Chapter 13 - La elección de las hermanas

El corredor de mantenimiento descendía hacia el subsuelo de la clínica.
Lucía conocía cada giro.
Había pasado años estudiando los planos para prepararse ante incendios, ataques o fugas biológicas. Elias creía que aquella educación garantizaría su supervivencia.
Nunca imaginó que la utilizaría para escapar.
—La sala central está debajo del lago —explicó—. Allí guardan los registros de todos los sujetos.
Leah examinó su arma.
—Eso es lo que necesitamos.
Camila la miró.
—Primero sacaremos a Lucía y a Sofía.
—Si no tomamos los registros, Helix trasladará a los demás niños.
—Ya utilizaste a una hija mía para encontrar esta sala. No volverás a hacerlo.
Lucía levantó la cabeza.
—¿Hija?
Camila se detuvo.
La niña parecía desconcertada.
—Genéticamente eres parte de mí.
—Eso no te convierte en mi madre.
—No.
Camila aceptó el golpe.
—Ser madre no es una palabra que pueda exigirte. Pero no permitiré que mueras.
Lucía continuó caminando.
—Elias dice que la gente solo protege lo que le pertenece.
—Está equivocado.
—Todos dicen que está equivocado hasta que deben elegir.
El corredor terminó frente a una puerta de acero. Lucía introdujo su mano en un lector.
El sistema escaneó su sangre.
La puerta se abrió.
La sala central contenía filas de servidores rodeadas por enormes depósitos transparentes. Dentro flotaban muestras de tejido, órganos y embriones.
En una pared había un mapa mundial.
Catorce puntos rojos marcaban instalaciones de Helix.
Evelyn se acercó a una terminal.
—Aquí están todos.
Leah conectó un dispositivo.
—Necesito diez minutos para copiar los archivos.
—Tenemos menos —dijo Camila.
Las cámaras de seguridad mostraban a Elias y sus guardias descendiendo.
Otra pantalla mostraba el hotel.
Priya y Naomi habían logrado sacar a Sofía por una salida de servicio. Keller las conducía hacia el lago, pero dos vehículos de Helix las perseguían.
Camila tomó un comunicador.
—Naomi, ¿me escuchas?
La señal era débil.
—Camila, estamos cerca del puerto norte.
—Lleva a Sofía al embarcadero de mantenimiento. Estamos debajo de la clínica.
—Hay hombres detrás de nosotros.
—Keller conoce la ubicación.
El agente suizo respondió:
—Llegaremos en siete minutos.
Lucía observaba la imagen de Sofía.
—Se mueve como yo.
—Tú naciste cuarenta y tres minutos antes —dijo Evelyn—. Técnicamente eres la hermana mayor.
Lucía no apartó la mirada.
—¿Ella sabe que yo existo?
—Sí —respondió Camila—. Vino hasta aquí porque quería conocerte.
—No debería haber venido.
—No tuvo miedo de ti.
Lucía tocó la pantalla.
Las puertas exteriores se abrieron.
Naomi entró sosteniendo a Sofía de la mano. Priya y Keller aparecieron detrás.
Las dos niñas quedaron frente a frente.
Nadie habló durante varios segundos.
Sofía fue la primera en acercarse.
—Me llamo Sofía.
—Ya lo sé.
—Tú eres Lucía.
—No me gusta ese nombre.
—Puedes elegir otro.
Lucía frunció el ceño.
—Los nombres no se eligen.
—Mi mamá dijo que las personas pueden cambiar muchas cosas cuando dejan de tener miedo.
Lucía miró a Camila.
—Ella habla demasiado.
Sofía sonrió.
—También dice eso la abuela Geneviève.
La expresión de Lucía se suavizó apenas.
Priya examinó rápidamente a ambas niñas.
—Necesito muestras para comparar la degradación celular.
—No hay tiempo —dijo Leah—. Los guardias llegarán en cuatro minutos.
Sofía tomó la mano de Lucía.
En el instante en que sus pieles se tocaron, uno de los sensores cercanos se activó.
Las pantallas mostraron una reacción genética.
Dos gráficos irregulares comenzaron a sincronizarse.
Priya se acercó.
—Dios mío.
—¿Qué ocurre? —preguntó Camila.
—Los marcadores no se están destruyendo entre sí. Se están estabilizando mediante contacto bioeléctrico.
Evelyn observó los datos.
—No necesitan una transferencia de tejido.
—¿Entonces qué necesitan?
—Exposición repetida a señales celulares compatibles. El cuerpo de cada niña enseña al otro a corregir sus errores.
Camila miró la enorme máquina preparada para extraer médula y órganos.
—Elias sabía esto?
—Tal vez no —respondió Priya—. Su investigación siempre asumió que la regeneración debía obtenerse mediante extracción.
Evelyn comprendió.
—Porque Helix veía los cuerpos como recursos. Nunca estudió una relación no invasiva.
Lucía retiró la mano.
—Si esto es cierto, ninguna necesita morir.
Sofía volvió a tomarla.
—Te dije que encontraríamos otra opción.
Lucía la miró.
—Tú no dijiste eso.
—Pero mi mamá sí.
Un disparo rompió la terminal.
Elias había llegado.
Los guardias rodearon la sala.
—Apartaos de los servidores —ordenó.
Leah levantó el arma.
—La copia ya está en marcha.
—No terminará.
Elias activó un control.
Las unidades comenzaron a borrarse.
—Si no puedo conservar Helix, nadie tendrá sus secretos.
Camila se colocó delante de las niñas.
—Priya descubrió que el procedimiento no es necesario.
—Priya ha visto datos durante cinco minutos. Yo he dedicado mi vida.
—Y no comprendiste lo más sencillo.
Evelyn señaló los gráficos.
—Las niñas se estabilizan mutuamente sin extracción.
Elias observó la pantalla.
Su rostro cambió.
No mostró alivio.
Mostró hambre.
—Entonces el tratamiento puede reproducirse sin destruir al donante.
Camila entendió que incluso aquella buena noticia se convertía en otra oportunidad para él.
—No tendrás acceso a ellas.
—Ya lo tengo.
Elias sacó una jeringa de su abrigo.
—Mi cuerpo necesita una nueva dosis. La sangre de Lucía ha perdido eficacia por separado. Pero una muestra tomada durante la sincronización…
Lucía retrocedió.
—Prometiste que la última extracción había terminado.
—Las promesas cambian cuando cambia la ciencia.
Elias se abalanzó hacia las niñas.
Camila lo interceptó.
El anciano no era tan fuerte como parecía, pero uno de los guardias la golpeó por detrás. Camila cayó.
Leah disparó contra el techo. Keller respondió desde una columna.
La sala se llenó de disparos y alarmas.
Evelyn protegió a las niñas detrás de un depósito.
Elias agarró a Lucía y colocó la jeringa contra su cuello.
—Un paso más y perforaré la arteria.
Camila se detuvo.
Lucía permanecía inmóvil.
—Haz lo que te enseñé —susurró Elias—. Obedece y sobrevivirás.
La niña miró a Sofía.
Después miró la jeringa.
—Tú dijiste que la sangre Delta-R no podía dañarte.
—Es cierto.
Lucía sonrió por primera vez.
—Entonces no prestaste atención a mis clases.
Golpeó la mano de Elias y clavó la jeringa en su brazo.
El anciano abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué contenía?
—La muestra inestable que preparaste para Sofía.
Elias intentó retirar la aguja, pero Lucía empujó el contenido completo.
Su cuerpo comenzó a temblar.
Las venas de su cuello se oscurecieron.
Priya comprendió.
—Sus células regenerativas están recibiendo órdenes contradictorias.
Elias cayó de rodillas.
—Ayúdame.
Lucía retrocedió.
—Dijiste que el dolor era necesario.
Camila recogió la jeringa, pero ya estaba vacía.
Podía dejarlo morir.
En lugar de eso, miró a Priya.
—¿Puedes salvarlo?
—Quizá.
—Hazlo.
Lucía observó a Camila con incredulidad.
—Él mató a tu madre.
—Y responderá por ello vivo.
Priya comenzó a tratar al anciano.
Los guardias restantes se rindieron cuando la policía suiza entró en la sala.
Leah miró la barra de progreso.
La copia había alcanzado el noventa y ocho por ciento.
Entonces los servidores se apagaron.
—No —susurró.
Todos los archivos desaparecieron de la pantalla.
Camila pensó que habían perdido las pruebas.
Naomi levantó su teléfono.
—No.
En la pantalla aparecían miles de documentos distribuyéndose entre fiscales y periodistas de distintos países.
—La copia no iba a un solo servidor —continuó—. Lucía la redirigió.
Camila miró a la niña.
—¿Cuándo?
—Mientras estabais hablando.
—¿Adónde la enviaste?
Lucía observó el mapa mundial.
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—A todas las familias que Helix vigilaba.
Por primera vez, la organización no podía controlar quién conocía la verdad.