Chapter 5 - El marido de las dos caras

Valeria no lloró.
Se sentó en la sala de espera de la clínica segura mientras los cirujanos preparaban a su madre para la operación. La ropa húmeda había sido reemplazada por pantalones oscuros y una camisa prestada por Sloan.
Sobre la mesa había una fotografía de Lucas.
La imagen procedía del vídeo enviado por Helena.
—Puede estar obligado a hablar —dijo Naomi.
—No parecía obligado.
—Helena puede amenazarlo.
—¿Con qué? ¿Con quitarle una fortuna que ya fingió abandonar?
Rebecca Sloan cerró las persianas.
—Necesitamos separar lo que sabemos de lo que sentimos. Lucas Ashford accedió a los archivos de Londres. Regresó con la unidad cifrada. Condujo a Valeria hasta una casa segura conocida por muy pocas personas. Beaumont llegó minutos después.
—Eso lo hace sospechoso —dijo Naomi—, no culpable.
—También admitió que Helena le ordenó buscar la clave.
Valeria recordó el momento en la sala de música. Lucas había roto los documentos de divorcio, enfrentado a su madre y ayudado a escapar.
¿Había sido todo una representación?
Quizá Helena necesitaba que Valeria confiara en él lo suficiente para abrir el sistema de Gabriel.
La pregunta de la contraseña estaba diseñada para ella. Sin Valeria, Lucas nunca habría accedido.
—La unidad registra todas las conexiones —dijo—. Si Lucas la abre, podremos rastrearla.
Sloan negó.
—La red es privada.
—Mi padre diseñó el sistema hace veintisiete años. Utilizaba una verificación basada en secuencias de compensación.
Valeria tomó un ordenador.
—Cuando introduje la contraseña, vi una dirección de respaldo. No comprendí qué era, pero puedo reconstruirla.
Trabajó durante una hora.
Los números parecían transferencias, pero también formaban coordenadas. Cada cantidad correspondía a una letra y cada fecha, a una posición.
Naomi observó la pantalla.
—Gabriel diseñó una ruta oculta dentro de los registros.
—No era solo un sistema financiero. Era una forma de enviar mensajes sin que Helena los detectara.
La secuencia final condujo a una dirección en Nueva York.
Edificio Ashford Meridian, piso 63.
—La oficina privada de Helena —dijo Naomi.
Valeria negó.
—Su oficina está en el sesenta y cinco.
Sloan consultó los planos.
—El piso sesenta y tres aparece registrado como área técnica. No tiene acceso público.
—Allí guardan a mi padre.
Naomi parecía insegura.
—No podemos asumirlo.
Valeria señaló una transferencia repetida cada mes durante doce años.
El beneficiario era una empresa médica sin empleados. La dirección de facturación correspondía al piso sesenta y tres.
Concepto:
Mantenimiento vital G.C.
Gabriel Cruz.
Sloan solicitó una orden urgente. El juez federal la aprobó basándose en los archivos de Londres y el secuestro de Elena.
Sin embargo, antes de que los agentes llegaran a Nueva York, Helena recibió una alerta.
Alguien dentro del sistema judicial continuaba informándola.
En una cámara de seguridad, vieron cómo un convoy abandonaba el edificio.
Sloan golpeó la mesa.
—Están trasladándolo.
Valeria examinó la ruta.
Los vehículos se dirigían hacia un aeropuerto privado.
—Helena quiere sacarlo del país.
—Podemos bloquear las pistas.
—Ya lo intentó con mi madre. Tendrá otra salida.
Naomi recordó algo.
—Ashford Meridian posee un puerto de carga en Brooklyn.
Sloan envió agentes a ambos lugares.
Valeria recibió un mensaje desde un número desconocido.
PUERTO 12. VEN SOLA CON LOS CÓDIGOS.
Debajo había una fotografía de Gabriel Cruz.
El hombre estaba vivo.
Tenía el cabello gris, barba y el rostro marcado por una cicatriz que comenzaba cerca de la sien. Estaba sentado en una silla de ruedas, con tubos conectados a los brazos.
Los ojos eran los mismos que Valeria recordaba.
—Papá.
La palabra salió como un susurro.
Naomi tomó el teléfono.
—Es una trampa.
—Por supuesto.
—No irás sola.
—Helena espera que Sloan me siga. Si detecta agentes, moverá el barco o matará a Gabriel.
—También puede matarte.
Valeria miró hacia el quirófano donde operaban a su madre.
Durante toda la vida, otras personas habían decidido qué verdades debía conocer, qué riesgos podía asumir y cuánto dolor era capaz de soportar.
Aquello terminaba esa noche.
—Prepararemos dos equipos —dijo—. Uno visible cerca de la entrada principal y otro desde el agua.
Sloan cruzó los brazos.
—No diriges esta operación.
—Helena conoce los protocolos federales mejor que cualquiera. Si actuáis como siempre, os verá llegar.
Naomi apoyó a Valeria.
—Robert Ashford decía que ella podía ver una mentira dentro de una columna de números. Deberíamos escucharla.
Sloan aceptó con evidente disgusto.
A medianoche, Valeria llegó al puerto 12.
Llevaba una unidad vacía y un transmisor oculto dentro del cinturón.
El almacén estaba iluminado por una sola fila de lámparas. En el centro había un barco de carga pequeño preparado para zarpar.
Helena esperaba junto a la rampa.
Lucas estaba a su lado.
No estaba atado.
—Entrégame los códigos —dijo Helena.
Valeria miró a su esposo.
—¿Cuánto tiempo trabajaste para ella?
Lucas dio un paso adelante.
—Desde antes de conocerte.
Aunque lo sospechaba, escuchar la respuesta le produjo un dolor profundo.
—¿Nuestro encuentro también fue preparado?
—Sí.
Valeria recordó la primera vez que lo vio en una conferencia financiera. Lucas había pedido su opinión sobre una adquisición y después la invitó a cenar.
Ella creyó que lo había impresionado.
En realidad, Helena lo envió para acercarse a la hija de Gabriel.
—¿Alguna parte fue real? —preguntó.
Lucas guardó silencio.
—Respóndeme.
—Me enamoré de ti.
—Después de mentirme.
—Intenté salir del plan.
Helena se impacientó.
—No hemos venido para discutir vuestro matrimonio.
Valeria levantó la unidad.
—Primero quiero ver a mi padre.
Helena hizo una señal.
Dos guardias empujaron una silla de ruedas desde el barco.
Gabriel levantó la cabeza.
Al ver a Valeria, comenzó a llorar.
—Mi niña.
Ella quiso correr hacia él, pero Lucas bloqueó el camino.
—No te acerques.
—Apártate.
—Helena ha colocado explosivos en el barco.
La matriarca giró hacia su hijo.
—Cállate.
Lucas continuó:
—Si pierde la señal del control que lleva en el brazalete, explotará.
Valeria observó la muñeca de Helena.
Había un dispositivo negro.
—¿Por qué me lo dices? —preguntó.
—Porque el vídeo fue preparado para que pensaras que te había traicionado.
—Admitiste que trabajabas para ella.
—Eso es verdad.
—También dijiste que la investigación era suya.
—Al principio.
Lucas sacó lentamente el maletín.
—Pero los archivos que abriste no fueron enviados a Helena.
Elena miró a su madre.
—¿Dónde están?
—En veintisiete medios internacionales y cuatro fiscalías.
El rostro de Helena cambió.
Lucas había utilizado la unidad para distribuir las pruebas.
—Traidor —susurró ella.
—Aprendí de ti.
Helena pulsó el brazalete.
Nada ocurrió.
Lucas levantó un pequeño dispositivo.
—Reemplacé el transmisor cuando me obligaste a grabar el vídeo.
Los agentes federales aparecieron alrededor del almacén.
Helena sacó una pistola y apuntó a Gabriel.
—¡Atrás!
Valeria se detuvo.
—No tienes salida.
—Tengo a tu padre.
Gabriel levantó los ojos.
—No más.
Antes de que Helena pudiera reaccionar, empujó su silla hacia atrás y golpeó las piernas de uno de los guardias. Lucas se lanzó sobre el segundo.
Valeria corrió hacia Helena.
La pistola se disparó.
Gabriel cayó.
Valeria golpeó la muñeca de Helena y el arma se deslizó por el suelo. Ambas chocaron contra la rampa del barco.
Helena agarró el cabello de Valeria.
—Tu padre destruyó esta familia.
—No. Te impidió ocultar lo que eras.
Valeria la golpeó con el codo y consiguió liberarse.
Sloan llegó con los agentes.
Helena fue esposada.
Lucas se arrodilló junto a Gabriel.
—La bala alcanzó el hombro. Está vivo.
Valeria tomó la mano de su padre.
Él abrió los ojos.
—Tu madre…
—Está en cirugía.
—Debes contarle la verdad.
—¿Qué verdad?
Gabriel miró hacia Lucas.
—El sistema no fue creado para Ashford Meridian.
Valeria se inclinó.
—¿Entonces para quién?
—Para tu madre.
Antes de explicar más, perdió el conocimiento.
Helena, arrodillada entre dos agentes, comenzó a reír.
—Todavía no entiendes nada, Valeria.
—¿Qué no entiendo?
La matriarca levantó el rostro.
—Tu madre no era la esposa inocente de Gabriel.
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Miró hacia las luces de la ciudad.
—Elena Cruz fue la primera persona que utilizó el sistema para lavar dinero. Yo solo heredé su imperio.