Capítulo 3 - La fiesta que nadie debía olvidar

El viernes por la mañana, Elena entró en la sede de Aurora Hotels como si nada hubiera ocurrido.
Saludó a los recepcionistas, respondió a los mensajes pendientes y dirigió una reunión sobre el proyecto de Madrid. Adrián llegó veinte minutos después. Vestía un traje gris impecable y llevaba otro reloj en la muñeca.
No mencionó el jacuzzi.
Tampoco preguntó dónde había dormido Elena.
Delante de los empleados, representaron a la pareja perfecta. Adrián le acercó una taza de café. Elena agradeció el gesto. Cuando las puertas de la sala de reuniones se cerraron, él ocupó su asiento habitual a la derecha de ella.
— Blue Crown ha mejorado su oferta —anunció Adrián a los miembros del comité—. Considero que deberíamos reconsiderarla.
Elena abrió el informe.
La nueva cantidad seguía siendo inferior al verdadero valor de la propiedad.
— Ya rechazamos esta operación.
— Las condiciones del mercado han cambiado.
— En tres días.
— Los bancos están preocupados por la velocidad de nuestra expansión.
— Ayer confirmaron la financiación.
Adrián sonrió.
— A veces las conversaciones informales revelan más que los contratos.
Dos consejeros asintieron. Elena reconoció inmediatamente a los posibles aliados de su esposo: Tomás Vidal, representante del fideicomiso Salazar, y Enrique Luján, director de inversiones.
— Someteremos la propuesta a votación el lunes —dijo Elena.
— Sería mejor firmar una autorización preliminar mañana —respondió Adrián—. Los representantes de Blue Crown estarán en la fiesta.
Ahí estaba la firma que necesitaban.
— Nuestra fiesta de aniversario no es una reunión empresarial.
— Mezclar relaciones y negocios siempre ha sido una de tus habilidades.
El comentario parecía un elogio, pero Elena escuchó la amenaza oculta.
— Revisaré los documentos —respondió.
Adrián se relajó.
Después de la reunión, Elena bajó al archivo privado con Inés y Samuel. Habían solicitado la presencia de Claudia Ferrer, auditora externa de Aurora Hotels.
Claudia colocó sobre la mesa varios movimientos bancarios.
— Durante los últimos dieciocho meses, pequeñas cantidades han salido de seis hoteles distintos —explicó—. Ninguna transferencia era lo bastante grande para activar una alerta.
— ¿Cuánto dinero en total? —preguntó Elena.
— Nueve millones ochocientos mil euros.
Elena sintió un vacío en el estómago.
— ¿Por qué nadie lo detectó?
— Los pagos figuraban como costes de consultoría, reformas y servicios tecnológicos. Todos estaban aprobados desde la oficina financiera.
— Adrián.
— Su firma aparece, pero también la tuya.
Claudia mostró varios documentos digitales.
La firma de Elena era perfecta.
— Yo nunca aprobé esto.
— Lo imaginaba. Los certificados fueron emitidos mientras estabas viajando.
Samuel analizó los archivos.
— Utilizaron una copia de su llave digital. Para obtenerla necesitaban acceso físico a su teléfono o a su ordenador.
Elena recordó las muchas ocasiones en que Adrián había llevado su portátil a reparar. También recordaba a Valeria entrando en su despacho con cualquier excusa mientras ella atendía una llamada.
No había sido engañada durante tres meses.
Había sido vigilada durante años.
— ¿Adónde fue el dinero? —preguntó Inés.
Claudia señaló una lista de sociedades.
Todas terminaban conectadas con Blue Crown Holdings.
— Si logramos demostrar que Adrián controla Blue Crown, tendremos malversación, falsificación y administración desleal —dijo Inés—. Pero necesitamos pruebas que no dependan únicamente de la información del reloj.
Samuel explicó que el servidor oculto se activaría de nuevo a medianoche. Si Adrián intentaba borrar los datos, podrían rastrear la conexión y copiar los archivos.
— Debemos dejar que crea que recuperará el reloj durante la fiesta —concluyó.
Elena miró la hora.
Valeria la esperaba en el hotel donde se celebraría el aniversario.
La fiesta tendría lugar en el Aurora Grand, el establecimiento más emblemático de la cadena. Elena había restaurado el edificio cuando apenas tenía treinta años. En el gran salón había conocido a Adrián durante una cena benéfica.
Ahora el mismo lugar serviría para terminar su matrimonio.
Valeria supervisaba la colocación de las mesas cuando Elena entró. Se había recogido el cabello y vestía un traje crema. Parecía profesional, pero sus manos temblaban al revisar las flores.
— Pensé que enviarías a otra persona —dijo.
— Quiero comprobar personalmente cada detalle.
Elena recorrió el salón.
En el centro había una pantalla gigante destinada a proyectar imágenes de su historia con Adrián. Sobre las mesas descansaban tarjetas doradas con los nombres de los invitados.
— La familia de Adrián ocupará la primera mesa —explicó Valeria—. Tu hermano está en la segunda.
— Cambia el orden. Quiero a Beatriz junto al escenario.
Valeria levantó la vista.
— ¿Planeas hacer algo?
— Celebrar mi matrimonio.
— Elena, sé que no vas a creerme, pero nunca quise hacerte daño.
— Dormiste con mi marido en mi casa.
— Adrián me dijo que vuestro matrimonio había terminado.
— Ayer le preguntaste qué ocurriría si yo no firmaba.
Valeria palideció.
Elena se acercó.
— Escuché vuestra conversación.
— No conozco todos sus planes.
— Pero conocías algunos.
Valeria miró alrededor para comprobar que nadie podía oírlas.
— Adrián me dijo que estabas poniendo en peligro la empresa. Dijo que el proyecto de Madrid era una obsesión y que arruinarías a cientos de empleados.
— ¿Y decidiste salvarlos convirtiéndote en su amante?
— Me enamoré de él.
— No. Te enamoraste de la vida que pensaste que él podía darte.
Valeria apretó los labios.
— Después de la fiesta iba a divorciarse de ti.
— Después de que yo firmara la venta.
La otra mujer guardó silencio.
Elena comprendió que Valeria sabía lo suficiente para ser cómplice, pero quizá ignoraba el fraude millonario y el plan para declararla incapaz.
— Adrián te prometió un puesto en Blue Crown, ¿verdad?
Valeria retrocedió.
Esa reacción confirmó la sospecha.
— Me dijo que dirigiría la nueva división de relaciones internacionales.
— Blue Crown no va a crear ninguna división. Es una sociedad utilizada para robar dinero de Aurora Hotels.
— Eso no es verdad.
— Pregúntale por los nueve millones ochocientos mil euros.
Valeria la miró con auténtico miedo.
— Estás intentando enfrentarme a él.
— No necesito hacerlo. Adrián terminará abandonándote en cuanto dejes de ser útil.
Elena se alejó unos pasos.
— Mañana tendrás dos opciones. Puedes sentarte a su lado y hundirte con él, o puedes entregarme todos los mensajes y documentos que conservas.
— ¿Y por qué confiaría en ti?
— No tienes que confiar. Solo tienes que decidir quién tiene más motivos para mentirte.
Elena salió del salón.
Aquella tarde, comenzó a recibir confirmaciones de asistencia. Beatriz Salazar acudiría con su esposo, Augusto. También asistirían Lucía, la hermana menor de Adrián, y varios tíos y primos.
Todos creían que presenciarían una renovación de votos.
Ninguno sabía que Elena había añadido al programa una presentación de veinticinco minutos titulada:
Diez años de confianza.
A las once y cincuenta de la noche, Samuel conectó el reloj dorado a un sistema aislado.
A medianoche exacta, el dispositivo recibió una orden de borrado.
— Ya entraron —dijo Samuel.
Sus dedos se movieron rápidamente sobre el teclado.
El servidor de Blue Crown apareció en la pantalla. Había contratos, registros bancarios, mensajes y una carpeta llamada Operación Viuda.
Elena sintió un escalofrío.
— Abre esa carpeta.
Samuel hizo clic.
El primer documento era una póliza de seguro de vida por veinte millones de euros.
La persona asegurada era Elena.
El beneficiario principal era Adrián Salazar.
El segundo archivo contenía un informe sobre el sistema de frenos del coche que Elena utilizaba durante sus viajes a Madrid.
Al final aparecía una fecha.
El lunes siguiente.
Inés se quedó sin palabras.
— No pretendía limitarse a apartarte de la empresa.
Elena leyó nuevamente el nombre de la carpeta.
Operación Viuda.
Entonces comprendió la verdadera función de la fiesta.
Adrián no quería divorciarse.
Quería que Elena firmara la venta, fuera presentada como una mujer emocionalmente inestable y muriera pocos días después en un supuesto accidente.
Él heredaría sus acciones.
Valeria ocuparía su lugar.
Y todo parecería una tragedia.
Elena cerró el documento.
— Mañana nadie sale del salón hasta que escuche la verdad.
Inés apoyó una mano sobre la mesa.
— Ahora debemos llamar a la policía.
— Lo haremos.
— ¿Después de la fiesta?
— Durante la fiesta.
Elena miró la fotografía de Adrián incluida en la póliza.
Él aún pensaba que estaba preparando el final de su esposa.
May you like
No sabía que Elena acababa de leer su propio plan.
Y tampoco sabía que ella había decidido asistir a su supuesto funeral vestida de negro.