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Capítulo 7 - El hombre de la cicatriz blanca

El disparo resonó dentro del túnel.

Mason sintió el aire de la bala junto a su rostro antes de que Dana empujara al agente contra la pared. El arma cayó, pero el hombre la golpeó con el codo y sacó un cuchillo de su chaleco.

Uno de los detectives intentó intervenir. El falso agente le disparó en la pierna, tomó a Lucia por el cabello y la utilizó como escudo.

—Nadie se mueve —ordenó.

El pitido de la bomba continuaba detrás de ellos.

—¿Quién eres? —preguntó Mason.

El hombre sonrió.

—Alguien a quien tu hermano paga mejor de lo que tú pagas a tus empleados.

Lucia temblaba, pero su voz fue firme.

—Se llama Victor Hale. Estuvo en el coche que sacó a Claire de la carretera.

Mason sintió que la rabia le quemaba el pecho.

—¿Mataste a mi esposa?

—Yo solo conducía.

—¿Quién dio la orden?

Victor apretó el cuchillo contra el cuello de Lucia.

—Haz otra pregunta y ella no sale de aquí.

Dana levantó lentamente las manos.

—La bomba explotará también contigo.

—No es una bomba. Es un temporizador conectado a los depósitos de combustible del edificio. Tengo una salida privada.

—Entonces no necesitas un rehén.

—Necesito asegurarme de que nadie me siga.

Mason observó el túnel. A la derecha había una tubería de vapor. A la izquierda, una palanca oxidada. Recordó las visitas infantiles al depósito cuando su padre aún controlaba la línea ferroviaria. Aquella palanca liberaba presión para descongelar vías.

—Déjala ir —dijo—. Tómame a mí.

Victor rio.

—Tú vales más muerto que secuestrado.

—Pero Julian no quiere que muera todavía. Si fuera así, ya lo habría hecho.

La sonrisa de Victor desapareció.

Mason había acertado.

—Necesita que parezca inestable —continuó—. Un padre desesperado que incendia su casa, asalta una clínica y muere durante una operación ilegal. Si me matas aquí, todos revisarán tus conexiones. Si me llevas, puedes obligarme a firmar lo que Julian quiera.

Victor dudó un segundo.

Mason utilizó ese instante para tirar de la palanca.

Una nube de vapor hirviendo salió de la tubería. Victor gritó y soltó a Lucia. Dana lo derribó mientras el detective herido recuperaba el arma. Mason tomó a Lucia y corrió.

El grupo alcanzó el exterior segundos antes de que una explosión sacudiera el depósito. Las ventanas estallaron. Una columna de fuego iluminó las vías abandonadas.

Victor fue esposado con quemaduras en el brazo. Antes de subirlo a la ambulancia, miró a Mason.

—Tu hermano no es el peor de ellos.

—¿Quién lo es?

Victor sonrió pese al dolor.

—La mujer sin nombre ya duerme bajo tu techo.

Lucia fue trasladada a un hospital en Milwaukee. Los médicos encontraron rastros de sedantes, deshidratación y varias fracturas antiguas. Noah llegó dos horas después acompañado por Emily, Rachel y una escolta policial.

Cuando vio a su madre a través del cristal, se quedó inmóvil.

Lucia estaba despierta. Al reconocerlo, se cubrió la boca y comenzó a llorar.

Noah entró lentamente.

—Tardaste mucho —dijo.

Lucia extendió los brazos.

—Lo sé.

Él intentó mantener la rabia, pero solo duró un segundo. Corrió hacia ella y se abrazaron con tanta fuerza que una enfermera tuvo que recordarles las vías intravenosas.

—Nunca me fui porque quisiera —susurró Lucia—. Cada día pensé en ti.

—Yo también pensé en ti. A veces estaba enfadado. Después me sentía culpable por estar enfadado.

—Tenías derecho a las dos cosas.

Mason observaba desde la puerta. Lucia lo vio y su rostro cambió.

—Tú.

—Claire dejó una grabación.

—Entonces ya sabes.

Noah se separó de su madre.

—Me lo dijo.

Lucia miró a Mason con furia.

—¿Cuándo?

—Anoche.

—¿De esa manera? ¿Mientras yo seguía desaparecida y él estaba asustado?

—Cometí un error.

—Has cometido muchos.

—Lo sé.

Lucia tomó la mano de Noah.

—No tienes que aceptar nada de él.

—No estoy pidiendo eso —dijo Mason.

—Siempre estás pidiendo algo, aunque no lo digas. Perdón, obediencia, una oportunidad para sentirte mejor.

Mason bajó la mirada.

Emily entró en su silla de ruedas.

—Señora Reyes, soy Emily.

Lucia la observó y su expresión se suavizó.

—Tienes los ojos de Claire.

—Noah me salvó.

—Eso hace él. Intenta salvar a todos aunque nadie se lo pida.

Noah se sonrojó.

Emily acercó su silla a la cama.

—¿Sabe quién me enfermó?

Lucia miró a los adultos.

—Sé parte de la historia. Julian financió el compuesto. Warren lo administró. Celeste controlaba las dosis. Pero había otra persona que supervisaba todo.

—¿La mujer sin nombre? —preguntó Dana.

Lucia asintió.

—Nunca supe su identidad real. La conocí como Evelyn Hart cuando trabajaba en St. Agnes. Después apareció como asesora de seguros llamada Grace Miller. Cambiaba de cabello, acento y documentos. Siempre llevaba un anillo con una esmeralda.

Mason pensó en todas las mujeres de su entorno. Empleadas, abogadas, enfermeras, asistentes.

—Victor dijo que duerme bajo mi techo.

—Entonces está cerca de Emily.

Emily se puso pálida.

—¿Podría ser alguien del personal?

Owen llamó desde Chicago. Había revisado a todas las personas de la mansión y del hospital. Ninguna llevaba un anillo verde.

—Los anillos pueden quitarse —dijo Dana.

Lucia cerró los ojos, agotada.

—No es solo el anillo. Tiene una cicatriz pequeña detrás de la oreja derecha, como una media luna.

Emily miró a Rachel, luego a las enfermeras. Nadie mostraba esa parte de la piel.

Mason pensó en Celeste. Siempre llevaba el cabello recogido durante las galas, y nunca había visto una cicatriz. Además, Lucia la conocía por su nombre.

—Celeste no es la mujer sin nombre —dijo.

—No —respondió Lucia—. Celeste es ambiciosa, pero también está aterrada. La otra mujer la controla.

—¿Cómo?

—A través de algo que ocurrió antes de que Celeste te conociera.

Una alarma sonó en el pasillo. Owen volvió a llamar.

—Tenemos un problema. Alguien intentó entrar en la habitación de Emily en Chicago utilizando una identificación médica falsa. Cuando seguridad la detuvo, escapó por la escalera.

—¿Descripción?

—Mujer, unos cuarenta años, cabello rubio corto.

Rachel frunció el ceño.

—Una enfermera nueva llegó esta mañana al piso de rehabilitación. Se presentó como Karen Doyle.

Dana buscó el nombre. No existía ninguna enfermera registrada con esa identidad.

Emily recordó algo.

—Me ajustó la manta antes de salir hacia aquí. Dijo que tenía suerte de contar con un hermano tan valiente.

Noah miró su silla.

—¿Tocó algo más?

Emily palideció.

—Mi bolso de medicamentos.

Rachel abrió el compartimento lateral de la silla. Dentro había una jeringa precargada que nadie del equipo había colocado.

El líquido era transparente.

Mason llamó al laboratorio.

Lucia observó la jeringa y comenzó a temblar.

—La vi utilizar algo igual con Claire.

—Claire murió en un accidente —dijo Emily.

Lucia negó.

—El accidente no la mató. Sobrevivió al impacto. La mujer sin nombre llegó antes que la ambulancia y le inyectó algo en el cuello.

Mason sintió que el mundo volvía a romperse.

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—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo estaba en el coche detrás de ella.

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