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LA MANO QUE NADIE DEBÍA TOCAR / Chapter 17 / 20

Capítulo 17 - El hermano que pareció traicionarla

Eleanor entró en el camarote acompañada por Victor y una niña de cabello rojo.

La pequeña llevaba un vestido azul marino y sostenía una tableta contra el pecho. Tenía los mismos ojos grises de Celeste.

—Ava —susurró Emily.

La niña se tensó.

—Me llamo Lily.

—Tu madre te llama Ava.

Eleanor golpeó el suelo con su bastón.

—No llenes su cabeza de fantasías. Lily es mi asistente.

Noah observó a la niña. No parecía una prisionera tradicional. Estaba limpia, bien vestida y miraba a Eleanor con una mezcla de temor y admiración. Había sido criada para obedecerla.

—¿Ella te dijo que tu madre murió? —preguntó Noah.

Lily apretó la tableta.

—Mi madre me abandonó.

—Eso es mentira.

Victor golpeó a Noah en el hombro.

—Una palabra más y perderás algunos dientes.

Eleanor acercó un escáner al rostro de Emily.

—Desbloquearás el fideicomiso y aprobarás la transferencia.

—No.

—Entonces Victor comenzará por tu hermano.

Noah levantó la cabeza.

—Espere. Yo puedo convencerla.

Emily lo miró con sorpresa.

—¿Qué haces?

—Lo que debimos hacer antes. Dejar de pelear por una empresa que solo ha causado problemas.

—Noah.

—Mira dónde estamos. Mi mamá fue secuestrada, tú casi moriste y Mason apenas sabe cómo ser padre. Déjales el dinero.

Eleanor sonrió.

—La pobreza produce una claridad admirable.

Emily miró fijamente a Noah. Durante los talleres de música habían creado otra señal: cuando uno mentía para proteger al otro, golpeaba dos veces con el dedo índice. Noah tenía las manos atadas, pero rozó dos veces el suelo con el zapato.

Emily comprendió.

—Quizá tengas razón —dijo.

Eleanor colocó la tableta frente a ella. Emily debía mirar la cámara y leer una frase de autorización.

Mientras Victor ajustaba el escáner, Noah habló con Lily.

—¿Sabes manejar todo el sistema del barco?

—La señora Price me enseñó.

—Debe confiar mucho en ti.

La niña levantó la barbilla.

—Soy más inteligente que los adultos que trabajan para ella.

—Entonces sabes que también tiene un expediente sobre ti.

Lily vaciló.

—No existe.

—Todos tienen uno. Vi la sala. Personas, familias, secretos. ¿Nunca te preguntaste por qué no tienes fotografías de cuando eras bebé?

Eleanor se volvió.

—Victor, sácalo.

Noah continuó rápidamente.

—Tu madre guardó una foto. La llevaba cerca del corazón mientras la arrestaban.

Lily miró a Eleanor.

—¿Es verdad?

—Tu madre era una delincuente.

—No pregunté eso.

Victor arrastró a Noah hacia la puerta. El niño pateó una mesa. La tableta cayó y se deslizó bajo una silla. Lily se agachó para recogerla. Noah susurró:

—Busca “Ava Bell”.

Victor lo encerró en un compartimento de almacenamiento.

Emily permaneció frente al escáner.

—Lee —ordenó Eleanor.

—“Yo, Emily Claire Blackwood, autorizo…”

Su voz tembló.

Lily operaba la tableta detrás de Eleanor. Buscó su nombre y encontró un expediente bloqueado. Introdujo una contraseña que había visto utilizar a la mujer.

Apareció un video de Celeste dando a luz. Se escuchaba al médico anunciar que la bebé estaba sana. Luego Eleanor entraba y ordenaba trasladarla.

Lily dejó caer la tableta.

—Me robaste.

Eleanor la abofeteó.

—Te salvé de una madre incapaz.

Emily aprovechó el momento y golpeó el escáner contra el borde de la mesa. El dispositivo se rompió.

Victor regresó, pero las luces del barco comenzaron a parpadear. Desde el compartimento, Noah había encontrado el panel eléctrico. Utilizó un gancho metálico para provocar un cortocircuito.

Las puertas automáticas se abrieron.

—¡Corre! —gritó Emily a Lily.

La niña dudó.

—No sé adónde ir.

—Con nosotros.

Lily empujó la silla mientras Emily guiaba. Encontraron a Noah saliendo del compartimento. Los tres corrieron por un corredor inclinado mientras el yate aceleraba sobre el lago oscuro.

—La lancha de Mason está cerca —dijo Noah, mirando por una ventana.

—¿Cómo lo sabes?

—Eleanor revisó el radar antes de entrar. Había tres puntos detrás.

Victor apareció al final del corredor con un arma.

—Se acabó.

Noah empujó a las niñas dentro de una cocina. Emily bloqueó la puerta con la silla. Victor disparó contra la cerradura.

—Tenemos que salir por la cubierta —dijo Lily—. Hay una escalera de emergencia detrás del refrigerador.

Subieron. El viento del lago casi los derribó. A lo lejos se veían luces de lanchas.

Mason gritaba el nombre de sus hijos por un altavoz.

Noah encontró una bengala, pero el seguro estaba demasiado duro. Lily lo ayudó. Juntos dispararon una luz roja al cielo.

—¡Allí! —gritó Dana desde la lancha.

Eleanor tomó el control del yate y giró bruscamente. La cubierta se inclinó. La silla de Emily comenzó a deslizarse hacia la barandilla.

Noah la sujetó, pero sus zapatos resbalaron.

—¡No puedo sostenerte!

Emily miró la distancia hasta una columna metálica. Era demasiado lejos para alcanzarla sentada.

Apoyó los pies contra el suelo.

—Suéltame.

—¿Qué?

—Confía en mí.

Noah soltó un brazo. Emily se impulsó, levantó el cuerpo y dio un paso inestable. Después otro. Sus piernas temblaban como si fueran a quebrarse, pero alcanzó la columna y se aferró.

Noah logró detener la silla.

Emily cayó de rodillas, riendo y llorando.

—Caminaste —dijo Lily.

—Dos pasos.

—Fueron tres —corrigió Noah.

Victor salió a cubierta. Antes de disparar, Celeste saltó desde la lancha de los agentes al yate y lo golpeó con una barra de rescate. El arma cayó al agua.

—¡Ava! —gritó.

Lily retrocedió.

—Mi nombre es Lily.

Celeste se detuvo. No intentó abrazarla.

—Está bien. Lily. Soy Celeste Bell. Te di a luz hace ocho años y me dijeron que habías muerto. No tienes que creerme ahora.

La niña miró a Eleanor, que había salido de la cabina.

—Ella dijo que me abandonaste.

—Nunca dejé de buscarte.

Eleanor sacó un segundo arma y apuntó a Celeste.

—Qué reunión tan decepcionante.

Julian apareció detrás de ella.

Había llegado en una lancha privada desde el lado opuesto. Sostenía un maletín y una pistola.

—Entrega a los niños —le dijo a Eleanor—. Tengo las claves de las cuentas. Podemos terminar el acuerdo.

Eleanor rio.

—¿Todavía crees que eres mi socio?

Julian apuntó a su espalda.

—Creo que ya no te necesito.

Dos armas, dos traiciones y tres niños atrapados entre ellas.

Mason subió a la cubierta desde la lancha federal.

—Nadie dispara —ordenó.

Julian giró hacia él.

—Siempre llegas cuando otros ya hicieron el trabajo.

Mason levantó las manos.

—Entonces termina de una vez. Dime que ordenaste matar a Claire.

Julian sonrió.

—No tuve que ordenarlo. Solo le dije a Eleanor dónde estaría.

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Todas las cámaras corporales de los agentes estaban grabando.

Eleanor comprendió la trampa demasiado tarde.

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