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LA MANO QUE NADIE DEBÍA TOCAR / Chapter 13 / 20

Capítulo 13 - El campamento donde nadie era niño

El campamento North Star aparecía en los folletos antiguos como un paraíso junto al lago: cabañas de madera, canoas rojas, fogatas y niños sonriendo bajo un cielo azul. En invierno, sin embargo, era un conjunto de edificios abandonados rodeados por pinos y nieve.

Mason, Noah, Lucia, Dana y seis agentes federales llegaron antes del amanecer. Owen permanecía bajo custodia cooperativa, pero había entregado planos obtenidos de Eleanor. Según ellos, una cabaña médica se conectaba con un refugio subterráneo.

—Noah se queda en el vehículo —dijo Mason.

—Eso no fue parte del trato.

—Parte del trato era no hacer algo estúpido. Entrar en un complejo posiblemente armado cumple la definición.

Noah miró a Lucia.

—¿También estás de acuerdo?

—Sí.

—Genial. La primera decisión familiar y ambos votan contra mí.

Dana ocultó una sonrisa.

—Bienvenido a la democracia.

Los agentes avanzaron. No encontraron guardias. La cabaña principal estaba vacía, pero las camas tenían mantas recientes y la cocina conservaba alimentos. En una pared había fotografías de niños con nombres falsos.

Lucia examinó los rostros.

—Eleanor los utilizaba como herramientas. Hijos secretos, menores desaparecidos, herederos dados por muertos. Los movía entre familias y clínicas.

Mason sintió náuseas.

—¿Cuántos?

—No lo sé.

Noah, ignorando la orden, salió del vehículo al ver una luz en el bosque. Una niña de cabello rojo apareció entre los árboles y luego desapareció.

—¡Ava! —gritó.

Corrió tras ella.

Mason lo vio demasiado tarde.

—¡Noah!

La niña entró en una cabaña pequeña. Noah la siguió y la puerta se cerró detrás de él. El interior estaba vacío salvo por un altavoz.

La voz de Eleanor sonó desde el techo.

—La compasión es una cuerda excelente. Solo hay que saber quién tirará de ella.

Gas somnífero comenzó a llenar la habitación.

Noah golpeó la puerta. Mason llegó y disparó contra la cerradura. Sacó al niño cuando ya comenzaba a perder el conocimiento.

—Te dije que te quedaras.

Noah tosió.

—Vi a Ava.

—Viste una proyección —dijo Dana, señalando un pequeño dispositivo entre los árboles—. Era una imagen holográfica.

Lucia se arrodilló junto a su hijo.

—Pudiste morir.

—Pero no morí.

—Eso no convierte la decisión en correcta.

Noah apartó la mirada.

Los agentes encontraron el refugio subterráneo. Dentro había habitaciones para menores, archivos de adopción y grabaciones utilizadas para chantajear a políticos y empresarios. En la última habitación hallaron a una niña de ocho años dormida bajo sedación.

Celeste aparecía en la fotografía del medallón, pero la niña de la cama no era Ava. Llevaba una peluca roja.

Al despertar, dijo llamarse Sophie Grant. Había sido secuestrada dos semanas antes de una casa de acogida.

—La mujer elegante dijo que una familia rica vendría a buscarme —susurró—. Me enseñó a decir que era Ava.

Eleanor había preparado otra mentira.

Dana encontró un mensaje proyectado en la pared:

“Mientras rescatan a una niña, trasladamos a otra. Gracias por seguir el camino previsto.”

Mason revisó su teléfono. El equipo que vigilaba Hawthorne informó que Emily había desaparecido.

—La llevaron al lodge —dijo Noah.

—¿Qué lodge? —preguntó Dana.

—Blackwood Lodge. La casa de caza de mi abuelo en Wisconsin —respondió Mason—. Julian la conoce mejor que nadie.

El lugar estaba a tres horas.

Durante el viaje, Emily despertó en una habitación revestida de madera. Sus muñecas estaban libres, pero la puerta cerrada. Afuera caía nieve.

Julian entró con una bandeja.

—Siempre fuiste más inteligente de lo que Mason entendía.

—Y tú siempre fuiste peor actor de lo que creías.

Julian dejó una botella de agua.

—No está envenenada.

—Bébela.

Él lo hizo.

—¿Dónde está Celeste? —preguntó Emily.

—Intentando encontrar a su hija. Eleanor le ha dado pistas durante ocho años. Ninguna conduce a Ava porque Ava murió al nacer.

Emily lo observó.

—¿Estás seguro?

—Yo pagué al hospital para ocultar el informe. Eleanor utilizó la mentira para controlar a Celeste. Fue brillante.

—Fue cruel.

—La crueldad es una palabra que utilizan quienes no entienden el poder.

Emily acercó la silla a la ventana.

—¿Por qué odias tanto a mi padre?

Julian permaneció en silencio unos segundos.

—Porque nuestro padre lo eligió siempre. Mason era el hijo carismático, el que aparecía en las portadas. Yo reparaba sus errores, negociaba sus deudas y mantenía empleados trabajando. Cuando murió nuestro padre, dejó el control a Mason.

—Así que decidiste destruir a su hija.

—Decidí demostrar que él no merecía nada.

—Eso no te dio lo que querías. Solo mostró que tú merecías menos.

Julian la abofeteó.

Emily lo miró sin llorar.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Porque las cámaras de esta habitación están grabando. Ahora todos verán quién eres.

Julian miró hacia arriba y rio.

—Las cámaras son nuestras.

—No hablaba de esas.

Emily levantó la manga. Tessa había cosido un transmisor del tamaño de un botón en su pijama durante la última sesión. Keene había encontrado el dispositivo de la silla, pero no el segundo.

Julian arrancó el botón y lo aplastó.

—Demasiado tarde —dijo Emily—. Noah escuchó.

En el vehículo, la señal había llegado durante once segundos. Suficiente para oír la confesión sobre Ava y el golpe.

Mason apretó el volante.

—Voy a matarlo.

Noah estaba en el asiento trasero.

—Entonces Eleanor ganará.

—Golpeó a Emily.

—Y quiere que usted llegue furioso, rompa la puerta y parezca peligroso otra vez.

Mason respiró con dificultad.

—¿Qué propones?

—Entrar sin que lo sepan.

Conocía un detalle que Mason había olvidado. En un viejo álbum de Claire había una fotografía del lodge durante una remodelación. Debajo de la escalera exterior aparecía una entrada de carbón que conducía al sótano.

Al llegar, el equipo rodeó la propiedad. La tormenta bloqueaba las comunicaciones. Mason y Noah avanzaron por el bosque hacia la entrada oculta.

—Tú te quedas detrás de mí —dijo Mason.

—Eso sí estaba en el trato.

Encontraron la puerta cubierta por nieve. Dentro, un túnel estrecho conducía bajo la cocina.

Escucharon voces.

Eleanor había llegado.

—La junta aceptará la venta mañana —decía Julian—. Después podemos deshacernos de la niña.

—No todavía —respondió Eleanor—. Emily es útil como seguro contra Mason.

Otra voz habló desde la oscuridad.

Era Celeste.

—Entréguenme a Ava y haré lo que quieran.

Julian rio.

—Ava está muerta.

Celeste se quedó inmóvil.

Eleanor no negó la afirmación.

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Entonces Celeste levantó un arma y apuntó a ambos.

—En ese caso, ya no tienen nada con qué controlarme.

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