Capítulo 18 - Tres pasos sobre el lago oscuro

Julian miró las luces rojas de las cámaras corporales y perdió el control.
—¡Apáguenlas!
—Acabas de admitir complicidad en el asesinato de Claire —dijo Dana desde la cubierta inferior—. Baja el arma.
Julian apuntó a Mason.
—Él destruyó esta familia mucho antes que yo.
—No —respondió Mason—. Yo fui ausente, arrogante y ciego. Pero tú elegiste convertir esos errores en armas contra niños.
—Nuestro padre te dio todo.
—Y por eso decidiste quitarle a Emily la capacidad de caminar.
—Era temporal.
Emily se sostuvo junto a la columna.
—Cuatro años no son temporales cuando tienes diez.
Julian la miró y por un instante pareció avergonzado. Después la vergüenza se convirtió en ira.
—Nada de esto habría ocurrido si Claire no hubiera investigado asuntos que no entendía.
Lucia subió al yate detrás de los agentes.
—Entendía perfectamente. Por eso la mataron.
Eleanor movió lentamente su arma hacia Lily.
Celeste lo notó.
—No la mires —dijo—. Mírame a mí.
—Siempre tan desesperada por convertir tu culpa en sacrificio —respondió Eleanor.
—No es sacrificio. Es lo mínimo.
Lily se escondió detrás de Emily. Noah tomó una cuerda de la cubierta y comenzó a enrollarla alrededor de una barandilla sin que Victor, todavía aturdido, lo viera.
Eleanor hizo una señal. Victor se levantó y atacó a Dana. El disparo de Julian salió al mismo tiempo. Mason se lanzó sobre su hermano. El arma cayó y se deslizó por la cubierta mojada.
Todo ocurrió en segundos.
Celeste empujó a Lily al suelo cuando Eleanor disparó. La bala rozó el hombro de Celeste. Lucia tomó a la niña y la cubrió con su cuerpo.
Noah lanzó la cuerda alrededor de las piernas de Victor. Tiró con todas sus fuerzas. El hombre cayó y Owen, que acababa de subir desde otra lancha, lo esposó.
Mason y Julian lucharon junto a la barandilla. Julian golpeó la herida antigua de su hermano y tomó el arma caída.
—Siempre fuiste el favorito —dijo, jadeando—. Incluso ahora todos corren para salvarte.
—No vienen por mí.
Mason miró a Emily y Noah.
—Vienen por ellos.
Julian apuntó.
Noah lanzó una bengala apagada. Golpeó la muñeca de Julian y el disparo salió hacia el cielo. Mason lo derribó.
Eleanor corrió hacia la cabina. Activó el piloto automático y dirigió el yate contra el rompeolas. Después roció combustible sobre los archivos almacenados en la sala de navegación.
—¡Va a quemar el barco! —gritó Lily.
Dana ordenó evacuar.
Emily vio que Eleanor cerraba una puerta con Lily todavía en el lado equivocado. La niña de cabello rojo había regresado para recoger la tableta con su expediente.
—¡Lily! —gritó Celeste.
El fuego comenzó a extenderse por el corredor.
Noah intentó entrar, pero una viga cayó delante de él. Emily vio una palanca de emergencia al otro lado de la cubierta. Abría las puertas cortafuegos y detenía los motores. Su silla había quedado volcada cerca de la barandilla.
Tessa le había enseñado a no levantarse sin soporte. Rachel le había advertido que podía lesionarse. Mason gritó que esperara.
Emily se puso de pie.
El dolor atravesó sus piernas, pero dio un paso.
Después otro.
Y otro.
No eran los pasos elegantes de una niña curada milagrosamente. Eran torpes, lentos y feroces. Noah corrió a su lado sin tocarla.
—Estoy aquí.
Emily alcanzó la palanca y tiró hacia abajo. Las puertas cortafuegos se abrieron. Los motores se detuvieron a cien metros del rompeolas.
Noah atravesó el corredor y sacó a Lily. Celeste las abrazó a ambas, llorando por la herida y por el alivio.
Eleanor apareció entre el humo con el rostro cubierto de hollín. Ya no parecía una dama elegante, una médica ni una benefactora. Solo una mujer aterrada ante la pérdida de control.
—Ustedes no entienden lo que están destruyendo —dijo—. Gobiernos, hospitales, fortunas… Todo funciona porque personas como yo deciden qué verdades pueden sobrevivir.
Emily se apoyó en Noah.
—No. Todo funciona porque la gente tiene miedo de hablar. Ya no lo tenemos.
Eleanor apuntó a la niña.
Lucia se interpuso. Mason también. Celeste dio un paso pese a la sangre en su hombro. Tres adultos formaron una barrera frente a los niños.
—Qué imagen tan noble —se burló Eleanor—. ¿Cuál de ustedes cree merecer llamarse familia?
Noah respondió:
—Los que se quedan cuando ya conocen la peor parte de la verdad.
Las sirenas se acercaban. Eleanor miró el agua y decidió saltar. Llevaba un pequeño dispositivo impermeable con las claves del servidor internacional.
Dana se lanzó tras ella con un chaleco salvavidas. Dos agentes las alcanzaron antes de que la corriente las separara. Eleanor fue sacada del lago esposada, gritando que nadie podría procesarla sin destruir a cientos de figuras públicas.
—Veremos cuántos prefieren confesar antes de que hables —respondió Dana.
Julian fue detenido por conspiración, fraude, secuestro y complicidad en asesinato. Victor volvió a prisión bajo custodia federal. Keene y Warren quedaron acusados; Warren recibiría consideración por su cooperación, pero no inmunidad.
El fuego fue controlado. Los archivos físicos se dañaron, aunque Lily había copiado el servidor del yate en su tableta antes de escapar. Eleanor le había enseñado demasiado bien.
En el muelle, paramédicos atendieron a Celeste.
Lily permanecía a varios pasos de distancia.
—¿Vas a ir a prisión? —preguntó.
Celeste asintió.
—Probablemente.
—¿Porque hiciste daño a Emily?
—Sí. Y a otras personas.
—¿Entonces eres mala?
Celeste lloró.
—Hice cosas malas. Algunas por miedo y otras porque quería una vida poderosa. No voy a pedirte que las excuses.
Lily miró a Emily.
—¿Ella puede ser mi amiga aunque tú hayas sido mala con ella?
Emily respondió:
—Eso lo decidimos ella y yo, no los adultos.
Lily se acercó a Celeste y le tomó un dedo, con cuidado de no tocar la herida.
—Todavía no sé si quiero llamarte mamá.
—No tienes que hacerlo.
—Pero quiero volver a verte.
Celeste cerró los ojos.
—Eso es más de lo que merezco.
Cerca de la ambulancia, Mason encontró a Noah sentado en el muelle.
—Salvaste a Julian de dispararme —dijo.
—Salvé a Emily de ver cómo mataban a su padre.
Mason asintió.
—Gracias de todos modos.
Noah miró el lago.
—Mi mamá dijo la verdad sobre el cheque.
Mason le entregó el original con la nota de Claire.
Noah leyó en silencio.
—Podría haberme contado antes.
—Sí.
—Usted también podría haber estado más presente para Emily.
—Sí.
—Parece que todos ustedes hicieron un desastre enorme.
Mason soltó una risa cansada.
—Esa es una descripción justa.
Noah dobló el cheque.
—No sé si quiero vivir en su mansión.
—No tienes que decidir hoy.
—Tampoco sé si quiero su apellido.
—El tuyo es bueno.
Noah lo miró.
—¿Y si quiero conocerlo sin llamarlo papá?
Mason sintió que aquella oferta pequeña valía más que cualquier acción recuperada.
—Empezaremos por Mason.
—Está bien, Mason.
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Detrás de ellos, Emily dio tres pasos más entre Tessa y Rachel antes de sentarse en una camilla.
Esta vez todo el mundo los contó.