Chapter 12 - El Jardinero

Elias Voss parecía demasiado saludable para un hombre que debía tener más de ochenta años.
Su rostro tenía arrugas, pero su espalda permanecía recta. Sus ojos claros eran firmes y atentos. No mostraba el temblor ni la fragilidad de Arthur Whitmore.
Camila comprendió que aquello era resultado de Delta-R.
El hombre había utilizado la sangre de otras personas para prolongar su propia vida.
—Déjalas salir —dijo Camila.
Elias sonrió.
—Acabas de llegar.
—No he venido para hablar contigo.
—Has cruzado un océano para entrar en mi casa. Eso sugiere lo contrario.
Lucía se apartó de Camila y caminó hasta colocarse junto al anciano.
—Les dije que no trajeran a Sofía.
—Lo hiciste muy bien —respondió Elias.
Le apoyó una mano enguantada sobre el hombro.
Camila vio que la niña se tensaba.
No era afecto.
Era obediencia nacida del miedo.
—¿Qué le has hecho? —preguntó.
—La he educado.
—La convertiste en una prisionera.
—Lucía habla cuatro idiomas, comprende genética avanzada y toca el piano mejor que muchos adultos. No la compares con una niña criada frente a una televisión.
—Una jaula continúa siendo una jaula aunque tenga un piano.
Los guardias tomaron las armas de Leah y Evelyn. A Camila no le encontraron ninguna. Había dejado su pistola en la embarcación, pero llevaba una pequeña hoja escondida dentro de la bota.
Elias condujo al grupo por los corredores de la clínica.
En las habitaciones había pacientes ricos conectados a máquinas. Algunos parecían políticos y empresarios que Camila había visto en las noticias.
—Helix no se limita a experimentar con niños —dijo Elias—. También salva vidas que los hospitales normales consideran perdidas.
—A cambio de dinero y silencio.
—Toda medicina tiene un precio.
—Estas personas saben de dónde proceden sus tratamientos?
Elias no respondió.
Llegaron a una sala rodeada de cristal.
Dentro había dos camillas infantiles colocadas frente a frente.
Entre ambas se encontraba una máquina compuesta por tubos, agujas y cámaras de refrigeración.
—El procedimiento final —dijo Evelyn.
—La culminación de treinta años de investigación —corrigió Elias.
Camila se volvió hacia él.
—Matará a las niñas.
—No necesariamente a las dos.
Lucía bajó la mirada.
Camila comprendió que ya le habían explicado lo que ocurriría.
—¿Cuál de ellas debe morir?
Elias observó a la niña que estaba a su lado.
—La estabilidad celular requiere integrar las dos líneas embrionarias. Una proporcionará el tejido principal. La otra actuará como receptor.
—Son niñas, no líneas.
—Esa sensibilidad fue el error de tu madre.
Camila sintió que la rabia crecía.
—Tú ordenaste que la envenenaran.
—Lucía Reyes robó décadas de trabajo y pretendió entregarlo a gobiernos incapaces de comprenderlo.
—Por eso merecía morir?
—Merecía ser detenida.
Evelyn se acercó.
—Fuiste tú quien nos aseguró que los embriones serían destruidos.
—Dije lo necesario para continuar.
—Utilizaste a Camila cuando era una niña.
—Y sobrevivió.
Camila sacó la hoja de la bota y se lanzó hacia Elias.
Los guardias reaccionaron.
Uno le golpeó la muñeca. Otro la sujetó por detrás. La hoja cayó al suelo.
Lucía no se movió.
Elias recogió el cuchillo.
—La violencia siempre aparece cuando la razón se termina.
—No tienes derecho a hablar de razón.
—Tengo derecho porque construí el sistema que mantiene viva a tu hija.
—Sofía estaba sana hasta que Nathaniel comenzó a experimentar con ella.
—Sofía nació con una estructura inestable. Sin el procedimiento, Delta-R terminará atacando sus propios órganos.
Camila miró a Evelyn.
—¿Es cierto?
Evelyn dudó.
—Los análisis mostraron actividad irregular, pero no sabemos si es natural o causada por los medicamentos.
—Nathaniel aceleró la degradación para obligarnos a llegar hasta aquí —dijo Elias—. Fue impaciente.
Camila sintió que no podía respirar.
Incluso después de rescatar a Sofía, el peligro continuaba dentro de su cuerpo.
—¿Puedes curarla sin utilizar a Lucía?
—No.
—Entonces utiliza mi sangre.
—Tu generación es incompleta.
Elias señaló a Lucía.
—Ella posee la capacidad regenerativa más fuerte. Sofía tiene la estabilidad neurológica. Juntas representan el resultado que siempre buscamos.
—No te dejaré tocar a ninguna.
—La decisión no es tuya.
Leah dio un paso adelante.
—La tutela de Sofía todavía no ha sido reconocida.
Elias la miró con orgullo.
—Por eso te trajimos.
Camila se volvió hacia Leah.
—¿Todo esto formaba parte de tu plan?
La periodista no respondió.
Elias le entregó una tableta.
—Firma la aceptación de tutela. Después autorizaremos el procedimiento.
Leah tomó el dispositivo.
Evelyn negó con la cabeza.
—No lo hagas.
—Si no firmo, utilizarán otra autorización —respondió Leah.
—Entonces no les facilites el trabajo.
Elias hizo una señal.
Una pantalla mostró la habitación del hotel.
Hombres armados entraban por los corredores.
Naomi discutía con un agente suizo. Priya intentaba sacar a Sofía por una puerta lateral.
—Mi equipo llegará a la niña dentro de tres minutos —dijo Elias—. Puedes firmar y garantizar que ambas reciban anestesia adecuada, o puedes obligarme a trabajar con prisa.
Camila se abalanzó hacia la pantalla.
—Si la tocan…
—No puedes amenazarme desde dentro de mi propia instalación.
Leah acercó el dedo al panel.
Camila sintió que había sido traicionada.
Entonces la periodista giró la tableta y la golpeó contra el rostro del guardia más cercano.
Evelyn empujó a Lucía al suelo antes de que comenzaran los disparos.
Leah tomó el arma del hombre y disparó contra las luces.
La sala quedó a oscuras.
—¡Por aquí! —gritó.
Camila agarró a Lucía.
La niña intentó soltarse.
—Déjame.
—No voy a abandonarte.
—No sabes lo que soy.
—Eres una niña.
Camila corrió con ella hacia una puerta lateral.
Evelyn y Leah las siguieron.
Los disparos rompieron el cristal detrás de ellas.
Leah utilizó una tarjeta para abrir un ascensor.
—¿De dónde obtuviste acceso? —preguntó Camila.
—Helix me lo dio cuando creyó que trabajaba para ellos.
—¿Trabajas para ellos?
—No.
—Elias dijo que fuiste criada para esto.
Las puertas se cerraron.
Leah respiró con dificultad.
—La familia que me adoptó pertenecía a Helix. Me educaron para convertirme en la tutora del fideicomiso cuando llegara el momento.
—Entonces sabías quién eras.
—Sabía que debía obedecer a una organización llamada Fundación Vale. No descubrí la verdad hasta que Evelyn se puso en contacto conmigo.
Lucía observaba a Leah.
—Estás mintiendo.
—¿Sobre qué?
—Tú hablaste con el Jardinero ayer. Le dijiste que traerías a Sofía.
Camila levantó el arma robada hacia Leah.
—¿Es cierto?
Leah no lo negó.
—Necesitaba que Elias reuniera a las dos niñas para acceder a la sala central.
—Utilizaste a mi hija como cebo.
—El procedimiento no comenzará hasta dentro de cinco días.
Lucía negó lentamente.
—Lo adelantó.
Todos la miraron.
—¿Cuándo? —preguntó Camila.
—Esta noche.
El ascensor se detuvo.
Las puertas no se abrieron.
Una sustancia blanca comenzó a entrar por las rejillas de ventilación.
Lucía se cubrió la boca.
—Gas sedante.
Leah golpeó el panel.
—Ha bloqueado el ascensor.
Camila buscó una salida en el techo.
Evelyn comenzaba a perder el equilibrio.
—No podremos permanecer conscientes.
Lucía se arrodilló junto al panel inferior y retiró una pequeña placa. Debajo había cables de distintos colores.
—¿Qué haces? —preguntó Camila.
—Me enseñaron a reparar el sistema para que nunca pudiera decir que era inútil.
Unió dos cables.
Las puertas se abrieron entre dos pisos.
Camila ayudó a Evelyn a salir primero. Leah pasó después.
Cuando llegó el turno de Lucía, la niña miró hacia el corredor oscuro.
—Si voy contigo, Sofía morirá.
—No.
—El Jardinero dijo que solo una puede salir estable.
Camila sostuvo su rostro entre las manos.
—El Jardinero ha pasado toda tu vida enseñándote que el dolor es inevitable para que nunca intentes buscar otra opción.
—No existe otra.
—Entonces la encontraremos.
Lucía la miró por primera vez como una niña y no como un sujeto entrenado.
—¿Por qué?
—Porque nadie te buscó durante ocho años.
May you like
Camila la tomó en brazos.
—Pero yo te estoy buscando ahora.