contra la clínica de Montreux.

—La Maison Verdan está registrada como centro privado de rehabilitación neurológica —explicó Naomi—. Sus abogados entregaron informes que afirman que Lucía Voss es hija de un donante anónimo y está bajo tutela médica.

—¿Quién figura como tutor? —preguntó Camila.

—La Fundación Helix para Enfermedades Raras.

—Entonces Helix se protege a sí misma.

—Legalmente, todavía no hemos demostrado que la fundación y la red criminal sean la misma organización.

Camila cerró la carpeta.

—Lo demostraremos dentro.

El avión aterrizó cerca de Ginebra al anochecer del día siguiente.

Un agente suizo llamado Marc Keller las recibió en una zona privada. Era un hombre de cabello castaño, rostro cansado y una cicatriz sobre la mandíbula.

—No puedo permitirles entrar armadas en la clínica —dijo—. Tampoco puedo arrestar a nadie sin pruebas obtenidas de manera legal.

—Hay una niña a punto de ser asesinada —respondió Camila.

—La clínica afirma que recibirá un trasplante experimental para salvarle la vida.

Priya mostró los resultados de Sofía.

—El procedimiento descrito en estos archivos no es un tratamiento. Es una extracción letal de médula, tejido nervioso y órganos reproductivos.

Keller leyó el documento.

—Necesitaré que lo confirme ante un juez.

—Para entonces será demasiado tarde.

El agente observó a Sofía, que sostenía la mano de Camila.

—Puedo colocar vigilancia alrededor del edificio. Nada más.

—Entonces vigile bien —dijo Camila—. Porque cuando entre, necesitaré que vea quién intenta impedir que salgamos.

La Maison Verdan se encontraba junto al lago Lemán, rodeada de viñedos y jardines cubiertos por la nieve.

Parecía un hotel de lujo.

La entrada estaba protegida por hombres vestidos como personal médico, pero sus posturas revelaban entrenamiento militar. Cámaras ocultas vigilaban la carretera y las embarcaciones del lago.

Leah había conseguido una habitación en un hotel situado al otro lado del agua. Desde allí podían observar la clínica mediante un objetivo de largo alcance.

A las nueve de la mañana, Lucía apareció en un jardín interior.

Camila dejó de respirar.

La niña tenía el mismo cabello oscuro que Sofía, los mismos ojos grandes y la misma forma de inclinar la cabeza cuando escuchaba.

Pero su expresión era diferente.

No había curiosidad ni alegría.

Caminaba con las manos detrás de la espalda, acompañada por dos mujeres de uniforme blanco. Cada vez que una de ellas hablaba, Lucía asentía sin hacer preguntas.

Sofía se acercó al telescopio.

—Se parece a mí.

Camila la abrazó.

—Sí.

—¿Es mi hermana?

—Eso dicen los análisis.

—¿Ella sabe que existo?

Leah respondió:

—Probablemente.

En aquel momento, Lucía se detuvo.

Levantó el rostro directamente hacia la ventana del hotel, aunque se encontraba demasiado lejos para verlas.

Después llevó dos dedos a la muñeca.

Sofía imitó el gesto.

—Es la señal del pájaro.

Camila la miró.

—¿Cómo puede conocerla?

—Yo no se la enseñé.

Lucía regresó al interior de la clínica.

Minutos después, el teléfono de Leah recibió un mensaje.

ENTRAD POR EL EMBARCADERO A MEDIANOCHE. NO TRAIGÁIS A SOFÍA.

—¿Quién lo envió? —preguntó Naomi.

—Lucía.

—Una niña de siete años no debería tener acceso a tu número —dijo Camila.

Leah examinó los datos.

—El mensaje salió del sistema interno de la clínica.

Evelyn señaló una ventana del tercer piso.

—Allí está el centro educativo. Quizá utiliza las terminales.

—O alguien la está utilizando para atraernos —respondió Camila.

A medianoche, Camila, Leah y Evelyn cruzaron el lago en una embarcación pequeña. Naomi permaneció con Sofía, Priya y los agentes suizos.

El embarcadero privado estaba vacío.

La puerta de servicio se abrió antes de que llegaran.

Lucía esperaba detrás.

Llevaba un camisón blanco y estaba descalza.

Camila bajó de la embarcación.

La niña la observó sin emoción.

—Lucía.

—No me llames así.

—Es el nombre de mi madre.

—También es el nombre que me pusieron para recordar a la mujer que me abandonó.

Camila sintió el golpe.

—Yo no sabía que existías.

—Eso es lo que te enseñaron a decir.

—Nadie me enseñó nada.

Lucía miró a Evelyn.

—Tú eres la doctora Vale.

Evelyn se llevó una mano a la boca.

—Soy tu familia.

—No tengo familia. Tengo fundadores.

Camila avanzó lentamente.

—Sofía te espera.

Por primera vez, los ojos de Lucía mostraron algo.

Miedo.

—No debiste traerla.

—Está a salvo al otro lado del lago.

—Nadie está a salvo cuando el Jardinero llega.

Se escuchó el sonido de una cerradura.

La puerta del embarcadero se cerró detrás de ellas.

Las luces se encendieron.

Una docena de guardias apareció en la pasarela superior.

Un anciano descendió por las escaleras.

Tenía cabello blanco, piel delgada y llevaba guantes de cuero claro. Caminaba apoyándose en un bastón con el símbolo de Helix.

Sofía había descrito al mismo hombre.

—Bienvenida, Camila Reyes —dijo—. Soy Elias Voss.

Miró a Evelyn.

—Ha pasado mucho tiempo.

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Después dirigió la mirada hacia Leah.

—Y tú has cumplido exactamente la función para la que fuiste criada.

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