Chapter 12 - El expediente de la esposa perfecta

La fiscal Dana Brooks preparaba cargos contra Julián, Víctor, Keller, Celeste y varios ejecutivos. Sin embargo, la defensa presentó una estrategia agresiva: demostrar que Elena había autorizado cada operación y después inventó el robo de embriones para evitar perder Asterion.
El informe psicológico falso se convirtió en pieza central.
Keller afirmó que Elena había sufrido episodios depresivos y delirantes después de sus pérdidas gestacionales. Según él, ella aprobó la creación de los niños pero bloqueó los recuerdos por trauma.
—Está usando mi dolor como coartada —dijo Elena.
Marisol colocó sobre la mesa una caja de documentos.
—Entonces necesitamos reconstruir esos años con pruebas, no solo con memoria.
Maya recuperó calendarios, vuelos, correos y grabaciones de reuniones. Durante las fechas en las que Keller afirmaba haber evaluado a Elena, ella estaba en Singapur, Berlín o acompañada por equipos enteros.
Pero una sesión sí había ocurrido.
Cinco años atrás, Julián llevó a Elena a Keller después de una crisis de ansiedad. Ella había encontrado una carta de su padre y comenzó a sospechar que su muerte no fue accidental. Keller le administró un sedante y le pidió firmar documentos de “tratamiento”.
Elena no recordaba con claridad aquella noche.
—Pudo obtener una firma auténtica —dijo Samuel.
—¿Eso significa que consentí?
—No si estabas sedada o si el documento fue alterado después.
El expediente original se encontraba entre los archivos de Orfeo recuperados de la mochila de Keller. La primera página era un consentimiento para terapia. Las páginas siguientes, impresas con otra tinta, autorizaban la disposición de embriones “en beneficio médico de la familia”.
Un experto confirmó que se habían añadido posteriormente.
La defensa cambió de táctica.
Celeste solicitó negociar. Quería testificar contra Julián y Víctor a cambio de una condena reducida.
Elena aceptó escucharla en presencia de la fiscal.
—Julián me dijo que tú nunca habías querido tener hijos —comenzó Celeste.
—Viste mis tratamientos y mis pérdidas en los informes jurídicos.
Celeste bajó la mirada.
—Sí.
—Entonces sabías que mentía.
—Quería creer que me elegía a mí.
—¿Cuándo descubriste que Lucía era biológicamente mía?
—Antes de la transferencia. Keller dijo que necesitaban tu variante genética.
—Y aun así aceptaste aparecer como madre.
Celeste se secó una lágrima.
—Creí que podía quererla mejor que tú.
Elena sintió una furia intensa, pero no levantó la voz.
—Nunca me conociste como madre. Me eliminaste antes de que pudiera serlo.
Celeste confesó que Julián planeaba provocar una crisis pública durante la junta. Habían preparado mensajes anónimos, medicación en el café de Elena y testigos dispuestos a declarar que ella amenazó al consejo.
—¿Quién debía poner la medicación?
—Tu asistente, Claire Donnelly.
Claire trabajaba con Elena desde hacía nueve años.
Maya revisó las cámaras del día de la junta. Claire cambió las tazas antes de que Elena bebiera. En lugar de obedecer, había evitado que la sedaran.
La encontraron en un refugio para denunciantes. Había huido después de recibir amenazas.
—Julián me ofreció dinero —dijo Claire—. Cuando me negué, mostró fotografías de mi hijo camino a la escuela.
Entregó grabaciones de las instrucciones.
La fiscalía incorporó cargos de conspiración para incapacitación y secuestro financiero.
Antes de terminar la reunión, Celeste pidió una fotografía de Lucía.
—No —respondió Elena.
—La cuidé durante ocho meses.
—También participaste en su robo.
—La amo.
—Amar a alguien no te da derecho a evitar las consecuencias de cómo llegó a tus brazos.
Celeste lloró.
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Elena no sintió satisfacción.
Comprendió que algunas personas utilizaban el amor como palabra para describir posesión, necesidad o culpa. Lucía tendría que crecer aprendiendo a distinguirlas.