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LA SANGRE SOBRE EL MÁRMOL / Chapter 10 / 15

Capítulo 10 - La sangre que habla

—Sofía no es material genético —dijo Camila—. Es mi hija.

La agente federal mantuvo las manos lejos de su arma.

—No estoy aquí para discutirlo. La orden exige protección temporal mientras un tribunal revisa los registros.

—El juez que firmó mi caso de custodia recibió dinero de los Whitmore.

Naomi examinó el documento.

—Esta orden no viene del condado. La firmó la jueza federal Margaret Sloan.

—¿También está comprada?

—No lo sé.

Sofía rodeó la cintura de Camila.

—No quiero ir con ellos.

La agente se agachó.

—Nadie quiere hacerte daño.

—Eso dicen todos antes de pincharme.

Los demás agentes intercambiaron miradas.

Camila levantó la voz.

—Esta niña acaba de escapar de un procedimiento ilegal. Tiene medicamentos experimentales en la sangre. Separarla de la única persona en quien confía puede ponerla en peligro médico.

Priya Shah entró acompañada por dos paramédicos.

—Estoy de acuerdo.

Mostró sus credenciales.

—Sofía necesita evaluación inmediata y estabilidad emocional. Como médica responsable de las muestras entregadas a la fiscalía, no recomiendo ningún traslado sin su madre.

La agente llamó a su superior.

Mientras esperaban, Geneviève se acercó a Camila.

—Leah no busca la custodia porque quiera criarla.

—Quiere controlar el fideicomiso.

—Si Arthur muere y Leah es reconocida como heredera de Evelyn, podría reclamar una parte de las patentes. Pero Sofía sigue siendo la beneficiaria principal.

—Entonces intenta controlar a la beneficiaria.

Geneviève asintió.

Camila miró a Evelyn.

—¿Tu hija haría algo así?

Evelyn estaba sentada mientras un médico vendaba su hombro.

—No conozco a Leah lo suficiente para responder.

—Es tu hija.

—Me la quitaron al nacer. Helix dijo que había muerto. Descubrí la verdad hace tres semanas.

—¿Quién la crió?

—Una familia vinculada a Helix.

Camila comprendió que Leah quizá no se había infiltrado en la organización.

Tal vez había sido formada por ella.

Arthur fue trasladado a una ambulancia aérea. Antes de salir, pidió hablar con Camila.

Ella entró en la unidad médica con Sofía.

El anciano llevaba una mascarilla de oxígeno.

—La pulsera —dijo.

Camila la mostró.

—¿Qué contiene realmente?

—Una clave biológica basada en mi ADN. Pero no reconoce a Sofía por su relación conmigo.

—Entonces ¿por qué?

—Porque reconoce Delta-R.

Arthur miró a la niña.

—El fideicomiso no pertenece a un apellido. Pertenece al primer descendiente estable del proyecto.

—Eso convierte a Sofía en propietaria de las patentes.

—Y de las obligaciones.

—¿Qué obligaciones?

—Los centros, los tratamientos, los sujetos y las deudas.

Camila comprendió la trampa.

—No heredará solamente dinero. Heredará Helix.

Arthur asintió.

—Lucía intentó modificar las condiciones antes de morir. No tuvo tiempo.

—¿Leah puede tomar el control?

—Solo como tutora hasta que Sofía cumpla veintiún años.

—Por eso quiere separarla de mí.

—Sí.

Camila apretó la pulsera.

—¿Cómo destruyo el fideicomiso?

Arthur pareció sorprendido.

—Nadie había preguntado eso.

—Dime cómo.

—Necesitas la aprobación de tres fundadores genéticos: un representante de mi línea, uno de Evelyn y uno de Lucía.

—Tú, Evelyn y yo.

—No exactamente.

Arthur respiró con dificultad.

—Yo no soy el representante válido de mi línea.

Camila frunció el ceño.

—Eres Arthur Whitmore.

—Pero Delta-R no utilizó mi sangre.

Evelyn, que había entrado detrás de ellas, se quedó inmóvil.

—Los registros dicen que la línea masculina era tuya.

—Los registros fueron modificados.

Camila recordó los informes de paternidad manipulados, los códigos falsos y la obsesión de Nathaniel por conservar el control.

—¿De quién era el material?

Arthur miró hacia la puerta, donde Nathaniel era trasladado en una camilla bajo custodia.

—Del padre biológico de Nathaniel.

El silencio cayó dentro de la ambulancia.

Geneviève apareció en la entrada.

—Arthur, no.

Camila la miró.

—¿Nathaniel no es hijo de Arthur?

La matriarca cerró los ojos.

Arthur respondió:

—No.

Nathaniel había dejado de forcejear en el corredor. Estaba escuchando.

—Mientes —dijo.

Arthur sostuvo la mirada del hombre que todos consideraban su hijo.

—Tu madre estaba embarazada antes de casarse conmigo.

Nathaniel miró a Geneviève.

—¿Quién era?

Geneviève no respondió.

—¡Dímelo!

—El doctor Elias Voss.

Camila pensó en Malcolm Voss.

—¿El padre del psiquiatra?

Geneviève asintió lentamente.

—Elias dirigía los primeros estudios de Helix. Era el padre de Malcolm y también el tuyo.

Nathaniel parecía incapaz de respirar.

—Entonces Malcolm es mi hermano.

—Medio hermano —dijo Arthur.

Camila comprendió por qué Malcolm había protegido a Nathaniel durante tantos años. No era solamente un empleado.

Era familia.

—¿Dónde está Elias Voss? —preguntó.

Arthur miró hacia las montañas.

—Oficialmente murió hace treinta años.

—Nadie en esta historia parece permanecer muerto.

Arthur cerró los ojos.

—Elias continúa dirigiendo Helix.

Una explosión resonó en la superficie.

Todos se agacharon.

Uno de los invernaderos se convirtió en una bola de fuego.

Los agentes comenzaron a gritar órdenes.

Tres helicópteros sin identificación aparecieron sobre la instalación. Hombres vestidos de negro descendieron mediante cuerdas.

Helix había llegado para recuperar sus archivos.

La agente federal empujó a Camila hacia la ambulancia.

—¡Tenemos que evacuar!

Camila tomó a Sofía.

Geneviève corrió hacia Nathaniel, cuya camilla había quedado expuesta.

Un hombre de negro disparó.

La bala alcanzó a uno de los agentes.

Naomi se protegió detrás de un vehículo.

Priya llevaba las muestras originales dentro de una caja refrigerada. Dos atacantes avanzaban hacia ella.

Camila entregó a Sofía a Evelyn.

—No la sueltes.

—¿Adónde vas?

—A buscar las pruebas.

Camila corrió hacia Priya. Recogió el arma del agente herido y disparó contra una tubería de vapor. La nube blanca bloqueó la visión de los atacantes.

Priya llegó hasta la ambulancia.

Leah apareció conduciendo un vehículo negro.

—¡Subid!

Camila apuntó hacia ella.

—Fuiste tú quien presentó la orden.

—Para sacar a Sofía antes de que Helix atacara.

—Intentaste separarla de mí.

—Sabía que nunca aceptarías protección.

—Porque vuestra idea de protección siempre empieza con una mentira.

Otro helicóptero descendió.

Leah abrió la puerta.

—Puedes odiarme cuando estemos vivas.

Camila miró a Sofía.

No tenía tiempo para decidir si Leah era aliada o enemiga.

Subieron al vehículo con Evelyn, Priya y Naomi.

Geneviève intentó llevar a Nathaniel, pero él empujó su camilla y cayó al suelo.

—Déjame —dijo—. Helix no me matará.

—Ya no eres útil para ellos.

—Malcolm no permitirá que me hagan daño.

Una figura apareció entre el humo.

El doctor Malcolm Voss.

No llevaba bata médica. Vestía un abrigo negro y sostenía un arma.

Nathaniel sonrió con alivio.

—Hermano.

Malcolm se detuvo frente a él.

—Nunca debiste llevar a la niña a Edén.

—Necesitábamos las muestras.

—Necesitábamos que permanecieras obediente.

Nathaniel comprendió demasiado tarde.

Malcolm disparó.

Geneviève gritó.

La bala alcanzó a Nathaniel en el pecho.

Malcolm tomó una tarjeta de acceso de su cuello y regresó hacia el helicóptero.

Geneviève cayó de rodillas junto a su hijo.

Camila quiso salir del vehículo, pero Leah aceleró.

—No podemos detenernos.

—Geneviève continúa allí.

—Eligió quedarse.

A través de la ventanilla, Camila vio a la matriarca presionando la herida de Nathaniel mientras agentes y hombres de Helix luchaban alrededor de ellos.

La instalación desapareció detrás del humo.

Sofía estaba abrazada a Evelyn.

—¿Papá ha muerto?

Camila no sabía qué responder.

Nathaniel había sido su enemigo, su captor y el hombre que planeó utilizarla hasta matarla.

Pero también era la única persona a quien Sofía había llamado padre.

—Está herido —dijo—. Los médicos intentarán ayudarlo.

Leah condujo hacia una carretera forestal.

Naomi observó su teléfono.

—Los fiscales han recibido parte de los archivos, pero los servidores de Edén se están borrando.

Priya levantó la caja de muestras.

—Esto sobrevivió.

—¿Es suficiente para demostrarlo todo? —preguntó Camila.

—Suficiente para demostrar que Sofía fue utilizada en un experimento y que Whitmore manipuló su nacimiento.

Evelyn añadió:

—Pero no será suficiente para encontrar las demás instalaciones.

Camila miró a Leah.

—Tú sabes dónde están.

—Conozco algunas.

—¿Y Elias Voss?

—Nunca lo he visto.

—Arthur dice que sigue dirigiendo Helix.

Leah guardó silencio.

—Lo sabías —dijo Camila.

—Sabía que existía un fundador al que llamaban el Jardinero.

—¿Dónde está?

—Nadie lo sabe.

Sofía levantó la cabeza.

—Yo lo vi.

Todos la miraron.

—¿Cuándo? —preguntó Camila.

—En la casa de la abuela.

—¿A Elias?

—No sé su nombre. Era un señor viejo con guantes blancos. Papá lo llamaba abuelo.

Camila sintió un escalofrío.

—¿Qué te dijo?

Sofía pensó durante unos segundos.

—Dijo que yo no era la última niña.

—¿Qué más?

—Dijo que pronto conocería a mi hermana.

Priya abrió la caja de muestras.

Debajo de los tubos había una carpeta que ninguna de ellas había colocado allí.

En la portada aparecía el símbolo de Helix.

Leah detuvo el vehículo.

Camila abrió el archivo.

Contenía dos historiales infantiles.

El primero pertenecía a Sofía Reyes Whitmore.

El segundo llevaba una fotografía de una niña de aproximadamente la misma edad. Tenía cabello oscuro, ojos grises y una cicatriz pequeña sobre la ceja.

Nombre del sujeto:

LUCÍA EDEN VOSS

Relación genética:

Gemela embrionaria de Sofía Reyes Whitmore.

Camila leyó el informe sin comprender.

—Yo solo di a luz a una niña.

Evelyn tomó los documentos.

Su rostro palideció.

—La clínica dividió el embrión antes de implantarte a Sofía.

—¿Dónde está la otra niña?

Leah señaló la última página.

Había una dirección en Suiza.

Debajo aparecía una fecha programada para dentro de cinco días.

PROCEDIMIENTO FINAL DE TRANSFERENCIA DELTA-R.

Camila sostuvo a Sofía con más fuerza.

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Había recuperado a su hija.

Pero en algún lugar al otro lado del océano, otra niña creada a partir de su cuerpo llevaba ocho años esperando que alguien descubriera que existía.

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