Chapter 11 - La firma rota

La pluma partida cayó sobre la carpeta.
Durante varios segundos nadie se movió.
Naomi observó los dos fragmentos sobre la mesa como si Valeria hubiera cometido una ofensa personal. Los falsos soldados continuaban apuntando hacia Rebecca Sloan, Gabriel y Elena. Olivia permanecía cerca de la pared, mirando a su madre con una mezcla de miedo y decepción.
—Puedes romper todas las plumas de este hospital —dijo Naomi—. El documento seguirá esperando tu firma.
Valeria sostuvo su mirada.
—Entonces seguirá vacío.
Naomi levantó el pequeño control.
En una de las pantallas apareció Lucas.
Estaba inconsciente dentro de una unidad quirúrgica. Un respirador movía lentamente su pecho. Dos médicos vestidos de verde permanecían junto a la mesa, pero ninguno llevaba identificación del hospital militar.
—La cirugía adicional debe comenzar dentro de cuarenta minutos —explicó Naomi—. La arteria dañada puede romperse en cualquier momento.
—Permíteme hablar con el cirujano.
—No necesitas comprender el procedimiento.
—Necesito comprobar que no estás mintiendo.
Naomi sonrió levemente.
—Sigues buscando números incluso cuando la persona que amas está muriendo.
—Los números no cambian porque alguien levante un arma.
Valeria señaló el monitor cardíaco.
—Su presión es demasiado estable para una hemorragia arterial activa. También está conectado a una bomba de medicación que no aparece en el informe inicial. Quiero ver sus análisis.
Naomi perdió una pequeña parte de su seguridad.
—No estás en posición de exigirlos.
—Entonces no firmaré.
Elena observó a su hija con atención. Comprendió que Valeria estaba ganando tiempo, aunque no sabía para qué.
Sloan movió discretamente la mano hacia su cinturón. Uno de los hombres armados presionó la pistola contra su espalda.
—No lo intentes —advirtió.
Naomi tomó otra pluma de la carpeta y la colocó frente a Valeria.
—Aurora posee hospitales en doce países. Controlamos el equipo que mantiene vivo a Lucas. También podemos decidir qué medicamentos recibe tu padre y cuándo vuelve a ser operada tu madre.
—Acabas de demostrar por qué nadie debería entregarte más poder.
—El poder ya existe. La única pregunta es quién lo utiliza.
—Eso mismo decía Helena.
—Helena utilizaba el sistema para enriquecerse. Yo lo utilizaré para impedir que familias como la suya vuelvan a controlar gobiernos.
Olivia avanzó.
—¿Y quién te impedirá convertirte en otra Helena?
Naomi miró a su hija.
—Todo lo que construí fue para encontrarte y protegerte.
—No me encontraste. Me mantuviste escondida porque mi existencia te daba acceso a las cuentas de Robert.
El rostro de Naomi se endureció.
—No sabes lo que tuve que sacrificar.
—Sé que me observaste durante años.
Olivia sacó del bolsillo un pequeño papel que había tomado de la finca donde Helena la retenía.
—Había informes tuyos sobre mis medicamentos, mis conversaciones y las personas con las que intentaba hacer amistad.
—Helena vigilaba esos lugares.
—Los informes estaban dirigidos a Isabel Laurent.
La antigua identidad de Naomi.
—No podías sacarme —continuó Olivia—, pero podías saber qué libro leía cada noche.
—Si me acercaba, Helena te habría matado.
—Quizá. Pero no utilizaste la información solo para mantenerme viva. La utilizaste para prepararme como sucesora.
Naomi bajó el control.
—Quería entregarte algo que nadie pudiera quitarte.
—Yo quería una madre.
La frase golpeó a Naomi con más fuerza que cualquier acusación.
Uno de los monitores emitió una alerta.
La frecuencia cardíaca de Lucas aumentó.
Valeria miró la pantalla.
El patrón no parecía una reacción médica normal. Había tres pulsaciones rápidas, una pausa y dos pulsaciones más.
Se repitió.
Tres, uno, dos.
Lucas estaba consciente.
Y estaba intentando enviar un código.
Durante su matrimonio utilizaban secuencias numéricas para recordar contraseñas. Tres, uno, dos correspondía a las letras C-A-B.
CAB.
Casa Ashford Beaumont.
O quizá una instrucción incompleta.
Lucas movió un dedo bajo la sábana.
Tres veces.
Después una.
Después dos.
Valeria observó la bomba conectada a su brazo. En el lateral aparecía un código de dispositivo:
CAB-312.
No estaba enviando una palabra.
Le estaba indicando qué máquina controlaba la transmisión.
—Quiero acercarme a la pantalla —dijo Valeria.
Naomi negó.
—Quédate donde estás.
—Necesito comprobar su respiración.
—Los médicos lo hacen.
Valeria levantó las manos.
—Entonces acerca la imagen.
Naomi hizo una señal a uno de los falsos soldados. El hombre tocó el panel y amplió la transmisión.
Era suficiente.
Valeria vio un reflejo en la cubierta metálica de la bomba.
Detrás de la cámara había una puerta. Sobre ella aparecía una placa parcialmente visible:
AURORA CENTRAL – UNIDAD 3.
Lucas no estaba en el hospital.
La transmisión procedía de otra instalación.
—No está aquí —dijo Valeria.
Naomi quedó inmóvil.
—¿Qué?
—La unidad quirúrgica no pertenece a este hospital. El código de la bomba corresponde a Aurora Central. Has bloqueado esta planta para hacernos creer que controlas el edificio, pero Lucas está en otro lugar.
Sloan miró las pantallas.
—¿Dónde está Aurora Central?
Naomi guardó silencio.
Gabriel observó el mapa mostrado anteriormente.
—Debajo de nosotros.
Todos se volvieron hacia él.
—Robert hablaba de construir una instalación bajo la antigua base —continuó—. El hospital militar fue levantado sobre un centro de comunicaciones abandonado.
Naomi levantó el control.
—Eso no cambia nada.
—Sí cambia algo —respondió Valeria—. Lucas está lo bastante cerca para conectarse al sistema interno.
La bomba de medicación se apagó.
Las luces de la habitación parpadearon.
Después, todas las cerraduras electrónicas se abrieron al mismo tiempo.
Sloan reaccionó primero.
Golpeó al hombre situado detrás de ella, le arrebató el arma y disparó contra el techo. Los falsos soldados se cubrieron.
Gabriel empujó la mesa contra uno de ellos. Elena tomó la carpeta y la lanzó al rostro del segundo.
Valeria corrió hacia Naomi.
La mujer presionó el control, pero la pantalla no respondió.
Olivia agarró la muñeca de su madre.
—¡Detente!
Naomi la apartó.
—No entiendes lo que perderemos.
—No quiero heredarlo.
Un disparo golpeó la pared.
Valeria derribó a Naomi antes de que otro hombre pudiera apuntar. Ambas cayeron junto a la cama de Gabriel.
El pequeño control se deslizó bajo una silla.
Sloan inmovilizó a uno de los atacantes. Los agentes militares verdaderos comenzaron a entrar desde el corredor.
Naomi observó la puerta abierta.
Después sacó una pequeña hoja escondida bajo la manga y la colocó contra el cuello de Olivia.
—Atrás.
Todos se detuvieron.
Olivia respiró con dificultad.
—¿También esto es para protegerme?
La mano de Naomi tembló.
—No quiero hacerte daño.
—Entonces suéltame.
—Necesito salir.
—Utilizándome como rehén.
—Solo hasta llegar a Aurora Central.
Valeria levantó lentamente las manos.
—Llévame a mí.
Naomi la miró.
—Tú eres más valiosa aquí.
—Precisamente. Sin mi firma no puedes completar la transferencia.
—Podré conseguirla.
—No si Sloan me lleva a una ubicación desconocida.
Valeria dio un paso.
—Suelta a Olivia y te acompañaré.
—Valeria, no —dijo Elena.
—Lucas está allí abajo.
—Es una trampa.
—Lo sé.
Naomi estudió el rostro de Valeria.
—Entrégame la llave física.
Sloan se tensó.
La pieza metálica estaba guardada en un estuche de evidencia sobre la mesa.
Valeria la tomó.
—Primero Olivia.
Naomi retiró la hoja del cuello de su hija y la empujó hacia Sloan.
En el mismo instante, dos puertas metálicas se cerraron entre ellas y los agentes.
Naomi había activado un acceso oculto bajo el suelo.
La plataforma donde estaban ella y Valeria comenzó a descender.
Elena corrió hacia el borde.
—¡Valeria!
La abertura se cerró sobre sus cabezas.
El ascensor descendió durante casi un minuto.
Naomi mantenía la hoja en una mano y el control en la otra.
—Has cometido un error —dijo.
—Me he acostumbrado a cometerlos dentro de ascensores secretos.
—Lucas puede morir antes de que lleguemos.
—Entonces deja de hablar.
Las puertas se abrieron.
Aurora Central era mucho más grande que la terminal inundada junto al Potomac. Filas de servidores se extendían bajo una bóveda de acero. Pantallas mostraban puertos, hospitales, bancos y canales de noticias de distintos países.
Cientos de personas trabajaban frente a las consolas.
No parecían soldados.
Parecían analistas, médicos, abogados e ingenieros.
En el centro había una plataforma elevada.
Un hombre esperaba allí.
Tenía el cabello completamente blanco y caminaba con un bastón. Su rostro estaba marcado por la edad, pero Valeria lo reconoció de las fotografías del despacho de Lucas.
Robert Ashford.
El padre al que todos creían muerto.
—Bienvenida —dijo—. Helena siempre pensó que había heredado mi imperio.
Miró a Naomi.
—Naomi creyó que lo había construido para ella.
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Después observó a Valeria.
—Pero Aurora siempre te estuvo esperando a ti.