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La puerta de cristal / Chapter 8 / 15

Chapter 8 - El precio de la verdad

Augusto fue trasladado a una residencia protegida perteneciente al Ministerio del Interior.

La policía consideraba que su vida seguía en peligro. Tomás no había aparecido en el hotel incendiado y ninguna cámara del puerto había registrado su salida de la ciudad.

El fuego destruyó gran parte del cuarto piso, pero los documentos principales sobrevivieron. Los casetes de Mercedes fueron enviados a un laboratorio para su restauración. La memoria digital con el vídeo de Beatriz y Valeria pasó a formar parte de la investigación.

Elena no durmió.

A las siete de la mañana, se reunió con Inés, Samuel y los inspectores. Sobre la mesa había fotografías de Valeria, registros telefónicos y mapas con posibles rutas de escape.

— Su pasaporte continúa en su apartamento —explicó un agente—. Pero tenía acceso a identidades utilizadas por Blue Crown.

— ¿Quién es realmente? —preguntó Elena.

La pregunta parecía absurda. Había conocido a Valeria durante siete años. Habían viajado juntas, celebrado cumpleaños y compartido confidencias.

Sin embargo, ahora comprendía que solo conocía la versión que Valeria había decidido mostrarle.

Samuel proyectó un expediente.

— Valeria Cruz nació en Valencia. Su padre, Miguel Cruz, era propietario de una pequeña empresa de reformas que trabajó para el banco Salazar hace veinte años.

Augusto levantó la cabeza.

— Recuerdo ese nombre.

Miguel Cruz había denunciado sobrecostes y facturas falsas en varias propiedades vinculadas con Rafael Vidal. Poco después, su empresa perdió todos los contratos. Los bancos exigieron el pago inmediato de sus préstamos y la familia terminó arruinada.

Miguel murió de un infarto.

Valeria tenía quince años.

— ¿Creéis que se acercó a nosotros por venganza? —preguntó Lucía.

— Es posible —respondió Inés—. Pero no explica por qué ayudó a Beatriz a controlar Aurora.

Augusto cerró los ojos.

— Sí lo explica. Valeria no quería destruir únicamente a Beatriz. Quería que toda la familia Salazar se destruyera desde dentro.

Elena pensó en la relación con Adrián.

Valeria lo había adulado, alimentado su resentimiento y convencido de que merecía dirigir la empresa de su esposa. Después había grabado sus conversaciones y entregado algunas pruebas en el momento más conveniente.

— También quería destruirme a mí —dijo Elena.

— Aurora creció utilizando propiedades adquiridas por el banco Salazar —explicó Augusto—. Para ella, quizá tú también te beneficiaste del dinero que arruinó a su padre.

— Yo no conocía ese dinero.

— La venganza rara vez distingue entre quien cometió el daño y quien heredó sus consecuencias.

Uno de los inspectores colocó sobre la mesa la transcripción de las primeras grabaciones restauradas de Mercedes.

En ellas se escuchaban conversaciones entre Rafael Vidal y varios banqueros. Hablaban de negocios que serían llevados a la quiebra para comprar sus propiedades a precios reducidos.

La empresa de Miguel Cruz aparecía entre los objetivos.

— Valeria pudo enterarse de la existencia de estas grabaciones —dijo Inés—. Tal vez el contenido del Proyecto Heredero estaba relacionado con ella.

— Tomás se llevó esa carpeta —recordó Elena.

En ese momento, la policía informó de una nueva llamada.

Tomás había contactado con su abogado. Afirmaba estar dispuesto a entregarse a cambio de protección y de un acuerdo con la fiscalía.

La reunión se celebró por videoconferencia.

Tomás apareció en una habitación sin ventanas. Tenía un corte en el rostro y miraba constantemente hacia una puerta situada fuera de cámara.

— Beatriz intentará hacerme responsable de todo —dijo—. Yo administraba el fideicomiso, pero ella daba las órdenes.

— Incendiaste el hotel —respondió Elena.

— Necesitaba recuperar la carpeta roja.

— También intentaste matar a Augusto.

Tomás guardó silencio.

El inspector intervino:

— Sin una ubicación y una entrega inmediata, esta conversación termina.

— Valeria tiene los códigos de Blue Crown —dijo Tomás rápidamente—. Adrián controlaba parte del dinero, Beatriz otra parte y yo ejecutaba los movimientos. Pero Valeria diseñó el sistema.

— ¿Desde cuándo? —preguntó Samuel.

— Desde antes de entrar en Aurora Hotels. Trabajaba para una consultora contratada por nosotros. Descubrió las sociedades y se ofreció a ayudarnos a crear una estructura más segura.

Elena sintió un escalofrío.

Valeria no había descubierto el fraude después de convertirse en amante de Adrián.

Había entrado en su vida para participar en él.

— ¿Qué contenía el Proyecto Heredero? —preguntó Augusto.

Tomás miró hacia la puerta.

— Pruebas sobre el origen del fideicomiso y una lista de beneficiarios ocultos. Rafael Vidal creó cuentas a nombre de hijos, nietos y empleados para esconder dinero.

— ¿Valeria era beneficiaria?

— No exactamente.

La imagen se congeló durante un segundo.

— Su padre había reunido documentos para denunciar a Rafael. Cuando murió, alguien compró las deudas de su familia. Esa persona pagó la educación de Valeria y financió su entrada en una universidad privada.

— ¿Quién? —preguntó Elena.

Tomás respondió con una sola palabra:

— Beatriz.

Todos miraron el vídeo recuperado del hotel.

Beatriz había conocido a Valeria mucho antes de que Elena la contratara.

— La preparó —murmuró Inés.

— Beatriz pensaba que había comprado su lealtad —dijo Tomás—. Le ordenó acercarse a Elena, ganar su confianza y vigilarla. Pero Valeria nunca olvidó lo que los Vidal hicieron a su padre.

— Entonces jugó para ambos lados.

— Jugó para sí misma.

Un ruido se escuchó fuera de la cámara.

Tomás se volvió.

— Me encontraron.

La transmisión se movió violentamente. Se oyó un golpe, después un disparo.

La pantalla quedó negra.

Los inspectores intentaron rastrear la llamada. Había pasado por varios servidores, pero Samuel consiguió reducir la ubicación a una zona industrial cercana a Tarragona.

La policía envió unidades.

Dos horas más tarde encontraron la habitación.

Tomás estaba vivo, aunque herido de bala en el abdomen. El atacante había escapado. En el suelo aparecía la carpeta roja, pero faltaban varias páginas.

Tomás fue trasladado al hospital bajo custodia.

Los documentos recuperados revelaban que Blue Crown no era únicamente una empresa utilizada para desviar dinero. También poseía opciones de compra sobre una parte importante de Aurora Hotels.

Si Elena era apartada o moría, Blue Crown podía adquirir catorce propiedades por una cantidad simbólica.

— La detención de Adrián invalida los contratos —dijo Lucía.

Inés negó con la cabeza.

— No necesariamente. Las opciones fueron firmadas digitalmente con la identidad de Elena y verificadas por dos consejeros.

Tomás y Enrique Luján.

— ¿Cuándo pueden ejecutarlas? —preguntó Elena.

— Dentro de treinta y seis horas.

Samuel examinó los códigos.

— Para detenerlas necesitamos demostrar que Blue Crown está controlada por los conspiradores o bloquear sus cuentas antes de que presenten los contratos.

— ¿Valeria puede ejecutarlas sola?

— Si posee la llave principal, sí.

El teléfono de Elena vibró.

Había recibido un mensaje desde el número de Valeria.

Durante años me dijiste que una mujer debía construir su propio lugar en el mundo. Te escuché.

Debajo aparecía una fotografía.

Valeria estaba sentada en el despacho de una propiedad desconocida. Sobre la mesa descansaban los documentos de Blue Crown y una copa de champán.

Aurora nunca perteneció a los Salazar. Tampoco te pertenece solamente a ti. Una parte fue construida sobre las ruinas de familias como la mía.

Elena respondió:

Entonces ven y cuenta la verdad.

La respuesta llegó inmediatamente.

La verdad no devuelve nada. El poder sí.

A continuación, Valeria envió un archivo de audio.

En él se escuchaba la voz de Beatriz:

— Cuando Augusto muera, Adrián heredará el control del fideicomiso. Elena será culpable. Y tú recibirás Blue Crown.

Después hablaba Valeria:

— ¿Y si Adrián se niega a compartirla?

— Los hombres enamorados siempre firman antes de comprender lo que están entregando.

El audio terminaba con una risa.

Elena comprendió que Valeria había entregado pruebas suficientes para hundir a Beatriz, pero no para renunciar a la fortuna prometida.

— Quiere ejecutar las opciones —dijo.

Samuel confirmó la sospecha.

— Acaba de iniciar el proceso desde una dirección cifrada.

En treinta y seis horas, Valeria podía convertirse en propietaria de casi la mitad de los hoteles.

No necesitaba asesinar a Elena.

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Adrián y Beatriz ya habían destruido su propia defensa.

Valeria solo tenía que recoger lo que quedaba.

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