Chapter 2 - La niña con sus ojos

Maya no hizo preguntas por teléfono. Ordenó congelar temporalmente los accesos al Proyecto Helix utilizando una cláusula de revisión ética y envió un automóvil para recoger a Elena por una salida secundaria.
Antes de marcharse, Elena tomó una última fotografía de la sala VIP. Julián, Celeste y Lucía parecían una familia perfecta. Un hombre mayor se sentó frente a ellos y entregó a Celeste un sobre.
Elena reconoció a Víctor Mercer, padre de Julián y presidente honorario de Asterion.
No se trataba de una aventura escondida entre dos ejecutivos.
La familia Mercer participaba.
En el automóvil, Maya abrió el video.
—¿Estás segura de que dijeron “descendiente biológica”?
—Escúchalo otra vez.
Maya aumentó el volumen. La voz de Celeste se oyó claramente:
“Después de registrar a Lucía como descendiente biológica de Elena Ross, las acciones pasarán a la niña.”
—Dios mío —susurró Maya.
El padre de Elena, Gabriel Ross, había creado Asterion Biotech después de desarrollar una plataforma para regeneración de tejido nervioso. Su testamento dejaba el cincuenta y uno por ciento de las acciones en un fideicomiso familiar. Elena podía administrar el control durante su vida, pero la aparición de un descendiente biológico activaría una nueva estructura de protección.
La intención de Gabriel había sido impedir que un cónyuge o un consejo hostil vendiera la tecnología.
—El tutor de un menor no debería controlar directamente las acciones —dijo Maya.
—No con el documento original.
Elena recordó una modificación presentada seis meses atrás. Julián aseguró que era una actualización fiscal. Ella no la firmó porque el abogado de su padre, Samuel Ortega, se encontraba enfermo y nadie más tenía autoridad para revisarla.
—Necesitamos encontrar esa modificación —dijo.
Llegaron a la sede de Asterion poco antes de medianoche. El edificio estaba casi vacío. Maya desactivó temporalmente los accesos de Julián y Celeste, pero evitó bloquearlos por completo para no alertarlos.
En la oficina de Elena, abrieron el archivo digital del fideicomiso.
Había una versión nueva fechada tres semanas atrás.
La firma de Elena aparecía al final.
—Nunca firmé esto.
Maya comparó el certificado digital.
—Fue autorizado desde tu computadora.
—Yo estaba en Tokio ese día.
La modificación establecía que, en caso de incapacidad temporal o permanente de Elena, el tutor legal del primer descendiente biológico asumiría los derechos de voto del fideicomiso.
El tutor designado era Julián.
Adjunto se encontraba un informe psicológico firmado por el doctor Adrian Keller. Elena conocía el nombre. Keller dirigía la clínica de fertilidad donde supuestamente se habían destruido sus embriones.
El diagnóstico afirmaba que ella mostraba paranoia, episodios disociativos y “conducta potencialmente peligrosa bajo estrés corporativo”.
—Nunca he visto a este hombre fuera de las consultas de fertilidad —dijo Elena.
Maya examinó las fechas de evaluación.
—Algunas coinciden con tus viajes. Otras con reuniones donde yo estuve contigo todo el día.
—Están construyendo un caso para declararme incapaz.
—¿Por qué esperar hasta mañana?
Elena abrió los documentos de la fusión. Asterion iba a vender el sesenta por ciento de su división neurológica a Novaris Global, un consorcio suizo. Una vez firmada, la transacción transferiría las patentes a una sociedad europea.
—Porque la fusión les dará liquidez —respondió—. Después activarán el fideicomiso con Lucía, me apartarán y venderán el resto.
Maya se sentó.
—¿Cómo podrían tener una hija biológica tuya?
Elena ya conocía la respuesta más terrible.
Llamó al servicio de emergencia de Horizon Reproductive Center. La recepcionista nocturna se negó a entregar información sin autorización.
—Soy Elena Ross. Quiero confirmar el informe sobre la pérdida de mis embriones.
La mujer guardó silencio demasiado tiempo.
—Señora Ross, ese expediente está restringido por orden legal.
—¿Orden de quién?
—Del doctor Keller.
—Dígale que mi abogado llegará a primera hora.
La recepcionista bajó la voz.
—No espere hasta la mañana.
—¿Qué?
—Revise el depósito de muestras número siete. El sistema indica que fue vaciado esta noche.
La llamada terminó.
Elena y Maya condujeron hasta la clínica. Encontraron la puerta trasera abierta y humo saliendo de una ventana.
El archivo biológico estaba ardiendo.
Los bomberos llegaron en minutos. Un técnico salió tosiendo y aseguró que el incendio se había iniciado por un cortocircuito.
Elena no le creyó.
Entre los restos, Maya encontró una etiqueta parcialmente quemada:
ROSS-MERCER / EMBRIÓN 03 / TRANSFERENCIA AUTORIZADA.
La fecha de transferencia era de diecisiete meses atrás.
Elena calculó rápidamente.
Lucía tenía ocho meses.
El embarazo habría comenzado exactamente en ese periodo.
Un guardia de seguridad se acercó.
—Señora Ross, alguien dejó esto para usted.
Era un sobre sin remitente. Dentro había una fotografía de una mujer embarazada saliendo de la clínica junto a Celeste.
May you like
En el reverso alguien había escrito:
“No busque a la madre. Busque a la mujer que alquiló su cuerpo sin saber de quién era la niña.”