Capítulo 6 - El camino hacia Edén

El túnel bajo la mansión Whitmore terminaba detrás de la antigua capilla familiar.
Camila empujó la puerta de hierro con el hombro y salió al jardín bajo una lluvia helada. Geneviève apareció detrás de ella, ayudando a Evelyn a mover la silla de ruedas sobre la tierra húmeda.
A pocos metros, el humo comenzaba a salir por las ventanas inferiores de la mansión.
El protocolo térmico ya estaba destruyendo el laboratorio.
—No tardará en extenderse al resto de la casa —dijo Geneviève.
Camila no miró hacia atrás.
Sacó el teléfono que llevaba en el bolsillo. La pantalla mostraba una señal intermitente procedente del localizador de Sofía.
El punto rojo avanzaba hacia el norte.
—Nathaniel no va al aeropuerto —dijo.
Evelyn respiraba con dificultad.
—Proyecto Edén está en las montañas de Blackridge.
—¿Qué es exactamente?
Geneviève respondió antes que ella.
—Una instalación de investigación construida por Arthur hace diecisiete años. Oficialmente es un centro botánico para estudiar plantas resistentes al frío.
—¿Y en realidad?
—El lugar donde Nathaniel trasladó los experimentos que ni siquiera se atrevía a mantener bajo la mansión.
Camila llamó a Naomi.
La abogada respondió después del segundo tono.
—Los archivos llegaron. Leah ya los entregó a la fiscalía federal. Tenemos órdenes de registro para la mansión, el hospital y el aeropuerto.
—Nathaniel cambió de ruta. Está llevando a Sofía a Blackridge.
—Envíame la ubicación.
Camila compartió la señal.
—Necesito agentes allí antes de que lleguemos.
—La instalación no aparece en los mapas oficiales.
—Busca Proyecto Edén, Fundación Green Horizon o cualquier propiedad vinculada a Arthur Whitmore.
Naomi comenzó a escribir.
—Camila, el sheriff Dalton ha emitido una alerta nacional contra ti. Afirma que secuestraste a Geneviève y a una paciente del hospital.
Geneviève soltó una risa amarga.
—Nathaniel siempre ha sido rápido para escribir su propia versión de la realidad.
—¿Puedes demostrar que estás con nosotras voluntariamente? —preguntó Naomi.
Geneviève tomó el teléfono.
—Naomi, soy Geneviève Whitmore. Mi hijo intentó encerrarme en un laboratorio para que muriera quemada. Estoy acompañando a Camila por decisión propia. Si algún agente intenta detenerla, tendrá que explicar por qué está protegiendo a un asesino.
Devolvió el teléfono.
Naomi guardó silencio un instante.
—Eso ayudará.
—No necesitamos ayuda —dijo Camila—. Necesitamos velocidad.
Cortó la llamada.
En el garaje de la capilla había un viejo vehículo todoterreno. Geneviève conocía el código de acceso.
Camila colocó a Evelyn en el asiento trasero y arrancó.
El punto rojo continuaba desplazándose.
La carretera abandonó los barrios residenciales y entró en una zona de bosques. La lluvia se convirtió en nieve. Los limpiaparabrisas apenas podían mantener despejado el cristal.
—¿Cuánto falta? —preguntó Camila.
Evelyn estudió la señal.
—Si Nathaniel utiliza la carretera principal, cuarenta minutos.
—Llegaremos después.
Geneviève señaló un desvío estrecho.
—Hay una ruta de servicio utilizada por los camiones de la fundación. Cruza la montaña y sale cerca del depósito sur.
—¿Está abierta?
—No en invierno.
Camila giró el volante.
El vehículo descendió por un camino cubierto de nieve. Las ruedas resbalaron varias veces cerca del barranco.
—Esto no es una carretera —dijo Evelyn.
—Es más rápida.
—También puede matarnos.
—Nathaniel planea matar a Sofía. Tendrá que competir con nosotros.
Geneviève observó a Camila desde el asiento del copiloto.
—Cuando te casaste con mi hijo, creí que serías fácil de controlar.
—Lo sé.
—Venías de una familia sin dinero. Habías abandonado el gobierno. Parecías desesperada por construir un hogar.
—Y tú confundiste el deseo de tener una familia con debilidad.
—Sí.
Camila la miró brevemente.
—¿Por qué intentaste ayudarme ahora?
Geneviève tardó en responder.
—Porque vi a Sofía limpiar la sangre de Evelyn y comprendí que estaba mirando a Nathaniel convertirse en algo peor que su padre.
—Tú le permitiste llegar hasta allí.
—También lo sé.
El teléfono de Camila vibró.
Priya Shah había enviado los resultados preliminares de las muestras.
Las muestras de Sofía muestran actividad celular inducida. Alguien ha estado administrándole un compuesto experimental de forma repetida. Existe riesgo inmediato de fallo orgánico si realizan otra extracción.
Camila apretó el volante.
—La han estado medicando.
Evelyn cerró los ojos.
—Por eso tenía moretones. Su sangre no coagulaba correctamente después de las pruebas.
—¿Puede sobrevivir a otro procedimiento?
—No lo sé.
Aquella respuesta convirtió el miedo de Camila en algo frío y preciso.
No podía permitirse pensar en Sofía como una niña indefensa.
Tenía que pensar en puertas, cámaras, rutas de evacuación y hombres armados.
El camino terminó frente a una verja cubierta de nieve. Un letrero oxidado decía:
GREEN HORIZON BOTANICAL RESEARCH
Geneviève utilizó una tarjeta de acceso. El sistema emitió una luz roja.
—Nathaniel eliminó mis permisos.
Camila descendió.
La verja tenía sensores eléctricos y cámaras orientadas hacia la carretera. A la izquierda había una caseta vacía. A la derecha, una pendiente protegida por una malla metálica.
—Los camiones necesitaban una entrada manual cuando fallaba el sistema —dijo Geneviève—. Debe haber una caja de control cerca del suelo.
Camila apartó la nieve con las manos.
Encontró una tapa de acero.
Dentro había tres cables principales.
—¿Cuál abre la verja?
—No lo sé.
—¿Cuál puede electrocutarme?
—Los tres.
Camila utilizó una barra aislada del vehículo. Desconectó primero el cable de alimentación y después unió los dos circuitos restantes.
La verja se abrió veinte centímetros antes de detenerse.
Fue suficiente para pasar a pie.
Ocultaron el vehículo entre los árboles. Evelyn no podía continuar en la silla sobre aquella pendiente, así que Geneviève y Camila la ayudaron a caminar.
A doscientos metros apareció el edificio.
No parecía un laboratorio.
Era una estructura de cristal rodeada de invernaderos iluminados. Bajo la nieve crecían árboles tropicales, flores rojas y plantas que Camila nunca había visto.
En el centro había una cúpula transparente.
—¿Por qué construir algo así en las montañas? —preguntó.
—Arthur creía que la reparación celular de las plantas podía ayudar a comprender Delta-R —respondió Evelyn—. Edén comenzó como un proyecto legítimo.
—Hasta que Nathaniel lo convirtió en otra cosa.
Se acercaron por el depósito sur.
Dos guardias vigilaban la entrada.
Geneviève tomó el brazo de Camila.
—Si atacas, activarán el bloqueo completo.
—Entonces entraremos hablando.
La matriarca salió de entre los árboles.
—Abrid la puerta.
Los guardias levantaron sus armas.
—Señora Whitmore, tenemos órdenes de detenerla.
—¿Órdenes de mi hijo?
—Del director de seguridad.
Geneviève avanzó.
—Yo firmo sus salarios.
—Ya no.
El hombre tocó su comunicador.
Camila apareció detrás y golpeó su muñeca antes de que pudiera alertar a nadie. Geneviève tomó el arma del segundo guardia y la apuntó con sorprendente firmeza.
—He pasado cuarenta años rodeada de hombres armados —dijo—. Algo tenía que aprender.
Los obligaron a entregar sus tarjetas y los encerraron en el depósito.
Dentro encontraron uniformes médicos, mascarillas y varias cajas con el símbolo Delta-R.
Camila se vistió como técnica. Geneviève se puso una bata de laboratorio. Evelyn permaneció oculta dentro de un carro de suministros.
Atravesaron el primer control sin problemas.
El interior de Edén estaba lleno de corredores blancos y paredes de cristal. Detrás de ellas crecían plantas dentro de cámaras selladas. Algunas tenían hojas parcialmente quemadas que parecían regenerarse bajo luces ultravioletas.
Llegaron a un ascensor.
La tarjeta del guardia permitía acceder a tres niveles.
El localizador de Sofía señalaba una posición treinta metros debajo de ellas.
Camila pulsó el nivel inferior.
El ascensor descendió.
Cuando las puertas se abrieron, encontraron un corredor diferente. No había plantas, sino habitaciones infantiles.
En una de ellas dormían cuatro niños.
En otra, una niña de unos diez años estaba sentada frente a una pantalla mientras una máquina extraía sangre de su brazo.
Camila se acercó al cristal.
—¿Quiénes son?
Evelyn miró desde el carro.
—Sujetos compatibles. Niños nacidos de familias vinculadas a los primeros estudios.
—¿Sus padres saben que están aquí?
Geneviève bajó la mirada.
—Algunos creen que sus hijos reciben tratamientos privados. Otros firmaron acuerdos sin comprenderlos.
Camila tomó fotografías.
La señal de Sofía continuaba avanzando hacia el centro del complejo.
Entonces se detuvo.
La pantalla mostró:
SEÑAL PERDIDA.
—Le han quitado el localizador —dijo Camila.
Los altavoces del corredor se encendieron.
La voz de Nathaniel llenó el nivel.
—Sabía que vendrías, Camila.
Las puertas se cerraron a ambos lados.
Luces rojas comenzaron a parpadear.
—Siempre fuiste previsible cuando se trataba de Sofía.
Camila miró las cámaras.
—Déjala ir.
—Baja al nivel cuatro. Ven sola y desarmada.
—¿Qué le estás haciendo?
—Estoy asegurando el futuro de nuestra familia.
—Ella nunca fue tu familia.
Hubo un breve silencio.
—Eso es lo único verdadero que has dicho desde que entraste.
En una pantalla apareció Sofía.
Estaba atada a una camilla dentro de una sala circular. Tenía sensores sobre el pecho y una vía conectada al brazo.
Sus ojos estaban abiertos.
—Mamá —susurró.
Camila se acercó a la pantalla.
—Estoy aquí, mi amor.
Nathaniel apareció detrás de la niña.
—Tienes diez minutos. Después comenzaremos sin ti.
La imagen desapareció.
Camila sacó el arma.
Geneviève le bloqueó el paso.
—Eso es exactamente lo que quiere. El nivel cuatro solo tiene una entrada.
—También tiene que tener ventilación, salidas médicas y conductos de energía.
Evelyn señaló un plano de emergencia en la pared.
—La sala circular está bajo la cúpula central. Hay un corredor de mantenimiento conectado a los invernaderos.
Camila estudió el mapa.
—Geneviève, libera a los niños y contacta con Naomi en cuanto recuperes señal.
—¿Y Evelyn?
—Viene conmigo.
Evelyn negó con la cabeza.
—No puedo correr.
—No necesito que corras. Necesito que sepas cómo detener la máquina.
Camila abrió el panel de mantenimiento utilizando la tarjeta del guardia.
Antes de entrar, Geneviève la sujetó.
—Nathaniel hará que elijas entre Sofía y las pruebas.
—Elegiré a Sofía.
—Entonces destruirá todo.
Camila la miró.
—Los documentos pueden copiarse. Mi hija no.
Se introdujo en el corredor oscuro junto a Evelyn.
Sobre ellas, las alarmas continuaban sonando.
En el nivel cuatro, Nathaniel observó el reloj.
Una mujer de cabello rubio y bata quirúrgica preparaba los instrumentos.
—¿Está segura de que la niña resistirá? —preguntó él.
La doctora Helena Ward examinó los resultados.
—No. Pero quizá obtengamos suficiente material antes de que su corazón falle.
Sofía escuchó cada palabra.
No lloró.
Movió lentamente los dedos y encontró bajo la camilla el cable del sensor que Nathaniel había utilizado para localizarla.
Su madre siempre le decía que, cuando tuviera miedo, debía observar primero y actuar después.
Sofía tiró del cable.
Una pequeña luz verde comenzó a parpadear debajo de su mano.
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La señal reapareció durante un segundo en el teléfono de Camila.
Suficiente para mostrarle el camino exacto.