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La puerta de cristal / Chapter 4 / 15

Capítulo 4 - Diez años de confianza

El sábado por la noche, el Aurora Grand brillaba como un palacio.

Cientos de velas iluminaban la entrada. Un cuarteto de cuerda interpretaba la canción que Elena y Adrián habían elegido para su primer baile. Los camareros ofrecían champán en copas grabadas con el número diez.

Elena llegó sola.

Llevaba el mismo vestido negro con el que había sorprendido a Adrián en el jacuzzi. Había decidido no esconder aquella noche bajo otro color. Su cabello estaba recogido, y en la muñeca llevaba el reloj dorado que había sido de su esposo.

Los fotógrafos comenzaron a tomar imágenes.

— ¿Dónde está Adrián? —preguntó una periodista.

— Llegará en cualquier momento.

— ¿Van a renovar sus votos?

Elena sonrió.

— Esta noche renovaremos muchas cosas.

Dentro del salón, Beatriz Salazar supervisaba al personal como si el hotel perteneciera a su familia. Era una mujer alta, elegante y acostumbrada a hablar con la certeza de que nadie se atrevería a contradecirla.

Al ver a Elena, frunció los labios.

— Llegas sola a tu propia fiesta.

— Adrián y yo hemos tenido días complicados.

— Eso ocurre cuando una esposa pasa más tiempo en aviones que en su casa.

Elena besó el aire junto a su mejilla.

— Qué agradable verte también, Beatriz.

Augusto Salazar permanecía detrás de su esposa. Había dirigido un banco durante treinta años, pero dentro de su familia rara vez se oponía a Beatriz. Le dedicó a Elena una mirada breve, casi culpable.

Lucía, la hermana de Adrián, se acercó para abrazarla.

— ¿Estás bien?

— Mejor de lo que parece.

— Adrián está extraño. Mamá también.

— Esta noche entenderás por qué.

Lucía quiso preguntar algo más, pero Beatriz la llamó.

Adrián entró diez minutos después acompañado por Valeria.

Aunque ella caminaba a varios pasos de distancia, su presencia resultó suficiente para provocar murmullos. Valeria había elegido un vestido rojo intenso, quizá con la intención de demostrar que no se sentía avergonzada.

Adrián se acercó a Elena y trató de besarla en la mejilla.

Ella giró el rostro.

— Estás preciosa —dijo él.

— Tú pareces preocupado.

— No llevo mi reloj.

Elena levantó la muñeca.

— Pensé que podría usarlo esta noche.

— Quítatelo.

— Después del discurso.

Beatriz apareció junto a ellos.

— No montéis una escena antes de la firma.

Elena fingió sorpresa.

— ¿Qué firma?

Adrián miró a su madre con irritación.

— Se refiere a la renovación de votos.

— Claro —respondió Beatriz—. Eso.

Los invitados tomaron asiento.

En la mesa principal se encontraban los padres de Adrián, Lucía, el hermano de Elena, varios consejeros y los representantes de Blue Crown Holdings. Estos últimos eran dos hombres británicos que evitaban mirar directamente a Elena.

Inés y Claudia, la auditora, ocupaban una mesa lateral. Samuel controlaba la presentación desde una sala técnica. Dos inspectores de la policía económica esperaban en una habitación privada del hotel.

La cena comenzó.

Adrián habló con los inversores, sonrió para las cámaras y tomó la mano de Elena siempre que alguien los observaba. Ella permitió cada gesto.

Durante el segundo plato, Beatriz se inclinó hacia ella.

— Después del postre iréis al despacho y firmarás la autorización de venta.

— ¿Y si no quiero?

— No conviertas una decisión empresarial en un problema personal.

— Mi marido duerme con la directora de relaciones públicas. Todo se ha vuelto personal.

Beatriz no mostró sorpresa.

— Los hombres cometen errores.

— ¿Lo sabías?

— Sé que mi hijo necesita una mujer capaz de acompañar sus responsabilidades.

— ¿Y Valeria puede hacerlo?

— Valeria entiende que una esposa no debe competir con su marido.

Elena sostuvo la mirada de su suegra.

— Gracias por la sinceridad.

Beatriz sonrió.

— No tienes muchas alternativas. Si provocas un escándalo, el consejo conocerá tu estado emocional.

— Mi estado emocional es excelente.

— El doctor Montalvo no piensa lo mismo.

Elena sintió una calma extraña.

Beatriz acababa de confirmar su participación en el informe falso.

— Entonces será interesante escuchar su explicación.

Antes de que su suegra pudiera responder, las luces disminuyeron.

Adrián subió al escenario.

— Hace diez años —comenzó—, Elena me enseñó que los sueños más imposibles pueden hacerse realidad.

Los invitados aplaudieron.

— Juntos hemos construido una familia, una empresa y una vida que jamás imaginé merecer.

Elena pensó en la póliza de seguro.

Adrián extendió una mano hacia ella.

— Quiero que mi esposa suba conmigo.

Elena caminó hasta el escenario.

Él le entregó una caja de terciopelo. Dentro había un collar de diamantes.

— Un símbolo de que nuestra historia continúa —dijo.

Elena cerró la caja sin ponerse el collar.

— Yo también he preparado un regalo.

La pantalla detrás de ellos se encendió.

Apareció una fotografía de su boda. Adrián sonrió, convencido de que la presentación seguiría el programa acordado.

La siguiente imagen mostraba la inauguración del primer gran hotel de Elena.

Después aparecieron cifras: ingresos, propiedades, empleados y años de crecimiento.

— Durante diez años —dijo Elena—, confié en que mi esposo protegía todo lo que construíamos.

La pantalla cambió.

Apareció una transferencia a Blue Crown Holdings.

Luego otra.

Y otra.

Los murmullos comenzaron.

Adrián se volvió hacia la pantalla.

— ¿Qué es esto?

— Nueve millones ochocientos mil euros retirados de Aurora Hotels mediante facturas falsas.

Los representantes de Blue Crown se levantaron.

Las puertas del salón se cerraron, custodiadas por el equipo de seguridad.

— Nadie está detenido —aclaró Elena—. Las salidas de emergencia permanecen abiertas. Pero recomiendo que todos escuchen antes de marcharse.

Beatriz se puso de pie.

— Apaga esto inmediatamente.

Elena ignoró la orden.

En la pantalla apareció el falso informe médico.

— Cuando descubrí irregularidades financieras, algunas personas decidieron que sería más sencillo presentarme como una mujer agotada e incapaz de dirigir.

El doctor Montalvo, sentado al fondo, palideció.

— Este documento es confidencial —protestó.

— También es falso. Nunca me evaluó.

— Recibí información de su familia.

— ¿De qué miembro?

El médico miró a Beatriz.

Aquella vacilación fue suficiente.

Adrián intentó quitarle el micrófono a Elena.

— Está confundida. Ha atravesado una semana difícil.

Ella retrocedió.

— Exactamente la frase que necesitabas decir.

La pantalla mostró entonces los mensajes entre Adrián y Valeria.

Después de la fiesta ya no tendrás que fingir con ella.

Si se niega a firmar, utilizaremos el informe.

Valeria cerró los ojos.

La madre de Adrián miró a su hijo, no con indignación, sino con enfado porque habían sido descubiertos.

Elena hizo una señal.

Las imágenes del jacuzzi aparecieron en la pantalla. No mostraban desnudez explícita, solo a Adrián y Valeria abrazándose entre pétalos y velas, seguidos por la escena en que Elena abría la puerta.

Lucía se llevó una mano a la boca.

Augusto bajó la cabeza.

Beatriz golpeó la mesa.

— ¡Esto es una humillación contra nuestra familia!

— No —respondió Elena—. La humillación ocurrió cuando tu hijo llevó a su amante a mi casa. Esto es simplemente documentación.

Valeria se levantó.

— Adrián me dijo que se divorciaría.

— Siéntate —ordenó él.

Ella no obedeció.

— También me dijo que Blue Crown era una empresa legítima.

Los dos representantes británicos intentaron llegar a la salida.

Los inspectores de policía entraron en el salón.

— Señores, deberán acompañarnos para responder algunas preguntas.

Adrián miró a Elena con odio.

— ¿Llamaste a la policía en nuestra fiesta?

— Tú invitaste el fraude. Yo invité a quienes podían investigarlo.

Los agentes avanzaron hacia los representantes de Blue Crown, pero todavía no se acercaron a Adrián. Las pruebas debían ser verificadas antes de una detención formal.

Él comprendió que aún tenía una oportunidad.

Sacó un documento de su chaqueta.

— Ya que mi esposa desea convertir esto en una reunión empresarial, terminemos el proceso.

Entregó copias a los miembros del consejo.

— Esta mañana, tres accionistas solicitaron una votación de emergencia para suspender temporalmente a Elena Vargas por conducta perjudicial para la compañía.

Tomás Vidal y Enrique Luján se levantaron.

Beatriz sonrió.

Adrián continuó:

— Esta presentación, la difusión de información confidencial y la retención ilegal ocurrida en nuestro domicilio demuestran que Elena no puede seguir ejerciendo como presidenta.

Algunos invitados comenzaron a dudar.

La noche ya no parecía una exposición clara. Se había convertido en una guerra de versiones.

— El consejo se reunirá ahora mismo —anunció Adrián—. Y cuando termine, ya no tendrás autoridad para acusar a nadie utilizando el nombre de Aurora Hotels.

Elena observó los documentos.

Adrián había preparado incluso aquella posibilidad.

Pero ella también.

— De acuerdo —dijo.

Su tranquilidad lo desconcertó.

— ¿De acuerdo?

— Celebremos la votación.

Beatriz se inclinó hacia su hijo.

— No pierdas tiempo. Hazlo antes de que presente algo más.

Elena miró a Samuel, que esperaba junto a la cabina técnica.

Él negó discretamente con la cabeza.

Todavía no habían logrado descifrar la carpeta completa de la Operación Viuda. Sabían que Adrián planeaba su muerte, pero faltaba identificar a la persona contratada para provocar el accidente.

Elena volvió al micrófono.

— La fiesta aún no ha terminado.

Adrián sonrió.

— Para ti, sí.

Los consejeros se dirigieron al salón privado.

Y mientras los invitados comentaban el escándalo, una mujer del equipo de limpieza se acercó discretamente a Elena.

— Señora Vargas, encontré esto debajo de la mesa del señor Salazar.

Le entregó un teléfono pequeño que no pertenecía a Adrián.

La pantalla mostraba un mensaje recién recibido:

El coche está preparado. El lunes parecerá un fallo de frenos.

Debajo aparecía otro mensaje:

Si Elena habla esta noche, adelantamos el plan.

Elena levantó la vista.

Al otro lado del salón, Adrián hablaba con Beatriz.

Pero ninguno de los dos tenía un teléfono en las manos.

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Eso significaba que había otra persona en la fiesta involucrada en el plan para matarla.

Y esa persona estaba todavía dentro del hotel.

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