Chapter 14 - El hombre que quería ser indispensable

Robert golpeó a Lucas en la herida.
Lucas perdió el aire y cayó de rodillas.
Valeria tomó el bastón del anciano y lo lanzó lejos de la consola.
—Se acabó.
Robert observó las pantallas.
El porcentaje de concentración descendía rápidamente.
Cuarenta y dos por ciento.
Treinta y seis.
Veintinueve.
—No comprendéis lo que habéis hecho —dijo—. Esas personas no pueden administrar hospitales internacionales ni redes de transporte.
—Aprenderán —respondió Valeria.
—Los gobiernos comprarán sus participaciones.
Sloan se acercó.
—Las transferencias incluyen cláusulas que impiden la venta durante veinte años.
Gabriel miró a Elena.
—Añadiste eso.
—Aprendí observando a Helena.
Robert intentó acceder a otra terminal.
El sistema rechazó su contraseña.
ADMINISTRADOR REVOCADO.
Golpeó la pantalla.
—Yo mantuve todo esto funcionando.
—Ese era el problema —dijo Lucas, levantándose—. Construiste un sistema que necesitaba que todos creyeran que eras indispensable.
Robert se volvió hacia su hijo.
—Te di todas las oportunidades.
—Me diste una madre que me utilizaba y un padre que fingía estar muerto.
—Quería que fueras fuerte.
—Querías que fuera útil.
Las palabras de Lucas reflejaban exactamente lo que Valeria había dicho.
Robert sacó una pistola escondida dentro de la chaqueta.
Apuntó hacia Valeria.
—Detén la distribución.
—No puedo.
—Mientes.
—Aunque pudiera, no lo haría.
Robert giró el arma hacia Lucas.
—Entonces tú la convencerás.
—No.
—Soy tu padre.
Lucas sostuvo su mirada.
—Biológicamente.
Robert disparó.
Helena apareció desde el corredor lateral y empujó a Lucas.
La bala alcanzó a Helena debajo de la clavícula.
Todos quedaron inmóviles.
La matriarca cayó contra una consola.
Sloan apuntó a Robert.
—¡Suelta el arma!
Robert retrocedió.
—¿Cómo saliste de la ambulancia? —preguntó Valeria.
Helena presionó la herida.
—Naomi tenía agentes dentro de la escolta. Uno decidió cambiar de bando cuando Aurora comenzó a repartir sus cuentas.
Incluso herida, su voz conservaba ironía.
Lucas se arrodilló junto a ella.
—¿Por qué lo hiciste?
Helena lo miró.
—No confundas un momento de instinto con redención.
—Podías haberme dejado morir.
—Eres mi hijo.
—Eso nunca te impidió utilizarme.
Helena cerró los ojos.
—No.
Robert aprovechó la distracción y corrió hacia un ascensor privado.
Sloan disparó contra el panel, pero las puertas se cerraron.
—¿Adónde va? —preguntó Valeria.
Uno de los técnicos respondió:
—A la cámara de control térmico.
Gabriel palideció.
—Puede destruir los servidores.
—La distribución todavía no ha terminado —dijo Elena.
El proceso marcaba setenta y cuatro por ciento.
Si Robert quemaba el núcleo antes de completarse, parte de las propiedades permanecería en empresas controladas por sus aliados.
Valeria corrió.
Lucas intentó seguirla.
—Quédate con Helena.
—No voy a dejarte.
—Acabas de salir de cirugía.
—Y tú acabas de activar una guerra internacional.
Sloan los acompañó.
Olivia permaneció con Naomi mientras los médicos de Aurora intentaban detener la hemorragia. Antes de que Valeria se marchara, Naomi tomó su mano.
—Robert tiene un protocolo de salida.
—¿Cuál?
—Una cámara blindada conectada a un túnel aéreo. Puede destruir el centro y escapar.
—¿Cómo lo detenemos?
Naomi respiró con dificultad.
—El control requiere dos autorizaciones: la suya y la mía.
—Tus permisos fueron eliminados.
—No los biométricos.
Le entregó un pequeño anillo.
—Colócalo en el lector secundario.
—¿Por qué ayudas?
Naomi miró a Olivia.
—Porque finalmente comprendí que un imperio construido para proteger a mi hija se convirtió en lo que más podía dañarla.
Valeria tomó el anillo.
Llegaron a la cámara térmica.
Robert estaba detrás de una pared de cristal. Introducía códigos mientras los sistemas de refrigeración se apagaban.
La temperatura comenzó a subir.
—¡Abre la puerta! —ordenó Sloan.
Robert activó el intercomunicador.
—Cuando los servidores se destruyan, los contratos quedarán incompletos. Los tribunales tardarán décadas en decidir la propiedad.
—Miles de pacientes dependen de estos sistemas —dijo Valeria.
—Por eso volverán a necesitarme.
—Preferirías destruir hospitales antes que permitir que funcionen sin ti.
—La estabilidad requiere dirección.
—No. Tú necesitas que la estabilidad tenga tu rostro.
La temperatura alcanzó cincuenta grados.
Valeria encontró el lector secundario.
Introdujo el anillo de Naomi.
AUTORIZACIÓN LAURENT RECONOCIDA.
Robert intentó cancelar el acceso.
Lucas conectó la llave física al panel principal.
—Necesitamos una segunda decisión —dijo.
—¿Cuál? —preguntó Valeria.
La pantalla mostró:
SALVAR EL NÚCLEO.
SALVAR LA SALIDA.
Robert había diseñado el sistema de modo que la refrigeración de los servidores y la apertura de su ruta de escape no pudieran activarse al mismo tiempo.
Necesitaba que alguien eligiera su vida sobre la información.
—Abre la salida —ordenó Robert—. Después podemos restaurar los servidores desde copias.
Naomi había dicho que las copias dependían de él. Probablemente era mentira.
—Si salvamos el núcleo, quedarás atrapado —dijo Valeria.
—Moriré.
Lucas observó a su padre.
—Él eligió esto.
Valeria pensó en Helena dentro del yate, en Beatrice sobre las rocas de otra historia que no conocía, en todas las personas que habían construido su poder suponiendo que sus víctimas desearían verlas morir.
Seleccionó:
SALVAR EL NÚCLEO.
Los sistemas de refrigeración se activaron.
La salida privada quedó bloqueada.
Robert golpeó el cristal.
—¡Me matarás!
—No.
Valeria tomó un extintor y rompió el panel de emergencia.
La puerta de la cámara se abrió manualmente.
Sloan entró y esposó al anciano.
Robert la miró con incredulidad.
—¿Por qué me salvaste?
—Porque vivirás lo suficiente para ver cómo millones de personas administran aquello que creías que solo tú podías controlar.
El proceso alcanzó el cien por ciento.
DISTRIBUCIÓN COMPLETA.
Todas las luces se estabilizaron.
Aurora dejó de pertenecer a una sola organización.
Robert cayó de rodillas.
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No ante Valeria.
Ante una pantalla que ya no reconocía su nombre.