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LA SANGRE SOBRE EL MÁRMOL / Chapter 5 / 15

Capítulo 5 - La mujer bajo la casaEl pasadizo descendía detrás de las paredes de la mansión.

Camila caminaba delante con la pistola de Geneviève. La matriarca la seguía utilizando una pequeña linterna.

—¿Desde cuándo Nathaniel controla la casa? —preguntó Camila.

—Desde que descubrió los archivos de su padre.

—¿Arthur Whitmore?

—Mi marido no murió de un ataque cardíaco.

Camila se detuvo.

Arthur había fallecido ocho años antes, poco después de que ella conociera a Nathaniel.

—¿Qué ocurrió?

—Encontró pruebas de los experimentos Delta-R. Quería cerrar la división médica y entregar los registros a las autoridades.

—Nathaniel lo mató.

—Modificó su medicación.

—¿Y tú guardaste silencio?

Geneviève tardó en responder.

—No tenía pruebas.

—Tienes miles de millones de dólares, abogados y contactos políticos.

—Nathaniel tenía copias de documentos que podían enviarme a prisión.

—¿Qué habías hecho?

La mujer continuó caminando.

—Yo autoricé las primeras investigaciones.

Camila sintió repulsión.

—Entonces eres cómplice.

—Sí.

La respuesta directa la sorprendió.

—Creí que estudiar el marcador podía salvar vidas. Cuando comenzaron los ensayos ilegales, intenté detenerlos. Arthur prometió encargarse. Nathaniel descubrió que el proyecto valía más que el resto de la compañía.

—¿Por qué necesitaba a Sofía?

—Porque las muestras originales perdieron estabilidad. Sofía es la única niña nacida con la combinación completa.

—¿Combinación de quién?

Geneviève no respondió.

Llegaron a una puerta de acero.

La llave marcada con las letras R. A. V. encajó en el panel lateral.

—Rosa Álvarez Vale —dijo Camila.

Geneviève asintió.

—Vale era el apellido de su madre. Rosa y Evelyn son hermanas.

Camila recordó que Rosa nunca hablaba de su familia.

—¿Por qué Rosa no me lo contó?

—Porque pensaba que Evelyn había muerto.

La puerta se abrió.

El laboratorio ocupaba gran parte del subsuelo. Había paredes de cristal, camillas médicas y refrigeradores con luces azules.

Varias jaulas pequeñas estaban vacías.

Camila vio manchas de sangre secas en el corredor.

Geneviève señaló una sala cerrada.

Dentro había una mujer tendida sobre una cama.

Era alta y muy delgada. Tenía el cabello gris, la piel pálida y una venda alrededor del abdomen. Un tubo intravenoso conectaba su brazo con una máquina.

Camila utilizó la tarjeta de Rosa para abrir.

—Evelyn.

La mujer abrió los ojos.

Al ver a Camila, comenzó a llorar.

—Lucía —susurró.

—No soy Lucía. Soy su hija.

Evelyn intentó incorporarse.

—Tienes sus ojos.

Camila retiró los cables.

—¿Conociste a mi madre?

—Era mi mejor amiga.

Geneviève vigilaba el corredor.

—Tenemos poco tiempo.

Camila ayudó a Evelyn a ponerse de pie.

—¿Por qué Nathaniel dijo que no era el padre de Sofía?

Evelyn miró hacia Geneviève.

—Porque no lo es.

—No estuve con otro hombre.

—No necesitaban a otro hombre.

Camila sintió que no comprendía.

Evelyn señaló los refrigeradores.

—Tu madre y yo desarrollamos una técnica de reparación genética hace veinticinco años. No creábamos personas. Corregíamos células dañadas utilizando material de dos donantes femeninas y uno masculino.

—¿Qué tiene que ver con mi hija?

—La clínica utilizó uno de nuestros embriones experimentales.

Camila retrocedió.

—¿Estás diciendo que Sofía no fue creada con mis óvulos?

—Sí utilizó tus óvulos. Pero añadieron material celular mío para introducir Delta-R.

—¿Y el donante masculino?

Evelyn guardó silencio.

Geneviève se volvió hacia ellas.

—Díselo.

—Era Arthur Whitmore.

Camila sintió que la revelación le quitaba el aire.

Arthur era el padre de Nathaniel.

—¿Mi hija fue concebida con el ADN de su abuelo?

—No es tan simple —explicó Evelyn—. La mayor parte del material genético procede de ti. Arthur aportó una línea celular utilizada durante la corrección, pero Nathaniel nunca fue el donante.

—¿Él lo sabía?

—Desde antes del procedimiento.

Todo su matrimonio había sido una mentira.

Nathaniel no había querido formar una familia. Había utilizado a Camila como portadora de un experimento creado con el material genético de su propio padre.

—¿Por qué yo?

—Porque Lucía era la única persona conocida que poseía la primera mitad del marcador Delta-R —respondió Evelyn—. Tú lo heredaste.

—Mi madre murió de cáncer.

—No murió de cáncer.

Camila se quedó inmóvil.

—Yo estaba con ella.

—Los informes fueron modificados. Lucía descubrió que Whitmore Biologics continuaba utilizando nuestra investigación. Intentó denunciarlo. Nathaniel ordenó envenenarla lentamente para que pareciera una enfermedad.

Camila recordó los meses finales de su madre: las náuseas, la pérdida de peso, el dolor que ningún médico podía explicar.

Todos sus médicos pertenecían a la red Whitmore.

—Nathaniel tenía diecinueve años —dijo.

—Ya trabajaba para su padre. Arthur todavía creía que podía controlarlo.

Un sonido mecánico recorrió el laboratorio.

Las luces cambiaron a rojo.

Una voz anunció:

—Protocolo de descontaminación iniciado. Treinta minutos para la incineración térmica.

Geneviève abrió uno de los refrigeradores.

—Necesitamos las muestras originales.

Evelyn señaló una caja metálica.

Camila la tomó.

Dentro había tubos marcados con los nombres de Lucía Reyes, Evelyn Vale, Arthur Whitmore y Sofía Reyes Whitmore.

También había una carpeta.

Camila la abrió.

La primera página era un acuerdo firmado por Nathaniel. Autorizaba el uso de material genético no declarado durante el tratamiento de fertilidad.

La segunda página contenía el nombre del médico.

Malcolm Voss.

La tercera era una póliza de seguro de quinientos millones de dólares sobre la vida de Sofía.

El beneficiario era Nathaniel Whitmore.

—No quiere llevársela a Suiza para tratarla —dijo Camila.

Evelyn negó lentamente.

—Quiere extraer las últimas muestras viables y después provocar una complicación médica.

Geneviève cerró el refrigerador.

—Si Sofía muere durante el procedimiento, Nathaniel conservará el control legal de las patentes y recibirá el seguro.

Camila tomó su teléfono.

No había señal.

—Necesitamos salir.

Evelyn apenas podía caminar.

Geneviève encontró una silla de ruedas y la colocó en ella.

Avanzaron hacia la puerta principal, pero se cerró antes de que pudieran alcanzarla.

Al otro lado del cristal apareció el doctor Voss.

Tenía un corte en la frente provocado durante la huida del hospital.

—Señora Reyes —dijo mediante el intercomunicador—. Está desarrollando la mala costumbre de entrar donde no ha sido invitada.

Camila levantó la carpeta.

—Tengo las pruebas.

—Tiene documentos que desaparecerán dentro de veintiocho minutos.

Voss miró a Geneviève.

—El señor Whitmore ordenó que usted también permaneciera dentro.

Geneviève no mostró sorpresa.

—Nathaniel siempre tuvo dificultades para compartir el poder.

—El avión despegará en cuarenta minutos —continuó Voss—. Para entonces, ninguna de ustedes podrá interferir.

Camila disparó contra el cristal.

La bala dejó una grieta, pero no lo atravesó.

Voss sonrió y se marchó.

—Debe existir otra salida —dijo Camila.

Evelyn señaló una rejilla junto al suelo.

—El conducto de las muestras. Conecta con la antigua capilla.

La abertura era demasiado pequeña para una persona adulta, pero quizá podrían introducir la caja de metal.

—Las pruebas no sirven si morimos aquí —dijo Geneviève.

Camila examinó el sistema de ventilación. Había trabajado brevemente en investigaciones relacionadas con laboratorios clandestinos. Los protocolos térmicos necesitaban grandes cantidades de oxígeno para elevar la temperatura.

Si conseguía bloquear las entradas y activar el sistema contra incendios, podía retrasar el proceso.

—Ayúdame a mover esa camilla.

Mientras trabajaban, Evelyn agarró la muñeca de Camila.

—Hay algo más.

—No tenemos tiempo.

—Nathaniel no eligió a Sofía únicamente por el marcador.

—¿Qué quieres decir?

—Arthur creó un fideicomiso antes de morir. Si algún descendiente suyo nacía con Delta-R, esa persona recibiría el control de las acciones médicas cuando cumpliera ocho años.

Camila miró el historial.

Sofía cumpliría ocho años en tres semanas.

—Por eso Nathaniel quiere matarla antes de su cumpleaños.

—Sí.

Geneviève escuchó la conversación.

—Nunca supe que Arthur había terminado el fideicomiso.

—Nathaniel sí —respondió Evelyn—. Por eso mató a su padre.

La cuenta regresiva marcó veinticinco minutos.

Camila introdujo la caja de muestras y la tarjeta de memoria dentro del conducto. Utilizó la correa de su bolso para empujarlas hacia la oscuridad.

—¿Quién las recogerá? —preguntó Geneviève.

—Alguien que todavía no sabe que está trabajando para nosotros.

Camila colocó su teléfono junto a la caja. Había programado una transmisión automática en cuanto el dispositivo recuperara la señal.

Después bloqueó las entradas de aire con mantas y activó manualmente las duchas de emergencia.

El agua comenzó a caer.

La temperatura continuó aumentando, pero más lentamente.

—Nos quedan quizá cuarenta minutos —dijo Evelyn.

Geneviève encontró una palanca detrás de una máquina.

—Esta puerta comunica con los túneles de servicio.

Las tres mujeres empujaron.

El mecanismo estaba oxidado.

Camila utilizó una barra metálica. Geneviève apoyó todo su peso. Evelyn, desde la silla, tiró de una cadena de emergencia.

La puerta cedió.

Detrás había un corredor oscuro.

Antes de entrar, Camila miró una cámara situada sobre el laboratorio.

—Nathaniel cree que ha ganado.

Geneviève tomó una linterna.

—¿Qué planeas hacer?

Camila pensó en Sofía camino al aeropuerto, en Rosa golpeada, en Evelyn encerrada y en su madre asesinada lentamente.

—No voy a perseguir su avión.

—Entonces ¿cómo salvarás a tu hija?

—Haré que el lugar al que quiere llevarla deje de ser seguro.

Cuando salieron al túnel, el teléfono atravesó finalmente el conducto y recuperó la señal.

La carpeta, las muestras y el vídeo de Rosa fueron enviados simultáneamente a Naomi, Leah, la doctora Shah y tres agencias federales.

En el aeropuerto privado, Nathaniel recibió una llamada.

El piloto le informó que agentes de aduanas acababan de bloquear la pista.

Nathaniel miró a Sofía, dormida por los medicamentos en el asiento del automóvil.

Después llamó al doctor Voss.

—Elimina el laboratorio inmediatamente.

—El protocolo ya está activo.

—¿Y mi madre?

—Continúa dentro.

Nathaniel observó la mansión a lo lejos.

—Entonces asegúrate de que nadie salga.

Colgó y ordenó al conductor cambiar de dirección.

En lugar de regresar a la casa, el automóvil tomó una carretera hacia las montañas.

Sofía abrió los ojos lentamente.

—¿Dónde está mi mamá?

Nathaniel se inclinó hacia ella.

—Tu madre va a desaparecer esta noche.

La niña no lloró.

Introdujo una mano dentro de su zapato y presionó el pequeño localizador que Camila le había enseñado a utilizar durante su último encuentro.

A kilómetros de distancia, el dispositivo de Priya Shah emitió una señal.

Sofía ya no se dirigía al aeropuerto.

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Nathaniel la llevaba hacia un lugar marcado en los archivos de Rosa con un único nombre:

PROYECTO EDÉN.

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