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La Mujer que Intentaron Borrar / Chapter 14 / 15

Chapter 14 - La última reunión

Elena subió a la ambulancia con Gabriel.

No confió en los paramédicos hasta que Daniel verificó sus identidades. La nota de Samuel era un engaño: no controlaba aquel vehículo, pero quería obligarla a regresar a la mansión.

Gabriel fue operado de urgencia. La bala no había alcanzado ningún órgano vital. Cuando el médico confirmó que sobreviviría, Elena permitió que sus piernas temblaran por primera vez.

Camila permaneció junto a ella.

—Samuel estará en la mansión —dijo—. Allí comenzó su control sobre la familia y allí quiere terminarlo.

—También es el lugar que mejor conoce.

Adrián llegó acompañado por agentes federales. Habían encontrado un túnel conectado con la puerta lateral del auditorio, pero Samuel llevaba una hora de ventaja.

Eleanor había sido detenida. Al principio negó saber dónde estaba su marido. Después pidió hablar con Elena.

La conversación ocurrió en una sala vigilada.

Eleanor parecía más vieja sin la seguridad de su imagen pública.

—Samuel no huirá sin el dinero —dijo—. La llave del reloj permite transferirlo, pero necesita una segunda autorización.

—La tuya.

Eleanor asintió.

—Me prometió que escaparíamos juntos. Cuando comenzaron los arrestos, dejó de responder.

—¿Por qué debería creerte?

—Porque conozco a mi marido. Si no puede obtener mi autorización, utilizará la de nuestra hija.

Elena no sabía que tenían una hija.

Se llamaba Natalie Price y trabajaba como asesora jurídica en Londres. Su nombre no aparecía en North Crown, pero había recibido acciones mediante un fideicomiso.

—Samuel la ha traído a Boston —continuó Eleanor—. Está retenida en la mansión.

Elena observó a la mujer que había participado en el encierro de Lucía.

—Durante años viste a otra madre sufrir y no hiciste nada. Ahora esperas que yo salve a tu hija.

Eleanor bajó la mirada.

—Sí.

Elena pensó en Camila, en Lucía y en Gabriel. Pensó en todas las personas que habían permitido una injusticia porque la víctima todavía no era alguien a quien amaban.

—La salvaré —dijo—. No por ti.

A las once y cuarenta, la mansión Marlowe quedó rodeada. Samuel había desactivado las cámaras y bloqueado la mayoría de las entradas. Amenazó con matar a Natalie si veía agentes.

Elena aceptó entrar sola con el reloj.

Llevaba la llave numérica en la memoria y un transmisor oculto dentro del anillo. Esta vez Daniel había diseñado un sistema que no dependía de la red de la propiedad.

Samuel la esperaba en el vestíbulo.

El mismo lugar donde Gabriel y Camila habían sonreído cuando Elena regresó con el primer sobre.

Natalie estaba atada a una silla bajo la lámpara de cristal. Tenía una herida en la ceja, pero estaba consciente.

—Llegas puntual —dijo Samuel.

—Libérala.

—Cuando termine la transferencia.

Sobre la mesa había un ordenador conectado a varias cuentas internacionales. Samuel colocó el reloj junto al teclado.

—Introduce la clave.

Elena se acercó.

—Víctor confiaba en ti.

—Víctor confiaba en cualquiera que mantuviera limpias sus manos mientras yo hacía el trabajo sucio.

—Y al final intentó confesarse.

—Al final se volvió débil.

Elena introdujo la primera parte del código.

La pantalla solicitó una segunda autorización.

—Necesitas a Eleanor —dijo.

Samuel sonrió.

—No. Necesito a su heredera.

Acercó el ordenador a Natalie y colocó su dedo sobre el lector biométrico. La joven se resistió.

—Mi padre me dijo que era un fondo familiar —dijo ella—. Nunca supe de dónde venía el dinero.

—Todos decís lo mismo —respondió Elena—. La diferencia estará en lo que hagas ahora.

Samuel presionó el arma contra Natalie.

—Autoriza.

Ella miró a Elena.

—¿Qué ocurrirá si lo hago?

—Samuel vaciará el fondo y destruirá la última posibilidad de compensar a las víctimas.

—¿Y si no lo hago?

Samuel retiró el seguro del arma.

Elena levantó el reloj.

—La clave que introduje no inicia una transferencia. Activa el protocolo de bloqueo diseñado por Víctor.

La pantalla cambió.

“FONDOS CONGELADOS. AUTORIDADES NOTIFICADAS.”

Samuel golpeó el ordenador.

—¡Mientes!

—Tu problema siempre fue creer que el dinero te pertenecía porque sabías moverlo.

Él apuntó hacia Elena.

Natalie lanzó la silla contra sus piernas. El disparo alcanzó el techo. Elena se apartó mientras Samuel caía contra la mesa.

Gabriel apareció en la entrada.

Llevaba el costado vendado y se apoyaba en Camila.

—Te dije que debías permanecer en el hospital —gritó Elena.

—Nunca he sido bueno siguiendo instrucciones.

La distracción permitió que Natalie rodara lejos. Adrián entró por la puerta lateral con dos agentes.

Samuel agarró el reloj y corrió hacia la escalera. Elena fue tras él. Subieron hasta el estudio de Víctor.

El abogado abrió la caja fuerte y arrojó dentro varios documentos antes de prenderles fuego.

—¡Todo lo que tienes depende de papeles! —gritó—. Sin ellos, solo eres una viuda contando historias.

Elena tomó el extintor y apagó las llamas.

—No. Tengo testigos.

Samuel intentó escapar por el balcón, pero Gabriel bloqueó la puerta. Adrián apareció detrás de él.

Por primera vez, Samuel no tenía una salida secreta.

Los agentes le ordenaron arrodillarse.

Él miró a Elena.

—Víctor era igual que yo. Si destruyes mi nombre, destruirás el suyo.

Elena sostuvo su mirada.

—Eso no es una amenaza. Es exactamente lo que he venido a hacer.

Samuel fue esposado en el mismo vestíbulo donde había ayudado a expulsarla seis meses antes.

Cuando las patrullas abandonaron la propiedad, el amanecer comenzaba a iluminar las ventanas.

Gabriel se sentó en los escalones.

—¿La casa vuelve a ser nuestra?

Elena contempló las paredes, los retratos y la lámpara bajo la que tantas mentiras habían sido pronunciadas.

—No —respondió—. Nunca volverá a ser lo que era.

Sacó del bolso un documento preparado aquella misma tarde.

Era la transferencia irrevocable de la mansión a una nueva fundación.

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El edificio dejaría de ser la residencia privada de los Marlowe.

A partir de aquel día, tendría otro propósito.

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