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LA MANO QUE NADIE DEBÍA TOCAR / Chapter 11 / 20

Capítulo 11 - La iglesia de las promesas rotas

La iglesia de Saint Brigid llevaba cerrada desde que un incendio destruyó parte del campanario. No había bancos, santos ni velas. Solo paredes ennegrecidas, ventanas cubiertas con tablas y un altar de piedra bajo una cruz agrietada.

A las once cincuenta y cinco de la noche, Emily entró en su silla de ruedas acompañada por Mason. Dana y cuatro agentes permanecían ocultos en edificios cercanos. Noah observaba las cámaras desde una furgoneta, junto a Lucia y Owen.

—No me gusta —dijo Noah por el comunicador—. Solo hay una salida visible.

Emily llevaba un micrófono escondido en el cuello del abrigo.

—Las princesas que fingen dormir escuchan mejor cuando todos creen que están solas —susurró.

—Eso no significa que debas convertirte en una.

Mason empujó la silla hasta el centro de la nave.

—Recuerda: si algo cambia, nos vamos.

—Papá, todo cambió hace cuatro días.

Una puerta lateral se abrió.

Celeste apareció primero. Tenía el labio partido y una marca roja alrededor de la muñeca. Detrás de ella caminó Eleanor Price con un abrigo gris, cabello blanco y un bastón elegante. En la mano derecha brillaba la esmeralda.

—Mason —saludó Eleanor—. Siempre tan dispuesto a construir un ejército cuando una conversación honesta habría sido suficiente.

—No llamaré conversación a una reunión organizada bajo amenaza.

—Las amenazas son simplemente verdades con fecha límite.

Emily miró a Celeste.

—¿Te hizo daño?

Celeste no respondió.

Eleanor apoyó una mano en su hombro.

—Sarah ha tenido una noche difícil. La culpa vuelve sentimentales incluso a las personas más prácticas.

—Su nombre es Celeste —dijo Emily.

—Su nombre es el que yo le permití conservar.

Mason dio un paso adelante.

—Entréganos la grabación de Julian.

Eleanor rio suavemente.

—No existe ninguna grabación. Necesitaba saber si traerías a Emily y confirmar que Lucia seguía viva.

Noah golpeó la mesa dentro de la furgoneta.

—¡Sáquenlos ahora!

Dana habló por el canal policial.

—Esperen. Necesitamos una confesión clara.

Emily sostuvo la mirada de Eleanor.

—¿Por qué yo?

—Porque tu madre cometió el error de creer que el dinero debía proteger a los vulnerables. Tu abuelo construyó un imperio utilizando hospitales, seguros y deuda. Claire quiso abrir los registros. Si lo conseguía, miles de millones desaparecerían y muchas personas importantes irían a prisión.

—Así que la mataste.

—Ordené corregir una amenaza.

Mason se lanzó hacia ella, pero Celeste sacó un arma y apuntó a Emily.

—No —dijo Celeste con voz rota—. No te acerques.

Mason se detuvo.

—Baja el arma.

—No puedo.

Eleanor sonrió.

—Sarah entiende que todos tenemos algo que perder.

Emily miró a Celeste.

—¿Qué te quitó?

Celeste comenzó a llorar.

—Mi hija.

El silencio fue absoluto.

—Antes de Mason tuve una niña —continuó—. Eleanor dijo que había muerto durante el parto. Hace dos años descubrí que seguía viva. Se llama Ava. La mantienen en una residencia con otra identidad.

—Por eso obedecías —dijo Emily.

—Al principio obedecía por ambición. Después por miedo. No voy a mentirte sobre eso.

Eleanor golpeó el suelo con el bastón.

—Suficiente.

Una luz roja apareció sobre la chaqueta de Mason. Un francotirador lo apuntaba desde el campanario.

Dana ordenó avanzar, pero todas las radios se llenaron de interferencias.

—Nos bloquearon —dijo Owen.

Noah miró el plano antiguo de la iglesia.

—Hay un túnel de calefacción desde la casa parroquial. Puedo llegar al campanario.

Lucia lo sujetó.

—No vas a ir.

—Si no lo hago, dispararán a Mason.

—No eres responsable de salvarlo.

Noah pensó en el hombre que había admitido sus errores sin exigir perdón. Luego miró a Emily en la pantalla.

—No. Pero soy responsable de ayudarla a ella.

Corrió antes de que Owen pudiera detenerlo.

Dentro de la iglesia, Eleanor extendió una carpeta.

—Mason firmará una renuncia inmediata a la custodia y al fideicomiso. Después Emily será trasladada a una clínica segura. Celeste recibirá la ubicación de Ava.

—No firmaré —dijo Mason.

Celeste acercó el arma a la cabeza de Emily.

—Hazlo.

Emily observó la mano de Celeste. El dedo no tocaba el gatillo. El arma estaba asegurada.

Celeste quería que lo notara.

—No tienes intención de dispararme —dijo Emily.

Eleanor se volvió hacia ella.

Celeste aprovechó la distracción y golpeó el bastón con el pie. La parte superior cayó, revelando un dispositivo electrónico. Emily lo recogió y lo arrojó bajo su silla.

—¡Ahora! —gritó Celeste.

Mason se lanzó contra Eleanor. El disparo del campanario rompió una columna junto a ellos.

En el túnel, Noah trepó por una escalera oxidada. Salió detrás del tirador y vio que era Victor Hale, liberado durante un traslado gracias a documentos falsos. Victor giró el rifle.

—Otra vez tú.

Noah lanzó una campana pequeña que había encontrado en el suelo. Victor la esquivó, pero el peso golpeó la barandilla. Noah se deslizó entre sus piernas y tiró del cable de la campana principal.

El sonido estalló a pocos centímetros de la cabeza de Victor. El hombre perdió el equilibrio y cayó sobre una plataforma inferior. El rifle quedó colgando del borde.

Los agentes irrumpieron en la iglesia. Eleanor activó una granada de humo escondida en el bastón. Mason cubrió a Emily mientras Celeste corría hacia una salida lateral.

—¡Celeste! —gritó Emily.

La mujer se volvió y lanzó algo pequeño hacia ella.

Emily lo atrapó.

Era un medallón con una fotografía de una niña de cabello rojo. Detrás había una dirección escrita a mano.

Cuando el humo se disipó, Eleanor, Celeste y Victor habían desaparecido. Dos agentes estaban heridos. Dana encontró una puerta oculta que conducía a un túnel bajo el cementerio.

Noah bajó del campanario con las manos ensangrentadas por el metal oxidado.

Mason caminó hacia él.

—Podrían haberte matado.

—También a usted.

—No vuelvas a hacer algo así.

Noah levantó la barbilla.

—No puede darme órdenes.

Mason respiró profundamente.

—Tienes razón. Entonces te lo pido: no arriesgues tu vida para salvar la mía.

—No lo hice por usted.

—También lo sé.

Emily mostró el medallón. La dirección pertenecía a una residencia infantil cerca de Rockford.

Antes de que pudieran salir, luces policiales rodearon la iglesia. Un fiscal adjunto entró con una orden.

—Mason Blackwood, queda detenido por poner en peligro a una menor, interferir en una investigación y organizar una operación armada sin autorización judicial.

Dana se interpuso.

—Esta operación estaba coordinada con mi unidad.

—Su autorización fue revocada hace dos horas.

—¿Por quién?

El fiscal mostró el documento.

La firma pertenecía a la jueza que escucharía la petición de custodia por la mañana.

Mason fue esposado frente a Emily.

—Esto estaba planeado —dijo ella.

—Todo lo estaba —respondió Noah.

Mientras se llevaban a Mason, Emily miró el medallón de Ava. Dentro, oculto bajo la fotografía, encontró una tarjeta de memoria diminuta.

Celeste sí tenía una grabación.

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Solo que nunca había planeado entregársela a Mason.

Había elegido a Emily.

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