Capítulo 5 - La primera caída

La reunión extraordinaria del consejo comenzó a las once y veinte.
Solo doce personas tenían derecho a voto. Se sentaron alrededor de una mesa larga en el salón privado del hotel. Adrián ocupó el extremo derecho; Elena, el izquierdo.
Beatriz permaneció detrás de su hijo como representante del fideicomiso familiar. Inés se sentó junto a Elena. Dos inspectores observaron la reunión sin intervenir.
El teléfono encontrado bajo la mesa estaba ahora en manos de Samuel, quien trataba de identificar a su propietario sin alertar al responsable.
— La solicitud es clara —dijo Adrián—. Pedimos la suspensión inmediata de Elena Vargas durante treinta días, hasta que una evaluación independiente determine su capacidad para dirigir la compañía.
— El informe presentado es falso —respondió Inés.
— Eso lo decidirá un tribunal.
— El médico admite que nunca examinó a mi clienta.
El doctor Montalvo, obligado a permanecer en el hotel, esperaba en otra habitación. Había solicitado hablar con su abogado antes de realizar una declaración formal.
Tomás Vidal repartió una carpeta.
— No estamos juzgando únicamente el informe. Esta noche, la señora Vargas ha difundido datos financieros confidenciales delante de personas ajenas al consejo.
— Datos que prueban un robo —dijo Elena.
— Supuestas pruebas —corrigió Enrique Luján.
— ¿También consideran supuesto el dinero transferido a Blue Crown?
Enrique evitó responder.
Elena comprendió que ambos habían recibido algo a cambio de su apoyo. Quizá acciones, quizá dinero. Adrián había convertido la empresa en una red donde cada persona comprometida protegía a las demás.
— Procedamos a la votación —ordenó Beatriz.
Augusto, que no era miembro del consejo pero había entrado detrás de su esposa, habló por primera vez.
— Tal vez deberíamos escuchar a Elena.
Beatriz giró lentamente.
— Nadie ha pedido tu opinión.
El desprecio en su voz reveló décadas de silencios familiares.
Augusto bajó la mirada, pero no salió.
Adrián inició la votación.
Tomás apoyó la suspensión.
Enrique también.
El representante de un fondo alemán se abstuvo. Dos consejeros independientes votaron en contra. La decisión dependía de Lucía Salazar, quien controlaba temporalmente las acciones heredadas de su abuela.
Lucía miró a su hermano.
— ¿Dormiste con Valeria?
Adrián exhaló con irritación.
— Mi vida privada no tiene relación con esta votación.
— Utilizaste la fiesta de aniversario para obligar a tu esposa a vender una propiedad.
— Estoy intentando salvar la empresa.
— ¿Y el informe médico?
— Elena lleva meses actuando de manera obsesiva.
Lucía miró a Elena.
— ¿Cerraste la puerta del spa con ellos dentro?
— Durante once minutos. El sistema de ventilación y el botón de emergencia estaban activos. Seguridad recibió instrucciones de abrirla inmediatamente.
— ¿Por qué lo hiciste?
— Porque acababa de escucharlos hablar sobre documentos guardados en el despacho. Necesitaba impedir que Adrián los destruyera antes de que llegara mi abogada.
Inés entregó el registro del sistema doméstico. Confirmaba la duración del bloqueo y el funcionamiento de la salida de emergencia.
Adrián golpeó la mesa.
— No importa cuánto duró. Demuestra un comportamiento irracional.
— No —dijo Lucía—. Demuestra que tenía motivos para no confiar en ti.
Beatriz se acercó a su hija.
— Piensa cuidadosamente antes de votar.
— Eso estoy haciendo.
— Tu hermano ha protegido a esta familia toda su vida.
Lucía rio sin humor.
— Adrián solo protege aquello que puede controlar.
Votó contra la suspensión.
El resultado quedó empatado.
La decisión final correspondía a Augusto, quien conservaba un voto especial como fundador del fideicomiso Salazar.
Beatriz lo miró.
— Sabes lo que debes hacer.
Augusto sostuvo la carpeta sin abrirla.
— Durante treinta y cuatro años he hecho lo que tú considerabas necesario.
— No conviertas esto en una discusión matrimonial.
— Todo en nuestra familia se convierte en una discusión matrimonial porque nunca permites que nadie tenga una voluntad distinta de la tuya.
Adrián se levantó.
— Papá, ahora no.
Augusto miró a Elena.
— ¿Puedes demostrar que Adrián controla Blue Crown?
— Aún estamos descifrando los archivos, pero existen transferencias, mensajes y contratos.
— Entonces todavía no es una prueba definitiva.
Elena sintió que el resultado se alejaba de ella.
Augusto continuó:
— Sin embargo, un hombre inocente no prepara un informe falso contra su esposa.
Beatriz palideció.
— Augusto.
— Voto contra la suspensión.
La propuesta fue rechazada.
Adrián permaneció inmóvil. Había perdido frente a su propio padre.
Elena pensó que sentiría alivio, pero el teléfono encontrado seguía pesando sobre toda la noche. El plan para matarla podía adelantarse y el responsable continuaba entre los invitados.
Samuel entró apresuradamente.
— Necesito hablar contigo.
Elena salió con él al corredor.
— El teléfono utiliza una tarjeta comprada con identidad falsa —explicó—. Pero se conectó al wifi del hotel mediante las credenciales de un empleado.
— ¿Quién?
— Marcos Leiva, jefe de seguridad.
Elena conocía a Marcos desde hacía seis años. Era responsable de todas las cámaras, accesos y vehículos ejecutivos del hotel.
— ¿Dónde está?
— Desapareció hace veinte minutos.
Elena llamó al garaje.
Nadie respondió.
Recordó que su coche estaba aparcado en el nivel subterráneo. Marcos tenía acceso a las llaves y al sistema de mantenimiento.
— Cierra el garaje —ordenó—. Que nadie toque mi vehículo.
Samuel comunicó la instrucción por radio.
Del salón principal llegó un grito.
Elena y los inspectores corrieron hacia allí.
Valeria estaba junto al escenario, con una mano ensangrentada. En el suelo había una copa rota. Adrián se encontraba frente a ella.
— ¡Diles la verdad! —gritaba Valeria—. ¡Diles que me utilizaste!
— Estás borracha.
— Encontré la carpeta en tu ordenador. Operación Viuda.
Todos los invitados se volvieron.
Adrián trató de sujetarla, pero Valeria retrocedió.
— Me prometiste que te divorciarías. Nunca dijiste que ibas a matarla.
Beatriz llegó junto a su hijo.
— No digas una palabra más.
Valeria la señaló.
— Usted lo sabía.
El salón quedó en silencio.
Los inspectores encendieron sus grabadoras.
— Señorita Cruz —dijo uno de ellos—, necesito que repita exactamente lo que acaba de afirmar.
Valeria miró a Elena. El maquillaje se había corrido por sus mejillas.
— Adrián preparó un accidente. Marcos debía modificar los frenos de tu coche. Después, Adrián heredaría tus acciones y Blue Crown compraría las propiedades a través de sociedades controladas por ellos.
— ¿Por ellos? —preguntó Elena.
Valeria señaló a Adrián, Beatriz, Tomás Vidal y Enrique Luján.
Los dos consejeros intentaron abandonar el salón.
La policía les bloqueó el paso.
Adrián perdió finalmente su serenidad.
— Está mintiendo para vengarse porque nuestra relación terminó.
— Tengo mensajes —respondió Valeria—. Grabé nuestras conversaciones cuando comprendí que querías culparme si algo salía mal.
Sacó de su bolso una memoria USB.
Adrián se abalanzó sobre ella.
El hermano de Elena y uno de los agentes lo detuvieron antes de que pudiera alcanzarla.
— ¡No sabes lo que estás haciendo! —gritó él.
— Por primera vez, sí.
Valeria entregó la memoria al inspector.
Beatriz permanecía completamente quieta.
— Esta mujer no es fiable —dijo—. Ha mantenido una relación con un hombre casado y ahora intenta salvarse.
— Puede que no sea fiable —respondió Elena—. Por eso compararemos sus grabaciones con los archivos del servidor.
Samuel conectó la memoria a un ordenador aislado.
La primera grabación comenzó.
La voz de Adrián se escuchó con claridad:
— El lunes Elena conducirá sola hacia el aeropuerto. Marcos se ocupará del coche.
Después sonó la voz de Beatriz:
— Asegúrate de que no haya cámaras en la salida del garaje.
Augusto se dejó caer en una silla.
Lucía comenzó a llorar.
Los agentes se acercaron a Adrián y a su madre.
— Adrián Salazar y Beatriz Salazar, quedan detenidos bajo sospecha de conspiración para cometer homicidio, fraude y falsificación documental.
Adrián miró a Elena mientras le colocaban las esposas.
— Tú provocaste esto.
— No. Solo impedí que lo ocultaras.
Beatriz no opuso resistencia. Antes de ser conducida fuera del salón, se acercó cuanto pudo a Elena.
— No creas que has ganado.
— Su hijo está esposado y su plan ha sido grabado.
— Adrián no conoce toda la verdad sobre Aurora Hotels.
Elena frunció el ceño.
Beatriz sonrió.
— Pregúntale a tu abuela quién pagó realmente el primer hotel.
— Mi abuela murió hace doce años.
— Entonces busca en la caja fuerte de la habitación 407.
Los agentes se la llevaron.
Elena permaneció inmóvil.
La habitación 407 pertenecía al hotel original de su abuela, un edificio que llevaba cerrado desde hacía ocho meses por reformas. Elena había vivido allí durante su infancia, pero nunca había escuchado hablar de una caja fuerte.
Inés se acercó.
— Puede ser otra manipulación.
— O una amenaza.
Antes de que pudieran hablar más, Samuel recibió una llamada del garaje.
— Han encontrado a Marcos.
— ¿Dónde?
— Dentro del coche de Elena. Está inconsciente.
— ¿Y los frenos?
Samuel escuchó unos segundos.
Su rostro cambió.
— Los frenos están intactos.
— Entonces, ¿qué modificó?
— Había colocado un dispositivo explosivo bajo el asiento del conductor.
Elena sintió que las piernas le fallaban.
— ¿Está activo?
— No. Alguien lo desconectó antes de que pudiera armarse.
— ¿Quién?
Samuel miró hacia la puerta por donde se habían llevado a Beatriz.
— Marcos llevaba una nota en el bolsillo. Dice que Adrián no era la persona que debía morir esta noche.
Elena tomó la hoja.
Solo contenía una frase escrita a mano:
El objetivo siempre fue Augusto Salazar.
Levantó la vista hacia el padre de Adrián.
Él estaba sentado junto a la mesa, pálido y tembloroso.
Beatriz había participado en un plan para apartar a Elena y robar la empresa.
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Pero alguien había utilizado ese plan para preparar otro asesinato.
Y la verdadera batalla apenas acababa de comenzar.