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Chapter 9 - La mujer del abrigo rojo

El hospital militar quedó sellado.

Nadie podía entrar ni salir sin autorización de Rebecca Sloan.

Los agentes revisaron cámaras, ascensores y registros biométricos. La última imagen de Elena mostraba a una enfermera conduciendo su cama hacia radiología.

La enfermera verdadera había sido encontrada inconsciente en un armario.

—La mujer que la sustituyó utilizó una máscara facial —explicó Sloan—. También tenía credenciales válidas.

Valeria examinó la grabación.

La falsa enfermera caminaba con una ligera inclinación hacia la izquierda.

—Detén la imagen.

Sloan obedeció.

Valeria amplió la mano de la mujer. Llevaba un anillo de oro con una piedra verde.

—La vi en la mansión.

—¿Quién es?

—Una de las mujeres del consejo. Amelia Beaumont.

Charles Beaumont tenía una hija que dirigía la división europea de su imperio. Valeria la había visto durante cenas familiares, aunque Amelia siempre fingía no conocer los negocios de su padre.

—Buscad vehículos registrados a su nombre —ordenó Sloan.

No encontraron ninguno.

Naomi se acercó con la llave física.

—El sistema se activó hace diez minutos.

Gabriel intentó incorporarse.

—Eso significa que Helena ya tiene acceso a la terminal principal.

—¿Dónde está? —preguntó Valeria.

—La ubicación cambia cada seis horas.

—¿Cómo podemos encontrarla?

Gabriel señaló la llave.

—Cuando las tres firmas están cerca, emite una secuencia de sincronización.

—Mamá sigue viva.

—Sí. Si hubiera muerto, tu autorización habría cambiado.

Valeria observó el pequeño indicador verde de la llave.

Tres luces parpadeaban.

Gabriel.

Elena.

Valeria.

Las tres firmas continuaban activas.

—¿Puede medir la distancia?

—No directamente. Pero la intensidad de la señal aumenta al acercarse.

Sloan rechazó inicialmente permitir que Valeria participara en la búsqueda.

—Eres el objetivo principal.

—También soy la única persona que puede utilizar esto.

—Podemos colocar la llave en un equipo.

—Gabriel diseñó el reconocimiento. Solo responde a mí.

Su padre asintió.

Sloan no tuvo otra opción.

Valeria salió del hospital en un convoy falso mientras el equipo real utilizaba un túnel de mantenimiento. Naomi permaneció con Gabriel. Lucas y Olivia estaban siendo trasladados hacia otra instalación.

La señal condujo a Valeria hasta una zona industrial abandonada junto al río Potomac.

Allí había una antigua central eléctrica propiedad de una sociedad vinculada a Beaumont.

Las luces de la llave aumentaron.

—Está dentro —dijo Valeria.

Sloan dividió al equipo.

Entraron por dos accesos.

El edificio estaba vacío en apariencia. Solo encontraron maquinaria oxidada, conductos y antiguos generadores.

La señal llevó a Valeria hasta una plataforma circular.

—Aquí.

Un agente examinó el suelo.

—No hay puerta.

Valeria recordó las palabras de su padre.

La casa bajo una línea de agua.

Había un canal junto a la central. El acceso podía estar debajo del nivel del río.

Encontraron una válvula escondida.

Al girarla, la plataforma descendió como un ascensor.

La terminal estaba treinta metros bajo tierra.

Las paredes eran de hormigón. En el centro había una sala circular rodeada de servidores.

Helena esperaba con Charles y Amelia Beaumont.

Elena estaba atada a una silla frente a una consola.

Lucas también estaba allí.

Valeria se quedó inmóvil.

—Pensé que estabas bajo custodia.

Lucas no la miró.

Helena sonrió.

—Tu esposo continúa teniendo dificultades para elegir un bando.

Sloan y los agentes apuntaron.

Charles levantó un dispositivo.

—Si alguien dispara, el sistema inundará este nivel.

El ruido del agua comenzó a escucharse detrás de las paredes.

—La central fue construida sobre un conducto del río —explicó—. Podríamos desaparecer bajo millones de litros antes de que nadie llegara.

Valeria miró a Lucas.

—¿Cómo llegaste aquí?

—Me entregué a Sloan —respondió—. Pero el vehículo de traslado fue interceptado.

—¿Y Olivia?

—Está a salvo con Naomi.

Helena señaló la consola.

—No tenemos tiempo para otra conversación matrimonial.

Elena parecía débil, pero consciente.

—No firmes —dijo.

Amelia le golpeó el rostro.

Valeria avanzó.

—Tócala otra vez y no habrá ninguna firma.

Helena levantó una mano para detener a Amelia.

—Por fin comprendes cómo negociar.

—Déjala ir.

—Después de la transferencia.

—¿Qué quieres exactamente?

Helena activó la pantalla.

Aparecieron miles de cuentas.

El total superaba los once mil millones de dólares.

—La propiedad completa de la red.

—No podrás utilizar el dinero después de que los archivos se publiquen.

—Los archivos no incluyen todas las identidades. Con el núcleo podré borrar las rutas y comenzar de nuevo.

—¿Dónde?

—Los imperios no necesitan un país.

Valeria se acercó a la consola.

La llave respondió.

La primera luz se volvió azul.

Firma sucesora reconocida.

Gabriel estaba conectado remotamente desde el hospital. Su autorización apareció en la pantalla.

Solo faltaba Elena.

Amelia le colocó la mano sobre un lector.

El sistema rechazó la firma.

COACCIÓN DETECTADA.

Helena maldijo.

—Dije que no funcionaría —susurró Elena.

Charles sacó una jeringa.

—Existe una sustancia que reduce la respuesta al miedo sin alterar la conciencia.

Valeria se interpuso.

—Si le administras algo, me negaré a firmar.

—Ya has sido reconocida —dijo Helena.

—Pero no he autorizado la transferencia final.

Lucas observaba la consola.

Valeria notó que movía discretamente la mano hacia un cable bajo la mesa.

Estaba haciendo algo.

Necesitaba mantener la atención sobre ella.

—Mamá —dijo—, cuéntales por qué escondiste nueve mil millones.

Elena la miró.

—No ahora.

—Dijiste que ayudabas a víctimas. ¿Qué ibas a hacer con el resto?

Helena sonrió.

—Pregúntale por el Proyecto Aurora.

Elena cerró los ojos.

Valeria sintió que aparecía otra mentira.

—¿Qué es Aurora?

—Una red de empresas que tu madre preparó para reemplazar a Ashford Meridian después de su caída —respondió Charles—. Hoteles, bancos, puertos y compañías de seguridad.

—No quería destruir nuestro imperio —añadió Helena—. Quería quedarse con él.

Valeria miró a su madre.

—¿Es cierto?

—Una parte.

—Siempre una parte.

Elena comenzó a hablar.

Aurora había sido creada para tomar el control de las empresas cuando las investigaciones destruyeran a Helena y Beaumont. Oficialmente, las acciones pasarían a fundaciones de víctimas.

—¿Oficialmente? —preguntó Valeria.

—Yo conservaría suficiente control para impedir que otros criminales compraran las compañías.

—Ibas a convertirte en la nueva Helena.

—No.

—Eso mismo diría ella.

Elena tiró de las correas.

—Construí algo capaz de sobrevivir a estas personas.

—Construiste otro imperio oculto.

La decepción de Valeria fue más profunda que la furia.

Lucas desconectó el cable.

Todas las pantallas se apagaron.

Helena giró.

—¿Qué has hecho?

—He enviado el protocolo de liquidación.

Gabriel había preparado la orden desde el hospital. Lucas solo necesitaba abrir la conexión física.

El sistema reinició.

Una cuenta regresiva apareció:

LIQUIDACIÓN TOTAL EN 09:59

Helena golpeó a Lucas.

Sloan avanzó, pero Charles activó la inundación.

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Las compuertas se abrieron.

El agua entró en la sala.

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