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Capítulo 8 - La muerte de Claire Blackwood

Durante seis años, Mason había creído conocer la última hora de la vida de Claire.

Un camión había invadido su carril en una carretera mojada. El automóvil de Claire chocó contra una barrera y cayó por un terraplén. Cuando los paramédicos llegaron, ella ya no tenía pulso. El informe oficial hablaba de traumatismo interno y pérdida de sangre.

Lucia contó otra historia.

—Claire me llamó esa noche —dijo desde la cama del hospital—. Había descubierto transferencias vinculadas a Julian y quería entregar documentos a una fiscal. Me pidió que condujera detrás de ella porque temía que alguien la siguiera.

Noah sostenía la mano de su madre. Emily estaba junto a él. Mason permanecía de pie, incapaz de sentarse.

—¿Viste el choque? —preguntó.

—Vi un SUV negro golpear el costado del coche. Claire salió de la carretera, pero el vehículo no se incendió. Bajé para ayudarla. Estaba herida, aunque consciente. Me dijo: “Protege a los niños”.

Lucia respiró con dificultad.

—Entonces apareció una mujer con uniforme de paramédico. Dijo que había visto el accidente y ordenó que me apartara. Le administró una inyección. Claire comenzó a convulsionar. Cuando intenté detenerla, Victor me golpeó y me arrastró hasta el SUV.

—¿Por qué no te mataron también? —preguntó Dana.

—Porque sabían que yo había ocultado copias de los documentos. Me mantuvieron viva para encontrarlas.

—¿Y el informe forense?

—Comprado. El médico que lo firmó recibió dinero de una empresa de Julian.

Mason apoyó ambas manos sobre la pared.

—Yo identifiqué su cuerpo.

—La inyección no cambió su rostro —respondió Lucia con suavidad—. Solo detuvo su corazón.

Emily comenzó a llorar en silencio.

—¿Mi mamá sabía lo que me estaban haciendo?

—Descubrió que tus resultados de nacimiento habían sido alterados. Después del accidente que sufriste a los seis años, Warren dijo que la enfermedad genética se había activado. Claire no le creyó. Estaba a punto de llevarte a Boston para una segunda evaluación cuando la mataron.

Mason recordó aquella discusión. Claire había insistido en viajar. Julian lo convenció de que era innecesario y costoso para la niña. Mason había cancelado la cita desde un aeropuerto mientras cerraba la compra de tres hoteles.

—Pude haberla escuchado —dijo.

—Sí —respondió Lucia—. Pero no la mataste tú.

—Permití que quienes lo hicieron permanecieran a nuestro lado.

Noah observó el dolor de Mason, pero no se acercó.

Dana pidió detalles sobre la mujer sin nombre.

—¿Cómo logró infiltrarse durante tantos años?

—Ella no trabaja para Julian —dijo Lucia—. Julian trabaja para ella cuando le conviene. Se especializa en convertir familias ricas en estructuras fáciles de controlar. Crea enfermedades, escándalos, divorcios, herederos incapaces. Después mueve activos a través de empresas médicas y fideicomisos.

—¿Un fraude organizado? —preguntó Rachel.

—Mucho más grande. Blackwood es solo una familia entre varias.

Dana abrió su portátil.

—Necesitamos identificarla antes de que vuelva a acercarse.

Emily se secó las lágrimas.

—La enfermera falsa me habló muy cerca. Olía a flores de naranjo.

Lucia abrió los ojos.

—Siempre usa ese perfume.

Mason llamó a Owen.

—Revisa a todas las mujeres que hayan entrado en la mansión, el hospital, la oficina y la fundación durante los últimos seis años. Busca conexiones, identidades duplicadas y cualquier registro de perfume de azahar en objetos personales.

—Eso puede llevar días.

—Hazlo en horas.

Owen guardó silencio.

—Hay algo más. La junta se reúne mañana. Julian solicitará suspenderlo como director ejecutivo por conducta temeraria.

—Que lo haga.

—Si pierde el control de la compañía, perderá acceso a Blackwood Health y a sus registros.

Dana levantó la vista.

—Eso puede ser precisamente lo que quieren. Una vez dentro, eliminarán pruebas.

Mason miró a Lucia.

—¿Qué necesitaba Julian durante dieciocho meses?

—Emily cumplirá doce años dentro de dieciocho meses. El fideicomiso de Claire transfiere entonces el treinta y cinco por ciento de las acciones a un custodio elegido por una evaluación médica independiente. Si Emily es declarada cognitivamente capaz, podrá rechazar al custodio designado por Julian.

—Pero Emily nunca tuvo problemas cognitivos —dijo Mason.

—Aún no —respondió Lucia.

El significado fue inmediato. La siguiente etapa del plan no consistía solo en mantenerla en una silla. Querían dañar su mente antes de la evaluación.

Rachel tomó la jeringa encontrada en la silla.

—Si contiene lo que sospecho, una dosis grande podría causar hipoxia y secuelas cerebrales permanentes.

Emily palideció.

Noah apretó su mano.

—No dejaré que te ocurra.

—No puedes estar conmigo cada segundo.

—Entonces encontraremos a la mujer antes.

La junta directiva se reunió al día siguiente en la torre Blackwood. Mason asistió por videoconferencia desde Milwaukee para no abandonar a Lucia y a los niños. Julian apareció en una pantalla enorme, rodeado por once directores.

—Mi hermano ha demostrado una incapacidad creciente para separar los asuntos personales de la gestión corporativa —comenzó—. Ha utilizado seguridad de la empresa en operaciones policiales, ha acusado públicamente a empleados sin juicio y ha permitido que información confidencial llegue a menores.

Mason no intentó defender su reputación.

—Blackwood Health administró un compuesto no autorizado a mi hija durante años. Quiero auditoría inmediata de todas sus clínicas y subsidiarias.

Varios directores comenzaron a murmurar.

Julian sonrió.

—La medicación fue aprobada por médicos. La acusación procede de una enfermera mentalmente inestable y de un niño que afirma ser tu hijo.

—La prueba genética confirma que Noah es mi hijo.

El silencio fue absoluto.

Julian no parecía sorprendido.

Mason lo notó.

—Ya lo sabías.

—Claire me lo contó hace años —respondió Julian—. Me pidió que protegiera el secreto para evitar un escándalo.

—Y cuando Lucia intentó revelar la verdad, la secuestraste.

—Eso es difamación.

Mason reprodujo un fragmento del video de Claire donde mencionaba las transferencias. Julian lo observó sin emoción.

—Una mujer traumatizada haciendo acusaciones antes de un accidente no constituye prueba contable.

La votación comenzó. Seis directores apoyaron suspender a Mason. Cinco votaron en contra. Faltaba una persona: Eleanor Price, presidenta de la fundación y amiga de Claire.

Eleanor apareció tarde en la videollamada. Era una mujer de sesenta años con cabello blanco recogido.

—Mi voto decide el resultado —dijo.

—Eleanor —pidió Mason—, Claire confiaba en ti.

—También confiaba en Julian durante muchos años.

La mujer levantó una mano y votó a favor de la suspensión.

Julian fue nombrado director ejecutivo interino.

Mason perdió el acceso a los servidores, cuentas y edificios de la compañía en cuestión de minutos.

Antes de cerrar la llamada, Eleanor miró directamente a la cámara.

—Lo siento, Mason. Algunas familias solo pueden salvarse cuando se corta la rama enferma.

La pantalla se apagó.

Noah, que había escuchado desde la puerta, frunció el ceño.

—Esa frase.

—¿Qué pasa con ella? —preguntó Dana.

—Mi mamá tenía un libro sobre árboles. Había una nota dentro: “La mujer sin nombre dice que las familias son árboles. Para controlarlas, corta la rama correcta”.

Mason recordó el aspecto de Eleanor durante las galas: vestidos clásicos, guantes finos, perfume discreto. Siempre llevaba el cabello cubriendo la parte posterior de sus orejas.

Dana buscó fotografías antiguas.

En una imagen de hacía cuatro años, Eleanor levantaba una copa. En su mano derecha brillaba un anillo con una piedra verde.

—Es ella —susurró Noah.

Lucia observó la foto y comenzó a temblar.

—No. Ese es uno de sus rostros.

—¿Estás segura?

—La mujer que mató a Claire parecía veinte años más joven.

Dana amplió una fotografía reciente. Detrás de la oreja derecha de Eleanor se veía una pequeña marca en forma de media luna.

Rachel habló primero.

—Cirugía reconstructiva. Maquillaje, pelucas, documentos nuevos. Puede haber utilizado identidades de distintas edades.

Mason llamó a Owen.

—Encuentra a Eleanor Price.

Owen tardó varios segundos en responder.

—Señor… Eleanor está en su mansión.

—¿Qué?

—Llegó hace una hora. Dijo que venía a recoger documentos de la fundación. Celeste la dejó entrar.

Mason sintió un frío profundo.

—¿Dónde está Celeste ahora?

—No la encuentro.

En Chicago, una cámara de seguridad mostró a Eleanor entrando en el antiguo cuarto de Emily. Cerró la puerta, retiró un cuadro y abrió una caja oculta.

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Dentro había un pasaporte con la fotografía de Celeste y un nombre diferente:

“Rebecca Hart”.

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