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Chapter 4 - La firma en la sangre

Valeria golpeó la trampilla.

—¡Lucas!

Naomi la sujetó.

—No puedes ayudarlo.

—Lo tienen por mi culpa.

—Lo tienen porque decidió enfrentarse a ellos.

—Abre la puerta.

—Hay seis hombres armados.

Valeria levantó la pistola.

—Entonces nosotras somos dos.

—Y tu madre puede morir mientras tú intentas rescatar a un hombre que sabía la verdad desde hace ocho meses.

Las palabras la detuvieron.

Naomi tenía razón.

No significaba que abandonar a Lucas resultara más fácil.

El túnel estaba húmedo y apenas iluminado por lámparas de emergencia. Avanzaron hasta una salida detrás de un estacionamiento público.

Naomi cambió de abrigo y entregó a Valeria una peluca corta.

—El hospital está a quince minutos.

—¿Cómo sacaremos a mi madre?

—La nueva clínica envió una ambulancia privada. Su conductor trabaja para Rebecca Sloan.

—¿Podemos confiar en ella?

—Podemos confiar en que quiere derribar a Beaumont. Por ahora será suficiente.

El hospital Saint Catherine estaba controlado por una compañía adquirida recientemente por Helena. Naomi entró utilizando una credencial de abogada. Valeria vestía uniforme de auxiliar médica.

Su madre estaba en la habitación 814.

Cuando Valeria abrió la puerta, encontró la cama vacía.

Una enfermera revisaba el armario.

—¿Dónde está Elena Cruz? —preguntó Valeria.

—Fue trasladada hace diez minutos.

—¿Adónde?

—No aparece en el sistema.

Naomi mostró su identificación.

—Esa paciente está protegida por una orden federal.

La enfermera palideció.

—Un médico presentó documentos firmados por la familia.

—¿Qué médico?

—Doctor Nathan Cole.

Valeria conocía el nombre. Cole era miembro del consejo médico de Ashford Meridian.

Corrieron hacia el ascensor.

Una cámara del estacionamiento mostró una ambulancia saliendo por la puerta norte.

—La están llevando a Helena —dijo Valeria.

Naomi llamó a Sloan.

La fiscal respondió inmediatamente.

—Tenemos agentes cerca de la autopista.

—No utilicen patrullas identificadas —advirtió Valeria—. El conductor cambiará de ruta si las ve.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque Helena no planea llevarla a otro hospital.

Valeria abrió los registros del teléfono robado a un empleado.

Había una propiedad de Ashford Meridian situada a treinta kilómetros: un centro de rehabilitación cerrado dos años antes.

—La llevará a Westlake.

Sloan envió unidades sin identificación.

Valeria y Naomi salieron en otro vehículo.

Durante el trayecto, recibieron un mensaje desde el teléfono de Lucas.

ENTREGA LA UNIDAD O TU ESPOSO MORIRÁ.

Debajo había una fotografía.

Lucas estaba atado a una silla. Tenía sangre en el rostro.

Valeria amplió la imagen.

Detrás se veía una pared de piedra y una ventana con vitrales.

—Continúa en Bellhaven —dijo—. Lo llevaron a la iglesia abandonada.

Naomi observó la carretera.

—Quieren obligarte a elegir entre Lucas y tu madre.

—Helena cree que elegiré a su hijo.

—¿No lo harás?

Valeria apretó el teléfono.

—Lucas puede defenderse. Mi madre está enferma.

Envió una respuesta:

LA UNIDAD NO ESTÁ CONMIGO.

Después apagó el dispositivo.

Llegaron a Westlake poco antes de que la ambulancia entrara.

El complejo estaba rodeado por una verja. Naomi condujo hacia el acceso principal mientras Valeria descendía detrás de unos árboles.

—¿Qué haces?

—Tú distraerás a seguridad. Yo entraré por el edificio de lavandería.

—Eso no era el plan.

—Ahora lo es.

Valeria cruzó la verja por una zona dañada. Dentro vio a cuatro hombres trasladando una camilla hacia el edificio principal.

Su madre estaba inconsciente.

Valeria avanzó entre vehículos estacionados.

Uno de los guardias la vio.

—¡Deténgase!

Ella lanzó una caja de herramientas contra su rostro y golpeó al segundo en la rodilla. El tercero sacó una pistola.

Antes de que disparara, un agente federal apareció detrás y lo derribó.

Rebecca Sloan salió de un automóvil negro.

Era una mujer afroamericana de cuarenta años, vestida con traje gris y chaleco antibalas.

—Señora Cruz, tiene talento para convertir operaciones discretas en desastres.

—¿Mi madre está viva?

Los agentes rodearon la camilla.

Elena Cruz respiraba, pero su presión era peligrosamente baja. El médico había administrado un sedante contraindicado para su condición cardíaca.

—Necesita cirugía hoy —dijo el paramédico.

—Llévenla a la clínica segura —ordenó Sloan.

Valeria tomó la mano de su madre.

—Mamá, estoy aquí.

Elena abrió los ojos débilmente.

—Tu padre…

—Lo sé.

—No.

La mujer intentó incorporarse.

—No sabes todo.

—Descubrimos que quizá sobrevivió.

Elena negó con la cabeza.

—Me llamó.

Valeria sintió que el mundo se detenía.

—¿Cuándo?

—Hace una semana.

—¿Qué dijo?

—Que no confiara en Lucas.

Sloan miró a Naomi.

—¿Por qué?

Elena intentó responder, pero perdió el conocimiento.

Los paramédicos la trasladaron.

Valeria se volvió hacia Naomi.

—¿Sabías que Gabriel contactó con ella?

—No.

—¿Y si Lucas trabaja con Helena?

—Acaba de robar documentos y abandonar la mansión.

—También nos condujo directamente a tu librería, donde Beaumont nos esperaba.

Naomi guardó silencio.

La sospecha se extendió.

Quizá Lucas no había sido capturado.

Quizá la fotografía era una actuación.

Sloan recibió una llamada.

—Los agentes que envié a la iglesia no encontraron a nadie. Había sangre, una silla y un teléfono abandonado.

Valeria tomó aire.

—Lucas escapó.

—O lo dejaron salir.

La unidad cifrada continuaba en el maletín que Lucas había llevado.

Él tenía las pruebas.

También tenía los códigos que permitían localizar a Gabriel.

El teléfono de Naomi vibró.

Apareció un vídeo.

Lucas estaba de pie en una habitación desconocida, sin cuerdas ni heridas visibles excepto el corte del rostro.

A su lado estaba Helena.

—Valeria —dijo—, sé lo que estás pensando.

Helena sonrió.

—Mi hijo finalmente ha comprendido dónde pertenece.

Lucas continuó:

—No entregues nada a Sloan. No confíes en Naomi. Lleva a tu madre fuera del país.

—Dile la verdad —ordenó Helena.

Lucas cerró los ojos.

—La investigación de Londres nunca fue mía.

Miró directamente a la cámara.

—Helena me ordenó que encontrara la clave que tu padre dejó para ti.

El vídeo terminó.

Valeria permaneció inmóvil.

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Lucas no había regresado para salvarla.

Había regresado para conseguir que ella abriera los archivos.

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