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LA HIJA DE LA SALA VIP / Chapter 3 / 20

Chapter 3 - La firma que apareció en su ausencia

A las siete de la mañana, el consejo de Asterion recibió un aviso: la firma de la fusión quedaba suspendida por una revisión de cumplimiento.

A las siete y doce, Julián llamó a Elena.

Ella no contestó.

A las siete y diecisiete, él apareció en la sede.

Entró en la sala ejecutiva acompañado por Víctor y tres abogados. Celeste no estaba con ellos.

—¿Por qué bloqueaste el acuerdo? —exigió Julián.

Elena ocupaba la cabecera de la mesa. Maya permanecía a su izquierda y Samuel Ortega, el viejo abogado de Gabriel Ross, se conectaba por videollamada desde su casa.

—Encontramos irregularidades en la modificación del fideicomiso.

Julián dejó una carpeta sobre la mesa.

—No existe ninguna irregularidad.

—Mi firma fue falsificada.

Víctor soltó una risa seca.

—Elena, todos te vimos aprobar la reestructuración.

—Aprobar una revisión no significa firmar una transferencia de control.

Julián suavizó la voz.

—No has dormido. Estás alterada.

Aquella frase era parte del plan. Elena lo comprendió inmediatamente.

En la sala había cámaras, miembros del consejo y abogados. Cualquier reacción emocional alimentaría el informe psicológico.

—Estoy lo bastante serena para solicitar una auditoría forense —respondió.

—Una auditoría destruirá la fusión.

—Entonces Novaris debería agradecer que detectemos el problema antes de aceptar nuestros activos.

Víctor golpeó la mesa.

—Tu padre construyó esta empresa para sobrevivir, no para alimentar tus inseguridades personales.

Samuel apareció en la pantalla.

—Gabriel construyó el fideicomiso precisamente para impedir que una familia política convirtiera su legado en propiedad privada.

Víctor palideció.

—Usted ya no representa a Asterion.

—Represento al fideicomiso original.

Julián miró a Elena.

—Hablemos en privado.

—No.

—Soy tu esposo.

—También eres el ejecutivo que intentó utilizar mi certificado digital mientras yo estaba fuera del país.

El silencio recorrió la mesa.

Julián no sabía cuánto había descubierto.

—Eso es una acusación grave.

—Por eso la investigaremos.

Elena proyectó el registro de acceso. La firma se realizó desde su oficina a las dos de la madrugada. El video de seguridad de aquella noche había sido borrado, pero el sistema del ascensor registró las tarjetas de Julián y Celeste.

Uno de los consejeros, Thomas Bell, se ajustó las gafas.

—¿Qué hacían ambos aquí?

Celeste respondió mediante altavoz desde una ubicación desconocida.

—Preparábamos documentos para la negociación suiza.

Elena reconoció su voz.

—¿Dónde estás, Celeste?

—Trabajando.

—¿Con Lucía?

El silencio fue absoluto.

Julián perdió el control durante un segundo.

—No metas a una niña en esto.

Elena sintió que aquellas palabras confirmaban todo.

—¿Quién es Lucía Elena Mercer?

Víctor se levantó.

—La reunión termina aquí.

—Nadie sale —dijo Maya—. Cumplimiento ha iniciado una preservación obligatoria de registros.

Julián miró a su esposa con odio.

—Nos seguiste.

—No hizo falta. Besaste a Celeste bajo un panel de salidas.

Thomas Bell pidió ver pruebas. Elena no mostró el video completo. Solo una captura del pasaporte de Lucía y una imagen de Julián sosteniéndola.

Los consejeros comenzaron a hablar al mismo tiempo.

Julián golpeó la mesa.

—Lucía no es asunto de la empresa.

Samuel respondió:

—Lo es si pretenden utilizarla para activar el fideicomiso Ross.

Víctor caminó hacia la puerta, pero seguridad corporativa bloqueó el paso.

—Esto es un secuestro —dijo.

—Es una retención documental, no física —aclaró Maya—. Puede marcharse después de entregar sus dispositivos corporativos.

Víctor arrojó el teléfono sobre la mesa.

Julián no.

—Mi dispositivo contiene información médica privada.

—Entonces un juez decidirá qué puede revisarse.

Él guardó el teléfono en el bolsillo y salió utilizando la fuerza para apartar a un guardia.

Elena no intentó detenerlo.

Minutos después, el sistema informó que Celeste había solicitado combustible para el avión corporativo.

Destino: Zúrich.

Julián planeaba marcharse con la niña antes de que pudieran obtener una orden.

Maya llamó a las autoridades aeroportuarias.

—El vuelo despega en noventa minutos.

Samuel negó con la cabeza.

—Para impedirlo necesitamos demostrar que Lucía está vinculada a un posible fraude o que existe riesgo de secuestro.

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Elena miró la etiqueta quemada del embrión.

—Entonces conseguiremos la prueba genética antes de que suban al avión.

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